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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.63 n.212 Santiago  2009

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902009000200001 

Revista Musical Chilena, Año LXIII, Julio-Diciembre, 2009, N° 212, pp. 5-8

EDITORIAL

 

Juan Orrego-Salas a los noventa años

Juan Orrego-Salas es una figura clave de la música chilena, tanto por la cantidad y calidad de sus obras musicales como por su contribución a múltiples rubros del quehacer musical chileno y por el reconocimiento de su labor en el extranjero. Nacido en Santiago el 18 de enero de 1919, creció en un medio familiar extremadamente propicio para el estímulo y cultivo de sus aptitudes musicales. Su padre, don Fernando Orrego Puelma, y su madre, doña Filomena Salas González, desarrollaron una intensa actividad artística en campos tan diversos como la crítica, la interpretación y la organización del quehacer musical. Esto explica, en cierta medida, la actividad multifacética de Orrego-Salas, quien además de compositor se recibió de arquitecto, ha cultivado la musicología, se ha desempeñado en Chile como director de la Revista Musical Chilena (1949-1953), crítico del diario El Mercurio (1950-1961), profesor y conferencista de dilatada trayectoria tanto en Chile como en el exterior, además de director del ex Instituto de Extensión Musical de la Universidad de Chile (1957-1959) y del Departamento de Música de la Pontificia Universidad Católica (1959-1961).

Asimismo, la labor en Chile de Juan Orrego-Salas transcurre en una de las épocas más brillantes de la historia de la música nacional, dentro de una infraestructura concebida y realizada por Domingo Santa Cruz en la Universidad de Chile para un objetivo prioritario: promover vigorosamente la creación nacional. Fue en este medio que Orrego-Salas tuvo la oportunidad de una formación musical completa. Estudió entre 1936 y 1943 en el Conservatorio Nacional adscrito a la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile, teoría con Julio Guerra y piano con Alberto Spikin Howard, iniciándose en los aspectos básicos de la composición con Pedro Humberto Allende, para explorar con Domingo Santa Cruz materias complejas como el contrapunto, la historia de la música y el análisis.

La situación bélica imperante en la década de 1940 le impidió que perfeccionara sus estudios en Europa, como lo hiciera Federico Guzmán en el siglo XIX o Enrique Soro a comienzos del XX. Los estrechos lazos anudados entre Estados Unidos y Latinoamérica a raíz de la guerra y, más específicamente, el intercambio cultural para las artes plásticas y la música, impulsado por Domingo Santa Cruz en 1941 y 1942, permiten a Orrego-Salas y a varios otros compositores chilenos como Claudio Spies (1942), Rene Amengual (1943), Carlos Riesco (1946) y Alfonso Montecino (1947) realizar estudios avanzados en los Estados Unidos.

Su estada en Norteamérica (1944-1946) se financia con becas de las fundaciones Rockefeller y Guggenheim, y es de crucial importancia en su carrera. Completa su formación como compositor profundizando sus estudios de contrapunto con William Mitchell, en la Universidad de Columbia en Nueva York, perfecciona sus conocimientos de composición coral y de orquestación con Randall Thompson, primero en la Universidad de Virginia y posteriormente en la Universidad de Princeton. Finalmente, en el verano de 1946, en Tanglewood, Massachusetts, entra en contacto con Aaron Copland, quienjuega un papel importante en momentos claves de su ulterior carrera internacional.

Entre 1946 y 1961 el compositor trabaja en Chile, manteniendo en todo momento una actividad de alcance internacional, la que cobra un significativo impulso a partir de 1953, año en que se inician los encargos de instituciones extranjeras. Durante su segunda estada en los Estados Unidos, entre 1954 y 1955, con otra beca Guggenheim, dicta conferencias en varios centros musicales, entre ellos, la Universidad de Harvard, e intensifica sus contactos con influyentes núcleos artísticos norteamericanos.

Juan Orrego-Salas inicia en Chile la comunicación de su obra creativa durante la década de 1930. El afianzamiento de las instituciones musicales chilenas a contar de esta década estimula el florecimiento tanto de la música sinfónica como de la música de cámara escrita por compositores chilenos. Paradigmática en tal sentido resulta la labor de la Asociación Nacional de Conciertos Sinfónicos entre 1931 y 1938, y del Instituto de Extensión Musical creado en 1940 por Ley de la República N° 6.696.

En 1961 Juan Orrego-Salas se radica en los Estados Unidos como profesor de la Universidad de Indiana, en Bloomington. Con financiamiento de la Fundación Rockefeller crea, ese mismo año, el Centro Latinoamericano de Música de esa Universidad, y en 1975 pasa a ser director del Departamento de Composición. En 1987 jubiló como Profesor Emérito para dedicarse desde entonces exclusivamente a su labor como creador. En la actualidad su catálogo supera los 125 opus.

Es bien sabido que toda partida implica en cierto modo un desarraigo. Para Juan Orrego-Salas esto no ha sido totalmente así. Más bien, su vida en Chile y en los Estados Unidos ha sido, según sus propias palabras, una cadena de partidas y regresos. El alejamiento físico no ha sido óbice para mantener un vínculo intelectual, emocional y afectivo con Chile, que se refleja no sólo en su vida, sino que en su obra musical, la que mantiene una búsqueda inquieta y continua, fruto de una sensibilidad amplia y siempre abierta a nuevas experiencias, pero anclada en su conjunto en la cultura chilena y latinoamericana. En este caso opera aquel concepto acuñado por Roberto García Canclini bajo la denominación de la "desterritorialización de la cultura". Debido a la diáspora de los músicos chilenos que por razones económicas o políticas han abandonado el país a contar de las décadas de 1960 y 1970, la cultura musical no se circunscribe exclusivamente al ámbito geográfico nacional, sino que gradualmente se extiende al resto de América Latina, América del Norte y Europa, hasta alcanzar en la actualidad una dimensión mundial gracias al desarrollo gigantesco de la globalización informática.

A modo de síntesis, encontramos en Juan Orrego-Salas un vasto cosmos creativo que el mismo compositor explica con las siguientes palabras.

"Creo yo que mientras más vasta es la órbita ante la cual el artista se abra, más profundas serán las raíces de su arte y más nítidos los perfiles de su originalidad. Esta debe extenderse en el espacio cronológico, geográfico, cultural, social y humano. El artista sin raíces en el tiempo y en su suelo, el artista sin sueños, sin distancias, sin pueblo, sin la palabra de otros, sin compromisos, es un ser encerrado en su propio desierto".

La calidad estética de su música, la dinámica constante de su trayectoria y su apertura cada vez mayor hacia los problemas de la sociedad y la cultura desde la perspectiva chilena y latinoamericana fueron reconocidas en 1992 por el Estado de Chile, mediante el otorgamiento del Premio Nacional de Arte.

Al cumplir 90 años, le deseamos -a nombre de la Revista Musical Chilena, perteneciente al Departamento de Música de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile- muchos años más de fecunda vida, dentro de una trama que enhebra el arte, la vida y el hombre.

Luis Merino Montero
Director
Revista Musical Chilena
lmerino@uchile.cl

 

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