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Revista musical chilena

Print version ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. vol.74 no.233 Santiago June 2020

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902020000100183 

In Memoriam

Luis Raúl González Catalán (Santiago de Chile, 29 de agosto de 1946 - Melipilla, 6 de febrero de 2020)

Jorge  Pérez Torres1 

1Instituto Profesional Escuela Moderna de Música y Danza, Chile jorge.perezt2010@gmail.com

A los setenta y tres años falleció en Melipilla Luis Raúl González Catalán, quizás el más destacado organista chileno que hemos tenido en los últimos cincuenta años, quien luchó incansablemente para darle al órgano de tubos un espacio digno en nuestro medio musical y litúrgico. Fue un músico versátil, desenvolviéndose como intérprete, desarrollando un importante quehacer docente, e incursionando en el campo composicional. Como organista de conciertos, realizó muchos recitales de órgano, destacando su ciclo de obras completas de órgano de Johann Sebastian Bach, compositor del que fue un profundo admirador y conocedor, tocando su obra integral al menos dos veces. Igualmente presentó en concierto las obras completas de Dietrich Buxtehude, François Couperin, César Franck, Franz Liszt y Felix Mendelssohn-Bartholdy.

Como organista acompañante, trabajó con una cantidad importante de coros chilenos, tocó el continuo en muchas cantatas y oratorios (el que desarrollaba con gran habilidad), y actuó como solista con diferentes orquestas. Se presentó en Alemania, Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Francia, México, Paraguay, Suiza y Uruguay. También era un dotado improvisador al órgano, armonizando melodías a primera vista. Desempeñaba con gran eficiencia el acompañamiento modal del canto gregoriano, leyendo directamente del tetragrama en notación cuadrada, y era un hábil armonizador del canto de los fieles, en una cantidad inestimable de misas y oficios litúrgicos en los que tocó.

Paralelamente a su carrera musical, desarrolló la labor de organero (reparador y constructor de órganos) junto con sus hermanos Patricio y Sergio, a quienes les enseñó a reparar principalmente los aspectos mecánicos del instrumento, haciéndose cargo él del cuerpo sonoro, es decir, de los tubos; restaurando unos cuarenta órganos a lo largo de todo Chile desde Iquique hasta Punta Arenas. También trabajó en órganos en Francia, Alemania y Suiza.

Como profesor de órgano, capacitó a buenos organistas, tanto para la sala de conciertos como para intérpretes en iglesias, tanto en Chile como en el extranjero (tengo el modesto privilegio de haber sido uno de sus alumnos). También tuvo innumerables alumnos y alumnas en conventos y monasterios. Habitualmente compartía su conocimiento y se entregaba a la formación de futuros organistas sin pedir ninguna clase de salario.

Inicios y formación

Su vida musical comenzó a principios de la década de 1950, cuando su madre Olguita le enseñó a tocar la guitarra a la “manera campesina”. Uno de los hechos que perfiló su vocación musical fue una visita a su tía Filomena Contreras, quien era religiosa de la Congregación de las Hijas de la Caridad, y que estaba asignada en el Hospicio de calle Portugal con Avenida Matta. En la capilla del Hospicio, fue la primera vez que el pequeño “Lucho” (así prefería ser llamado) –que en ese entonces contaba con unos cinco o seis años–, escuchó un órgano de tubos, y la suma de su sonido, con el aroma del incienso y el sonido de las campanas le causaron gran impresión. Este hecho no solamente despertó su vocación musical, sino también su gran apego y devoción al rito católico romano, que lo acompañó hasta sus últimos días como organista de iglesia.

Su práctica musical comenzó a formalizarse cuando ingresó en 1955 al internado San Fidel, de la misma congregación religiosa, que estaba ubicado en calle Santa Rosa en el centro de Santiago. En sus propias palabras, sus “banquetes musicales” continuaron cuando participó como soprano del coro del internado. Cuando mudó la voz no pudo seguir integrando el coro, y por tanto lo asignaron para tocar el silbato en la banda de la escuela. Ya en la secundaria, pudo seguir con la actividad musical cantando en las misas en un internado en Limache. Fue allí donde comenzó a tocar en los armonios instalados en diferentes salas. Después de estar unos minutos “jugando con el instrumento”, sus profesores lo enviaban a jugar fútbol al patio, arguyendo que “los períodos de recreación son para jugar”. Tanta fue la insistencia del joven Luis, que finalmente se rindieron y le permitieron seguir tocando armonio en los recreos.

A fines de 1960, ante la ausencia del sacerdote que ejercía como organista, Luis González tuvo la posiblidad de tocar en la Bendición del Santísimo Sacramento, ya que había aprendido algunos himnos gregorianos (Pange Lingua-Tantum Ergo y el O Esca Viatorum).

Prontamente su padre lo puso a trabajar –para ayudar a su familia de seis integrantes–, como junior en el Departamento de Pesca y Caza del Ministerio de Agricultura, con una jornada entre 8 de la mañana y 6 de la tarde, estudiando paralelamente en un liceo nocturno. Después de un corto tiempo, solicitó que lo despidieran para poder continuar con sus estudios musicales, cosa que fue concedida de mala gana. Su padre solo aceptó este cambio bajo el compromiso de Luis de continuar ayudando económicamente a su familia, promesa que mantuvo y pudo cumplir, ya que, al comenzar a cantar y tocar en iglesias, ganó tres veces el salario de su anterior trabajo como junior. Sus estudios de secundaria tuvieron que esperar, porque su pasión por la música lo hizo pasar todas las tardes y noches tocando el armonio.

Durante los siguientes años, realizó una abundante labor como organista de iglesia en diferentes templos y parroquias de la capital. Se hacía cargo de la capilla musical de cinco iglesias, donde pasaba todas las mañanas cantando y tocando en funerales y misas dominicales. Por las noches, tocaba en la celebración de novenas para diferentes santos, y para el Mes de María y el Mes del Sagrado Corazón1. Buscando ampliar sus conocimientos, trabó amistad con otros intérpretes, como es el caso de algunos estudiantes de órgano del Conservatorio de la Universidad de Chile.

En 1965 tuvo la oportunidad de conocer al organista estadounidense Roy Wilson, quien había venido a Chile como miembro del Cuerpo de Paz. Wilson se convirtió en la persona más influyente en la formación de Luis como organista, quien se admiraba de las habilidades interpretativas y de improvisación que exhibió el norteamericano. A su regreso a Estados Unidos en 1967, le dejó muchos libros de música de órgano, los que estudió con atención. Le recomendó además terminar sus estudios de secundaria, y lo invitó a Texas para especializarse.

Otra persona influyente en su formación musical fue el sacerdote Benjamín Redard, quien poseía una gran cultura, y que insistió a Luis para que completara sus estudios escolares y continuara su formación musical. Así fue como González intentó ingresar al Conservatorio, siendo rechazado por su edad. Finalmente, fue aceptado en la Escuela Moderna de Música, para ello necesitó del apoyo financiero del padre Redard con el fin de costear la elevada mensualidad. Gracias a eso, entre 1966 y 1967 formalizó estudios equivalentes a cinco años de teoría, dos años de armonía y cuatro años de piano.

Finalmente completó sus estudios secundarios y en 1970 viajó a Estados Unidos para estudiar licenciatura en órgano en Texas Tech University, Lubbock, Texas. Solo pudo asistir el semestre de otoño de 1970, ya que problemas de salud le obligaron a regresar a Chile a principios de 1971. Poco tiempo después de su regreso, fue nombrado organista de la Iglesia Catedral en Santiago, y luego fue elegido primer presidente de la Asociación de Organistas y Clavecinistas de Chile, constituida el 1 de julio de 1971. Ya estaba a punto de cumplir veinticinco años.

Por entonces conoció a John Moir, un constructor de órganos que vino a Chile para investigar y poner en práctica sus habilidades como constructor de órganos. Moir fue muy influyente en la obtención de una beca del gobierno francés que permitió a Luis realizar estudios de restauración y reparación de órganos en la firma Danion-Gonzalez (Paris), y después en los establecimientos Koenig de Sarre Union, Alsacia, en 1972. Aprovechó el viaje para profundizar sus estudios de ejecución e improvisación al órgano con los maestros André Isoir y Jean Langlais.

Fue en 1994 cuando pudo regresar a Texas Tech en Lubbock y completar sus estudios, donde se graduó como Licenciado en Artes Musicales (BMA) bajo la guía del Dr. Wayne Hobbs en diciembre de 1995. Como alumno de posgrado de Texas Tech University recibió el título de Magíster en Artes Musicales en agosto de 2003. Finalmente obtuvo el grado de Doctor en Filosofía de Bellas Artes bajo la tutela del Dr. Roy Wilson el 10 de agosto de 2013. Su tesis trató acerca de los años que estuvo John Moir en Chile, y los órganos con los que el músico norteamericano trabajó asistido por él.

Luis González siempre manifestó su gratitud hacia Roy Wilson y John Moir, por el impulso que ofrecieron a su carrera de organista, obteniendo notoriedad en el medio nacional en una intensa carrera como músico de iglesia, concertista de órgano, profesor de música sagrada, profesor de órgano, y restaurador de órganos, que mantuvo incansablemente hasta el final de su vida.

El intérprete

Junto con sus alumnos Alejandro Reyes y Carlos Weil realizó dos ciclos de conciertos dedicados a las obras completas de Johann Sebastian Bach y de Dietrich Buxtehude, y posteriormente actuó como gestor e intérprete de la serie de conciertos titulada “Antología de la Música de Órgano”, con cuarenta y dos presentaciones abarcando repertorio desde obras tempranas hasta el siglo XX. Esta serie fue galardonada con el Premio Especial del Círculo de Críticos de Arte en 1982.

Posteriormente realizó ciclos de conciertos con las obras completas para órgano de Franz Liszt en la Iglesia de Nuestra Señora de Luján de Santiago, y las de César Franck en el Santuario de Agua Santa, Viña del Mar.

En 1997, junto con sus hermanos y sobrinos, instaló el órgano Hoffmann que había tocado en 1970 como organista asistente en la St. John's Methodist Church de Lubbock, Texas, en la catedral recién construida en Valdivia.

En 2007 repitió en diez conciertos el ciclo Buxtehude en la Iglesia San Miguel Arcángel de la Fuerza Aérea de Chile en Santiago (o Nuestra Señora de Loreto de Santiago), con ocasión del tricentenario de la muerte del compositor. En 2009 tocó las obras completas para órgano de Félix Mendelssohn-Bartholdy en siete conciertos, y durante 2013 la obra integral de Johann Ludwig Krebs en doce conciertos.

A lo largo de su dilatada labor como organista de iglesia, tocó en innumerables templos y parroquias. Destaca su labor estable en la Catedral de Santiago, el Monasterio Benedictino de la Santísima Trinidad de las Condes, la parroquia de la Divina Providencia, la iglesia luterana El Redentor de Santiago, entre otros. Además, tuvo la oportunidad de tocar en la Misa de Acción de Gracias en la Basílica de San Pedro en Roma, con motivo de la Canonización de Santa Teresa de Jesús de Los Andes.

El compositor

Luis González comenzó a incursionar en la composición alentado por la Dra. Mary Jeanne van Appledorn, en la Universidad Texas Tech. Entre sus obras se cuentan Tema con Variaciones, tres tríos para flauta, fagot y piano, un Pater Noster para barítono y cuarteto de cuerdas (u órgano), Missa per Modos en latín para solistas y órgano, y obras para órgano solo, como Una toccata que nunca has escuchado, Fantasía, Coral y Passacaglia sobre el Chorale de La Pasión, Un tributo a México, Impro para Cedrik.

En el ámbito litúrgico compuso tres Misas en castellano, un Te Deum, muchos himnos para la Liturgia de las Horas, y el Oficio Divino completo de la Fiesta de Santa Teresa de Jesús de Los Andes, y otros santos.

El investigador y documentador

Además de sus facetas ya referidas, Luis González fue un incansable y meticuloso investigador. Prueba de ello eran sus nutridas notas al programa de cada uno de sus conciertos, que elaboraba él mismo.

En sus numerosos viajes por Chile, visitando y reparando órganos, recopiló información que sintetizó en un catálogo completo de estos instrumentos existentes en el país, y que se encuentra actualmente disponible en “El sitio chileno de los órganos de iglesia”2.

Compilando gran parte de su indagación y experiencia en repertorio histórico, escribió cuatro artículos que publicó la revista Neuma de la Universidad de Talca, incluyendo algunas de sus investigaciones numerológicas acerca de la obra de Johann Sebastian Bach, así como escritos sinópticos de repertorio para órgano francés e ibérico3. En esta misma revista se publicó también una interesante y quizás última entrevista que concedió a Pamela Bórquez4.

Últimos años

Sus últimas labores de organista de iglesia fueron en la Iglesia Catedral de Melipilla, la iglesia Santa Teresa de Los Andes de La Compañía, en la Parroquia Nuestra Señora del Carmen de El Salto (comuna de Recoleta), y como organista de la Asociación de Artes Litúrgicas Magníficat, en la celebración del Rito Romano en su Forma Extraordinaria (Misa tradicional en latín y canto gregoriano).

En 2018 tuve el privilegio de participar junto con otros alumnos de Luis en dos conciertos, interpretando en forma alternada la colección completa de los corales de la colección Neumeister de J. S. Bach, en la iglesia luterana El Redentor, ubicada en calle Lota, en la comuna de Providencia. Tenía en carpeta varios proyectos con sus alumnos, entre ellos realizar conciertos con la obra integral de Pablo Bruna, y realizar una grabación completa de la colección L'Organiste de César Franck en uno de sus armonios. Desgraciadamente, diversos problemas de salud se agudizaron, y en enero de 2020 fue internado en el Hospital de Melipilla, donde, después de una breve alta y nueva hospitalización, finalmente nos dejó.

Siempre lo movió su amor por la música, especialmente la música de órgano, y su amor por la liturgia, que derivaba de su arraigada fe católica romana5; luchó incansablemente por mantener vivos los instrumentos, muchas veces donando su trabajo de reparación, asegurando el salario de sus hermanos. Su generosidad también se aplicaba a sus clases, y por lo general no pedía remuneración alguna con tal de ver estudiadas las lecciones.

La realidad de un país tan esquivo en preocuparse por su patrimonio instrumental y musical a veces lo desanimaba, pero nunca cesó de impulsar nuevos proyectos. Teniendo la posibilidad de radicarse definitivamente en Estados Unidos, optó por permanecer en Chile, con el fin de compartir sus conocimientos y experiencia en la formación de nuevas generaciones de organistas, y mantener la música de órgano viva, en todas sus expresiones posibles, fuera y dentro del rito religioso.

Esperamos mantener viva su intención, trabajando por el resurgir de este noble instrumento, considerado en palabras de Mozart, el “rey de los instrumentos”.

Sea este un breve, modesto y sentido homenaje a nuestro querido amigo y maestro.

1Antes de la reforma litúrgica iniciada con el Concilio Vaticano II (1962-1965), no se celebraban misas vespertinas, a excepción de la noche de Navidad, el Jueves Santo y la Vigilia Pascual (estas dos últimas solamente a partir de 1955, luego de la reforma de la Semana Santa promulgada por el papa Pío XII).

2Sitio web creado por el Dr. Carlos Lauterbach. Dirección: www.clr.cl

3“El órgano ibérico y su música”, Neuma V/1 (2012), pp. 20-61; “Intencionalidad en el uso del N° 14 en la obra de J. S. Bach”, Neuma V/2 (2012), pp. 10-30; “El arte de la fuga de Johann Sebastian Bach (1685-1750)”, Neuma VIII/1 (2015), pp. 58-68; “La música francesa para órgano: Siglos XVIXVIII”, Neuma X/1 (2017), pp. 108-123.

4Bórquez Ruiz, Pamela, “Conversación con don Luis González Catalán, organista: testimonio de un músico chileno incansable ante la adversidad”, Neuma V/1 (2012), pp. 167-185.

5Incluso fue por algún tiempo seminarista de la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro en Alemania y Estados Unidos, dedicada al cultivo de la liturgia y sacramentos previos a la reforma litúrgica de 1969. Finalmente, confirmando su vocación musical, se retiró para continuar como organista de iglesia.

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