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Revista de estudios histórico-jurídicos

versão impressa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.21 Valparaíso  1999

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54551999002100058 

VALLS I TABERNER, Ferran, San Raimundo de Peñafort, Barcelona, 1998, 245 págs.

Quizás pueda sorprender en un primer momento la actual reedición de esta obra, escrita originariamente por Ferran Valls i Taberner, el que fuera miembro de la Junta de Gobierno del Ilustre Colegio de Abogados de Barcelona, así como profesor de Historia de España y de Cataluña de S.A.R. don Juan de Borbón, a la vez que figura relevante de la cultura catalana como director del Archivo de la Corona de Aragón, Presidente de la Real Academia de Buenas Letras y del Ateneo de Barcelona, etc., fallecido desgraciadamente en el año 1942, en plena madurez intelectual ascendente (pocos meses antes había sido nombrado Catedrático de Historia Universal de la Universidad de Barcelona), que, sobre la bibliografía e historia del que ha llegado a ser patrón de muchos colegios de abogados y Facultades de Derecho de Universidades españolas, publicó en 1936 dentro de la colección Pro Ecclesia et Patria bajo el título San Ramón de Penyafort. Nos congratulamos, empero, con el volumen que hoy nos proponemos recensionar, fruto de un estupendo trabajo de recopilación y clasificación llevado a cabo por Lorenzo Galmés, y al que se añaden unas notas de Valls a cargo del Catedrático de Historia de Derecho y de las Instituciones de la Facultad de Derecho de la Universidad de Málaga, Manuel J. Peláez; se consigue así dar a esta publicación un innegable carácter científico y completar la bibliografía sobre la vida y el pensamiento del santo barcelonés.

El núcleo de la obra gira en torno a la edición originaria publicada en 1936 con la adición de los capítulos complementarios formados por posteriores trabajos del ilustre intelectual catalán y que llevan por título "San Ramón compilador de las Decretales", "El problema de la licitud de la guerra" y "La acción política y el pensamiento moral, jurídico-público y iusnaturalista", junto a las notas bibliográficas anteriormente mencionadas y varias láminas artísticas que representan al santo y traslucen la importancia que especialmente en el Renacimiento despertó la figura del jurista; así se incluyen obras de pintura y escultura del Convento de San Esteban (Salamanca), junto a obras de los clásicos Giovanni Battista Ricci de Novara, expuesta en la Iglesia romana de Santa María de Montserrat; representación de un fresco del convento italiano de los Dominicos en Treviso, obra de Tommasso da Modena; aquella que representa al santo y que figura en la sacristía de la Capilla de la Inmaculada Concepción de la catedral de Tarragona de Joseph Juncosa, y las obras de Rafael Sanzio o Bartolomeo della Porta.

Inicia el autor su estudio profundizando en "la formación, carrera universitaria y profesión religiosa" del santo barcelonés. Aporta datos inéditos para verificar que su nacimiento ocurrió entre 1180 y 1185 en el seno de una familia de la pequeña nobleza catalana, aunque la composición de la misma -en lo que a sus miembros se refiere-, así como a los detalles de la niñez e infancia de San Raimundo resultan imprecisos por carecer de la documentación al respecto. Es necesario esperar hasta 1204 para obtener noticias documentales del santo en la persona de un scriptor de una sentencia dictada por el canónigo de Barcelona, Ramon de Rosanes, y que el autor identifica con la figura de San Raimundo. Pero de nuevo otra laguna documental nos deja sin datos bibliográficos del ilustre jurista hasta el 25 de abril de 1218, fecha en que ubicado en la ciudad italiana de Bolonia como Doctor en Derecho canónico, destacó por su brillantez al punto de ser nombrado defensor de la causa de la Universidad de Bolonia a favor del Papa Honorio III contra los magistrados municipales. Sobre su restablecimiento en España no existen datos concluyentes pero San Ramon (como gusta denominarlo a Valls i Taberner) dictó un laudo que le sitúa en Barcelona en marzo de 1223, motivo más que suficiente para que la investigación prosiga en la búsqueda de fuentes documentales en la ciudad condal, hasta ubicarlo posteriormente en su ingreso en la orden dominicana por la que pronto fue bien difundida su sabiduría, su rectitud de espíritu y su nobleza de carácter.

Progresa el autor en la figura de San Raimundo desde la perspectiva de "tratadista de Derecho canónico y de Moral", de quien resalta su Summa Iuris, obra manuscrita que se conserva en la Biblioteca Vaticana y de la que destaca su "plan sistemático y bien definido, su desarrollo ajustado a un método riguroso y preciso" (p. 30).

Ocupa un importante papel en la investigación del erudito catalán la obra que dedicó a Jesucristo, la Virgen y Santa Catalina conocida como Summa de Poenitentia, en la que se incluyeron decretales correspondientes al Pontificado de Gregorio IX y que adelanta el autor que fue redactada, sin lugar casi para la duda, en la ciudad de Barcelona; el objetivo que llevó al santo a escribir la también conocida obra con el nombre de Summa de Casibus Conscientiae y que se traduce como nota definitoria de su carácter práctico y analítico, fue el de plasmar de manera escueta y precisa un medio eficaz de ayuda para la administración del sacramento de la penitencia. Sobre este aspecto vuelve Valls i Taberner en páginas posteriores bajo el apartado dedicado al "valor y significación doctrinal del ideario de San Ramon de Penyafort".

Avanza a continuación en su investigación poniendo de manifiesto la importancia que -a lo largo del siglo XII y principios del XIII- tuvieron los legados pontificios como instrumentos "para la realización de la política romana y contribución de la exaltación papal y por consiguiente de su influencia en la cristiandad" (p. 39); enumera los acontecimientos que rodearon a la llegada a España en el año 1228 del legado Jean Halgrin d´Abbeville, cardenal obispo de Sabina, así como el concilio de Valladolid, el concilio de Lérida de 1229 y sus posteriores peregrinaciones por la península acompañado en todo momento por San Ramón.

Más breves en extensión, aunque no por ello menos profundos, son los capítulos dedicados a "San Ramón, penitenciario papal", donde describe la trayectoria del que fuera también capellán penitenciario así como confesor de Gregorio IX; y aquel otro que, bajo el título "La Compilación de las Decretales", dedica a la labor encomendada al santo por su preparación jurídica, su capacidad intelectual y de trabajo añadido a ser condiderado persona de toda confianza de su Santidad. Sin embargo, y dado el delicado estado de salud del jurista, hecho que condicionó la decisión papal de autorizarle su vuelta al convento barcelonés, su misión en la ciudad eterna fue breve. Bajo el título "en busca de descanso" narra Ferran Valls los acontecimientos y actividades que rodearon al patrón a lo largo del 1236, haciéndose también eco del milagro que sobre la persona de Barceló des Far se le atribuye al santo, para resaltar a continuación como la relativa calma y tranquilidad de la que gozó en Barcelona fue también efímera, ya que a la muerte accidental del Padre General de la Orden de los Predicadores, recayó sobre San Ramón la elección -dicen que de manera unánime- para el cargo que anteriormente ocupara fray Jordán de Sajonia. Se inició así un nuevo periodo de su vida como maestro general y prior, acontecimientos que describe magistralmente el autor con todo lujo de precisiones y detalles y que, aunque azarosa, resultó también breve en el tiempo, ya que renunció al cargo el día 3 de junio de 1240 -tres daños después de su nombramiento que el mismo había aceptado como provisional y condicionado a que con el tiempo se estabilizara la orden religiosa que bullía en conflictos internos-.

Breves y concisos resultan también los relatos de la investigación llevada a cabo en "la redacción raimundina de las constituciones de la Orden de los Predicadores", "el retorno a la Patria" y aquellos otros posteriores de su "intervención en asuntos eclesiásticos importantes en Tarragona y provincia", o la referente a la Inquisición, a su relación con Jaime I el conquistador y a la sociedad catalana coetánea con el Santo. En este último profundiza a través del manejo de fuentes documentales de los últimos treinta y cinco años de la existencia del prior barcelonés; y, sobre todo, en los documentos testamentarios privados en los que se le nombraba albacea o ejecutor de las últimas voluntades del testador, así como en documentos arbitrales sobre asuntos litigiosos en relación a problemas familiares, de cada uno de los cuales Valls i Taberner ilustra con ejemplos concretos.

Pero el capítulo que queremos resaltar por su importancia en esta breve recensión, y al que Valls dedica redoblados esfuerzos, no es sino el destinado a ensalzar el "valor y la significación doctrinal del ideario de San Ramón de Penyafort", núcleo central del pensamiento del santo y de este estudio bibliográfico. Reitera para ello la importancia casuística de la Summa de Poenitentia o Summa de Casibus Conscientiae por su exposición científica y en concreto la del título 34 del libro III de la Summa denominado el tratado De Poenitentiis et Remissionibus. Profundiza en los conceptos históricos de la contritio mentis, confessio oris y satisfactio operis, transmitiendo las conclusiones elementales de San Raimundo; éstas son: penitencia privada (para que sea perfecta, verdadera y completa), la determinación de la pena corresponde de manera arbitraria al confesor que debía tener en consideración las circunstancias diversas de condición del pecador (edad, sexo, intencionalidad), y el carácter obligatorio de la misma.

Analiza seguidamente las cualidades de la buena confesión, la manera de llevar a cabo el interrogatorio, y concluye resumiendo el pensamiento raimundiano en lo que a doctrina penitencial se refiere con estas palabras: "para obtener la remisión de los pecados es preciso confesarlos al sacerdote, único que ha recibido de Cristo el poder de remitir o retener los pecados" (p. 182). Destaca a continuación como más interesantes los conceptos superadores de las teorías que le precedieron y que el santo jurista esboza sobre la "doctrina del voto", parafraseando al canonista francés Le Bras en su elogio de considerarla la primera síntesis realizada para uso de los directores de conciencia.

Concluye la obra con la recopilación de lo que viene a denominar "ensayos monográficos" y que abarcan desde la labor compiladora del santo transcrita del semanario Catalunya Social de fecha 19 de enero de 1935 al "Problema de la licitud de la guerra" artículo publicado en los Mélanges Altamira, (Madrid, 1936, págs. 160-183), y las notas del autor de 1936 y 1937 desde Roma y Cordoba en Cuadernos informativos de Derecho histórico público, procesal de la navegación, números 6-7 de diciembre de 1987 (aparte, también del 4/5, 1987) y de aquella otra transcripción de Estudis d´Història del Dret Internacional con edición y prólogo de Angélica Guckes, Barcelona, 1992, págs. 39-60 que versa sobre la acción política y el pensamiento moral, jurídico-público y iusnaturalista de San Ramón de Penyafort.

Por otro, no queremos dejar de señalar que nos hubiera gustado encontrar incluidos como notas a pie de página o numerados el origen de las fuentes documentales de forma que se ampliara la somera referencia que a la bibliografía se menciona como colofón de cada capítulo. Así concluimos esta aproximación a la obra de Valls, congratulándonos, como ya dijimos anteriormente, de la nueva reedición post mortem de esta obra, manual completo de profundo análisis, fruto de muchos años de investigación y trabajo, que ensalza aún más si cabe el papel jugado por Ferran Valls i Taberner en el campo de la investigación histórico-canónica. Para otros dejamos las observaciones crítico-bibliográficas que a labor de Lorenzo Galmés, de Josep Maria Mas Solench o del propio M. Peláez pueden hacerse, pero no podemos prescindir de mencionar los no escasos desatinos que observamos en el "Prólogo" de Eugenio Gay Montalvo. Gracias a él, sabemos que en España "es el siglo XIII uno de los más apasionantes de la Alta Edad Media" (p. 7), cuando hasta ahora se había escrito que es a finales del XI cuando comienza el bajomedioevo.

Gemma Tarodo Rodríguez.

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