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Revista musical chilena

Print version ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. vol.69 no.224 Santiago Dec. 2015

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902015000200008 

RESEÑAS DE PUBLICACIONES

 

Miguel Castillo Didier. Jorge Peña Hen (1925-1973). Músico, maestro y humanista mártir. Santiago: LOM Ediciones, 2015, 234 pp.

 


 

Tan difícil como honorífico resulta referirme a este libro. Es difícil hacerlo debido, por una parte, al extraordinario personaje que estudia, el notable intérprete, compositor, maestro y divulgador musical, Jorge Peña; así como, por otra, al autor de esta seria, profunda y exhaustiva biografía, el reconocido estudioso y músico Miguel Castillo Didier, Miembro de Número de la Academia Chilena de la Lengua, Miembro Correspondiente de la Real Academia Española, Director del Centro de Estudios Griegos y Profesor Titular de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile.

Debemos celebrar que LOM Ediciones haya decidido tomar la iniciativa de reeditar este importante trabajo, que en 2001 fue dado a conocer en una edición de apenas 50 ejemplares, publicada por su propio autor. Esta reedición es particularmente valiosa si se considera que en nuestro medio la aparición de libros relativos a música nacional no es frecuente y la necesidad de conocer los distintos aspectos que tiene y ha tenido la vida musical en nuestro país son ignorados, de manera significativa, por la gran mayoría de los chilenos, incluso de los músicos. Lo que rodeó la vida y labor de Jorge Peña en el mundo de la música era necesario que se supiera y con la edición de LOM hay que confiar que ello se divulgará, ya que ahora se tiene, gracias a los aportes entregados en su libro por Miguel Castillo Didier, un panorama total del considerable desarrollo que logró la vida musical chilena entre la década de 1920 y el fatídico golpe militar de 1973 que destruyó casi todo lo alcanzado hasta entonces en el campo de la cultura musical.

El detallado análisis y muy completa información que se lee en Jorge Peña Hen (1928-1973). Músico, maestro y humanista mártir, muestra y demuestra que lo impulsado y realizado por este recordado músico se engarza y continúa el que se ha llamado proyecto de desarrollo de la música chilena del siglo XX propuesto por Domingo Santa Cruz. Este fue aprobado en el seno de la Sociedad Bach de Santiago en 1924 y llevado adelante por el propio Santa Cruz, Armando Carvajal, Alfonso Leng, Pedro Humberto Allende y otros. Dicho proyecto consistió, básicamente, en asegurar que el Estado chileno se responsabilizara por el desenvolvimiento de la vida musical del país, ello en consideración a que la creación musical, así como la de las otras artes, no produce plusvalía y necesita de importantes inversiones. Por lo tanto, la solución más razonable para financiar la música se podía encontrar en el Estado. Hay que recordar que en esos tiempos en Chile ni siquiera existía una orquesta sinfónica estable y la formación profesional del músico era insuficiente.

Una de las primeras acciones impulsadas por la Sociedad Bach de Santiago fue la renovación del Conservatorio Nacional de Música, que dependía del Ministerio de Educación, lográndose que dicha reforma se alcanzara en 1928. Al año siguiente el Ministerio de Educación traspasó el Conservatorio y la Escuela de Artes Aplicadas a la Universidad de Chile, y con estas entidades, a las que sumó su Academia de Bellas Artes, el Consejo Universitario en diciembre de 1929, acordó la creación de la Facultad de Bellas Artes de la universidad estatal, la que comenzó a funcionar en 1930. De esta manera la música en nuestro país quedaba cobijada bajo el alero de la Universidad de Chile, es decir, del Estado chileno.

En la universidad estatal se podían resolver los problemas de la formación del músico profesional (intérpretes, compositores) alcanzando el nivel universitario, pero también en la universidad se aseguraba la investigación musical y, en su momento, la formación de musicólogos, vale decir, de estudiosos del fenómeno musical. Lo que sí faltaba eran las instituciones de difusión de la música, los organismos para formar auditores, público, vale decir, conjuntos musicales, incluida una orquesta sinfónica. Se debe recordar que la música es una mesa de tres patas: la primera, es el creador de este discurso afectivo llamado música; la segunda, el intérprete, que nos permite escuchar la obra musical, y la tercera pata de la mesa es el individuo que escucha el discurso sonoro transmitido, el auditor, el público. Si falta cualquiera de las tres patas, se desploma la mesa. No hay música. Para resolver el problema de formar público se impulsó desde la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile, apoyada por la mayoría de los profesionales de la música, la fundación de lo que fuera el Instituto de Extensión Musical. Este fue creado por Ley N° 6696, dictada en octubre de 1940, y el 7 de enero de 1941, bajo la batuta de Armando Carvajal, la Orquesta Sinfónica de Chile ofrecía su primer concierto. Nuestro país tenía por primera vez en la historia una orquesta sinfónica estable.

Posteriormente en el Instituto de Extensión Musical se crearon el Coro de la Universidad de Chile, el Ballet Nacional Chileno, la Revista Musical Chilena, un cuarteto de cuerdas, un quinteto de vientos, un conjunto de percusiones, la Ópera Nacional, la Radio IEM, los Festivales de Música Chilena, los Premios por Obra para la composición, ediciones musicales impresas, entre otros. A pesar de las giras por todo Chile de los conjuntos del Instituto de Extensión Musical y el apoyo de este a giras de concierto de solistas y conjuntos ajenos al Instituto, lo principal de la tarea de difusión musical se realizaba en Santiago, si bien en todos los sectores de la población. Se hicieron esfuerzos por descentralizar la acción, pero fueron insuficientes. Recién esta situación comenzará a ser revertida cuando en mayo de 1950, como señala Miguel Castillo Didier, es fundada la Sociedad Bach de La Serena, presidida por Jorge Peña Hen. Gracias a su accionar La Serena comienza a tener presencia relevante en la vida musical del país, la que se proyecta a regiones vecinas y luego a la zona norte, como podemos leer en su biografía.

Se debe recalcar que Jorge Peña Hen mantuvo siempre firmes lazos con la Universidad de Chile y contó permanentemente con el apoyo de la Facultad de Ciencias y Artes Musicales de dicha entidad, debido a que existía plena coincidencia con los objetivos que los músicos en su conjunto deseaban alcanzar, tanto así, que en 1956 se creó el Conservatorio Regional de La Serena dependiente de la mencionada Facultad. Como escribe Miguel Castillo en su libro: "Por primera vez, la Casa de Bello, desde su fundación en 1843, extendía sus tareas más allá de la región de Santiago y Valparaíso". Por esta misma razón el historiador Jaime Eyzaguirre expresó: "Podemos decir que Jorge Peña es el precursor de la Universidad de Chile en provincia". Conviene recordar que el 11 de septiembre de 1973 había sedes de la Universidad de Chile en Arica, Iquique, Antofagasta, Copiapó, La Serena, Valparaíso, Santiago, Chillán, Talca y Temuco, en las que estaba siempre presente la música.

Lo anterior grafica la enorme contribución del músico serenense a la difusión del arte de la música en todo el país. Se debe destacar igualmente su esencial aporte a la formación musical del niño, que redundó en la creación de orquestas infantiles y juveniles con todo lo que eso implicó, así como las múltiples modificaciones que introdujo en la pedagogía de ese arte en todos sus niveles.

El libro Jorge Peña Hen (1928-1973). Músico, maestro y humanista mártir de Miguel Castillo Didier está organizado en trece capítulos. En el primero hace un análisis somero de la realidad musical chilena del período. En el segundo pone al lector en contacto con un niño que desde temprana edad muestra su amor por la música. En los cinco capítulos siguientes se perfila al promotor musical que luchará por dar a conocer las obras capitales de la música universal y la de los compositores chilenos, desde el atril de instrumentista o desde el podio del director de orquesta. En el capítulo octavo Castillo Didier se refiere a Jorge Peña como compositor y en el noveno muestra un retrato de la significativa personalidad del músico. Los cuatro capítulos que siguen están relacionados principalmente con el brutal asesinato del notable músico de La Serena en manos de la Caravana de la Muerte que comandaba Sergio Arellano Stark, horrendo crimen ocurrido el 16 de octubre de 1973. El libro concluye con una serie de documentos de indiscutible valor histórico relacionados con Jorge Peña Hen.

En síntesis, los chilenos tenemos a nuestra disposición un texto reflexivo, de altísima calidad y escrito con profundo cariño, que nos permitirá conocer a un hombre y músico de excepción y a su entorno, y que ya no habrá excusa alguna para olvidarlo.

 

Fernando García Arancibia
Academia Chilena de Bellas Artes,
Instituto de Chile

acchbear@ctcinternet.cl

 

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