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Revista de estudios histórico-jurídicos

versión impresa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.22 Valparaíso  2000

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552000002200041 

García Sánchez, Justo, Juristas asturianos auditores de la Rota romana, I. Juan Queipo de Llano y Flores Valdés (Fundador del Convento de las MM. Dominicas de Cangas), Discurso de ingreso como académico de número del Real Instituto de Estudios Asturianos. Contestación por el Ilmo. Sr. D. José Mª. Patac de las Traviesas, académico de número. Apéndices, Oviedo, 1998, 2 vols., 276 y 659 págs.

Fue Juan Queipo de Llano Flores el primer asturiano que llegó a ocupar un puesto en la Rota Romana, siguiéndole en tal honor de asturiano Gutierre de Argüelles y Valdés. En esta monografía se estudia la vida de este insigne jurista. Nacido en San Pedro de Arbas, el 22 de mayo de 1584, en ocasiones sus vivencias se entremezclan con otros personajes de nombres similares. A fecha de 30 de marzo de 1612 consiguió el título de bachiller en Leyes en la Universidad de Valladolid y el 22 de septiembre del mismo año realizó el examen de licenciado. Más tarde obtuvo el grado de licenciado en Leyes, consiguiendo el título de Doctor en 1622. Ganó la promoción de la Cátedra de Digesto Viejo a la de Prima de Leyes en el curso 1620-1621. Un curso más tarde fue nombrado Visitador de las cátedras.

Ejerció otras funciones como la de diputado de la Universidad en 1618-1619, y la de consiliario en el Estudio salmantino, en fecha no concretada. En este momento Juan Queipo tenía una gran formación jurídica y un notable reconocimiento en la misma Universidad. En esta nueva etapa, fue nombrado el 11 de julio de 1623 como Oidor de la Real Chancillería de Valladolid. Su siguiente función fue la de Auditor de la Rota en 1628. De ahí que la misma Universidad de Salamanca le encargara, al frente de la Real Chancillería de Valladolid, la tramitación de algún proceso en dicha Chancillería, que en algún momento le alejó de la actividad docente. En esta nueva actividad tuvo gran resonancia el contencioso habido entre el Estudio Salmantino y el Ayuntamiento de Salamanca sobre "el privilegio de meter vino", privilegio que venía ejerciendo la citada Universidad desde tiempo inmemorial, estando libres de impuestos las citadas actividades para los universitarios. En este momento el vino era parte de la dieta de los estudiantes, para suplir la falta de calorías de otros alimentos. Por otro lado, algunos Colegios revendían el vino como medio de financiación, lo que planteó algunos problemas. Antes de ocupar este cargo ya había asesorado sobre el mismo cuando era catedrático de Leyes y responsable de la principal cátedra en la Facultad de Leyes de Salamanca. En un primer momento la Chancillería de Valladolid en un auto en revista, de 10 de octubre de 1623, declaró la vigencia de dicho privilegio, pero con determinados límites para su ejercicio por parte de los Colegios, ya que era necesario que jurasen que "la cantidad que piden la an menester y es para el dicho gasto y no para otra cosa la dicha ciudad les dé licencia para poder meter el dicho vino y no se la dando y tomando testimonio lo puedan meter sin la dicha licencia, lo cual sea y se entienda sin perjuycio del derecho de las partes en posesión y propiedad y en el ínterin que este pleyto se sigue". Este auto fue, a pesar de los límites establecidos, visto positivamente en cuanto que obligaba a la ciudad a abastecer gratuitamente con la petición y juramento de que no se revendiesen los géneros a otras personas o entidades con la única finalidad de evitar pagar tributos. Más tarde, y en sentencia de 13 de febrero de 1624, se reconoció a la Universidad y colegios agregados plena facultad para no pedir permiso en la compra de vino, sin limitación alguna. En otras palabras, el Ayuntamiento de Salamanca perdió el pleito. Más tarde, en 1634 Queipo de Llano fue nombrado Presidente de la Real Chancillería vallisoletana.

Otro de sus cargos fue, como menciona García Sánchez, el de Auditor de la Rota Romana, que es el Tribunal más antiguo de la Historia en materia civil y canónica y el supremo en su orden en la Iglesia Católica. Fue nombrado para este cargo en marzo de 1628, siendo desde este momento la principal preocupación de nuestro personaje los medios económicos necesarios para trasladarse a Roma, de ahí que pidiera ayuda económica al Rey para el viaje, concediéndole finalmente una subvención de 3.000 ducados. La primera de las intervenciones de Juan Queipo se celebró el 15 de enero de 1629, en la causa Bononiensis. Desempeñó sus funciones hasta marzo-abril de 1633, tras obtener una promoción regia a la Presidencia de la Audiencia de donde provenía, Valladolid. De la labor realizada al frente de la Rota Romana dejó una estela de decisiones rotales en las que actuó como ponente. Muchas de ellas hispanas (Legionensis o Gerundesis), pero la mayor parte provenientes de Italia sobre beneficios, así como materias civiles en cuestión hereditaria o de Derecho de familia. Llegó a pertenecer a instituciones hispanas cuya función era la asistencial a peregrinos e indigentes que viajaban al Vaticano, como era la Archicofradía de la Resurrección y la casa, hospital e Iglesia de San Ildefonso y San Giacomo degli Spagnoli, así como Monserrat.

Con el tiempo fue consagrado Obispo, después de ser presbítero vallisoletano entre 1623 y 1628. El cargo de Obispo de Pamplona lo asumió en 1638. En enero de 1646 fue nombrado Virrey y Capitán general del Reino de Navarra, pero sólo hasta junio de ese mismo año. Estuvo al frente de la diócesis de Navarra durante ocho años. Posteriormente, en 1647, se haría cargo de la diócesis jienense, en la que sólo permaneció ocho meses aproximadamente, donde le sorprendió la muerte.

En el segundo volumen se recoge documentación sobre su genealogía, los grados académicos, su curriculum y nombramientos de los distintos cargos que ocupó, así como el cargo de auditor de la Rota Romana, que reflejan la labor documental de esta obra. Esta monografía sobre la vida de tan ilustre personaje permite acercanos a la época y a todos aquellos personajes que rodearon su vida. De ahí que felicitemos la labor recopiladora y documentalista (con una dosis menor de elaboración y de construcción intelectual, dimensión que suele ser nota habitual de sus trabajos) de Justo García Sánchez, hombre que ha de ser tenido en cuenta más como historiador de Derecho y estudioso de la Literatura jurídica histórica que como romanista.

Guillermo Hierrezuelo Conde

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