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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. vol.68 no.221 Santiago jun. 2014

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902014000100013 

RESEÑA DE FONOGRAMAS

 

Iván T. Ireta Sánchez y Eliud Nevárez. José Rolón, Domingo Lobato, Hermilio Hernández. Composiciones para piano solo de compositores mexicanos. Eliud Nevárez, piano. CD. Saltillo, México: Universidad Autónoma de Coahuila, Escuela Superior de Música, 2009.

 


 

Esta grabación fue preparada por el Cuerpo Académico Música Aplicada de la Escuela Superior de Música de la Universidad Autónoma de Coahuila, en la que le cupo a Iván Ireta un papel especial como editor. Nos presenta de manos de Eliud Nevárez trece piezas para piano de tres compositores mexicanos, las que si estilísticamente recorrieron trochas diferentes -y cronológicamente más o menos distantes-, hacen conjunción en la encrucijada nacionalista, preocupación tan propia y transversal del siglo pasado. Podemos anticipar entonces, que se trata de una colección -un pequeño paisaje- de los muy diferentes resultados de intentos variados por expresar lo mexicano en el arte musical, de búsquedas para manifestar lo nacional en el lenguaje de lo moderno y en este caso, a través del piano.

El orden del disco sigue el criterio cronológico, del compositor más lejano en el tiempo, al más cercano a nosotros. De este modo se inicia con las Tres danzas mexicanas (Jaliscienses) de José Rolón (1876-1945). Compuestas en tempo de Allegro, son tres juegos rítmicos en los que van de la mano la inventiva de Rolón y algunas características de las músicas tradicionales, como la simplicidad y reiteración de los motivos melódicos. Su interacción es todo menos monótona, por el contrario en cada una de las piezas se encuentran además secciones rítmicas no del todo independientes, pero contrastadas entre sí. Es también muy interesante el manejo armónico que hace Rolón, en el que la disonancia -influido por Debussy-, es casi constante, pero no llega a producir inestabilidad al carácter de los motivos melódicos. Por el contrario refuerza las características de estos como inspirados en la música indígena, al menos porque el recurso a la técnica modernista nunca llega a desestructurarlos. A propósito, según se lee en el folleto, se trata de las "características primitivas de la música indígena, tales como simplicidad, energía y persistencia", pero habrá que objetar al respecto el cariz evolucionista y poco preciso que sustenta la idea preconcebida de lo indígena como primitivo y simple per se.

Sigue este recorrido con la Sonata N° 2 para piano y las Dos danzas de Domingo Lobato (1920). Sobre todo en el primer movimiento de la Sonata, Moderato con Allegro, el contraste con Rolón es evidente. Se encuentra en Lobato un mayor movimiento armónico y rítmico que llega a romper en ocasiones la noción de unidad de la pieza, y una menor explotación de la disonancia aunque se advierte igual persistencia en los bloques de acordes percutidos muy enérgicamente y en la reiteración de los motivos melódicos para denotar lo indígena. El segundo movimiento, por su parte, si bien continúa un tono impresionista como las danzas de Rolón, es una alegoría romanticista de lo criollo en Andantino. Finalmente esta Sonata concluye con la manipulación en Allegreto de alusiones a músicas populares mexicanas, como el jarabe y el son. Nos terminamos de hacer una idea de la obra de Lobato con La Guarecita y la Guacamaya pinta, dos danzas en las que se vuelve a encontrar más fácilmente la noción del compás, gracias a la función marcante que desempeña eventualmente la mano izquierda. Pero no por eso dejamos de estar en un ambiente impresionista que más que invitar a bailar consigue, justamente, ambientar un estado emotivo que es, en la primera de ellas más pausado o contemplativo a pesar de estar afincado en un compás de 5/8, tipo habanera. Por su parte en la segunda danza el ambiente es alegre y animoso. Se advierte más claramente la alusión a bailes tradicionales mexicanos, tanto en lo rítmico como en la estructuración simétrica de las melodías y en su encadenación antecedente-consecuente.

Por último las piezas de Hermilio Hernández (1931-2008) Sonatina I, la Invención N° 3 y la Invención No. 6 vienen a terminar este paseo por el nacionalismo musical mexicano que ofrece este CD. Bastante más disonante, sin embargo, este alumno de Lobato además se aleja del seicillo tan recurrente en las piezas de su maestro y de Rolón y está más cerca del neoclasicismo que del impresionismo. De esto es un buen ejemplo el que han encontrado los editores de este disco en la Sonatina I. Pero Hernández tiene, también a diferencia de los otros dos compositores compilados, una otra faceta evidente en sus Invenciones. El modelado de los motivos ya no es un desarrollo sino un devaneo, no tanto como un delirio, algo vano y reprensible, sino al modo de un transitar sin especial detención en un lugar específico o predeterminado. La faceta es serialista.

No podría tomársele la dimensión a las obras de estos tres compositores sin el tesonero trabajo pianístico de Eliud Nevárez. Cabe señalar que lo que logra con su interpretación es realmente destacado, pues la atención precisa a cada detalle resulta en una experiencia auditiva que lleva más allá del agrado estético. Lo que logra con sus manos, impone también la inquietud por conocer más obras de toda esta generación de compositores mexicanos y los resultados de tantos otros intentos por reconciliar estos lenguajes que parecen usualmente tan escindidos, pero que aquí dialogan no solo para sonorizar una identidad local, sino que para el entendimiento humano. No se puede negar tampoco, que Nevárez viene a imprimirle justamente el lado no escrito de la mexicanidad a estas piezas, hijas de esa preocupación por reflejar un -¿no será mejor a estas alturas decir "algún" o "algo del"?- espíritu nacional. Él ejerce como la clave que hace que los pasajes de jarabe sepan a jarabe.

Por lo antedicho el disco nos parece una pieza clave para el conocimiento del nacionalismo musical mexicano. Además que viene a relevar una triada de compositores injustamente marginales en el gran panorama de la música azteca, por un lado debido al lugar preponderante que ocupa la obra de Ponce, pero también por ser ellos tres figuras que desarrollaron su arte en otros estados de la nación -sobre todo Lobato y Hernández-. Otro punto destacable de esta edición aparece de las preguntas acerca del nacionalismo y la identidad en la música que ella desprende, más allá de ella misma y apuntan, por ejemplo, a todo el sistema del arte musical latinoamericano. ¿La representación de lo nacional es necesaria ante quién(es)? ¿cuáles imágenes o significados asociados a la identidad en lo musical, dependen más bien de las escuchas previas del oyente, o del compositor, o del intérprete? ¿y qué sucede con la gran diversidad de culturas musicales mexicanas en esa representación academicista de lo nacional? Aunque los más de 45 minutos que dura este disco son un tiempo brevísimo para contener respuestas definitivas, el programa es paradójicamente -pues las preguntas surgen de él- una escalera que nos conduce nada menos que a esos otros lugares de lo mexicano/nacional.

 

Antonio Tobón Restrepo
Historiador y musicólogo, Colombia
antonio.tobon@gmail.com

 

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