SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.69 issue224Varios artistas. CD. Tenemos las mismas manos. Canciones de Rolando AlarcónSilvia Herrera Ortega. La canción política en Sergio Ortega. Ética y estética en la construcción de identidades narrativas (1960-1980) author indexsubject indexarticles search
Home Pagealphabetic serial listing  

Services on Demand

Journal

Article

Indicators

Related links

  • On index processCited by Google
  • Have no similar articlesSimilars in SciELO
  • On index processSimilars in Google

Share


Revista musical chilena

Print version ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. vol.69 no.224 Santiago Dec. 2015

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902015000200017 

RESEÑAS DE FONOGRAMAS

 

Rodrigo Álvarez. Concepción. CD. Concepción: Autoedición con financiamiento del Fondo de Fomento de la Música Nacional, 2015.

 


 

Mi primera impresión del disco en su totalidad -antes ya circulaban algunas pistas en las redes sociales-, la recogí durante su presentación en sociedad, el 5 de junio de 2015. En esa ocasión se interpretó íntegramente y siguiendo el orden de la edición. También participó el mismo quinteto de las grabaciones: Ignacio González (saxofón), Daniel Freire (trombón), César Arriagada (guitarra eléctrica), Jorge Arriagada (batería) y Rodrigo Álvarez (contrabajo). Todos ellos son músicos reconocidos de la escena jazzística nacional. Cinco músicos y siete pistas para un disco que ronda los 45 minutos de duración, pero que sobre el escenario dobló esta extensión de tiempo. Dos apreciaciones generales me dejó aquel recital. Primero, que invita al movimiento. Segunda, que la secuencia de piezas fue rotundamente acertada. La propuesta consigue transportar al auditor hacia un espacio en el que confluyen múltiples fuentes de influencia afroamericana que nos pasan del oído al cuerpo sin pedir permiso, con intensidad ascendente.

Esas impresiones iniciales se confirman en el disco (que pude escuchar durante los días siguientes). Por supuesto, puede haber una distancia abismal entre una interpretación en vivo y un registro grabado, especialmente cuando se trata de una música cuya esencia es la improvisación. Pero tal y como nos lo señala el autor, "lo que sobrevive es el disco, y en las grabaciones queda claro quién es uno como músico".

Rodrigo Álvarez es ingeniero de profesión, pero músico de oficio. Hace años optó por consagrar su vida a la música: al jazz, al contrabajo, a la composición y a la enseñanza. Se ha especializado en docencia universitaria y actualmente se desempeña en el Departamento de Música de la Universidad de Concepción y en el Centro Artístico Cultural Municipal de la ciudad, entre otras de sus tantas ocupaciones. Cuando conversamos se revela un individuo a medio camino entre la racionalidad y la emocionalidad. Nos transmite con claridad sus ideas, evidenciando el personal y agudo proceso de reflexión crítica contenido en el disco. Pero al mismo tiempo irradia ese entusiasmo casi adolescente de quien se encanta a sí mismo con lo que hace.

El 2010 nos presentó Creciente. Su disco debut tuvo una difusión discreta, a mi parecer. Pero es un juicio relativo, porque méritos no le faltaron para hacer historia de todos modos. El 2012 fue nominado al Premio Altazor en la categoría Artes Musicales/Música Alternativa Jazz y fue reconocido con el Premio Ceres al Arte Regional en la categoría Música/Jazz. Logros de peso para una producción regional y autogestionada. Esos antecedentes nos tenían en guardia respecto de la llegada de su segundo trabajo, Concepción. Es, digámoslo desde ya, una propuesta refrescantemente diferente.

El diseño material de Concepción apela a la sobriedad y la sencillez. No hay más información que la esencial: títulos, créditos para un equipo de músicos y técnicos muy reducido, un par de direcciones web. En la portada, una imagen ambigua nos transporta de inmediato a la intimidad de un espacio urbano indefinido. En lo aparente, reconocemos la frialdad agrisada del concreto y el metal teñidos por los tonos rojizos de la oxidación. Es un encuadre cerrado, la biopsia de una ciudad. ¿Una muralla. Una acera tal vez? Concepción, pensamos. Pero nos engañamos. O al menos en parte. "Es una parrilla vieja donde hacíamos los asados", me aclara Rodrigo. Entonces el escenario se vuelca hacia una vivencia muy diferente de lo urbano. Íntima también, pero mucho más cálida. El título también nos engaña. Es un cruce en el que la ciudad de origen se encuentra presente como una inspiración posible. "Aquí empecé a hacer música. Es mi vivencia y mi carne que queda acá". Pero más allá de eso, el disco es un autodescubrimiento. "Se llama Concepción porque contiene mi concepción sonora".

Un principio simple unifica al álbum y explica una parte de lo que he señalado antes. En las palabras de Rodrigo Álvarez, "cuando hacía música, sentía que toda se parecía de algún modo. Creo que a todo compositor le pasa en algún momento y que es parte del proceso de ir haciéndose una identidad en la música. Con el tiempo entendí que el 85% de las agrupaciones rítmicas de mis melodías estaban construidas sobre el mismo patrón rítmico [la clave de son]. Era parte de mi génesis sonora. Y lo encuentras de una u otra forma en un montón de músicas afroamericanas. Lo encuentras en el son, pero también en el funky, la música New Orleans, la música second line, la mayoría de las composiciones de Thelonius Monk, la música del Caribe, la salsa... Me di cuenta que eso era parte de mi concepción de la música".

Mientras desarrolla su explicación, recuerdo la noción de "discrepancia participatoria" de Charles Keil. Ese desplazamiento de los acentos que se resiste a la regularidad del tiempo común debe ser la fuente de ese llamado al movimiento que caracteriza a este disco. Más adelante nos confirma, "es más simple que el anterior, más oreja1, y más bailable". Se trata de un asunto intencional. "En el otro [Creciente] había más música, más complejidad, [...] pero este es más fácil de escuchar y para una audiencia más transversal".

La placa se inicia con Blues de ensueño (2014). En el relato de Rodrigo concibió la melodía entre sueños, semiconsciente, y salió de su cama para registrarla. Ese ímpetu queda plasmado en el impulso inicial del disco. La pieza desarrolla el esquema tradicional del blues sobre un patrón rítmico característico de second line. "En el fondo es una marchita. Está pensado para una marching band". Esta declaración entrega una de las claves del disco: se apela a algo más esencial y primitivo. Justamente, al movimiento. Continúa La Pilsen (2011)2 -originalmente titulada La Pilsen y amigos, con una melodía construida sobre una evidente escala de blues y una secuencia acórdica de turn around. "Es como tomar Pilsen con los amigos. Te das vueltas; pides la siguiente".

En una ciudad que se ha construido a sí misma una identidad cultural, con la música como protagonista, es curioso observar que no surja aún una pieza que la caracterice. Pero el territorio de los imaginarios urbanos ha sido ocupado por los jazzistas de Concepción. Un ejemplo de ello es Plaza Condell (2015), tercera pista del disco, referida a un tradicional espacio penquista3, en el barrio que actualmente habita el autor. También está construida sobre una estructura de blues, aunque menos notoria por su lentitud. "Es una especie de Concepción antiguo. A una cuadra de una calle principal te metes en otro mundo. Es un lugar súper tranquilo donde todavía se hace vida de barrio. Cuando paso por ahí trato de ponerme en los zapatos de la gente, y lo disfruto".

Calipso de bienvenida aborda este animado ritmo afrocaribeño, de especial gusto del autor, alimentado por su experiencia en Venezuela donde "de suerte tuve que reemplazar a un bajista súper importante. El pianista, Gerardo Lugo, me ayudó montones. Y ahí comencé a asimilar la importancia de escuchar las claves". Es una canción de bienvenida y alegría que celebra la noticia del primer hijo dejorge Arriagada, baterista del disco. Sobre Negrita (2014), Rodrigo no se explaya largamente: es una canción de amor para su pareja. "No hay mucho más que decir". El mismo trasfondo íntimo aparece en La oreja (2014), un rhythm change en el que regresamos al lado Atlántico del continente. Reaparece el ritmo de calipso en una melodía sumamente sencilla y pegajosa. "También se llama así porque es un tema oreja". En efecto, es uno de los tracks más llamativos y animados del disco. De paso, contiene una parodia de A Love Supreme de John Coltrane.

Cierra Concepción (2013). Una pista rotundamente urbana que evoluciona hacia un ritmo de funk. Casi un estudio acerca de la clave rítmica aludida antes, que aparece superpuesta en diferentes versiones. En él se descubren también los aires de marching band. No resulta difícil imaginar un tratamiento tímbrico en el que desaparecen los instrumentos actuales, desplazados por los tradicionales bronces de New Orleans. De alguna manera, la última pista del disco atraviesa el tiempo para retratar la supervivencia de una tradición afroamericana en otras manifestaciones musicales, más modernas, pero construidas sobre la misma lógica rítmica que unifica al disco.

Así y todo, esa simpleza es otra de las facetas engañosas del disco. El trabajo de Rodrigo Álvarez siempre deja entrever en algún punto su inclinación hacia los desafíos intelectuales y soluciones elaboradas (algo que, según nos confiesa, no pasan por alto sus colegas). "No estoy buscando cosas complejas en este momento de mi vida. Todos los temas los tengo aterrizados a lo básico". Pero ahí donde los ritmos y melodías parecen más simples y digeribles, la complejidad se traslada a algunas armonías y voicings. "El quinteto que utilicé es complicado. Hay dos solistas que comparten registro (saxo tenor y trombón). Es un timbre bien especial. Es difícil de trabajar, la orquestación, los intervalos, pero el resultado sonoro es muy interesante. Podría haber sido algo más tradicional, pero es lo que elegí". En todo caso, la postura de Rodrigo Álvarez respecto de esta divergencia entre lo simple y lo complejo es clara y rotunda: "[Lo complejo] no lo hago con el fin de resaltar, sino de encontrarle un nuevo camino a las cosas para llevar la música hacia algo que sea más cercano a la gente. La música no es para uno, es para la gente. Y cuando ellos escuchan el resultado final, no tienen por qué enterarse de todas las complicaciones que atravesó uno. Tienen que disfrutarlo".

Objetivo logrado. Concepción entretiene, se disfruta. Pero para el auditor atento reserva una que otra sorpresa. Por su parte, Rodrigo Álvarez ya se perfila como una de las figuras destacadas del jazz penquista y es de esperar que su trabajo lo lleve mucho más lejos. Está la energía y está el material. Este disco fue el resultado de ocho años de creación y en él se aprecia la madurez de una propuesta orgánica que, para lograr consistencia, debió dejar mucha música en el camino que podría ser el germen de un nuevo disco que pudiera cobrar vida en un futuro cercano.

Por lo pronto y para que esto no quede en solo palabras, invito a los lectores a evaluar por sí mismos parte de Concepción y otros trabajos de Rodrigo Álvarez en su espacio personal: https://soundcloud.com/bajorodrigoalvarez

Notas

1 Término que se refiere a la música fácil de recordar.

2 Marca de cerveza en Chile.

3 Oriundo o característico de la ciudad de Concepción, Chile.

 

Nicolás Masquiarán Díaz
Departamento de Música,
 Facultad de Humanidades y Arte, Universidad de Concepción
glindae@yahoo.es

 

Creative Commons License All the contents of this journal, except where otherwise noted, is licensed under a Creative Commons Attribution License