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Revista de estudios histórico-jurídicos

versão impressa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.22 Valparaíso  2000

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552000002200027 

Ayerbe Iríbar, Mª. Rosa y Etxezarraga Gabilondo, Jon, Fuentes documentales medievales del País Vasco. Archivo municipal de Elgoibar (1346-1520), Donostia, 1999, 159+XVI págs.

En este libro Mª Rosa Ayerbe recoge abundante documentación de la existente en los archivos municipales de Gipuzkoa referentes al medievo, y más en concreto en el de la villa de Elgoibar. Esta labor ha sido llevada a cabo por esta profesora Titular de Historia del Derecho y de las Instituciones de la Universidad del País Vasco, en colaboración con un antiguo alumno, Jon Etxezarraga Gabilondo, de la época en que impartía Paleografía y Diplomática en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Deusto en San Sebastián.

Este municipio de Elgoibar fue fundado el 20 de diciembre de 1346 por el monarca Alfonso XI, y cuenta con una valiosa documentación de este período medieval, que nos acerca a las luchas pueblerinas y entre los mismos particulares con los concejos por los abusos cometidos en el ejercicio de sus funciones. Se han recogido tres pergaminos: la carta de puebla de 1346; la concordia entre la villa y los dueños de ferrerías de 1462, así como la concesión del juro de 2.400 mrs. en 1498, o la disputa entre la villa y el dueño de la casa solar de Olaso, de 1471, y otros documentos pertenecientes al Libro Colorado; libro éste que fue aprobado en cuanto a su realización el 21 de noviembre de 1535, con la pretensión de recopilar documentación original de esta villa. Consta, según comenta Ayerbe Iríbar, el mismo de diez títulos, que han sido transcritos casi en su integridad. Comienza con la rúbrica de "Privilegio rodado de la fundazión de la villa de Elgoibar otorgado por Alfonso XI" (1346); a continuación prosigue con la "Carta ejecutoria y sentencias que hablan cómo se han de hazer los ofizios públicos y pescaderías y carnicerías, por los moradores extramuros de la villa" (1495); continúa con la "Ordenanza y provisión real para que los alcaldes de la villa firmen las sentencias y mandamientos que hicieren" (1534); en cuarto lugar analiza el "Apeamiento, determinación y sentencias que dieron los comisarios del concejo sobre las tierras y heredades, seles, montes y árboles, y caminos públicos y reales" (1451); en el siguiente la "Escritura pública y sentencia entre los concejos de las villas de Elgoibar y Deba sobre la prestación común de Aranoguibel" (1462); en el sexto, la "Merced de la Reina Dª Juana otorgada a la Provincia para la elección de los escribanos de número que cubriesen las vacantes que se ocasionaren en sus villas" (1513); en séptimo puesto la "Merced hecha por el Rey Don Fernando a la Provincia de los 110.000 mrs. en que estaba encabezada" (1510); en octavo el "Asiento hecho entre el concejo de la villa y su vecino Rodrigo de Carquizano sobre la torre de uaxo que al presente posee Lope Pérez de Lasalde, e sobre sus dexas e sobre sus huertas e barandas e libertades que la plaza de la dicha villa tiene" (1484); en el penúltimo el "Asiento para hacer la puente menor sita entre las casas de los herederos de Pedro González de Jausoro y Juan Pérez de Sarasua, escribano, y los herederos de Juan Pérez de Arteaga, (1528), y en el último, aunque no menos importante, la "Merced del encabezamiento perpetuo de alcabalas otorgada a la Provincia por la Reina Dª Juana" (1509).

Una gran parte de esta documentación se perdió hacia el 1726, y por ello se decidió recopilarla, siendo de gran utilidad para cuestiones como la constitución de la nueva villa, o los derechos de los vecinos extramurales que gozaban de los mismos privilegios que los conocidos como "del cuerpo de la villa" en lo referente a los cargos públicos y establecimiento de tiendas para su abastecimiento; por otro lado, permitió resolver la problemática referente a la ampliación que a fines del s. XV tuvo lugar en los límites murados de este municipio, incluyéndose muros que hasta esa fecha estaban fuera de las murallas; los derechos de los vecinos en cuanto a la explotación de tierras y pastos, no fue menos apasionante y acalorada que la anterior. No es infrecuente la documentación dedicada a los litigios surgidos entre la Hermandad guipuzcoana y sus propios hermanos.

Estos documentos, recopilados por Ayerbe Iríbar, comprenden desde el 20 de diciembre de 1346 al 13 de agosto de 1513. El primero de ellos trata de una carta de población otorgada por Alfonso XI a los hombres buenos, hijosdalgo y labradores de los pueblos de Marquina y Mendaro para que poblasen y cercasen Villamayor de Marquina, concediéndole su propio fuero, siendo confirmado por Enrique II el 7 de febrero de 1367, al igual que de la mano de Juan I el 10 de agosto de 1379, así como por sus sucesores. El 28 de febrero, la villa de Elgoibar nombró a Pedro Ibáñez de Balluibar y Pedro López de Arriola como jueces árbitros para dirimir las diferencias entre el concejo y ciertos particulares por la posesión de montes y tierras (pp. 12-17); el 22 de junio de 1451 fueron nombrados Juan García de Urunano y Juan Martínez de Jausuoro (pp. 17-19). Otro documento de cierta relevancia es el relativo al apeamiento y sentencia arbitral otorgada por Pedro Ibáñez de Balluibar y Pedro Pérez de Arriola y los receptores en cuanto a las diferencias sobre posesión de montes, prados, árboles, etc., de 15 de agosto de 1452 (pp. 19-56). El 3 de diciembre de 1462 se reconoció el derecho al pasto tanto por parte de Elgoibar como de Aranoguibel, término de la villa de Deba, siempre y cuando no se cerrasen los setos o levantasen cabañas o casos (pp. 93-97). Entre los numerosos litigios estaba el caso del tenido a vista el 24 de mayo de 1471, que se planteó entre el concejo de Villamayor de Marquina y otros particulares en cuanto a las tierras y montes que la villa consideraba usurpadas y amojonadas indebidamente (pp. 98-102). Este mismo concejo pleiteó el 21 y 29 de septiembre con Rodrigo de Carquizano y Juan Ochoa de Urunano por haber incluido su casa y torre dentro de los muros de la villa tras su ampliación (pp. 103-106). Ya en época de los Reyes Católicos se trataron litigios contra los moradores extramuros de la villa por pretender tener carnicería, pescadería, etc., al mismo tiempo que ejercer cargos públicos; sobre este asunto trató la sentencia de 28 de julio de 1495 (pp. 109-125). Algunas otras cuestionaron privilegios económicos, como la reducción en las alcabalas, a determinadas personas como la de 29 de marzo de 1481, la de 20 de diciembre de 1496, la de 15 de marzo de 1498 o la de 12 de mayo de 1509 (pp. 126-156).

Ayerbe Iríbar recupera treinta y tres documentos sobre la villa de Elgoibar relativos a cuestiones tan intrascendentes como las alcabalas o los conflictos de extramuros. De esta forma se recupera parte de la intrahistoria de este municipio de Gipuzkoa, con una laboriosa labor paleográfica. Se centra para ello en el período comprendido entre 1346 y 1520, casi dos siglos de la época medieval. Felicitamos desde estas páginas a su autora, quizá la máxima editora de fuentes documentales de Gipuzkoa en nuestros días, y a su colaborador Jon Etxezarraga.

Guillermo Hierrezuelo Conde

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