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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. vol.69 no.224 Santiago dic. 2015

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902015000200009 

RESEÑAS DE PUBLICACIONES

 

Orlando Álvarez Hernández. Ópera en Chile. Ciento ochenta y seis años de historia, 1827-2013. Santiago: El Mercurio/Aguilar, Universidad Diego Portales, 2014, 597 pp.

 


 

Se genera un peso particular cuando un libro lleva años en proceso, fermentándose en un tiempo que solo su creador conoce. Es un peso de medición complicada y subjetiva, y por lo mismo es casi imposible pensar a cuánto asciende en un libro que no contiene años, sino décadas en su interior, como un proyecto amasado durante una vida. Algo de eso hay en este libro de Orlando Álvarez. Los libros permanecen, dejan memorias y construyen cultura. Si bien su autor no dejará sus recuerdos autógrafos, su presencia en las páginas es conclusiva e innegable y, personalmente, creo que establece un puente real con estos mismos salones y la historia del Teatro Municipal de Santiago de Chile. Lo interesante de este trabajo, a diferencia de muchos anteriores, está en el cómo distintos estilos y miradas convergen por medio de un solo autor, pues se trata de un proyecto construido a lo largo de una vida. Tuve la suerte de conocer este proyecto desde sus inicios por conversaciones con el autor e información brindada desde el Centro de Documentación de las Artes Escénicas (DAE) del Teatro Municipal, del que estaba yo a cargo en aquel entonces. Tras la muerte del autor, los editores del mismo me solicitaron que colaborara con una revisión musicológica e historiográfica para su publicación. Esto lo realicé respecto del contenido original y acotándome a cambios mayores que consideraba estrictamente necesarios para evitar errores ya conocidos en cuanto a fechas o nombres, buscando además lograr una mayor homogeneización de títulos y compositores.

Si bien se ha escrito bastante acerca de ópera en Chile, lo significativo del género para la historia de Chile y para la construcción cultural del país justificaba, con creces, la publicación de un volumen actualizado tras décadas carentes de nuevas propuestas literarias. Orlando Álvarez no propone una, sino que cuatro nuevas líneas de acercamiento a la ópera en Chile y, sin duda, cada una de ellas tiene un carácter particular en el que es importante detenerse por algunos instantes. Como musicólogo debo decir que me sorprendió la excelente periodización del libro, que enfoca la ópera en tres etapas: una histórica, marcada por compañías extranjeras y un Chile algo más aristocrático que el actual, entre los 1820 y los 1950; una segunda, con el repensar el rol de la ópera y el Teatro Municipal en nuestro medio, período del que Orlando Álvarez fue un protagonista clave, entre los 1960 y los 1980; y una tercera que representa un intento por insertar la ópera en Chile dentro del circuito internacional y al Teatro Municipal como un centro de artes escénicas de excelencia, desde dicha década hasta la actualidad. Si la división la considero brillante, más logrado es el tratamiento diferente de cada sección.

La primera tiene un enfoque histórico, marcado por los estrenos, fundaciones, visitas claves y una vida cultural que corría en paralelo a la formación de la identidad del país. Como en casi toda América Latina, la ópera fue entendida en las primeras décadas republicanas como el evento -y el producto-cultural europeo por excelencia. La ópera era un modo de acercarse a Europa, de ser moderno, de civilizar las emociones y los gustos y de fomentar el desarrollo de estas naciones remotas. Pero aquel proyecto, tan frío quizás, no logró prever que la ópera se transformaría en una pasión y en un deseo, en algo esencial para la vida emocional de muchos, más allá de todo límite. La historia que nos cuenta Orlando, en esta primera parte, no es la de un edificio y de actas municipales, sino la de cantantes y admiradores, éxitos y fracasos, lágrimas y arrebatos de operáticos por generaciones.

La segunda parte, sin embargo, cambia de tono drásticamente, para adentrarse en una mirada personal sorprendente, producida aquí por un testigo privilegiado. Con un genial golpe de timón, Orlando nos permite entrar tras bambalinas y experimentar lo que ocurrió en aquellos años con posterioridad al centenario del teatro, en las décadas del sesenta y setenta, cuando parecía que la ópera iba a desaparecer de Chile para siempre. El autor, mediante anécdotas, críticas punzantes e inesperados giros dramáticos, permite adentrarnos en aquellas décadas que vieron la organización de un nuevo ideal de teatro, que apuntaba a temporadas permanentes con grandes cantantes internacionales. Sin duda, aquello era una locura, y resulta apasionante poder conocer cómo un puñado de locos operáticos permitió salvar el buque del Municipal de un naufragio seguro. Quizás el mayor logro del autor, sin embargo, es mantener aquí el interés, el humor y el drama, sin dejar de lado la acuciosa información histórica que caracteriza su trabajo. Personalmente, creo que esta sección es el aporte mayor del libro en cuanto a nueva información.

La tercera parte adopta una nueva voz, igualmente sorprendente, que es la de aquel que contempla la ópera desde la butaca, pues -al igual que con los artistas-, sin público no habría ópera. Orlando Álvarez no toma distancia respecto de los éxitos y fracasos de estos últimos treinta años, sino que reconoce con fuerza su rol de operático y, como hizo con muchos jóvenes y con otros que no lo son tanto, comunica y educa en varias páginas ya no solo respecto de la historia, sino sobre la ópera misma y su apreciación, sus dificultades y sorpresas, su innegable y cautivante magia. Establece aquí, en lo que él llama "La era de Andrés Rodríguez", una perspectiva acerca de un Teatro Municipal abierto a los circuitos mundiales, con cuerpos estables y con una programación definida a la que el público chileno se acostumbró, lo que genera grandes proyectos impensables en otras épocas de la misma institución, como la tetralogía de Wagner o algunas presentaciones de gran escala escenográfica que son desglosadas desde la perspectiva del operático.

Finalmente, la cuarta parte constituye casi la mitad del libro y representa el trabajo más intenso y admirable, cual es la reseña de las temporadas de ópera en Chile durante estos casi 200 años. Esto incluye referencias de cantantes, repertorios, estilos y otros aspectos igualmente enciclopédicos que, sin duda, representan un trabajo titánico de información documental relativas a la música en el país. Si bien esta sección es el aporte más concreto y efectivo del libro, debe señalarse también que es el que mayores problemas conlleva, al generar una homogeneización de la historia del género en Chile no exenta de problemas. En gran medida esto se debe a dos razones: la primera es la ausencia de mayor información de otras ciudades del país, en particular de Valparaíso -más importante que Santiago en términos de escena internacional en el siglo XIX-, así como de Concepción, Copiapó y otros posibles espacios donde la ópera se desarrolló. Si bien Santiago es clave para el siglo XX, aunque no es el único escenario, sin duda falta mayor información que podrá ser complementada, espero, en futuros trabajos y ediciones, dejando un camino abierto también a futuros autores. En segundo término, es complejo ver la secuencia de la ópera como un todo homogéneo, cuando en realidad debe reconocerse que las óperas presentadas por compañías viajeras hacia 1850, las que en algunos casos podían llegar a veinte en un lapso de dos meses, no guardan relación con aquellas entregadas hoy a razón de a seis en un año, con cantantes y puestas en escena en eterno recambio. Aquí falta sin duda una mirada que distinga la ópera en su condición histórica, y establezca mejor los patrones de cambio a lo largo de los muchos años de presencia del género en Chile.

Aun así, es oportuno decir que este trabajo es particularmente bienvenido para los interesados en el género y en la historia de la recepción e interpretación musical en Chile, debido a que provee de nuevas miradas, anécdotas y datos que seguro inspirarán, a su vez, nuevas investigaciones acerca de la ópera en Chile.

 

José Manuel Izquierdo König,
PhD Student, Clare Hall, University of Cambridge

 

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