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Revista musical chilena

Print version ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. vol.64 no.214 Santiago Dec. 2010

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902010000200011 

Revista Musical Chilena, Año LXIV, Julio-Diciembre, 2010, N° 214, pp. 80-81

RESEÑA DE PUBLICACIONES

 

Alejandro Jiménez Escobar. La música de Fernando García, Arte, ciencia, compromiso. Santiago: Editorial Patrimonio Ediciones, 2010, 148 pp.


 

Patrimonio Ediciones nos presenta el texto La música de Fernando García, Arts, ciencia y compromiso del investigador y escritor Alejandro Jiménez Escobar. Es una óptima noticia, dada la escasa propensión a la publicación de libros sobre música que presentan los editores chilenos. Justamente es sobre esta reflexión que inicia su narración el texto de Jiménez, quien manifiesta su extrañeza ante la exigua y débil presencia de la música y la musicología en las bibliotecas de nuestro país. Con la evidente excepción de nuestra revista, la Revista Musical Chilena, el panorama musical chileno, visto desde las letras impresas, es de una innatural desolación. Pocos y exiguos títulos acompañan al público en la difícil tarea de formarse un juicio informado y hacerse cargo de la música nacional.

Jiménez parte explorando y haciendo un breve análisis de la presencia de los temas musicales en publicaciones y catálogos publicados por la Biblioteca Nacional. Este somero y sin embargo motivador recuento le permite al autor delinear y sugerir vastos campos y temáticas que pudieran ser objeto de investigaciones musicales y musicológicas, terreno fértil para la proyectualidad de los fondos concursables. A menudo, estos fondos abundan en repetidas y continuas propuestas sobre "historias del rock chileno", en todas sus variantes y regionalidades o se reducen a la simple enumeración descriptiva de fondos folclóricos o de tradición oral. Este solo aspecto bastaría parajustificar la publicación de este texto que, sin embargo, presenta otras riquezas y materiales para el lector curioso. No es que el redactor de esta reseña tenga una particular antipatía respecto a las temáticas más abundantes en la escasa bibliografía sobre música. Más bien uno esperaría que "las músicas" tuvieran una presencia más equilibrada y plural en los medios comunicacionales y concursos o, por lo menos, en proporción directa al impacto que esas músicas tienen en la vida chilena. Cabe señalar al respecto que la presencia de público en los conciertos de música popular es sólo de tres veces la de las audiencias de la música docta o selecta, contrariamente a las ideas y opiniones en boga que darían una relación de 1 a 10 o más, de ventaja de la música popular (Fuente INE 2007).

Además de deprecar esta escasa y desequilibrada presencia, Jiménez fundamenta su interés por la obra del maestro Fernando García, en el momento preciso que el querido y apreciado compositor celebra su onomástico número ochenta. Interés que no es sólo de carácter literario o cultural, ya que se entronca en la experiencia directa del autor sobre el compromiso y el trabajo de García para consolidar la educación pública del arte, reivindicar el papel del Estado en esta función y las necesidades de la más amplia democracia en el goce de los frutos de la cultura y las artes. Para ello lo primero es la condición de lo segundo, toda vez que un sistema público universitario es garantía de equilibrio, justicia y democracia. Jiménez da fe del compromiso de García en estas materias, compromiso que el mundo musical chileno conoce suficientemente, pero que nunca está de más recordar, sobre todo en épocas de relativismo y travestismo político y cultural.

He ahí la segunda función cumplida por el libro, demostrar y exhibir el compromiso de García desde sus artículos, varios de ellos inubicables y desde su obra, a través de la opinión de dos de sus biógrafos, los musicólogos Rodrigo Torres y Luis Merino. Restituir la memoria de las polémicas de los años sesenta y setenta, en torno a la identidad, compromiso y cambio social, en la voz y escritos de uno de sus protagonistas, sirve para demostrar, adonde fuera necesario, que el compromiso del hombre con su espacio, lugar y contexto, es la condición necesaria para una mejor, más completa y enraizada obra artística. Y ese es un momento inevitable, pues el arte es comunicación y diálogo, así como la música es siempre una interpelación, una cuestión entre personas, un llamado a asumir una humanidad que no es ni será sólo literaria, como opinara el filósofo Sloterdijk, sino la condición para cualquier desarrollo, de lo técnicamente posible a lo humanamente deseable.

Desde ese lugar la republicación de los artículos de García, presentes en el libro, son una clara señal y constituyen documentos valiosos para reconstruir acciones y valores de un pasado que no deja de pasar.

La primera cuestión planteada por estos escritos dice relación con la evidente y siempre complicada coyuntura espacio política de la obra de arte: una música hecha para ser oída y vivida, como testimonio del tiempo horrible en que el arte no puede ser sólo un canto a lo natural, la maravilla de lo creado, sino que debe ponerse en defensa de los derechos del ser humano. Este tiempo aciago en que la música no puede sólo cantar a sí misma, en sus posibilidades metadiscursivas sino que debe hacerse cargo del abuso, de la muerte, de la angustia y de las carencias de estos días en que el hombre tiende a ser "el lobo del hombre", en la lógica objetiva y despiadada de la acumulación bancada del capital, en todas sus formas y expropiaciones.

Desde allí surge la música de este hombre afable, de excelente humor y simpatía, esa persona afable y cariñosa que todos conocemos, de calidez y humildad contagiosas, pero de seria e irrenuncia-ble firmeza para defender la precaria condición del poeta, la improbable posibilidad de los sueños. El militante incansable por una universidad accesible y humana, democrática y tolerante, que así se expresa en una música que siempre va más allá de nuestras expectativas, devolviéndonos la hermosa y rotunda novedad de los sonidos, como pan fresco recién salido de las manos horneadoras.

Y por ello fue condenado al exilio, a un vagar por otras patrias y latitudes, en un afán que sólo fue un "ir buscándose hermanos por otras tierras...", condenado a comer el pan ajeno que se convierte en el pan propio de la solidaridad sin fronteras, en el cariño y el afecto dicho en otras lenguas, en otros decires que van contándonos lo mismo: "nada de lo humano nos es ajeno..." y toda pena es nuestra pena. De allí su música gana en potencia y universalidad, un verbo que ahora es más de todos que antes, que se abre a la expresión aleatoria de las especificidades de los músicos que la interpretan, en la que el creador renuncia a parte de su soberanía composicional para habitar el espacio de todos, el dulce lugar de la creación compartida.

De todo esto el libro es expresión y testimonio, gracias a un autor que se pone al servicio de la expresión del reseñado, en un ejercicio que nos permite acceder a García sin trámites, pero conducidos afablemente por la trama y la estructura de la publicación.

El texto concluye con un útilísimo catálogo de la producción musical de Fernando García, que además presenta, para la mayoría de las obras, la disponibilidad de partituras y grabaciones, datos que todo interesado juzgará fundamentales, sin duda. Claramente esta obra nos introduce en el mundo complejo de un creador que eligió estar de parte de los hombres, de la humanidad, costara lo que costara, y es un gran ejemplo de que la coherencia no sólo es posible, sino que necesaria.

Jorge Martínez Ulloa
Facultad de Artes,
Universidad de Chile, Chile.
Jmartinezulloa@gmail.com