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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. vol.72 no.229 Santiago jun. 2018

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902018000100171 

CRÓNICA

L Semanas Musicales de Frutillar

Alvaro Gallegos Marino

Periodista, Chile alvarogallegosm@gmail.com

Entre el 22 de enero y el 5 de febrero del pasado verano tuvo lugar la 50a versión de las Semanas Musicales de Frutillar. Mucho ha cambiado desde aquellas lejanas épocas, en que esta propia publicación dio cuenta tanto de sus diez como veinte años de existencia. La mayor diferencia sin duda está en la infraestructura, con el imponente Teatro del Lago como marco de un evento consolidado, el cual ha incrementado su capacidad para atraer públicos más allá de su idílico entorno y ciudades cercanas.

Para este jubileo de medio siglo, a las ya habituales orquestas colaboradoras del festival se sumaron otras agrupaciones. La Orquesta Clásica USACH, dirigida por Nicolás Rauss, y la Orquesta de Cámara de Chile (OCCH), hoy dependiente del recientemente creado Ministerio de la Cultura, las Artes y el Patrimonio, bajo la batuta de Alejandra Urrutia, hicieron su debut en el meridional encuentro. En tanto, la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile (OSNCH) pronto se acerca a las cuatro décadas de presencia en las Semanas, al igual que la Banda Sinfónica de la Fuerza Aérea. Mientras que la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil (OSNJ) de la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles de Chile (FOJI) llegó a su octava participación consecutiva.

El aspecto más positivo de esta edición especial es que se incrementó notoriamente la presencia de compositores chilenos, que habían estado algo esquivos en los últimos quince años. Si aparecían uno o dos nombres de creadores locales, este 2018 fueron siete, número que esperemos aumente en los años venideros. Lamentablemente la OSNCH no incluyó ninguno en sus tres programas realizados.

La OSNJ actuó el 31 de enero bajo la guía del experimentado Maximiano Valdés Soublette, por sí mismo un férreo defensor de nuestra música, y la primera parte de su segundo concierto contempló obras chilenas. Díptico (a Fernando Rosas) de Fernando García Arancibia había sido estrenada un par de meses antes, como un homenaje a los diez años de la muerte del recordado músico chileno. Ocupando solamente cuerdas y percusiones, el primer movimiento se erige como una contemplativa elegía, pletórica de sensibilidad, mientras que en el segundo se da rienda suelta a la fuerza dramática característica del maestro, a punta de expresivas texturas aleatorias. De inmediato le siguió un clásico de nuestra literatura que pronto cumplirá un siglo. La Muerte de Alsino de Alfonso Leng Haygus fue tratado con claridad por Valdés e interpretada con entusiasmo por los jóvenes músicos.

El 1 de febrero, la OCCH incluyó una composición de Miguel Farías Vásquez titulada La Voz de Piedra. Esta pieza ocupa un poema de Nicanor Parra, fallecido pocos días antes que el festival se iniciara, aunque fue programada con mucha antelación, lo que se convirtió en una feliz coincidencia. El poema es recitado por los músicos en medio de la obra, de manera algo aleatoria, provocando una singular sonoridad. Así, se conjugan distintos aspectos del lenguaje de Farías: la importancia del color, la exploración tímbrica, lo lúdico y un enfoque teatral.

El Ensemble Bartók Chile continuó las celebraciones por sus tres décadas diciendo “presente” en la Semanas. Siendo el repertorio nacional un eje de su quehacer, incluyó el muy romántico Rin de Luis Advis Vitaglic, que precisamente fue escrito para el conjunto que dirige Valene Georges. Además presentaron el estreno absoluto de Suite Volcánica, firmada por la pianista del grupo, Karina Glasinovic Duhalde. Se trató de un fresco sonoro rico en evocadoras atmósferas inspiradas por el sur de Chile, jugando además con el movimiento de los músicos en escena, logrando así efectos de lejanía (o cercanía) con relación a los auditores.

La Banda de la FACH, como es tradición, inauguró los conciertos vespertinos en dos noches consecutivas, 27 y 28 de enero. En el segundo se incluyó la versión de concierto de Halcones, música para el escuadrón homónimo de la Fuerza Aérea. Pertenece al director del conjunto, Fabrizzio De Negri Murillo, quien es un dedicado y prolífico compositor. La partitura juega con un motivo de cinco notas, correspondiente a los cinco aviones especializados en acrobacias aéreas, dando paso a una serie de pasajes que van de lo meramente incidental al desarrollo de variaciones, incluso con guiños al rock, guitarra eléctrica mediante.

Por último, hay que referirse a la actuación del guitarrista chileno Emmanuel Sowicz García, último ganador del Concurso “Dr. Luis Sigall” de Viña del Mar. En su recital en solitario, el 2 de febrero, incluyó Desde Todo el Silencio de Javier Farías Caballero, uno de los compositores que más ha aportado en el repertorio para guitarra sola en Chile. Cuatro días antes, le correspondió ser solista junto a la OSNJ, y como encore regaló Gracias a la Vida de Violeta Parra, en un arreglo muy bien escrito por él mismo.

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