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Revista de estudios histórico-jurídicos

versión impresa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.20 Valparaíso  1998

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54551998000200013 

Cuena Boy, Francisco, Sistemas jurídicos y derecho romano. La idea de sistema jurídico y su proyección en la experiencia jurídica romana (Santander, Universidad de Cantabria, 1998), 176 págs.

El interés de la romanística por estudiar las relaciones entre el derecho romano, especialmente el de los juristas, y el sistema es creciente. A la fecha se puede reunir una literatura relativamente voluminosa, a la que se viene a sumar el libro en examen. Pero no por creciente constituye una novedad, pues ese interés se remonta a los conocidos estudios de La Pira de principios de los años treinta. Y es curioso observar que el planteamiento del asunto no ha avanzado de manera ostensible, en cuanto la base textual que La Pira consideró estaba constituida en buena medida por textos de Cicerón; y es sobre la base de los mismos textos, especialmente de dos célebres pasajes del de oratore y del Brutus, que normalmente se edifica el discurso sobre el sistema en el derecho de los juristas.

El A. inicia su exposición, empero, con un examen crítico de la noción de sistema tal cual la entiende el pensamiento actual; para sólo enseguida adentrarse en el análisis de la misma noción en el derecho romano. Con tal finalidad estudia el ars iuris ciceroniano, el uso de las categorías dialécticas por los juristas (genera y species, definitiones), y el sistema en las Institutiones de Gayo. Finaliza su revisión atendiendo a la contraposición ius civile-ius praetorium, en busca de su posible conexión con ideas sistemáticas, lo que niega el A.

En general, éste es sanamente escéptico frente al problema de si la idea de sistema puede aplicarse al derecho de los juristas; y nosotros compartimos en general su actitud, si llenamos esa palabra con el contenido que hoy se acepta. Pero quizá no sea correcto adelantarse a estudiar el asunto con la perspectiva moderna.

Para empezar, es preciso tener presente que en el ambiente intelectual en que se movían los juristas, muy influido por el estoicismo, la palabra systema hace parte de la definición misma de la techne (véase von Arnim, Stoic. Vet. Frag. I, 73, en donde se recogen una serie de fuentes griegas sustancialmente coincidentes; y añádanse en el mismo sentido: SVF. II, 93; II, 94; II, 95; II, 96; II, 97; cfr. II, 56, lín. 21-22). En segundo lugar, se debe tener presente que los antiguos no veían una diferencia de base entre la episteme y la techne, pues consideraban a ambas como un conocimiento cierto, en oposición a la doxa; la diferencia radicaba precisamente en el carácter sistemático (metódico, como dicen otras fuentes) de la techne.

En tales circunstancias, negar que el derecho pertenezca al ámbito de esta última, o de la episteme, es relegarlo al de la doxa; y no creo que los juristas romanos hubieran suscrito semejante afirmación. Después de todo disponemos de fuentes suyas que lo definen ora como una scientia (episteme), ora como un ars (techne), en lo cual, repito, no debe verse una contradicción, porque entre ciencia y arte no la había para los antiguos. Queda por examinar qué entendían por systema los antiguos; y en esto radica precisamente el nudo del asunto; al cual yo no puedo ahora dar una aproximación, pues lo único que intento es mostrar que mejor que dar contenidos modernos a la vieja palabra "sistema", es indagar el contenido que le daban los antiguos.

Pero no hay que exagerar; algunas ideas de nuestro tiempo pueden ser instrumentalmente recurridas para investigar las realidades anteriores. Tal me parece el caso de la distinción de sistema interno y externo. Que los juristas romanos se desinteresaron por el sistema externo, o sea, por la exposición sistemática, parece muy cierto; pero que no examinaran las realidades jurídicas como regidas por un sistema interno, aunque no lo explicitaran ni declararan, o sea, no lo transformaran en externo, parece difícil de aceptar. En lo cual incide el problema del uso que los juristas hicieron de la dialéctica (que en líneas generales viene a coincidir con lo que también se llamó lógica algo más tarde).

Mi convencimiento personal es que los juristas hicieron un amplio uso de la dialéctica, así como ignoraron la retórica (y cuando las fuentes jurídicas parecen enseñar lo contrario, eso se debe nada más que la dialéctica y a la retórica eran miembros de una misma parte de la filosofía: la ciencia del logos o lógica, frente a la ética y a la física, de modo de recibir conceptos comunes). Las fuentes están colmadas de ideas dialécticas; y no pudo ser de otra manera, pues la dialéctica está en la base de todo conocimiento, y sin ella no alcanza para más que para una modesta empírica.

Si todo el tiempo que se ha perdido en estudiar la influencia de la retórica en los juristas, se hubiera destinado a examinar la incidencia de la dialéctica en ellos, ahora quizá tendríamos ideas más claras acerca de las bases llamémoslas epistemológicas sobre las que ellos operaban; y entonces el problema del sistema también aparecería acaso más nítido.

El libro de Cuena Boy no resuelve ciertamente el problema, pero al menos tiene el mérito de aproximársele con sentido crítico. El lector interesado encontrará en él valiosas observaciones y desde luego mucha información.

A.G.

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