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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. vol.67 no.220 Santiago dic. 2013

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902013000200002 

ESTUDIOS

 

Saludo a un merecido Premio Nacional de Artes Musicales. Imágenes de Juan Pablo Izquierdo en dos hemisferios

Greetings to a Meritorious Recipient ofthe National Arts Prize in Music. Recollections ofJuan Pablo Izquierdo in Two Earth Hemispheres

 

por

Juan Orrego Salas

Universidad de Indiana, Bloomington, Estados Unidos
corrego@law.berkeley.edu


Este artículo pasa revista a los contactos tanto en Chile como en los Estados Unidos de Juan Pablo Izquierdo con el compositor chilenoJuan Orrego Salas, también galardonado con el Premio Nacional de Artes Musicales en 1992. Estos contactos se remontan a sesenta años atrás cuando Izquierdo inició estudios particulares de composición con Orrego Salas. Continuaron en Chile hasta los inicios de la década de 1960, cuando Izquierdo completó su preparación como director de orquesta y ofreció sus primeros conciertos. Se profundizaron en la década de 1980 en la Universidad de Indiana en Bloomington, en cuya Escuela de Música Juan Orrego Salas se desempeñó como profesor, además de fundar y ser el primer director del Latin American Music Center (Centro Latinoamericano de Música), después de su traslado definitivo a los Estados Unidos el año 1961. Además de la actividad de Juan Pablo Izquierdo en la Universidad de Indiana el artículo hace referencia a otros directores de orquesta de Chile y de América Latina que también han divulgado en Estados Unidos la música sinfónica de compositores chilenos y americanos.

Palabras clave: Juan Pablo Izquierdo, Escuela de Música y Centro Latinoamericano de Música de la Universidad de Indiana, Bloomington, Orquesta Filarmónica de Nueva York.


This article deals with the musical and personal contacts both in Chile and in the United States of Juan Pablo Izquierdo with the Chilean composer Juan Orrego-Salas, recipient of the National Arts Prize in Music in 1992. Approximately sixty years ago Izquierdo began taking private lessons in composition with Orrego-Salas in Santiago, Chile. Both remained in contact until the out set of the l960's, a period in which Izquierdo completed his studies in orchestral conducting and offered his first concerts in Chile. Thereafter Orrego-Salas settled in the United States with his family in 1961. He became professor of composition at the School of Music of the University of Indiana, Bloomington, Besides he founded and was appointed as the first director of the Latin American Center at this institution. In the decade of the 1980's Juan Pablo Izquierdo took part in the activities of both the School of Music and the Latin American Music Center of the Indiana University. Apart from Juan Pablo Izquierdo, the article mentions the names of other orchestral conductors from Chile and Latin America who have presented symphonic works of Chilean and Latin American composers in the United States.

Key words: Juan Pablo Izquierdo, Orquesta Sinfónica de Chile, School of Music and Latin American Music Center of the University of Indiana, Bloomington, the New York Philharmonic Orchestra.


 

Algo más de sesenta años atrás Juan Pablo Izquierdo apareció en mi casa en Santiago, para establecer clases de composición musical conmigo. Fue este mi primer contacto con este joven músico, entonces tímido y retraído. Vino acompañado por su padre, don Luis Izquierdo Valdés, hombre de negocios, bien conocido en Chile.

Acordamos días y horas para nuestros encuentros semanales y le pregunté si antes había ensayado el escribir música. Con cierta vacilación me contestó que sí. Entonces le pedí que me trajera algunos ejemplos de su preferencia para la primera de mis lecciones, páginas que unos días después extendió con incertidumbre en el atril del piano.

Recuerdo que entonces me sorprendió con unos elementales apuntes que me transportaron a la temprana Edad Media, a los siglos XII y XIII, a la Escuela de Notre Dame, al Ars Antiqua o al Ars Nova, a Leoninus o Perotinus, al organum y conductus o a la cantiga y lauda trovadoresca. En otras palabras, la simplicidad que lo motivaba entonces se expresaba en no más de dos a tres voces que de vez en cuando escapaban a disonancias que posteriormente le abrirían paso hacia Schoenberg.

Vagamente recuerdo haberle preguntado que música escuchaba de preferencia y me contestó, "la de Beethoven y Wagner, los que mi padre venera". En literatura me parecía estar motivado por horizontes más frescos. Estudiaba en el Colegio Saint George en cuya Academia Literaria, conocida como El Joven Laurel, había tenido contacto -entre otros- con Roque Esteban Scarpa y Mario Góngora, ambos amigos míos y ciertamente muy profundos en su cultura y pensamientos.

Ese era el Juan Pablo Izquierdo de entonces, a quien le di unas pocas clases particulares en mi hogar, las que continué en el entonces conocido como Conservatorio Nacional de Música, que pertenecía a la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile, en la que yo había sido nombrado profesor de composición. Mis lecciones se extendieron hasta mi partida a Estados Unidos como becario de la Fundación Rockefeller y luego de la Fundación Guggenheim. Le recomendé entonces que continuara sus estudios de composición con Carlos Botto, distinguido compositor y pianista, exalumno mío.

Recuerdo que a mi regreso a Chile me encontré con un Juan Pablo que había desarrollado un lenguaje muy personal en sus trabajos de composición y un gran interés por la música del siglo XX. Luego, estimulado por la visita a Chile de Hermann Scherchen en 1947 y en 1948, como director invitado de la Orquesta Sinfónica de Chile, le observé una manifiesta inclinación hacia abrirse un cauce en el terreno de la interpretación de la música.

La formación de quienes se interesaban entonces en Chile por la dirección orquestal, la recibían de observar los ensayos y conciertos del director titular de la Orquesta Sinfónica de Chile Víctor Tevah y de los directores que el Instituto de Extensión Musical contrataba para actuar en sus temporadas oficiales. Juan Pablo no tardó en sentirse decididamente motivado por la dirección orquestal y se organizó para viajar a Europa. Lo que pronto realizó.

A su regreso de Europa lo recuerdo meditativo y profundo. Expresaba claramente sus ideas, estaba interesado por Schoenberg y la Escuela de Viena y en lo que en Chile se componía dentro de este cauce estético, especialmente por la obra de León Schidlowsky, Juan Adolfo Allende y Leni Alexander, sin excluir composiciones de una orientación diferente. Entonces -y poco antes de cumplir veinticinco años- se distingue en un concierto frente a la Orquesta Sinfónica de Chile en Santiago, en el que ya se observa un talento en absoluta elevación con una técnica sólidamente establecida.

En el breve tiempo que media entre sus actuaciones en Santiago y otra de mis partidas a Estados Unidos con mi familia, para hacerme cargo de una cátedra de composición y fundar el Centro Latinoamericano de Música (LAMC) de la Universidad de Indiana, en Bloomington, conversamos especialmente sobre las nuevas orientaciones y cambios en la música del momento. Mencionó haber conocido en Europa al compositor griego-francés Iannis Xenakis -protegido de Scherchen- quien después de algún tiempo pasaría a ser un colega facultativo mío en Indiana.

Un año antes de abandonar Chile, yo había sido requerido por la Pontificia Universidad Católica para establecer un Departamento de Música -hoy Instituto de Música- y ser su primer director.

Antes de mi partida en 1961, sugerí que Juan Pablo Izquierdo me reemplazara en este cargo el que sirvió por solo tres años debido a sus crecientes invitaciones como director de orquesta, tanto fuera como dentro de Chile. Estas invitaciones aumentaron considerablemente, luego de recibir el Premio Dimitri Mitropoulos en 1966 y actuar por un año como director asistente de Leonard Bernstein en la Orquesta Filarmónica de Nueva York.

No obstante -él lo considera con gran emoción- que fue de la recomendación que hizo Claudio Arrau para presentarse en el Festival de La Haya, cuando floreció su carrera internacional, la que abarcó Alemania, Francia, Inglaterra, Bélgica, España, Portugal, Hispanoamérica y Estados Unidos. A esto se agrega su desempeño como Director Principal del Festival Testimonium de Jerusalén y Tel Aviv (1974-85), el haber sido nombrado director titular de la Orquesta de la Fundación Gulbenkian de Lisboa (1982-86) y de la Orquesta Filarmónica de Chile, que reorganizó en 1980. Después de 17 años de conciertos y grabaciones como director de la Carnegie-Mellon Philharmonic de Pittsburgh y de su residencia en la Universidad de Indiana en Bloomington como miembro de la Facultad y director de conciertos, ópera y participación en los festivales de primavera presentados por el Latin American Music Center (LAMC) que yo había fundado y presidía en la muy renombrada School of Music, hoy conocida como Jacobs School of Music, que su carrera profesional se elevó a un nivel singular y se estableció sólidamente en el mundo.

Fue en este período de su carrera que tuve la oportunidad de observar más a fondo el desempeño de Juan Pablo como director, de apreciar su gran formación técnica y el gran valor de sus ideas e imaginación como intérprete.

Se presentó en varios conciertos sinfónicos y se destacó en una inolvidable interpretación del Romeo y Julieta de Prokofiev y en obras de Ravel y Stravinsky, entre las muchas que programó del siglo XX, que se agregan a las de Mahler y otras composiciones anteriores. Dirigió dos óperas, la tradicional Manon de Massenet y el estreno de la Elegía de los jóvenes amantes del contemporáneo alemán Hans Werner Henze. En los festivales del Latin American Music Center se distinguió por la presentación de obras de Villa-Lobos, del microtonalista Julián Carrillo, de mi Concierto de cámara op. 34 y de muchas otras.

Después de su permanencia en Bloomington su presencia subsistió en mis pensamientos, por cuanto me mantuvo informado de sus actuaciones en Nueva York y en el Kennedy Center de Washington. Además me proveyó de las excelentes grabaciones que realizó con la Carnegie-Mellon Philharmonic, de las obras de Xenakis, Varèse, Scelsi y Crumb, cuyas exploraciones describen muy bien las tendencias que han motivado a Juan Pablo en su carrera. Se destacan los creadores Iannis Xenakis (1922-2001), cuyas obras obedecieron al probabilismo matemático al cual él se refería como estocástico; Giacinto Scelsi (1905-1988), cuya obra sinfónica, desconocida hasta un año antes de fallecer, está basada en la singularidad de un sonido alterado por oscilaciones microtonales y cambios timbrísticos; Edgar Varèse (1883-1965), en cuya música el acento rítmico gobierna al contenido armónico y melódico-serial, y George Crumb (1929), que ha declarado que "si el cerebro no canta, no hay música", junto con superponer referencias al folclore con la música del occidente europeo.

Luego de su partida de Bloomington el lugar que ocupó en la Universidad de Indiana fue llenado en un par de conciertos por el director argentino Pedro Ignacio Calderón y el uruguayo José Serebrier, a quienes se agregó el mexicano Jorge Mester, director titular de la Orquesta de Pasadena (1985-2010) en California y director artístico del Festival de Aspen, Colorado (1970-1991). Ellos contribuyeron a dar presencia a Latinoamérica en la vida musical de los Estados Unidos, tal como lo hiciesen Max Valdés, director titular durante 10 años de la Orquesta Filarmónica de Buffalo, en sus muchas itinerancias por otros lugares del país y ahora como director titular de la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico, además de Eduardo Browne, quien después de una exitosa residencia como asistente del maestro Harth-Bedoya en Fort Worth, Texas, se ha distinguido en Chile. Es posible que haya otros que no he conocido.

Sin embargo, se agrega uno de la misma generación en este espacio -a mi modo de ver- de una excelencia comparable a la de Izquierdo. Daniel Barenboim, magnífico director y pianista, además de valiente pensador e intelectual argentino-israelí, realiza una carrera singular y brillante como músico, y se expresa en valiosos conceptos en el campo de la política internacional de Israel y con informados conocimientos en el de la musicología. En el libro de conversaciones con su amigo palestino-americano Edward Wadie Said, Paralelismos y paradojas, esto se hace evidente por la claridad y convicción de ambos participantes.

Ciertamente se espera que los momentos que han motivado estas líneas incluyan recuerdos de la vida familiar de Juan Pablo a la que tuve acceso y solo en parte hace muchos años, cuando conocí a su padre y a Luis, su hermano médico. Ahora es su unión con la perceptiva e inteligente Trinidad Jiménez, profesional graduada en Teología, lo que nuevamente me procura estas imágenes. Con ella tuvo los hijos mellizos, Emilia y Lucas, nacidos en Londres y de quienes mi hijo músico, Juan Felipe, fue padrino de bautismo, antes de que Juan Felipe se sumara a ese grupo de directores latinoamericanos que he mencionado, por su actuación en varias temporadas de los Monday Evening Concerts establecidos en Los Ángeles en 1939 y que se han distinguido por las primeras audiciones de muchas obras de Stravinsky además de haber auspiciado el debut de Boulez en Estados Unidos.

Cumplidos sus setenta años Juan Pablo regresa a Chile y en 2008 se hace cargo de la Orquesta de Cámara, fundada y dirigida por Fernando Rosas hasta días antes de su triste fallecimiento. Con este conjunto, sostenido por la Fundación Beethoven, ofrece conciertos gratuitos incluyendo música chilena y toma parte en este "momento extraordinario", de acuerdo con las palabras con que el mismo Juan Pablo describe el auge de la música de cámara en nuestro país.

Me satisface el haber podido escribir estas líneas para celebrar el que se haya reconocido a este gran artista al otorgársele el Premio Nacional de Artes Musicales 2012. Cuanto he evocado pertenece al tránsito de nuestras vidas por dos hemisferios, desde el momento en que le di sus primeras lecciones de composición en Santiago, hasta el presente, cuando él ha cumplido sus 77 años y yo mis 94. Posiblemente a estas alturas de mi vida, algo puede habérseme perdido de la memoria. Espero que no sean las expresiones de entusiasmo que puedan disminuir el reconocimiento que me merece su brillante carrera como director y su gran contribución a la música chilena.

 

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