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Revista musical chilena

Print version ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. vol.69 no.224 Santiago Dec. 2015

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902015000200015 

RESEÑAS DE FONOGRAMAS

 

Mauricio Valdebenito. CD. Mestiza. Música chilena y latinoamericana. Santiago: Autoedición; Proyecto de Investigación Artística financiado por la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo de la Universidad de Chile, 2014.

 


 

"...porque cuando se buscan conexiones se acaban encontrándolas por todas partes y entre cualquier cosa, el mundo estalla en una red, un torbellino en el que todo remite a todo, y todo explica todo" (Umberto Eco, El péndulo de Foucault).

 


La anterior es la cita que se encuentra al abrir la caja de Mestiza, la más reciente producción del guitarrista y musicólogo Mauricio Valdebenito. Las palabras plasmadas en el cartón de inmediato adquieren sentido en lo personal. Fui yo mismo quien lo puso en contacto con esa novela en la sala de espera de un aeropuerto. Él se encargó de recordármelo durante una entrevista realizada para la Radio Universidad de Concepción a propósito del lanzamiento del disco. Al recorrer la caja, me encuentro con Víctor Jara, Violeta Parra, el Códice Trujillo, parte de las piezas que formaron parte de un concierto realizado en Concepción, el año del terremoto, donde compartió escenario con algunos de los músicos que lo acompañan en este itinerario musical.

Todo esto se trata de hebras en una textura. Dan cuenta de los sucesos que, sin una relación aparente, configuran la historia de un músico, un disco, y la forma en que este se entreteje con el mundo que lo rodea. En este caso con un auditor, amigo y colega. Muy bien retrata estos entramados el arte de la portada propuesto por la artista chilena Dora Matta. El objeto cotidiano es sustraído de su contexto habitual, adquiere una forma en el espacio que se mimetiza con las representaciones del universo que podríamos encontrar en un libro de astrofísica. o de química orgánica. Se transfigura en símbolo para sintetizar en imágenes los conceptos que sustentan al disco, que entrelazan la complejidad y la sencilla intuición.

No estamos ante una aparición advenediza. Tres discos anteriores testimonian la maduración de Mauricio Valdebenito como intérprete: Música chilena para guitarra (1998), Guitarra latinoafroamericana (2002) y La guitarra (2005). Los títulos nos hablan de cómo su universo musical se va expandiendo. Desde Chile -o la guitarra pensada desde Chile-, hasta simplemente La guitarra, sin apellidos, sin referencias. Esta apertura discretamente revelada en los títulos refrenda la óptica del intérprete, para quien Mestiza "confirma una línea temática presente en los trabajos anteriores: un compromiso con el territorio, el lugar. La palabra mestiza tiene connotaciones bien sugerentes cuando la pronunciamos desde América Latina. Sin ahondar, es una palabra que sintetiza mis preocupaciones, ocupaciones y deseos de indagar, de conocer y formular nuevas preguntas dentro de la música de este lugar".

Una de las principales diferencias en relación con los trabajos anteriores es el abandono del formato solista. La guitarra pasa indistintamente y sin complejos de ser instrumento principal a acompañante, siempre con algo que proponer. Cada una de las piezas incluidas explora diferentes agrupaciones de cámara que incorporan la voz, el charango, el violoncello, las percusiones, el contrabajo y la guitarra eléctrica en una variada sucesión de diálogos con la guitarra acústica. En efecto, Valdebenito nos confirma que en Mestiza se manifiesta como nunca antes "la necesidad de vivir la experiencia de la música en un contexto colaborativo, enriquecerla mediante el contacto con los demás".

Por otro lado, la selección de obras es de una fértil heterogeneidad. Transita sin restricciones ni amarres poniendo en entredicho las barreras ideológicas erigidas entre mundos musicales. "Las separaciones de las músicas no tienen el peso con que todavía las encuentras en conversaciones, o en fundamentaciones académicas. Para mí, ya no. Lo docto, lo popular, lo folclórico. Puedo reconocer que hay tradiciones, pero la música florece, se renueva y tiene cada vez más sentido cuando dialoga. No cuando transita por compartimentos estancos". Con esa opinión, Mauricio nos propone un viaje en el que confluyen diferentes épocas y lugares: Violeta Parra, Víctor Jara, Heitor Villa-Lobos, Radamés Gnatalli, Francesca Ancarola y la música colonial compilada en el Códice Trujillo, en interpretaciones con reminiscencias de rock, jazz, música cinematográfica y aires folclóricos, entre otras vertientes de mestizaje.

El disco innova, pero no a costas de invocar lo nuevo y diferente, sino, por el contrario, reflexionando desde la actualidad acerca de las cosas que ya están, que ya ocurrieron. Una apuesta que presenta el desafío de proporcionar suficiente solvencia intelectual e interpretativa. "La historia también nos plantea la idea de un espacio curvo. El aquí y el ahora son también un ayer y un allá. Me interesan las lecturas, pero también las formulaciones", nos señala Valdebenito. Es así que coexisten temas que resultan nuevos para muchos, sin serlo necesariamente, con otros ampliamente conocidos.

A modo de ejemplo, múltiples relecturas superpuestas aparecen cuando en la Bachiana brasileira N° 5 de Villa-Lobos se sustituye el conjunto original por un único violoncello, en manos de Nelson Campos, el que junto a la guitarra de Valdebenito acompañan la voz de Patricia Cifuentes; o cuando la música colonial escuetamente transcrita por Martínez Compañón se reconstruye en la sonoridad del charango y la guitarra, en arreglos e interpretación junto a Omar Ponce. También cuando se replantea una versión de Víctor Jara antes realizada por Mercedes Sosa con Pepete Bértiz acompañando, o cuando nos enfrentamos al preludio de Lo único que tengo intervenido por el mismo guitarrista que hace años participara de la transcripción oficial que actualmente circula de las obras del cantautor. Lo mismo ocurre con El gavilán de Violeta Parra, incluida en el disco en la voz de Magdalena Matthey. Distante de lo anterior, Francesca Ancarola aparece reivindicada en su poco conocida faceta de compositora con una obra que, dejando entrever algunas reminiscencias de Jimi Hendrix, hacía dialogar el rock y la música electroacústica cuando los debates relativos a estos cruces todavía no gozaban del protagonismo actual. El plan de viaje es, cuando menos, interesante.

"Me atreví a hacer cosas que en otra época no hubiese hecho. Me sentí en propiedad de decir cosas", nos confiesa Mauricio Valdebenito. Y a decir verdad, esa madurez implícita en sus palabras se hace patente al recorrer las grabaciones. Es una selección que, aunque adquiere sentido en la exploración y vivencia musical del intérprete a lo largo de varios años, contribuye a construir nuevas relaciones entre ella y los auditores en un espacio donde los elementos de unidad no siempre son evidentes, y que nos interpela a realizar el ejercicio de encontrarlos. O construirlos. "La experiencia de comprometerse con una música a veces supera el marco que por diversas vías uno puede construir. Marco de información, de referencias, de historia, e incluso de estudio. Con todo lo valioso que puede ser eso, también está lo impredecible que es sentir de pronto que hay cierta lógica que puede verse forzada cuando se la intenta explicar en palabras, pero que tiene sentido en la experiencia de la escucha".

De este modo, la multiplicidad de influencias y referentes que se acrisolan en Mestiza, lejos de resultar en una producción fragmentaria y dispersa, consiguen un mosaico lleno de sabrosos matices. Su expansivo microuniverso de 73 minutos es el corolario de una larga reflexión crítica que parte desde la música para desembocar en la música. Como nos señala su realizador, "el contexto actual nos demanda volver a pensar en repertorios, volver a situar qué lógica articula la música que se nos presenta. Para un intérprete eso es un problema crucial. Desde esa reflexión va a surgir un modo de decir, una manera de tocar, una manera de presentar, de enmarcar lo que se quiere compartir".

No debe ser un gesto vacío que Umberto Eco aparezca como un referente fundamental en el disco. Tampoco lo fue el que yo replicara sus palabras al iniciar esta reseña. El mismo Eco nos recuerda nuestra facultad y propiedad para, como partícipes activos, resignificar ese proceso llamado obra. En ese sentido, el disco se nos plantea como un desafío a repensar aquellos constructos que, desde lo intelectual, a veces distancian la música de la experiencia abiertamente sensible a fuerza de imponer distancias y condiciones. La propuesta de Mauricio Valdebenito en Mestiza, con toda su solidez en lo interpretativo, lo ético y lo estético, se nos presenta como una invitación a razonar, imaginar y sentir la música hoy.

 

Nicolás Masquiarán Díaz
Universidad de Concepción, Chile
 glindae@yahoo.es

 

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