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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. vol.72 no.230 Santiago dic. 2018

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902018000200182 

In Memoriam

Víctor Alarcón Díaz (Punta Arenas, 30 de noviembre de 1958 - Santiago, 30 de septiembre de 2018)

Carlos  Zamora Pérez1 

1Universidad de York, Inglaterra czamora@musica.cl

En 1987 se realizó en Santiago un festival de coros universitarios. Yo asistí como integrante del Coro de Cámara de la Universidad de Concepción. Coro tras coro aparecimos en los conciertos hasta que de repente le toca el turno al coro de estudiantes de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC). Un coro desarmado en su aspecto, sin uniforme y dirigidos por un tipo loco vistiendo camisa y pantalones de mezclilla. Se paseó desde la polifonía renacentista hasta un par de obras modernas pasando por Víctor Jara. El tipo loco era Víctor Alarcón.

Por esos años las protestas contra la dictadura de Pinochet eran cada vez más frecuentes, y por cierto las había en las cercanías al Campus Oriente de la PUC. Este coro loco, liderado por Vicho (como le decían a Víctor) aparecía entre las bombas lacrimógenas a cantar, a interrumpir con el canto coral las batallas entre compatriotas y a hacer protesta contra la dictadura de otra forma.

Víctor Alarcón nació en Punta Arenas en noviembre de 1958, ciudad donde muy joven integró Patagonia 4, conjunto de neofolclore del que era la voz principal. Voz que le abrió los escenarios de un Santiago que, pudiendo serle agreste, le fue amable.

Víctor estudió tanto Pedagogía en Música como Canto. Esta última carrera la ejerció con intensidad, siendo una de las voces preferidas en el mundo de la música contemporánea de los años 80 y principios de los 90. Por su parte la pedagogía la ejerció desde la trinchera del canto coral y en las aulas del Instituto de Música de la PUC, donde era académico desde hace ya al menos un par de décadas.

En 1993 me acerqué a él para poder participar en su coro, el que ya en esas épocas no era de estudiantes, sino de exestudiantes de la PUC y que se transformó al poco andar en el Coro Bellas Artes. Comenzó una relación musical y de amistad que duró hasta sus últimos días y que me permiten en este espacio contar al menos una parte de su historia.

Giras, vivencias, penas y alegrías, profundizaron amistades con las que se construyeron los más importantes proyectos. Víctor Alarcón lideró por ejemplo la reedición de la revista Voces de la Federación Nacional de Coros; la edición de una Antología Coral Chilena publicada por el Ministerio de Educación o la inclusión de obras de compositores chilenos en los congresos internacionales de coros en EE.UU., entre muchas otras iniciativas.

Recuerdo una anécdota que refleja el espíritu de este hombre musical. Había llegado él a vivir en un departamento y fuimos a cenar con él un par de amigos cercanos. Pasadas las diez de la noche comenzamos a escuchar polifonía coral. Recuerdo haber sugerido bajar el volumen para no molestar a los vecinos. Entonces me dice que los vecinos no lo molestaban a él, pues en vísperas de la Navidad anterior reclutó a los niños del condominio que jugaban en el estacionamiento y les enseñó dos o tres villancicos. Luego les dijo que volvieran en la noche con sus padres y una vela. Pues bien, realizó un concierto sorpresa de Navidad a los padres de esos niños. Desde entonces le decían el “profe” y le dejaban escuchar música tranquilamente.

Víctor me hizo uno de los regalos musicales más lindos que he recibido. Teníamos un pequeño espacio de tiempo para cantar en la Catedral de Colonia en Alemania. Entonces le pregunto qué íbamos a cantar, suponiendo yo algo del repertorio sacro renacentista que teníamos preparado. Me dice “vamos a cantar Tenebrae Factae Sunt”, una pieza de mi autoría. Y así fue que cantamos mi obra en esa magnífica estructura arquitectónica.

Víctor Alarcón no estaba para cosas pequeñas. Lideró el programa Crecer Cantando del Teatro Municipal desde el año 1992 llevando el canto coral a todo el país e incluso fuera de nuestras fronteras, con el que hizo cantar a cientos de miles de niños en toda Latinoamérica. Creó la agrupación Concerto Vocale, con quienes abordó el estreno en Chile de sendas obras musicales tanto de épocas pretéritas como de la historia musical reciente. Estaba con ellos embarcado en el que quizás fue su proyecto más ambicioso: presentar el ciclo integral de las cantatas de Bach. Lideró el coro en la ceremonia de apertura de la puerta de Morandé 80 del Palacio de La Moneda, dirigió el coro en un concierto privado a todos los presidentes de América en el mismo recinto, se le ocurrió cantar todos los oratorios de Hándel (yo recuerdo haber cantado al menos tres), cantamos a Bach en Alemania de la mejor manera y recibiendo magníficas críticas, en fin, la lista sigue y es muy larga, como la Cueca Larga de Gustavo Becerra grabada por el Coro Bellas Artes.

Su labor de director no solo la realizó con los niños, niñas o adultos jóvenes, es así que durante años dirigió un coro de adultos mayores, y tal como casi siempre con sus coros, realizó una gira con ellos, llegando a cantar ante el Papa en la Capilla Sixtina en Roma.

Giras muchas y como he dicho, centenares de miles de cantantes de coro pasaron por su batuta. Batuta que no siendo brillante, suplía sus falencias con una musicalidad natural y una pasión por lo que hacía que lograba sobrepasar cualquier cosa.

Alguna vez, luego de golpearse en la cabeza con el diapasón para encontrar la nota -como era su estilo para no siempre encontrar la nota-cantamos en un homenaje a Atahualpa Yupanqui en París. Luego de nuestra presentación y totalmente fuera de programa, Víctor tomó una guitarra y cantó algunas zambas (fueron más de dos). Según él, lo que mejor sabía hacer era cantar zambas. Si bien es cierto que cantaba zambas de la mejor manera, no es menos cierto que en realidad lo que mejor sabía hacer era hacer cantar a la gente.

Deben ser miles las anécdotas que, en todos los ámbitos, quienes compartimos con él recordamos. Esto da cuenta de lo que Víctor Alarcón era como director, cantante y por supuesto como persona y amigo.

Somos muchos los que le debemos algo: cantantes para quienes siempre tuvo palabras de aliento e incluso contactos para ayudarlos en sus carreras; compositores que fuimos favorecidos con la interpretación de nuestras obras con sus coros. Y por supuesto, muchos directores y directoras de coro que pasaron por su batuta y sus clases.

Víctor Alarcón deja este mundo de manera muy repentina e inesperada, como si dentro de su desordenada agenda que cambiaba a cada rato, esta fuera una más de las actividades que aparecían de sorpresa. Así, sin aviso, simplemente se fue.

Muchos proyectos quedan truncos. Nos corresponde a quienes fuimos sus amigos o discípulos el deber de tomar las riendas de sus ideas y continuarlas. Porque lo que hizo “el Vicho” no puede ni debe morir con él. Se fue él, pero nos queda en el corazón de cada uno su entusiasmo, su entrega, su valentía, su musicalidad y especialmente su espíritu.

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