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Revista musical chilena

Print version ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. vol.64 no.214 Santiago Dec. 2010

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902010000200013 

Revista Musical Chilena, Año LXIV, Julio-Diciembre, 2010, N° 214, pp. 84-85

IN MEMORIAM

 

Miguel Patrón Marchand. Montevideo, Uruguay, 22 de septiembre de 1943 - La Serena, Chile, 17 de junio de 2010. Sus cenizas descansan en su Montevideo natal.


 

Me han pedido que escriba, que escriba y recuerde. Han llamado gentilmente, y mucho, a la cabeza y al corazón, que les hable en pretérito de Miguel Patrón Marchand, que use los "fue" e "hizo" de rigor. Difícil cuando hay tanto que lo tiene aún presente. Escribiré y repetiré cosas por muchos o pocos sabidas, confiando que aquella mixtura de la cabeza y corazón den una semblanza que revele lo que fue su vida y vivir.

Nació en Montevideo en 1943, en el seno de una familia belga-uruguaya. Estudiante ejemplar, inicia en su niñez el estudio del piano, instrumento con el que a pesar de haber llegado a ciclos superiores nunca sentirá una real afinidad. Luego vendrán los estudios de leyes, enmarcados en los deseos de una familia que, si bien culta, miraba con recelo la estabilidad de una profesión musical. Sin embargo el destino no pide permiso. Obtiene un empleo en el estudiojurídico del SODRE. Allí no resiste a la tentación de cruzar las oficinas y pasa, cada vez más tiempo, observando los grandes espectáculos líricos y sinfónicos. Dejará todo y se empleará desde abajo en la jerarquía del escenario. Será maestro interno del teatro, luego ascenderá al puesto de apuntador. Mientras, completa sus estudios musicales bajo la dirección del director y compositor Guido Santórsola.

Asumirá la dirección orquestal en 1972. Esta es la década en la que forja su oficio en el Uruguay natal, tanto en el área operística como sinfónica. Fue esta la década en la que asume la dirección de la Escuela de Ópera del SODRE (1973-1982), la dirección musical de los Festivales Populares de Opera (1973), pero sobre todo la de la Orquesta Nacional de Cámara (1977-1981) que, por un radical criterio impuesto por las autoridades de entonces, no debía repetir ni una obra a lo largo de sus programas, semana a semana, mes a mes, año a año. Finalmente, es la década en que, en Estados Unidos, recibe las enseñanzas de los maestros Franco Ferrara y Leonard Bernstein, ganándose su amistad y aprecio.

La década del 80' significó el emigrar a Chile en búsqueda de nuevas oportunidades y el inicio de su relación con el Teatro Municipal de Santiago (1982), su Orquesta Filarmónica y los cuerpos estables. Con ello, abocarse a la dirección musical de la casi totalidad de la temporada de ballet (incluyendo la gira que se hiciera a Nueva York en 1986), los conciertos sinfónicos de difusión estival (1982-1998), como también algún título de la temporada internacional de ópera. Sin embargo, la marca más trascendente fue la de tomar a su cargo la dirección musical de una temporada nacional de ópera, aún ante la reticencia de algunas autoridades artísticas que no creían que los cantantes nacionales pudieran cargar con tal responsabilidad. Sin duda que Miguel Patrón era la persona adecuada para esta labor. Dando por sentado el desempeño directorial, quien esto acometiera debía tener componentes pedagógicos, empatia con el trabajo del cantante, amén de un profundo conocimiento del género operístico, cosa que en él había nacido desde dentro mismo del escenario y moderando tertulias líricas. Cuando dirigía una ópera sabía su genealogía canora, tenía claras las distintas tradiciones y, por lo mismo, no le pasaban el gato por la liebre. A partir de 1982 y hasta 1997, dirigirá la casi totalidad del "Encuentro con la ópera", que así fue llamada la temporada, y que año a año dio, para sorpresas de críticos, de público, pero sobre todo de los mismos depreciados cantantes y las autoridades artísticas, pie a presentaciones cada vez más sólidas y de reconocido mérito, con un repertorio nada fácil que abarcó desde Don Giovanni (Mozart) a Yevgeny Onyegin, (Chaikovsky), de Les Pecheurs de Perles (Bizet) a Pagliacci (Leoncavallo) de Lucrezia Borgia (Donizetti) a Un Bailo In Maschera (Verdi), por citar sólo seis, siendo base y desarrollo de la casi totalidad de las carreras líricas chilenas de presencia nacional como internacional. A partir de 1998, su presencia en el "Encuentro" será más esporádica, pero tendrá constancia hasta 2008. El Miguel que transita esto es el mismo que cree en la palabra empeñada, no condiciona ni condicionará sus ideales de buena música y la correcta tradición lírica, y nunca caerá en la oferta y demanda de los eventos musicales.

Se adaptará muy bien a nuestro país, aunque nunca perderá su idiosincrasia uruguaya, no haciendo distinciones socioeconómicas en el origen de sus amigos, lo que dejará perplejo a más de un socialite nacional. Si bien su labor en el Teatro Municipal de Santiago se mantuvo (aunque deja la dirección orquestal de la temporada de ballet), la década del 90 fue la del regreso profesional al Uruguay, haciéndose cargo de la Dirección Artística del SODRE (1996-1999). Allí su trabajo como director se centró sobre todo en el género lírico, aunando títulos bien conocidos: Andrea Chenier (Giordano), La Cenerentola (Rossini), Cavalleria rusticana (Mascagni) con otros de marcado interés artístico, Pélleas et Mélisande (Debussy) ,Jean d'Arc au bücher (Honegger), L'enfant et les sortileges (Ravel), Fidelio (Beethoven).

La primera década de este nuevo siglo tendrá tres características. La primera, el paulatino alejamiento de las actividades del Teatro Municipal como director orquestal. Pero Miguel, como antídoto ante las promesas no cumplidas y los inevitables problemas, sanaba escuchando a Beniamino Gigli y aconsejaba la terapia. La segunda característica será su nombramiento en 1998 como Director Artístico del concurso internacional de ejecución musical Dr. Luis Sigall, cargo que mantendrá hasta su muerte. Junto con ello, una época de viajes para integrar jurados internacionales de canto, de composición y su debut como director orquestal en España. La tercera, el trabajo radial, el querido trabajo radial, que si bien se había iniciado en Montevideo en 1980, adquiere continuidad en Chile, con una invitación de la radioemisora de la Universidad de Chile en 1993 con un programa semanal sobre la lírica que se mantuvo hasta su muerte. Además, en 2007 se sumó otro programa semanal, para la radioemisora de la Universidad de Santiago dedicados a la lírica, y el canto en general.

Conjuntamente con el paso de las décadas, su trabajo como director invitado con distintas orquestas de Chile, su labor como charlista, también su quehacer, esporádico y siempre centrado en la voz humana, de compositor. Pero por sobre todo ello, el trabajo de escritor, que se beneficiaba de una pluma informada, fluida y elocuente. Será columnista musical en diarios El País de Montevideo y El Mercurio de Santiago. Escribirá apasionadamente, incesantemente, en foros líricos de la Internet. Entre 1990 y 2004 publicará cuatro libros para nada breves. Uno primero sobre los más trascendentes cantantes líricos de comienzos de siglo XX. Un segundo sobre aquellos que descollaron a mediados del siglo. Un tercero, monumental, comentando de manera detallada y completa toda la discografía de Beniamino Gigli. Finalmente un cuarto, de carácter artístico-autobiográfico.

Miguel Patrón Marchand, el mismo que desviaba su ruta camino a casa para pasar a ver una planta que, debido a su creciente tamaño, había debido de sacar de su casa y trasplantar en un parque. El mismo que en las dedicatorias y agradecimientos de sus libros aparecían junto a los amigos y maestros los nombres de las fieles mascotas. El mismo que en un encuentro casual en la calle o al saludarlo, siempre mostraba una sonrisa antes que vinieran las palabras.

Gonzalo Cuadra
Músico, Universidad de Chile, Chile.
gonzalo_cuadra@yahoo.es