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Revista de estudios histórico-jurídicos

versão impressa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.21 Valparaíso  1999

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54551999002100055 

RIAZA MARTÍNEZ-OSORIO, Román, Historia de la Literatura Jurídica Española, Universidad Complutense, Madrid, 1998, 239 pp.

El presente libro nos ofrece un trabajo de Román Riaza Martínez-Osorio sobre la Historia de la Literatura Jurídica Española, encabezado por una introducción a cargo de Lourdes Soria Sesé (Universidad del País Vasco) en la que se ocupa de presentar la asignatura y sus fundamentos —caracterizada por su corta y conflictiva existencia (1883-1930) en los planes de estudio del Doctorado de la carrera de Derecho—, al maestro, Rafael de Ureña y al discípulo, Román Riaza, en cuya vida académica y obra se detiene seguidamente.

La edición de la Historia de la Literatura Jurídica es la de 1930, publicada por la Universidad Central de Madrid, a la que se añade un índice por lecciones y otro onomástico con leves correcciones de errores y unificación de las formas de citación, sin actualizar su contenido, ni modificar la forma de expresión. La intención, como aclara el autor, era proporcionar a los alumnos del doctorado de Derecho un «sumario de las lecciones de clase», un total de treinta y ocho que no sólo se detienen en el periodo de la recepción del Derecho Común sino que se ocupan además de los más destacados juristas del siglo XIX.

Las tres lecciones iniciales, caracterizadas por su brevedad, se centran en los orígenes. El primero de los temas tiene carácter introductorio abordando aspectos generales como el concepto, contenido, cronología, punto de vista comparado, conexión con otras disciplinas, universidades, fuentes y bibliografía básica, que luego irá completando en el desarrollo del curso. Seguidamente entra en materia con los jurisconsultos de la época visigoda, la figura de San Isidoro, el papel de los cánones conciliares en la legislación, las bibliotecas medievales y los formularios jurídicos, aunque de manera —a nuestro juicio— excesivamente escueta, pese a que la pretensión docente que le anima no permite mucho más. Cierra este bloque con algunas referencias a redacciones territoriales en relación a los Fueros, destacando el de León.

La segunda parte es el núcleo básico de la asignatura pues abarca desde la recepción del Derecho romano hasta el siglo XVIII que es cuando se desarrolla la literatura jurídica propiamente dicha. Se estructura de forma sistemática en secciones siguiendo un criterio cronológico. La primera se extiende hasta el fin de la Edad Media —lecciones 4 a 15—. Se sitúa en Italia como tierra de creación (no de recepción) del Derecho romano. Presenta Román Riaza algunos textos tempranos de la influencia romanística, con incidencia en España, como las Petri exceptiones legum romanorum, Lo Codi y el Epítome exactis regibus, sin olvidar las redacciones de los Libri feudorum. Especial atención, que sin duda merece, dedica a al Escuela de Bolonia, sus comienzos con Irnerio y en particular a los glosadores como Azzo y Accursio para pasar a los post-glosadores o comentaristas. Refiere, entre otros, a Cino da Pistoia, Andrea Alciato, Juan Andrés, Pierre de Belleperche a quien (como a otros) españoliza el nombre pese a conocer su origen francés, hablando así de Pedro de Bellapertica, deteniéndose en Bartolo da Sassoferrato y Baldo degli Ubaldi. Al abordar la relación entre canonistas y romanistas se ocupa del Decreto de Graciano y de los principales decretistas y decretalistas, así como de los juristas extranjeros con mayor repercusión en España. Inicia una tímida incursión en juristas españoles (la mayoría canonistas) como Juan Hispano, Pedro Hispano, Vicente Hispano, Bernardo Compostelano, San Raimundo de Peñafort, Juan Español de Petesella. Presenta seguidamente a los procesalitas como Poncio de Lérida o Juan García, ubicándolos en un capítulo aparte, hecho que justifica «porque sus doctrinas tienen un interés especial para la historia jurídica medieval, hasta el punto que puede decirse que una serie de malas interpretaciones de las fuentes romanas, pero que han servido de punto de partida a doctrinas modernas, traen su origen precisamente de las doctrinas de los procesalistas» (p. 71). Refiere el Papa, el Emperador y los Reyes como problemas básicos debatidos por la literatura jurídica y política de la época. Dentro de las redacciones privadas plantea la cuestión de las falsificaciones y su clasificación como obras de la literatura jurídica, aludiendo a El Fuero Viejo de Castilla, el Libro de los Fueros de Castiella y el Ordenamiento de Alcalá. Finalmente se ocupa de los comentaristas de textos legales otorgando consideración especial a algunos autores como el Obispo Cañellas, el maestro Jacobo de las Leyes, Roldán Martínez de Zamora, Martín Díaz de Aux, Alonso de Montalvo, Palacios Rubios o Tomàs Mieres.

La segunda sección (lecciones 16-26) toma como punto de partida el siglo XVI con el renacimiento de los estudios teológicos y su influencia en los jurídicos y políticos. Analiza Román Riaza la influencia de la nueva escuela erudita o elegante de los juristas, junto a la aparición de la literatura arbitrista, sin perder de vista la trascendencia de la literatura política sobre todo a partir de Maquiavelo. Lección independiente dedica a la Escuela Española de Derecho Natural y a sus principales representantes, Francisco de Vitoria, Domingo de Soto, Luis de Molina, Francisco Suárez y Tomás Sánchez. Tampoco olvida el autor la indudable repercusión que tendría en la literatura jurídica el descubrimiento y conquista de América que originaría una serie de trabajos centrados en el problema de la libertad de los mares, detacando los del portugués fray Serafín de Freitas, profesor de la Universidad de Valladolid, y los de Fernando Vázquez de Menchaca. Temas característicos de la literatura de la época son, además, las diferentes ideas sobre la sociedad internacional y el alcance de la potestad del Papa junto a estudios de carácter económico y financiero (impuesto único) destacando, en este campo, Jerónimo de Uztariz. Dentro de los tratadistas de política sitúa a Márquez y Arias Montano al lado de Furió Ceriol, Diego Saavedra y Fajardo o el padre Juan de Mariana. La nueva orientación de los estudios de Derecho romano y canónico estará representada por Antonio Agustín —quien fuera discípulo de Alciato, en Italia— y Diego de Covarrubias y Leiva conocido como «el Bartolo español». Tras hacer mención de otros romanistas y canonistas como Francisco de Amaya, Antonio de Quintanadueñas, José Fernández de Retes, Francisco Ramos del Manzano, o Nicolás Antonio, repasa el autor algunos de los representantes españoles en el Concilio de Trento. Repasa de nuevo a los tratadistas de Derecho nacional, aportando nuevas personalidades y concluye con los «primeros ensayos de una Historia del Derecho Español» a partir de Francisco Espinosa, Lorenzo de Padilla y Juan Lucas Cortés.

El siglo XVIII constituye la tercera y última sección (temas 27-33 de menor extensión que los anteriores). La tendencia de los estudios jurídicos se dirige ahora hacia la economía política, la crítica de los planes de enseñanza, la reivindicación del Derecho nacional en Castilla frente al uso del Derecho romano, mediatizado todo ello por la influencia francesa y otros contactos extranjeros. Entre los trabajos económicos, ubica Román Riaza los de Ignacio Jordán y de Asso, Campomanes y Juan Sempere y Guarinos, siendo trascendental la influencia recibida de Adam Smith a raíz de la difusión en España de sus trabajos. Se proyecta una reforma en los estudios jurídicos universitarios y aparecen nuevos centros docentes. Entre los críticos del "abuso" del Derecho Romano aparecen Pablo de Mora, Juan Francisco de Castro, el padre Andrés Marcos Burriel o Forner. Otros reivindican la cultura española como el padre Feijoo o Gregorio Mayans y Siscar. Destacados autores de la época son también Miguel de Manuel y Rodríguez, Josep Pons y Masana, Gaspar Melchor de Jovellanos, José Finestres y de Monsalvo, Melchor Rafael de Macanaz o Rafael Floranes y dentro de los tratadistas regionales, José Berní y Catalá en Valencia, Lissa en Aragón o Ramón Lázaro de Dou y de Bassols en Cataluña.

Las últimas lecciones (34-38) se ubican en la tercera parte dedicada a lo que Román Riaza denomina los orígenes de la época contemporánea donde comienza analizando la polémica en torno a la Novísima Recopilación y los proyectos de Códigos, jugando un destacado papel Lardizábal y Martínez Marina. Repasa las Enciclopedias Jurídicas: el Diccionario histórico y forense del Derecho real de España de Andrés Cornejo, el Diccionario razonado de Legislación y Jurisprudencia de Joaquín Escriche, la Enciclopedia española de Derecho y Administración de Lorenzo Arrazola, el Diccionario Universal del Derecho español constituido, en todos sus ramos, de Patricio de la Escosura y la primera edición de Marcelo Martínez Alcubilla, Diccionario de la Administración española, la renovación de los estudios históricos, la entrada en España de las ideas de la Escuela Histórica de Savigny y la literatura sobre la Filosofía del Derecho con Azcárate o Giner de los Ríos, por citar algunos ejemplos. Dentro de la literatura económica aparecen Álvaro Flórez Estrada, Ramón de la Sagra y Joaquín Costa. En cuanto a los escritos políticos y a las disciplinas especiales se limita el autor a esbozar algunos nombres resaltando la pobreza de nuestra literatura romanista y canonista, frente a la mercantil donde brilla con luz propia la figura de Pedro Sáinz de Andino y la sistemática de Ramón Martín de Eixalá. La lección 38 dedica poco más de dos páginas a la civilística con Morato y Benito Gutiérrez; la penalística con Pacheco y Silvela y los administrativistas como Santamaría de Paredes.

Concluimos afirmando que se trata de la reedición de una obra importante, que recorre nuestra literatura jurídica desde sus orígenes hasta el siglo XIX pero que, precisamente por abarcar tanto y sin olvidar la pretensión docente que limita el libro, queda en muchas ocasiones como una simple enumeración de los principales representantes de cada periodo histórico con sus respectivas obras, sin permitir profundizar en aportaciones o tendencias aunque de gran valor ilustrativo y de indiscutible guía para el investigador.

Patricia Zambrana Moral

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