SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.73 número231Night studies. Felipe Otondo (compositor e intérprete), Darren Wood (masterización). [CD] Sargasso, SCD28082 / Fondo de Fomento de la Música Nacional, 2018.RESÚMENES DE TESIS índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

  • En proceso de indezaciónCitado por Google
  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO
  • En proceso de indezaciónSimilares en Google

Compartir


Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. vol.73 no.231 Santiago jul. 2019

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902019000100175 

IN MEMORIAM

Calatambo Albarracín (Oficina Salitrera Santa Laura, 21 de septiembre de 1924 - Santiago de Chile, 6 de septiembre de 2018)

Gabriel Matthey Correa1 

1Facultad de Artes, Universidad de Chile, Chile gmattheyc@hotmail.com

Calatambo Albarracín es el nombre artístico de Freddy Albarracín Iribarren, de profesión contador, quien paralelamente realizó una amplia actividad en el campo de la creación, desarrollo y proyección del folclor nortino de Chile. Curiosamente, a pesar de la importancia de su aporte, este cantautor hasta hoy no es popularmente conocido y, menos, suficientemente reconocido por las esferas académicas y oficiales. Con ello se pone en jaque el mito y estereotipo de que “si el artista no es de izquierda entonces no es artista”, toda vez que don Calatambo en su momento apoyó una de las campañas de Salvador Allende, e incluso cantó en una carpa especial levantada en el Parque Forestal (junto con otros cantantes), para apoyar al candidato socialista. No obstante, cuando Allende perdió esa elección, grupos de personas prejuiciosas, enrabiadas acudieron a desquitarse y a apedrear la oficina del “Sr. Albarracín”, por ser él contador, supuestamente de derecha, aunque nunca lo fue. De hecho, después de esa y otras malas experiencias, él se desilusionó de la política y optó por ser independiente, sin jamás exhibirse ni usufructuar de sus ideas políticas. Tampoco lo hizo desde el punto de vista económico, toda vez que solía decir: Yo no vivo de la música sino para la música.

“Calatambo” en lengua aymara significa “posada de piedra”. De este modo, su nombre artístico contiene un alto significado simbólico que es “Posada de piedra del folclor nortino”. Él nació un día 21 de septiembre de 1924 en la oficina salitrera Santa Laura, siendo el séptimo hijo de una familia de 11 hermanos. Tenía ascendencia boliviana-argentina por su lado materno, y peruana-chilena por su lado paterno. Gran mezcla y mestizaje, linaje propio de las primeras generaciones pampinas que habitaron la zona salitrera.

Como consecuencia de la crisis de 1930, Calatambo transitó con su familia por varias salitreras, hasta que en 1932 se radicó en Rosario de Huara, donde permaneció durante ocho años. Este período lo marcó profundamente, sin duda, pues significó casi toda su infancia y parte de su adolescencia. Posteriormente tuvo que migrar, debido a que en 1940 la salitrera Rosario de Huara dejó de operar. Entonces vivió en Iquique, donde alcanzó a estudiar tres años en el Instituto Comercial. Finalmente se trasladó a Santiago y, en 1946 -a los veintidós años- concluyó sus estudios de contador, oficio que ejerció hasta los setenta y dos años de edad.

Desde niño tuvo intereses artísticos y ya en su adolescencia mostró una gran facilidad para componer versos, textos y canciones. No obstante, en Santiago sus compañeros de estudio lo criticaban por sus creaciones, diciéndole que en el norte de Chile eran todos “indios” y que bailaban con plumas (estos prejuicios provenían de los documentales referidos a la Fiesta de la Virgen de La Tirana, que se exhibían por televisión). Sin embargo, como reacción a ello y animado por su amor propio, Calatambo comenzó a investigar y a recopilar todo el material que encontraba en su camino, relacionado con el folclor nortino. Más aún, empezó a crear temas propios, con motivos del desierto y de la pampa. Todas sus vacaciones de estudiante las pasaba en el norte, recopilando e investigando. Asimismo, ya casado y ejerciendo como contador, después de sus balances anuales, todos los años viajaba un mes al norte a visitar a su madre e, incansablemente, aprovechaba de avanzar en sus incursiones folclóricas.

Producto de su ímpetu, en 1950 formó La Comparsa de Sierra Pampa, uno de los primeros conjuntos folclóricos del norte chileno. Ello le permitió empezar a difundir la música nortina en el centro y sur del país, con espectáculos rigurosamente montados. Así dio a conocer el cachimbo, el trote, la música y bailes de los carnavales, zapateos, cuecas y canciones nortinas compuestas por él mismo, bailes y música de Navidad y, por cierto, de La Tirana, incluyendo a los Morenos, los Chunchos, las Cuyacas y Chinos. Simultáneamente dio a conocer instrumentos musicales nortinos y los correspondientes vestuarios de los diferentes bailes y cofradías. Entre otros espacios, su conjunto actuó en la radio Corporación y en el escenario del Bim Bam Bum de Santiago donde, a pesar de la frivolidad de su programación habitual, la música nortina tuvo gran acogida.

Junto con lo anterior, el éxito de su conjunto le interesó a la Universidad de Chile, al Ministerio de Educación y a diversos folcloristas e investigadores de la época. Ya en 1955 los periodistas y críticos de espectáculos le otorgaron un primer reconocimiento y diploma de honor, aunque no todo le fue fácil. De hecho, muchas de sus giras las tuvo que financiar con sus propios recursos, producto de la mala administración y planificación de los organismos que lo invitaban. Asimismo, en esa misma época sufrió duras críticas de sus colegas nortinos, quienes sostenían que él estaba haciendo un show con la música del norte, especialmente con las representaciones de La Tirana, por su carácter sagrado y vinculación con la Virgen María. Y las críticas también se referían a la proyección que él hacía de la música andina, la que en esa época no era considerada chilena. Como consecuencia de ello, en Iquique le cerraron todas las puertas. Así, Calatambo Albarracín -como suele pasarle a los pioneros- en su primer período artístico “no fue profeta en su tierra”. Hoy, sin embargo, gracias a la perspectiva histórica, no es exagerado decir que él fue la primera persona que dio a conocer la música nortina en la zona central y sur del país y, dentro del ámbito folclórico, hizo crecer el mapa musical chileno.

Y a propósito de su legado, aunque el conjunto La Comparsa de Sierra Pampa se disolvió en 1958, al año siguiente continuó con su tarea y se acercó a la legendaria Escuela Cultural de la Quinta Normal “Pedro Aguirre Cerda”, donde durante treinta años se dedicó a enseñar y a divulgar el folclor nortino, a lo largo y ancho del país. Entonces formó importantes artistas que posteriormente siguieron cultivando y difundiendo su repertorio. Una de sus creaciones más destacadas y reconocidas de esa época fue, sin duda, Navidad Nortina o Navidad en el Desierto, cuadro de dos horas que, por medio del pesebre, presenta a todos los personajes más típicos del norte chileno.

En 1972 formó con sus alumnos los primeros “Calicheros del Norte Grande”, participando en el Festival de Viña del Mar con su tema “Mi nombre te hará llorar”. Más tarde, en 1981, con el conjunto renovado, participó nuevamente en el mismo Festival, destacándose con su tema “Canto a la Mujer”. De igual forma, y con otros temas, participó en el Festival de Olmué, de San Bernardo y, en televisión, en el programa Chilenazo, por nombrar algunos. Pero en 1984, después de más de cuarenta años de trabajo ininterrumpido, por motivos familiares y laborales tuvo que alejarse del ejercicio activo de su pasión musical. Años después, en 1998, en buena hora recibió el Premio Nacional de Folclor, en reconocimiento a su importante legado, sin duda fundamental para la cultura musical chilena. No por casualidad su catálogo incluye más de 150 composiciones originales y más de 200 recopilaciones de temas nortinos. Sus canciones más conocidas son “Caliche”, “Trote Tarapaqueño”, “Me voy al Norte”, “La Tirana Chica”, “Adiós Salitrera Victoria”, entre otras.

Calatambo Albarracín hasta los últimos días de su vida vivió impregnado del norte chileno, aunque su residencia fuera en la calle Las Rejas, zona centro-poniente de Santiago. Hasta casi sus noventa años de edad, no se perdía invierno para viajar y asistir a la Fiesta de La Tirana (16 de julio) y a la Fiesta de San Lorenzo de Tarapacá (10 de agosto). Así hacía contacto con su fuente vital, raíces ancestrales que le permitían nutrirse de músicas, danzas, ritmos y ritos nortinos, recorriendo diferentes lugares del desierto y pampa salitrera. Año a año renovaba su espíritu pampino, hacía contacto con su terruño, con su origen y destino, allí donde la historia surgía del caliche y la sangre se bebía de la pampa misma. Y si bien él dejó este mundo un 6 de septiembre de 2018, su “posada de piedra” actualmente sigue viva y vigente, firme, alimentando nuestro folclor, ampliando el universo musical chileno, desde siempre y para siempre.

Creative Commons License All the contents of this journal, except where otherwise noted, is licensed under a Creative Commons Attribution License