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Revista de estudios histórico-jurídicos

versão impressa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.22 Valparaíso  2000

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552000002200036 

Denis, Henri, Histoire de la pensée économique, Presses Universitaires de France, Paris, 1999, 725 págs.

Se trata de la undécima edición de este clásico del insigne Prof. Henri Denis; un volumen sobre la historia del pensamiento económico que destaca, amén de su excelente estructuración, por acercarse al tema desde una perspectiva evolutiva del concepto de economía política, que en esta ocasión muestra, entre otras, la novedad de introducir en su estudio el análisis de la teoría del empleo de John Maynard Keynes (1883-1946), si bien observamos ciertas lagunas derivadas del carácter de extracto o compendio de la obra, algunas de las cuales señalaremos. Para la Historia del Derecho tiene su importancia ya que el área de conocimiento en Francia es la de Historia del Derecho, de las Instituciones y de los Hechos Económicos. El mismo Jean Imbert, recientemente fallecido, uno de los historiadores del Derecho más fecundos habidos en el vecino país, es autor de varios trabajos de historia económica y de un manual muy conocido de Historia económica mundial hasta 1789.

Ordenado cronológicamente en ocho partes, Denis parte en el análisis de su objeto de estudio del idealismo político y económico en la filosofía griega y su declive en el mundo romano, constatando ya desde el inicio, lo que es lugar común en la doctrina, que para el mundo helénico el concepto de economía independiente de la política era inexistente, al considerar los pensadores griegos que la vida económica no era más que un aspecto de la vida política; ante este panorama el A. trata de demostrar que el nacimiento de la economía política se produce precisamente al llevarse a cabo la ruptura de la concepción griega del hombre apoyando esta tesis en el examen del concepto de ciudad (polis) —única forma válida para ellos de la vida política— en el pensamiento opuesto de Platón y de Aristóteles, en torno al concepto de propiedad, queriendo ver —como tantos otros autores— en este último pensador el inspirador de las teorías comunistas, aunque sin desconocer que el debate actual entre liberales y marxistas no puede fundamentarse en las tesis de los griegos sino más bien en una concepción naturalista del hombre.

La crisis social e intelectual en Atenas en el siglo IV a. C., la doctrina económica de Platón —realiza Henri Denis al respecto un recorrido por las principales obras del ateniense, que le sirven para fundamentar los rasgos fundamentales del pensamiento social extraordinariamente coherente de Platón, exponiendo brillantemente las características que, en su opinión, trasluce Platón en su concepción del Estado ideal (República), de las ciudades reales (Política y Timeo) y en el intento de acercar el mundo ideal al mundo real (Leyes)— junto al alcance del idealismo platónico constituyen el punto de partida de la obra que recensionamos, que continúa con el análisis del pensamiento de Aristóteles, donde el A., tras hacer una breve biografía del estagirita, centra su atención en las dos obras que tratan principalmente de los problemas económicos, concretamente Ética a Nicómaco y Política, que le sirven para fundamentar la oposición entre Platón (para quien la comunidad de bienes sería el régimen ideal) y Aristóteles —señalando Denis las diferencias en torno al concepto de propiedad privada, lo que se evidencia en una serie de principios en el pensamiento de Aristóteles basados en que éste defiende la legitimidad natural de la propiedad que es útil para la vida y que se refiere al uso que es algo natural, mientras que al analizar el cambio el estagirita llega a la conclusión de que en él hay algo que es natural (las adquisiones necesarias para la vida) y algo que no lo es (la búsqueda de las ganancias). Precisamente esta distinción entre el uso y el cambio inspiraría más tarde a Karl Marx (1818—1883). La concepción aristotélica de las ciencias humanas, la organización de la vida económica, el concepto aristotélico de justicia social y los límites de su construcción constituyen otras tantas temáticas estudiadas por el A., que culmina la primera parte de este volumen con un acercamiento al declive del pensamiento político y económico en el mundo romano y en la Edad Media, realizando un recorrido por las consecuencias intelectuales de la dominación romana, el análisis de las instituciones económicas dentro del Cristianismo primitivo (Nuevo Testamento, las ideas comunitarias de los Padres de la Iglesia con especial atención al pensamiento de San Agustín), la instauración del feudalismo y la filosofia económica de Santo Tomás de Aquino.

Al nacimiento de la economía política junto con la afirmación de la doctrina liberal dedica el A. la segunda parte de su trabajo, desarrollando en cinco capítulos aspectos tales como el mercantilismo y las doctrinas utópicas en la época del Renacimiento —centrando su atención en el desarrollo del capitalismo y la crisis social de los siglos XV y XVI, la Reforma, la doctrina mercantilista y el pensamiento político de Thomas More (1478-1535) y Giovanni Campanella—, la primera crítica del mercantilismo —analiza en este sentido las consecuencias de los progresos de la economía capitalista dentro del marco social, el triunfo del método cartesiano en el orden intelectual, el liberalismo de Boisguillebert (1646-1714), las tesis sobre los límites del enriquecimiento de Richard Cantillon y las opiniones de David Hume (1711—1776)—, el pensamiento de Quesnay (1694-1774) con su "Tableau économique" y los fisiócratas junto con las teorías de Adam Smith (1723-1790) sobre el valor del cambio desprendidas de su Riqueza de las naciones y sus interesantes reflexiones sobre la teoría de la renta, aparecen también resumidas en el volumen, sin aportar Denis nada nuevo en su trabajo, pues se limita a reproducir brevemente las ideas de Adam Smith tendentes, como las de sus continuadores, a establecer unas bases que preconizasen una reforma en el reparto de los bienes productivos conforme a un criterio de una mayor justicia absoluta, constatando Denis que Adam Smith, como consecuencia de sus principios acerca de la libertad natural y la justicia, demandaba la libertad de domicilio y la libertad de industria; por desgracia Henri Denis al escribir del escocés, soslaya innumerables aspectos y matices de su obra, caso de su concepción ética, su visión naturalista, la noción de economía nacional individualista, la relación entre política y población, su teoría impositiva, su crítica a la burocracia, las causas de la división del trabajo, la productividad de la agricultura, del comercio, de la industria, el valor de cambio, el valor de uso, la naturaleza del trabajo y del capital, la división del capital, la teoría del interés y la de los salarios, su teoría de la libertad y la concurrencia y aquella que tiene sobre la renta. El A. culmina el capítulo IV de esta segunda parte de su volumen con unas breves nociones acerca del intento de construir la ciencia económica sobre la base de la utilidad por parte de Condillac (1715-1780) y Bentham (1748-1832), no desconociendo, por otro lado, los primeros intentos de construcción de la doctrina socialista estudiando Henri Denis el comunismo naturalista en Francia en el siglo XVIII, la restauración del idealismo social de la mano de Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) con su crítica del naturalismo social y del liberalismo y su afirmación del socialismo aunque con contradicciones, la oposición a los fisiócratas por parte de l'abbé de Mably (1709-1785), el utilitarismo socialista de William Godwin (1756-1836) y el socialismo de Fichte (1762-1814) centrándose en su Estado comercial cerrado, sobre el que se han escrito interesantes trabajos por parte de Eduard Zeller, Heinrich Sieveking, Gustav Adolf Walz, H. C. Engelbrecht, Ernst Bloch, Hans Reiss, Werner Krause, Karl Hahn, P. Salvucci, A. Verzar y H. Schmidt, que Denis ni siquiera menciona.

Centrándose en el siglo XVIII pasa revista el A. a la economía política ante los efectos de la Revolución industrial y las consecuencias de la misma en la situación de los trabajadores ingleses, analizando las teorías de Malthus (1776-1834), Jean-Baptiste Say (1767-1832) y David Ricardo (1772-1823), aunque no se para a analizar con la profundidad necesaria —a nuestro juicio— que una de las distinciones más significativas de David Ricardo es la que establece entre el valor del uso y el valor de cambio, a la par que advierte la existencia de diferentes tipos de bienes para llevar a cabo una comprensión real del valor de los mismos. Ricardo está considerado como un liberal en Economía, lo que le conduce a atacar una fiscalidad y una imposición creciente, simultáneamente que un intervencionismo estatal en el mundo económico, lo que le hace incompatible con los planteamientos teóricos de John M. Keynes y, por tanto, la teoría clásica ricardiana y neoricardiana no permite comprender las crisis económicas de nuestros días, ya que se ha demostrado que la moneda no se encuentra en el centro de la economía. Fue precisamente David Ricardo quien estableció la distinción entre el precio natural y el precio de mercado, aunque Denis no advierte de qué manera, al divulgarse las ideas de Ricardo, se ha perdido la diferenciación terminológica que la distinción ricardiana llevaba consigo en torno a la identificación del industrial como hombre de precio natural y el comerciante como hombre de precio de mercado, lo que vendría a originar la actitud crítica que los empresarios defienden y sostienen hacia el socialismo o la misma socialdemocracia, mientras que el hombre dedicado a la actividad comercial posee el odio del socialista además del odio del liberal.

Denis dedica la quinta parte de su libro —quizás la más completa_ a los principales pensadores socialistas del siglo XIX a los que encuadra en varios grupos: socialismo asociacionista —Charles Fourier (1772-1837) y Robert Owen (1771-1858)—, socialismo tecnocrático, socialismo científico —Sismondi (1773-1842)— y socialistas ricardianos en Gran Bretaña, trayendo a colación a Thomas Hogdskin (1783-1869) y John Gray (1799-185) entre otros, Karl Rodbertus (1805-1875) y Georg Winkelblech (1810-1865) que publicó bajo el seudónimo de Karl Malo—, al tiempo que sitúa por separado a Pierre Joseph Proudhon (1802-1864), Hegel (1770-1831) y Marx (1818-1883), a cada uno de los cuales dedica un capítulo en exclusiva, lo que contrasta con las escasas páginas relativas a la economía política neoclásica en las que Henri Denis se conforma con ofrecernos brevemente un bosquejo insuficiente de las tesis de Auguste Comte (1798-1857), John Stuart Mill (1806-1873), William Stanley Jevons (1835-1882) y no apunta el A. en sus críticas la idea de que algunos comentadores de Marx, como Jevons, atribuyen las dificultades de éste para terminar su tercer libro de Der Kapital, a la imposibilidad de la realización de su teoría valor-trabajo, careciendo de una planificación totalitaria— y Leon Walras (1834-1910), mencionando casi únicamente, lo que a tenor de la escasez de información que dedica a los anteriores no nos extraña, a precursores de la talla de Cournot (1801-1877).

La evolución general del pensamiento económico de 1875 a 1939 constituye otra de las temáticas en las que se centra Henri Denis, que presta cierta atención en su análisis a la evolución económica y social de este período —ocupa algunas páginas a la "gran depresión" en Gran Bretaña entre 1873 y 1896 y al recrudecimiento del imperialismo británico; a la expansión de otras potencias capitalistas, caso de Francia, Estados Unidos y Japón, entre otras; a los conflictos de carácter político entre las grandes potencias, señalando algunos datos relevantes a nivel económico de las mismas producidos en el lapso de tiempo transcurrido entre las dos Guerras Mundiales— así como al desenvolvimiento del sistema neoclásico, considerando esta teoría como un instrumento de defensa del liberalismo económico, pasando revista, en este sentido Henri Denis, al enfrentamiento entre el concepto de utilidad social y ventaja privada recurriendo a autores como Friedrich von Wieser en cuyo Tratado sitúa como idea matriz, dentro del pensamiento económico, la de la utilidad límite y A. C. Pigou, continuador de Marshall, no sólo por su obra teórica sino también porque fue su heredero en la Cátedra de Cambridge, y célebre también, entre otros motivos, por haber dado nacimiento a la denominada Economía del Bienestar, haciendo depender ésta de la renta nacional, es decir, de la suma de bienes y servicios objetivos.

El tiempo como factor de producción y la teoría de la repartición de Eugen von Böhm-Bawerk (1851-1914) constituyen otro de los objetos de estudio de Henri Denis, aunque en este punto no recoge las críticas del economista austríaco a la Escuela Histórica alemana donde destacó especialmente Gustav von Schmoller (1838-1917), autor que no merece para Denis más que dos escuetas referencias en su obra para constatar que en el pensamiento del berlinés el razonamiento lógico no puede ser un instrumento válido para estudiar las acciones humanas, desconociendo —lo que nos sorprende extraordinariamente dada la categoría científica de Henri Denis y el amplio conocimiento que demuestra en sus investigaciones— que Schmoller fue un profundo estudioso del concepto de Economía Política, advirtiendo en sus trabajos especialmente en su obra principal titulada Der Grundriss der Allgemeinen Volkswirtschaftslehre, publicada en dos volúmenes (Berlin 1900-1914), que es un tratado que proporciona tal número de datos históricos y sociológicos que, en nuestra opinión, es una de las obras más importantes desde el punto de vista económico jamás escrita. Estos Grundriss gozaron inmediatamente de amplia difusión siendo una versión francesa de los mismos la que contribuyó a popularizar el pensamiento de Schmoller en países como España. Los Grundriss aparecían divididos en dos partes: la primera parte, contenía los principios generales y a continuación en dos libros separados, toda la doctrina relativa al suelo, los pueblos, las razas, a la técnica, junto a una noción de la Economía Política desde el punto de vista de su constitución social, mientras que en la segunda parte contenida en dos libros, la idea matriz era el proceso social, la circulación de bienes, el intercambio de producción, al mismo tiempo que también se reproduce la teoría general histórica del desarrollo económico. Estos volúmenes fueron concebidos por el propio Schmoller, como una obra más amplia extraída de su curso universitario que con anterioridad era manejado a través de cuadernos repartidos a los alumnos y que se veía muy circunscrito a las cuatro horas semanales del semestre de verano en que impartía clases. Él señala que su interés por la Sicología y la Sociología habían influido en la redacción de su propia obra en la que formula una Economía Política Histórica en la que se parte de una serie de fórmulas y principios claros, de definiciones precisas, merced a la idea de una gran nitidez expositiva que pueda ser transmitida al estudioso y al estudiante.

Schmoller, que era profesor de la Facultad de Derecho de Berlin, advierte que el concepto de Economía Política se había formado, por primera vez, en torno a los siglos XVII y XVIII. Esta noción se corresponde con lo que los ingleses llaman Political Economy, los alemanes denominan Economía de Estado o Economía Nacional, mientras que para los franceses es Economía Política, o en España, Política Económica, concepto que enlaza para Schmoller dos ideas fundamentales, pues en su opinión, se trata de un fenómeno de conjunto que reposa sobre la actividad económica del hombre y que —al mismo tiempo— recibe sus órdenes de la existencia de las sociedades humanas. Schmoller formulaba una definición de la Economía Nacional, como aquel conjunto organizado unitariamente por las economías individuales y corporativas que existen en el interior de un Estado, bien aparezcan dentro del mismo como superpuestas o bien como yuxtapuestas, incluyendo naturalmente la propia estructura económica del Estado. Así, es un conjunto unitario en el que se integran tanto las instituciones como los comportamientos sociales, económicos y políticos de los miembros integrantes de la nación. Dentro de la misma tienen su importancia los instrumentos y los grupos, el propio Estado, las iglesias nacionales, las actividades sociales, los municipios, los órganos intermedios, etc., en definitiva, las instituciones. La figura de Schmoller ha sido destacada por autores como Francesco Traniello quien ha señalado la importancia que Schmoller, como Schönberg, Wagner y Schäffle, entre otros, dieron al elemento ético de la Economía política, mientras que Umberto Meoli asocia la figura de Schmoller a las de Brentano y Karl Bücher como los autores más representativos del desarrollo de la Historiografía Económica. Schmoller sostiene, a la hora de analizar el método estadístico y el método histórico, que la Estadística es una ciencia reciente mientras que la Historia es una ciencia antigua. Por un lado, la Estadística no está privada de su función auxiliar mientras que la Historia con la Filosofía es la más universal de todas la ciencias tanto para Schmoller como para algunos otros como Sybel o Berkheim, manteniendo ambas ciencias grandes relaciones con la Economía Política y ejerciendo una gran influencia sobre la misma. Para Schmoller, autores como F. C. Savigny, Waitz y Einchhort, son los fundadores de la Historia del Derecho en Alemania, mientras que Niebuhr y Ranke son los fundadores de la Historia Moderna; Böckh, Arnold, Maurer y Nitzsch, de la Historia económica; y List, Roscher, Hildebrand y Knies los primeros economistas que reconocieron la importancia extraordinariamente creciente de la Historia para la Economía Política. Adolph Heinrich Gotthiff Wagner, por su parte, defenderá la superioridad del método estadístico sobre el método histórico a la hora de llevar a cabo la observación de los fenómenos económicos siendo seguido en sus postulados por Léon Walras y su concepto de Economía matemática. Las descripciones efectuadas por una Historia especial como es el caso de la Historia Económica, participan de las teorías económicas en cuanto que se ocupan del mundo económico. No obstante, para Schmoller, los trabajos específicos de Historia Económica pueden permitir aportar el caudal teórico necesario para llevar a cabo una introspección desde el punto de vista económico de la realidad histórica al mismo tiempo que de la realidad política o de los contenidos sociológicos. La idea de progreso social, de economía nacional, de sistemas morales, de teorías generales sobre el Estado, el triunfo de los métodos dentro de la Economía Política de finales del XIX, el método inductivo y deductivo son algunas de las temáticas examinadas por Schmoller, que, en nuestra opinión, tuvo una notable influencia sobre Sombart y Max Weber que lamentamos decir que Denis, si no la desconoce, al menos no la señala.

Denis también se ocupa, aunque sucintamente, de la nueva definición del óptimo económico del marqués e ingeniero Vilfredo Pareto (1848-1923), al que se ha considerado —aunque Henri Denis no lo menciona— como un continuador de la corriente utilitarista y marginalista dentro del campo económico, convertido al mundo de la Economía y la Sociología tras la lectura de los sugerentes Principî di Economia pura de Maffeo Pantaleoni, que fue el principal difusor de las teorías marginalistas en suelo italiano y que, pese a sus críticas a algunos exponentes del pensamiento clásico, realiza una traducción y copia casi literal de la obra Pure Theory of Domestic Value de Alfred Marshall, autor en el que se da una perfecta síntesis entre la doctrina clásica, la moderna y la escuela histórica, así como también se centra el A. en el problema de la concurrencia imperfecta, los obstáculos derivados de la aplicación al comercio exterior de la teoría neo-clásica y la hostilidad existente entre los partidarios de esta escuela y de una concepción socialista de la economía —a cuyas diversas tendencias, modelos y evolución en el tiempo dedica un gran número de páginas—, temáticas que ocupan quizás la parte más desarrollada del trabajo de Denis, lo que contrasta con su aparente desconocimiento o, mejor dicho, ignorancia buscada de la doctrina de la Iglesia sobre estos asuntos de índole económico-social.

Henri Denis expone, al inicio del volumen, una bibliografía general sobre la Historia del pensamiento económico en lengua francesa e inglesa, al tiempo que menciona otras obras de historia general, de historia de los hechos económicos y de historia de la filosofía cuyas referencias considera de interés por la conexión de estas materias con su objeto de estudio, además cada uno de los capítulos de las ocho partes en que se divide la obra aparece completado con un listado bibliográfico complementario de gran utilidad acerca de cada uno de los temas tratados. Igualmente el volumen cuenta con un índice de autores y de materias ciertamente interesante.

Se trata de una obra de recopilación, de indudable interés para el estudiante, pero de escasa relevancia para los investigadores de la materia por la poca profundización que Denis dedica a cada una de las temáticas estudiadas, si bien no podemos menos que felicitar al autor por englobar en un solo volumen y bajo el pretencioso título de Historia del pensamiento económico una síntesis con los principales datos de la evolución del mismo.

María E. Gómez Rojo

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