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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. vol.69 no.224 Santiago dic. 2015

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902015000200021 

IN MEMORIAM

 

Alfonso Montecino Montalva; una vida en la música (Osorno, Chile, 28 de octubre de 1924 - Bloomington, Indiana, Estados Unidos, 15 de agosto de 2015)

 


 

Nos conocimos en la sala donde el profesor Alberto Spikin Howard reunía a sus alumnos de piano una vez a la semana en el Conservatorio Nacional de Música. Alfonso y Oscar Gacitúa eran talvez los más jóvenes de este grupo, ambos siete años menores que yo, el que era presidido por Hugo Fernández. Poco antes de cumplir sus noventa años falleció Montecino al cabo de una plácida partida de este mundo. A mí me deja con el recuerdo de la vida de un gran amigo, de una eternidad muy bien ganada, como pianista, maestro y compositor, y de una familia única, que lo acompañó como esposo, padre y abuelo ejemplar.

Después de los años de estudio en su patria, conquistó el interés de dos pianistas chilenos residentes en Estados Unidos; el de nuestro gran Claudio Arrau y Rafael Silva de la Cuadra. Estos maestros le abrieron el camino hacia un repertorio en el que entonces comienza a especializarse; tan exigente como el de las 32 Sonatas de Ludwig van Beethoven y el Clave bien temperado de Juan Sebastian Bach. Simultáneamente comienza entonces a interesarse por la composición más a fondo de lo que antes lo había hecho en Chile con Pedro Humberto Allende y Domingo Santa Cruz. Fue en esa época que se acercó a mí para que le indicara un maestro que pudiera guiarlo en los Estados Unidos. Le recomiendo a Randall Thompson con quien pocos años antes yo había estudiado y que entonces desempeñaba la cátedra de composición en la Universidad de Princeton, New Jersey. Montecino estudió con él algunos meses, para luego agregar en su formación como creador a Bohuslav Martinu, Edgar Varèse y a Roger Sessions en Nueva York.

Poco después regresa a Chile y se suma a la generación de compositores nacionales encabezada por Gustavo Becerra a la que entonces se agregan el peruano Celso Garrido-Lecca, Carlos Botto, Leni Alexander, Carlos Riesco y otros, abiertos a diferentes tendencias de la avanzada europea de la época. Como pianista ofrece algunos conciertos en el país -algunos de ellos comparte con su mujer- la mezzosoprano Siri Garson. Posteriormente, ambos realizan una gira a países de las Américas, Europa, del Medio y Extremo Oriente además de Rusia.

A esta multiplicidad, que en sí misma llena una vida en la música, agrega su dedicación a la enseñanza del piano, la que ve coronada en 1963 con el nombramiento de profesor en la Jacob School of Music de la Universidad de Indiana en Estados Unidos, en la que se mantiene hasta su retiro como Profesor Emérito en 1988.

Su nombre y su obra perduran hoy entre quienes fueron sus alumnos, como Patricia Parraguez (Chile y Estados Unidos), Aníbal Bañados (Chile y España), Mijai Auh (Corea), Carmen Téllez (Venezuela), Ann Gebuhr (Alemania); en las actuaciones del Trío Montecino conformado por David Shea (clarinete) y dos chilenos, Pablo Mahave-Veglia (violonchelo, Estados Unidos) y su exalumna Paulina Zamora (piano, Chile); además del Dúo Pianístico Marina y Fred Hammond. Es vital agregar el legado superior a cincuenta partituras suyas, grabaciones de su obra, correspondencia, críticas musicales, fotografías y cartas que donara a la Universidad de Indiana en Estados Unidos y que hoy se conservan para futuras investigaciones musicológicas en la Lilly Library de esta Universidad.

Se destacan en su creación las obras para piano. Entre ellas se puede señalar su Tríptico para dos pianos (2009), dedicado al Dúo Hammond-Berreta. A esta obra se agrega un magnífico Cuarteto de cuerdas N° 2 opus 31, dedicado al Cuarteto Latinoamericano, su Balada op. 35 (1992) textos de Gabriela Mistral, sus Canciones sobre poemas de Rilke, García Lorca, Gil Vicente y Pablo Neruda, su Dúo para violín y piano, en cinco movimientos, junto a un Trío para violín, violonchelo y piano (2005). En otras composiciones de cámara se advierte cómo su estilo evoluciona desde sus primeros desarrollos influenciados por Hindemith y por "la rítmica acendrada de Bartok" que señala Vicente Salas Viu, al estilo más personal que lo distinguió enseguida como miembro de la generación joven de compositores chilenos.

Todo esto me consuela la pena que me produjo su partida de este mundo.

 

Juan Orrego-Salas
Universidad de Indiana, Bloomigton, Estados Unidos
 jucar@ciswired.com

 

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