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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. vol.68 no.221 Santiago jun. 2014

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902014000100010 

RESEÑAS DE PUBLICACIONES

 

Álbum de Isidora Zegers de Huneeus. Publicación de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos para conmemorar los doscientos años de la Biblioteca Nacional de Chile. Producción editorial a cargo del Centro de Investigaciones Diego Barros Arana. Santiago, 2013. Incluye un folleto informativo de 30+5 pp.1.

 


 

La Biblioteca Nacional de Chile, al celebrar los 200 años de su fundación, ofrece al país una bella edición del Álbum de Isidora Zegers de Huneeus. Este afortunado emprendimiento nos permitirá, a partir de hoy, conocer una joya bibliográfica que desvela una multiplicidad de momentos íntimos de la sociedad santiaguina de mediados del siglo XIX.

He pensado que es oportuno exponer algunas reflexiones, primero, sobre el camino que recorre una producción bibliográfica de esta envergadura y, segundo, sobre la noción de autoría en el álbum de Isidora Zegers. Quizá esto contribuya a esbozar un sentido para esta obra de arte.

La materialización de esta publicación solo puede ser concebida como fruto de la confluencia afortunada de numerosos esmeros. El primero de ellos es el cuidado de quienes han sabido conservar sano y salvo este álbum por un siglo y medio, representados por la señora Olga Lindholm Huneeus de Prieto. Gracias a que ha estado protegido como un bien de la memoria familiar, este libro nos llega casi tal como lo dejó doña Isidora Zegers de Huneeus a su muerte en 1869. Este hecho suele resultar relativamente natural cuando se trata de bienes conventuales, donde la vida de los monjes ha impuesto que la custodia de los bienes monacales, de retablos, bibliotecas y edificios, sea vinculada a la propia fe de los religiosos. En los Tiempos Modernos han sido ciertamente los Estados quienes han asumido más y más esa función de conservación de acervos culturales y artísticos, como parte de la memoria social, sea en el ejemplo de algunos de los grandes museos o de fabulosas bibliotecas.

En el ámbito privado, estos cuidados se encuentran a veces en el seno de familias de la aristocracia, frecuentemente como documentación de su abolengo y nobleza.

El álbum de doña Isidora, en cambio, nos llega gracias a los cuidados de espíritus nobles, que podemos asociar a la aristocracia de la inteligencia.

Pero ¿cómo pasar del ámbito de lo privado al público? ¿Qué pudo seducir a la actual propietaria a confiar un tesoro guardado tanto tiempo y con tanto mimo para que se torne accesible? Esa es la función que ha cumplido, una vez más, esta biblioteca ya dos veces centenaria, con su prestigio, sus recursos materiales e intelectuales y una gestión esmerada.

Era necesario descubrir la existencia del álbum y que fuese reconocida su trascendencia social e histórica. Y entonces sí pudo darse inicio a los delicados trabajos de consolidación material y estudio de la obra.

Restaurar, reproducir, editar, investigar, son palabras cortas que implican trabajos largos y que suponen múltiples saberes y grandes habilidades, años de estudio e investigación.

El resultado es primoroso: una impecable edición facsimilar que, a partir de hoy, permitirá adentrar más y mejor en un capítulo importante de la historia de Chile. El álbum retrata un espacio de la sociabilidad, regido por un espíritu femenino. Se trata de un salón en el Chile del siglo XIX, donde se practicó una forma de convivencia, tal como lo promovió y cultivó doña Isidora Zegers, siguiendo el modelo de esta institución, la de los salones, bien frecuentes en la cultura occidental sobre todo en los siglos XVIII y XIX.

El álbum de Isidora Zegers es una obra de arte compuesta con diversos lenguajes de tipo verbal y visual, orientados por cánones estéticos. Hay ahí escritos, sea en prosa, prosa poética o poesía, e imágenes, a veces dibujadas, otras pintadas a la acuarela o también fotografías. Esos son los lenguajes que encontramos entrelazados en esta obra, creando un universo coherente.

Sin duda alguna, cada una de estas piezas podría existir aisladamente, sea un paisaje de Ernest Charton, una caricatura de Juan Bianchi o un dibujo botánico de Claudio Gay, sea una poesía de Andrés Bello, un elogio a la tertulia de José Joaquín Vallejo, Jotabeche, o los recuerdos de Mercedes Marín del Solar. Pero en el conjunto del álbum estas manifestaciones se vinculan ofreciéndonos un cuadro caleidoscópico del segundo tercio del siglo XIX en Chile.

En ese sentido, como toda gran obra de arte, también este álbum es un extraordinario documento histórico.

A partir de esa doble vertiente, artística e histórica, que le es intrínseca, el álbum nos convida a la búsqueda de sentidos. Y en esa búsqueda sale en nuestro auxilio el eminente historiador del arte Ernst Gombrich, una de las más lúcidas personalidades de esta disciplina, que afirma enfáticamente: "una obra de arte significa lo que su autor quiso que esta significase". Entonces la primera pregunta que cabe formular es: ¿quién es el autor de este álbum?

¿Es Juan Mauricio Rugendas con los retratos de su mano y un autorretrato evocador de su biografía artística? ¿es Ignacio Domeyko con sus estudios etnográficos y zoológicos? ¿o quizá Carlos Wood con sus vistas del paisaje? ¿O también el escritor y diplomático español Juan García del Río con su melancólico escrito de despedida? ¿debemos sumar a los autores también a Lord Byron, del que se copia un trecho de las Estancias a Augusta?

Sí. Cada uno de ellos es coautor, o mejor, nos encontramos ante una constelación de autores, organizados bajo la genial batuta de Isidora Zegers. Parece bien plausible acudir precisamente a la metáfora musical, tratándose de esta mujer que representa un hito imprescindible en la tradición musical de Chile. Ella escogió uno a uno a los integrantes de este concierto de pintores y escritores. Cultivó con ellos una relación social en los salones de su casa y les impuso la tarea de entrar en la composición de esta sinfonía artística y literaria. Y a manera de las composiciones musicales del barroco, compuso un bajo continuo donde incluyó galerías de retratos de personalidades de referencia, tanto del mundo del arte y de la literatura, como de la vida social y política de Chile, América y Europa, en forma de fotografías en el formato de tarjetas de visita. Este paño de fondo referencial incorpora ilustres personalidades de todos los ámbitos del quehacer humano, pero también contempla individuos de su círculo familiar, con la presencia de hijos y nietos y otros parientes próximos. La obra gana, así, una connotación íntima, lo que no reduce su amplitud universal, sino que la enriquece con el aspecto de la sensibilidad, que siempre está vinculada al individuo.

Las relaciones sociales y culturales aparecen como una continuación del círculo familiar. De hecho, la familia Huneeus-Zegers acogió forasteros, a los que además de abrirles su casa, los auxilió para el ejercicio de su profesión. Así fue, por ejemplo, la relación con el artista viajero Rugendas, a quien doña Isidora acogió con abierta fraternidad, contribuyendo a facilitarle la vida incluso en cuestiones de la intimidad doméstica, prestándole sillas y un lavatorio para que pudiese amueblar en lo esencial el cuarto de alquiler en que vivía en Santiago. O con el notable pintor y dibujante Juan Bianchi, que pasó a formar parte de la familia, por casamiento con una hija de doña Isidora y su primer marido, Guillermo de Vic Tupper.

La convivencia en el círculo del salón de Isidora Zegers fue tan importante para el modelado de los contertulios, como en otras latitudes lo fue para destacadas personalidades de la historia de la cultura de Occidente. ¿Qué duda cabe que los encuentros y las discusiones que tenían lugar en los salones de Henriette Herz o de Rahel Varnhagen von Ense fueron determinantes para la biografía de los hermanos Guillermo y Alejandro de Humboldt? O ¿cómo ignorar la relevancia que para Picasso tuvo el salón de Gertrud Stein en París?

Jotabeche es explícito en este sentido, en lo que se refiere al salón de doña Isidora, cuando describe las noches en esa casa, donde disfrutaba de la vista de cuadros de Rugendas, de Carlos Wood y Auguste Borget y de lo que él califica de "las celestiales armonías de Bellini y Donizetti" cantadas por la dueña de casa. Pero sobre todo llama la atención de "varias otras noches de tertulia en las que, por primera vez, vi terminarse acaloradas discusiones políticas sin camorra y sin que alma viviente quedase resentida y agraviada".

Vuelvo, pues, a la cuestión que considero medular, que se refiere a la autoría de este álbum.

La obra es el producto del trabajo de una constelación de personajes que, para efectos de la composición del libro, fueron en cierta forma moldeados por el espíritu de la ilustre salonnière que fue doña Isidora Zegers.

El álbum surge, pues, como fruto de las tertulias cosmopolitas que se cultivaban en la casa de los Huneeus-Zegers, según el tenor impuesto por la dueña de casa.

Siendo así, el sentido que, al menos inicialmente, podemos atribuir a este álbum, es el de un retrato del Chile de los años de 1830 a 1860. Ciertamente con escasas referencias, apenas tangenciales, a aquella sociedad cargada de contradicciones y conflictos que era el Chile de entonces. Pero sí encontraremos ahí el retrato de un amplio abanico del segmento más ilustrado de su sociedad, donde, en la expresión del álbum y por influencia de doña Isidora, reinaba la búsqueda del saber y el cultivo de las artes, siempre en un ambiente de concordia, como destaca Jotabeche.

Concluyo estas reflexiones sobre la preciosidad bibliográfica que nos regala la Biblioteca Nacional con una observación que se me hace más y más patente.

Sí, el álbum ofrece pinceladas de la producción intelectual, científica, artística y literaria de algo de más de tres décadas en el siglo XIX. Pero no las presenta individualmente, sino en un conjunto que posee un carácter casi hermético. Es por eso que merece la pena procurar el lugar que cada pieza tiene en la unidad del cuerpo para el que fue concebida. Por ese camino descubriremos una bella manifestación, con connotaciones ideales, de cómo se iba gestando el Chile que aspiraba a ser una nación autónoma y con identidad propia.

 

NOTAS

1 Este texto fue leído en la Biblioteca Nacional, con motivo de la presentación de la edición del Álbum de Isidora Zegers de Huneeus, el día 10 de octubre de 2013, y es publicado aquí conservando su lenguaje oral.

 

Pablo Diener
Universidad Federal de Mato Grosso, Brasil
fadiener@terra.com.br

 

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