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Revista de estudios histórico-jurídicos

versão impressa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.22 Valparaíso  2000

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552000002200032 

Brahm García, Enrique (ed.), José Gabriel Ocampo y la codificación comercial chilena. Los primeros borradores del Proyecto de Código de Comercio (Santiago de Chile, Universidad de Los Andes, 2000), Tomo I, 600 págs.

Se nos presenta una edición de los anteproyectos hasta hoy manuscritos de Código de Comercio para Chile redactados por el jurista argentino José Gabriel Ocampo, autor también del texto definitivo de ese código, debido a lo cual tales manuscritos cobran una especial importancia histórica y por cierto también dogmática. Ellos están en el punto inicial de la cadena que condujo al código. Durante mucho tiempo, permanecieron en custodia en la biblioteca del Colegio de Abogados de Santiago (en donde hace muchos años alguna vez los consulté) y ahora, gracias a esta edición, el público estudioso podrá tener su contenido a fácil disposición.

La edición de los manuscritos viene precedida de un estudio introductorio del editor (pp. 13 - 50), en que entrega alguna noticia sobre la historia externa de los manuscritos mismos, una breve reseña de la vida y obra de Ocampo y del proceso de la codificación comercial en Chile, otra sobre esto mismo en Europa y un elenco de los autores y obras citados por Ocampo en los manuscritos, o sea, de sus fuentes, seguido de un índice de abreviaturas de los mismos.

El editor se refiere a "los primeros borradores del proyecto de Código de comercio" que se encuentran en sus originales en "dos tomos empastados en cuero de color rojo": el primero desde el artículo 1 al 969 y el segundo desde el artículo 970 al 1.738 (pp. 14 - 15). Este primer tomo de su edición comprende el primero de esos tomos, a su vez, o sea, los borradores desde el artículo 1 al 969. Se espera, pues, un segundo tomo con el resto. El editor informa de la existencia de varios otros manuscritos.

La edición literal y fiel de esos 969 artículos respeta incluso la estructura a doble columna que en ocasiones Ocampo impuso a su redacción: la de la izquierda para las citas de fuentes, comentarios del codificador y rectificaciones; la de la derecha para el articulado mismo. Lo ininteligible del original llevó al editor a renunciar a la transcripción en numerosas oportunidades, reemplazando el texto oscuro por puntos suspensivos, o sea, de tres puntos en la horizontal (...).

Pese a la indudable utilidad que ofrece esta edición para la historia del derecho chileno y la dogmática mercantilista, por lo cual hay que felicitar al editor, no deben silenciarse las críticas que merece.

La primera es que hay deficiencias o confusiones en el sistema diacrítico usado para la transcripción, pues aparte el signo de puntos suspensivos de tres puntos, se encuentran varios otros que no vienen explicados, de modo de no saber el lector si son signos diacríticos del editor o están en el original. Así a veces aparece una sucesión de puntos en número mayor o menor de tres, o guiones largos y cortos, y los puntos suspensivos suelen ir tanto entre paréntesis como sin ellos. El editor debió ser más cuidadoso en la materia. La edición de textos es algo muy delicado y no consiste en su sola transcripción: exige un examen muy minucioso de los manuscritos, en función de trasportar a la edición la forma original del modo más inteligible, de guisa que el estudioso que se enfrenta con ella reciba el contenido como si estuviera leyendo el original mismo. Por ello, por ejemplo, lo de los puntos en sucesión no carece de importancia. El número de puntos suele ser reflejo del número de letras que faltan o no se pudieron leer. ¿Es el caso en esta edición? Pero el editor nada informó al respecto.

La segunda observación también se refiere a la labor de un editor. Cuando éste se enfrenta con un manuscrito, su deber es tratar de fijar lo más exactamente posible el lugar que ocupa en una sucesión, y además es privilegio suyo individualizar y hasta nominar el manuscrito de que se trate. En este caso, lo único que nos dice el editor es que se trata de unos "primeros borradores" (¿el primero? ¿entre los primeros?) del proyecto, que están empastados en dos tomos en cuero rojo. Esto no es en absoluto suficiente. La edición debió estar precedida de un estudio comparativo de todos los manuscritos existentes, destinado, entre otros, a fijar el exacto lugar ocupado por cada uno y para clasificarlos, individualizarlos y denominarlos, en forma definitiva.

Con todo, menester es reconocer el esfuerzo hecho, cuyos defectos aun pueden ser enmendados, en lo que se refiere a nuestra segunda observación y a la primera para el resto del manuscrito, en el segundo tomo.

A. Guzmán

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