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Revista de estudios histórico-jurídicos

versão impressa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.21 Valparaíso  1999

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54551999002100032 

DE GISLAIN, Geoffroy, Histoire des Institutiones 987-1789, Aiuealf, París, 1994, 196 pp.

El estudio de la Parte General del Derecho se comienza intentando averiguar su concepto e igualmente se persigue delimitar su contenido; se continúa con la clasificación del Derecho y se llega al estudio de lo que permite que sea lo que es: la Ley. Podíamos esbozar múltiples definiciones, pero por relacionarlas con el tema que nos ocupa, de tiempos ya pretéritos pero no por ello caducados, se da la definición de Ley como sigue a continuación: «Mandato de la razón dirigido al bien común». A este bien común se llega a través de ciertos instrumentos como son las instituciones, cuya existencia, razón de ser y desarrollo son objeto de estudio del presente trabajo.

Como resulta del título de la obra, el contenido de la misma versa sobre la evolución de las instituciones políticas y administrativas francesas entre los siglos X y XVIII quedándose en la Revolución de 1789, que el autor reserva para otra monografía. Se estructura en cinco capítulos divididos en secciones, las cuales a su vez en apartados y subapartados, permitiendo captar sin dificultad y con claridad cada uno de los distintos poderes, teorías, organización, sistemas, regímenes, y reformas, que han marcado las distintas etapas en el desarrollo de las Instituciones galas hasta la Revolución, con estructura a veces clásica y otras no tanto referida a la Administración central, territorial y local, Hacienda y Ejército.

Explicar qué son las Instituciones nos llevaría a un estudio diverso en razón del enfoque dado. Excluyendo un análisis filosófico, el autor realiza un estudio de las Instituciones que comprende cuáles son las que operan en una determinada época, su desaparición, las causas, los efectos, las transformaciones de la sociedad, su crisis, su expansión, así como la influencia de la Iglesia, de la nobleza, de la elaboración y aplicación del Derecho.

Geoffroy De Gislain también se detiene en la problemática que conlleva en reinados concretos, minoría del rey, gobernabilidad de los que le rodean sea o no legítimo, la regencia, la administración, etc.

En definitiva, la obra que nos ocupa contiene un análisis exhaustivo y esquemático de las Instituciones comprendidas desde la Francia postcarolingia a la Revolución, pasando por las diversas vicisitudes del Estado Moderno. El contenido en cuestión es de gran actualidad. El análisis de la Historia a través de las Instituciones permite comprender y conocer mejor el Derecho Público. Precisamente, la descentralización, la justificación de la historia, el sentido de las Instituciones y de un breve esbozo de los cinco capítulos de la obra nos adentran en el estudio de la misma. Como hemos apuntado la metodología seguida por el autor consiste básicamente en un análisis de la Historia de las Instituciones a lo largo de grandes periodos históricos. El primero versa sobre el tránsito del centralismo hacia la descentralización en cuya evolución se desenvuelven los llamados «pactos parlamentarios».

Las causas de la degradación de la autoridad central son políticas y socioeconómicas. Ello tiene lugar por la débil cohesión del extenso imperio, por la concesión patrimonial del poder (donde el poder político y el dominio se confunden y por el sistema de las fidelidades personales), la cual trata de paliar los inconvenientes de una organización administrativa directa y muy molesta.

En razón de causas políticas se generaron los territorios exentos, los ducados y los condados. Los duques guardan prerrogativas esenciales del poder público ; así, conservan el derecho de guerra y de construcción de castillos; los vizcondes están autorizados para realizar misiones de servicio público: la administración y defensa de una parte de dominio condal. Con todo ello se generarán múltiples jefes locales.

Por causa de las segundas causas la economía será de subsistencia y no de cambio, cuando ello sería lo más lógico al tener lugar el nacimiento de una nueva organización, la feudal. Sin ser más que una aparente contradicción, frente a la falta de control por parte de la autoridad central de mantener el orden existente durante la segunda mitad del s. IX y todo el s. X, la feudalidad abarcará en Francia desde mediados del s. X al XII tres órdenes, el religioso, el militar y el laboral; el primero de la fe, la asistencia y la enseñanza; en el segundo se encuentra la nobleza cuyas funciones son políticas y militares. El campesinado constituye la principal fuerza productiva de la urdimbre social. Los tres órdenes son reflejo de la sociedad y de sus necesidades. La característica primordial es la solidaridad en términos genéricos y de forma específica el grupo de familia, el linaje si se trata de la nobleza, o de los grupos de los vecinos si son la reagrupación de personas en torno a unos bienes localizados geográficamente, de donde podría remontarse la teoría de los bienes comunales o incluso del ius connubi.

Ya no existe la autoridad central para dictar normas de carácter general, pero la costumbre es generadora de los usos jurídicos para el ámbito laico, como el Derecho Canónico es del ámbito del clero; la aplicación del derecho en el S. XI lleva a unos términos que se les conoce como «justicia de la sangre o alta justicia».

Por otra parte, dada la situación emergida con la distorsión en el poder, con la apropiación de prerrogativas, lleva a cuestionarnos qué representa la persona del rey y cuál es el poder real del monarca.

El poder real es como el de los otros señores territoriales; está a la cabeza de un territorio y se caracteriza por ser un poder hereditario y de naturaleza espiritual, además de ser en el que el rey se encuentra en una situación superior a la de los otros señores, no es simplemente un primus inter pares. Se celebran pactos entre el rey y los señores, los cuales quieren que el primero respete los fueros, regalías, privilegios, y otros pactos que llegaron a denominarse «parlamentarios».

Las instituciones reales son todavía embrionarias y el aspecto de gestión doméstica no se distingue de la de institución monárquica. El rey se desplaza con frecuencia y carece de un centro fijo. Lleva una vida ambulante en la que le acompaña su familia, parientes por consanguinidad y el conjunto de los servicios de la Corte, los cuales juegan un papel peculiar. Los grandes oficiales serán investidos de cargas domésticas, que posteriormente serán políticas. Allí encontramos al senecal, condestable (jefe de las armas de los caballeros), mariscal (ayudante del anterior), los que realizan una función económica y se encargan de la gestión de las finanzas de los dominios del rey, y el canciller (que será el primer personaje tras el rey).

En la segunda mitad del s. XII, se puede decir que la sociedad feudal ha conocido su apogeo; a partir de esa centuria inicia su declive. A los tiempos de los señores va a suceder la época de la restauración de la supremacía real.

Llama la atención que el origen del ECU y de los estados se encuentre en la época de la «Restauración de la supremacía real» sobre la que trata el capítulo II. Desde la segunda mitad del s. XII y a lo largo del s. XIII, tienen lugar múltiples cambios, en el sistema económico, en el ámbito demográfico, y en el de la propia realeza. El cambio que se opera en la circulación de moneda se manifiesta en que hasta ahora se habían utilizado piezas de aleación de escaso valor, las cuales serán sustituidas por otras nominadas en razón a su procedencia, o por causa de quien la impuso; así en 1266, San Luis acuñó una moneda de oro de la realeza: el ECU. Esta reaparición de circulación monetaria tiene consecuencias políticas y sociales muy considerables dado que suscita el desarrollo de la riqueza mobiliaria y del principio del salario, entre otras cuestiones.

Nos encontramos ante una nueva historia de las instituciones francesas, sugerente desde muchos puntos de vista, de Geoffroy de Gislain, antiguo decano de la Facultad de Derecho libre, autónoma y cogestionada de París y actual profesor de la Universidad de París II, Panthéon-Assas. A pesar de la finalidad didáctica que este volumen persigue, es una obra de tratamiento exquisito de los temas que aborda y está escrita de forma sugerente y atractiva para el estudio de la historia jurídica gala.

María de los Reyes Martín Sánchez

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