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vol.71 issue228Silvia Andreu Muñoz y Rodrigo Quiroga Provoste. La musicoterapia en Chile: 1955-2014. Santiago de Chile: Escuela de Postgrado, Facultad de Artes Universidad de Chile, 2015, 100 pp.Waldo Aránguiz Thompson (Santiago, 21 de octubre de 1926 – Santiago, 20 de mayo de 2017) author indexsubject indexarticles search
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Revista musical chilena

Print version ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. vol.71 no.228 Santiago July 2017

http://dx.doi.org/10.4067/s0716-27902017000200126 

In Memoriam

Ángel Parra (Valparaíso, 27 de junio de 1943 – París, 11 de marzo de 2017)

Martín Farías Zúñiga1 

1Universidad de Edimburgo, Escocia musicateatral@gmail.com

El cantautor chileno Luis Ángel Cereceda Parra, conocido en el mundo musical como Ángel Parra, falleció hace pocos meses en París, ciudad donde residió por más de 40 años debido a su exilio luego del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 en Chile. Sus cenizas fueron esparcidas en el mar de Valparaíso, su ciudad natal.

Si bien sus comienzos en la música están ligados a su entorno familiar desde temprana edad, en su libro autobiográfico1. Parra fecha el comienzo de su carrera musical en 1958, cuando realizó su primera grabación junto con el grupo Los Nortinos. Allí se registraron cuatro villancicos chilenos, entre ellos “Del norte vengo, Maruca” de su autoría, conocido también por la grabación que posteriormente realizó su madre, Violeta Parra. Ya en la década del 60 graba su primer LP en lo que sería el comienzo de una prolífica carrera que lo llevaría a registrar decenas de discos como solista, además de un gran número de colaboraciones. En paralelo funda en 1965 la Peña de los Parra, lugar clave para el desarrollo de lo que más tarde pasaría a llamarse la Nueva Canción Chilena. Por ese escenario pasaron algunos de los artistas clave del periodo como Patricio Manns, Rolando Alarcón, Víctor Jara y los propios hermanos Parra, Ángel e Isabel.

De ahí en más su carrera florece con innumerables discos. Se destaca entre muchos el Oratorio para el pueblo (1965) en la línea de las misas folklóricas, Arte de pájaros (1966), musicalización de textos de Pablo Neruda, y las Canciones Funcionales (1969), de explícito contenido político-contingente. Todos estos discos son una muestra de la diversidad temática y estilística de Parra que se pasea con libertad entre la poesía nerudiana, las misas y la canción política ligada al proceso de transformación que llevará al poder a la Unidad Popular en 1970. Ya en esa década me parece importante considerar la creación de la canción “Con banderas rojas y verdes”, segundo himno del Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU).

En otra faceta, desde fines de los sesenta, Parra comienza a colaborar con algunos cineastas, entre ellos se destaca su música para la película Eloy (Humberto Ríos, 1969), así como los documentales Entre ponerle y no ponerle (Héctor Ríos, 1971) y No nos trancarán el paso (Guillermo Cahn, 1972). También participa como intérprete en la música de La tierra prometida (Miguel Littin, 1973) y dos de sus canciones son incluidas en el emblemático documental Venceremos (Pedro Chaskel y Héctor Ríos, 1970).

Por otro lado, por esos mismos años lleva a cabo varias colaboraciones con los Blops, un grupo de rock a quienes conoce inicialmente por un vínculo familiar2. A ellos les produce el disco Del volar de las palomas (1971) que aparece bajo el sello discográfico Peña de los Parra, fundado por Ángel e Isabel Parra en 1968. La conexión con los Blops condujo a Parra y luego a otros artistas ligados a la Nueva Canción, a algunas colaboraciones con este grupo roquero, las que contribuyeron a una apertura del movimiento hacia las sonoridades del rock. Probablemente la más emblemática es la canción “El derecho de vivir en paz” de Víctor Jara, pero también vale mencionar “Sol, volantín y bandera”, de Ángel Parra, que abre el disco Canciones de la Patria Nueva (1971)

Luego del golpe de Estado de 1973, Parra es detenido en el Estadio Nacional y posteriormente en el campo de concentración de Chacabuco, al norte de Santiago. Allí, en cautiverio, crea un Oratorio de Navidad que monta junto con un grupo de prisioneros. En un hecho que difícilmente tenga parangón en la historia de la música popular, el grupo consigue realizar una grabación en forma clandestina, dentro del campo de concentración, de la obra. Posteriormente el oratorio se edita en un LP con el nombre Chacabuco, un impresionante registro de la música de los prisioneros en los campos de concentración de la dictadura3.

Luego de ser liberado y exiliado, pasa un tiempo en México para luego radicarse en París, donde vivirá gran parte de su vida. Allí continúa su carrera artística editando varios discos y realizando giras por Europa y otros diversos países del mundo. Cuando se revoca su prohibición de ingresar al país, Parra vuelve a Chile. Su regreso ha quedado registrado en el documental Sin pedir perdón (Ricardo Vicuña, 1989), uno de los primeros documentales musicales realizados en Chile. Sin embargo, su domicilio oficial continuará siendo París.

Uno de los hechos que me parece clave en la trayectoria de Ángel Parra es que hace pocos años puso a libre disposición en internet su discografía digitalizada. Un acto de una generosidad y desprendimiento que llama la atención y nos permite acceder a su inmensa obra musical, la que parecía acrecentarse sin parar. Su muerte llegó en medio de lanzamientos de discos, de libros, e incluso de un documental que realizó de su madre.

Hace un par de años, mientras realizábamos una investigación respecto de la Nueva Canción Chilena junto con la musicóloga Eileen Karmy Bolton, tuve la oportunidad de entrevistar a Ángel Parra. Es difícil entrevistar a alguien con una trayectoria como la suya y lo que más me llamó la atención fue justamente su sencillez para entender su labor artística. A nosotros nos interesaba particularmente conocer acerca de las que podríamos llamar sus obras de largo aliento, así como también sus colaboraciones con los Blops y otros artistas. Él mismo bajó completamente el perfil tanto a esas como al resto de su labor creativa, algo que se repite también en su ya mencionado libro sobre la Nueva Canción. En esa conversación nos comentó a propósito de sus colaboraciones con otros artistas:

“No había nada extraordinario, ni misterioso, dificultoso, nada. Todo muy natural. Este grupo de músicos y de artistas populares, nosotros éramos gente normal, gente que teníamos una vida absolutamente vulgar y silvestre. No había David Bowie, no había Ringo Starr, no, era gente que quería realizar una labor poético-musical en los terrenos que más se pudiera”4.

Hace años, siendo yo un adolescente, Ángel Parra dio un concierto en mi colegio. Escribiendo estas líneas, recordé su sencillez durante esa fría noche de invierno más de diez años antes de la entrevista que le hicimos. En el colegio teníamos un grupo de música latinoamericana dirigido por nuestro profesor de música. Ángel tuvo la gentileza de invitarnos al escenario a tocar un par de canciones y recuerdo incluso que tocamos un tema juntos. Esa sencillez y disposición para compartir el escenario con un grupo de niños, resulta decidora. Cuando lo más común es enaltecer e idealizar sobremanera a figuras de la música como Parra, sus palabras y sus actos nos hablan de una consecuencia y humildad que valen la pena detenerse a apreciar.

Al finalizar la mencionada entrevista tomamos la pequeña grabadora digital que utilizamos para registrar la conversación. Él se quedó mirándola y comentó: “¿Y esto es una grabadora? Cada día más chicas”5. Nos imaginamos sus largas caminatas cargando la pesada grabadora que su madre usaba para registrar canciones campesinas en su labor de recopilación. Finalmente, este hecho anecdótico, da cuenta del tremendo periplo de Ángel Parra, quien no fue solo un testigo sino un protagonista de la música popular chilena de los últimos 50 años.

1Parra, Ángel. 2016. Mi Nueva Canción Chilena. Santiago: Catalonia.

2En esa época Ángel Parra estaba casado con Marta Orrego Matte (1931-2009), madre de sus hijos Ángel y Javiera, y tía de varios de los fundadores de los Blops (N. del. E.).

3En el documental Chacabuco, memoria del silencio (2001) del realizador Gastón Ancelovici, Parra junto con otros prisioneros del campo de concentración vuelven al lugar a reconstruir la terrible experiencia que allí vivieron.

4Entrevista a Ángel Parra. Eileen Karmy y Martín Farías. Ñuñoa, Santiago, 25 de marzo de 2013.

5Ibíd.

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