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Revista de estudios histórico-jurídicos

versión impresa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.22 Valparaíso  2000

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552000002200035 

Cebreiros Álvarez, Eduardo, El municipio de Santiago de Compostela a finales del Antiguo Régimen (1759-1812), Xunta de Galicia, Santiago de Compostela, 1999, 604 págs.

El municipio alcanzó su crisis a comienzos del s. XVIII, durante el reinado de Felipe V, con el auge del absolutismo y del centralismo, si bien a la vez se presentaba como una institución necesaria para actividades como la instrucción, beneficencia, obras públicas, el reclutamiento militar o la misma recaudación de rentas provinciales. Todo ello a cambio del control de estos municipios por las oligarquías municipales que se oponían de forma radical al centralismo. Con Felipe V el municipio se convirtió en una institución subyugada a la Administración central, comenzando este control por las haciendas locales y a través de la Contaduría General de Propios y Arbitrios, que dependía del Consejo de Castilla y había sido creada por el R. D. de 30 de julio de 1760, aumentando al mismo tiempo las facultades de Corregidores y Alcaldes Mayores.

En el s. XVIII Santiago de Compostela era un señorío eclesiástico, momento de crisis para esta institución. Más tarde, fue invadida por las tropas francesas, que suprimieron la Junta Superior del Reino, si bien el 17 de diciembre de 1809 se creó la Junta provincial nacional. Ya a finales del setecientos en Santiago de Compostela estaban presentes dos alcaldes ordinarios, oficiales rectores del gobierno municipal que eran nombrados por obra del señor de la ciudad, el Arzobispo, o bien, en el mismo cabildo en el supuesto de que la sede estuviera vacante. Los alcaldes ordinarios estaban contemplados en la Novísima Recopilación, debiendo ser, por imperativo legal, vecinos del lugar además de personas intachables (pp. 64 y ss.). Entre sus competencias estaban la administración de justicia y otras funciones en el gobierno del municipio. Otro cargo municipal era el regidor, oficial encargado de gobernar el municipio, que en la segunda mitad de la centuria que nos ocupa contaba Santiago de Compostela con un número de veintidós (pp. 105 y ss.). El Procurador general, cargo de carácter anual, se presentaba como el representante popular y defensor de sus intereses, si bien llegó a convertirse en un oligarca local que defendía a la nobleza (pp. 137 y ss.). Los encargados de la fe pública de la Justicia y Regimiento de esta ciudad tenían como función la de ser los escribanos (pp. 155 y ss.). De la gestión y administración de la hacienda local se encargaba el Tesorero de propios y arbitrios, nombrado por los alcaldes y regidores (pp. 169 y ss.). Tanto el Tesorero del servicio ordinario, como el extraordinario, al igual que el de tres millones en carnes y papel sellado desempeñaron el cargo de administrar estas rentas reales, según nos relata Cebreiros Álvarez (pp. 177 y ss.). Había otros puestos menores como el depositario de penas de cámara, el agente de la ciudad en la Corte, el abogado y procurador de la ciudad en la Audiencia (pp. 180 y ss.). Entre los nuevos oficiales municipales destacaron los diputados del común y el procurador síndico personero (pp. 204 y ss.).

En los consistorios se trataban todos los problemas de gobierno de la corporación municipal, estando presentes tanto los alcaldes ordinarios, regidores, procurador general, así como los diputados del común y procurador síndico personero. Entre los comisionados, diputados que estaban encargados de cuidar distintos aspectos del municipio se encontraban el regidor cartero, el regidor archivero, el regidor fontanero, el comisionado para cuidar las escuelas de primeras letras, el comisionado para asuntos de policía urbana, el diputado del mes, el diputado de la ciudad en la Junta del Reino y el comisario de millones.

La hacienda municipal (pp. 293 y ss.) estaba encargada de recaudar fondos para las arcas locales, y contaba con bienes de propios, bienes de propiedad municipal, si bien en ocasiones se acudía a medios de carácter extraordinario, también conocidos como arbitrios. Un elemento esencial en la hacienda fue el Real Decreto e Instrucción de 30 de julio de 1760 que creó la Contaduría General de Propios y Arbitrios, dependiente del Consejo de Castilla. Fue a partir de 1780 cuando comenzó a hacerse patente la insuficiencia financiera de la hacienda regia, que afectó también a las haciendas locales.

Entre las competencias del municipio se encontraban el aprovisionamiento de la población, principalmente de la carne, el vino, el aguardiente, el pan o el pescado; así como las policía urbana y las obras públicas; la beneficencia; la moralidad y el orden público; las ceremonias, fiestas y espectáculos; el comercio y fábricas; la defensa; la enseñanza o la sanidad.

El estudio del municipio de Santiago de Compostela en la etapa final del Antiguo Régimen (1759-1812), realizado por Eduardo Cebreiros, llena una laguna existente en el ámbito de esta localidad, permitiendo conocer todos los cargos municipales, desde los alcaldes ordinarios al procurador síndico personero, y la forma de vida de esta sociedad a finales del s. XVIII, así como la hacienda municipal. Los datos recogidos en la Tesis doctoral, que ha visto la luz a través de esta publicación, suponen un análisis de la sociedad compostelana y recuperan parte importante de los archivos de este municipio.

Guillermo Hierrezuelo Conde

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