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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.63 n.211 Santiago jun. 2009

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902009000100017 

Revista Musical Chilena, Año LXIII, Enero-Junio, 2009, N° 211, pp. 109-110

IN MEMORIAM


 

Lukas Foss; políglota y explorador (1923-2009)

Hace seis años, hablando del futuro, Lukas Foss expresó, con su espontaneidad característica, la esperanza de que "la justicia prevaleciera y mi música recibiese su merecida cuota" y agregó, "creo que una gran parte de ésta es buena". Este es un sueño que acarrea consigo mismo un creador toda su vida.

Hoy, a menos de dos semanas de yo cumplir 90 años1, a los 86, murió Lukas al cabo de una vida activa, rica de experiencias, acompañada por Cornelia, su mujer y dos hijos, tres nietas y muchos colegas a quienes cautivó con su generosidad, sencillez y simpatía. Nació en Berlín y, a los 15 años, emigró con sus padres a Estados Unidos, huyendo del holocausto.

Copland, en alguna oportunidad, describió la obra de Lukas como compositor como "la más original y estimulante en América" y también la de un "saltarín", que transitaba entre todas las soluciones que le proveía la música contemporánea. Para Lukas éstas nunca constituyeron "soluciones" -ni siquiera "estilos"- sino técnicas que él necesitó para expresarse.

La primera de sus creaciones que escuché -esto antes de conocerle- fue la cantata The Prairie, obra basada en un poema de Carl Sandburg, que él consideraba -como otras compuestas antes de 1959- de su temprana juventud. Recuerdo que me impresionó por su apertura a cuantas técnicas se le ofrecían a un compositor en la primera mitad del siglo XX, sin perder contacto con la singularidad de lo que le motivaba expresar.

Muy pronto después, le conocí en un verano, en Tanglewood, donde él estudiaba dirección orquestal con Sergei Koussevitzky y yo composición con Aarón Copland. Su cordialidad e inteligencia nos conquistó de inmediato, a Carmen y a mí, y para nuestro hijo mayor, Juan Cristian, entonces apenas de 2 años, fue una permanente diversión. Lo tomaba en sus brazos y lo lanzaba al aire para recibirlo con contagiosas risotadas y, en nuestros descansos en el lago, le enseñaba a nadar. Con ese mismo espíritu espontáneo y jovial uno lo observaba actuar en el aula y en el escenario, a lo que agregaba sus siempre generosas referencias a sus colegas.

Su música no perdía profundidad con ese garbo. Un buen ejemplo es su A Parable of Death, para recitante, tenor solista, coro y orquesta, basada en la traducción al inglés del poema Marchen von Tod de Rilke, comisionada por la Orquesta Sinfónica de Louisville, que escuché unos años después. Lukas Foss ha destacado como la motivación fundamental que lo guió para componer esta obra, la interpretación que Rilke le confiere a la vida como "una secuencia de transformaciones en que la última es la muerte, el paso de un mundo externo a un mundo interior, que es el fruto de la vida".

En una declaración hecha a Robert Hiñes, Foss afirmó enfáticamente que esta obra la había escrito encontrándose en la cumbre de sus compromisos "con los ideales y procedimientos del neoclasicismo". De aquí en adelante, diría yo, "la secuencia de transformaciones" de que habla Rilke parece proyectarse en su creación como complemento enriquecedor de un lenguaje de esencia y perfiles ya bien establecidos.

De esta etapa surgen obras de gran valor, como su Time Cycle, sus Echoi, Variaciones barrocas. Paradigmas y muchas más. Es la época en que transita del tonalismo a la atonalidad, del serialismo a la improvisación dentro de parámetros establecidos, de la cita a las grafías.

Es el "saltarín" que Copland reconoce, expresándose en un lenguaje que, a pesar de su abundancia, no lo alejó de su propio y esencial espacio.

1El maestro Juan Orrego-Salas nació el 18 de enero de 1919 (nota del Editor).

Juan Orrego-Salas
Universidad de Indiana, Bloomington, Estados Unidos. jucar@ciswired.com

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