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Revista de estudios histórico-jurídicos

versão impressa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.22 Valparaíso  2000

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552000002200052 

López Nevot, José Antonio, La aportación marital en la Historia del Derecho medieval, Universidad de Almería, Almería, 1998, 154 págs.

El análisis de la aportación marital a la mujer propter nuptias, de origen romano, ha sido el eje central de este trabajo, así como las donaciones esponsalicias, centrándose en la histórica Corona de Castilla.

En el Derecho romano clásico el régimen económico marital era la separación de bienes, si bien estaba admitida la dote (dos, re uxoria), aunque con el tiempo esos bienes fueron restituidos a la mujer al disolverse el vínculo marital. Durante la legislación imperial postclásica se reguló la donatio ante nuptias, donación antenupcial (sponsalitia largitas), refiriéndose a los bienes que el marido aportaba a la mujer antes de contraer el matrimonio. En el año 336, Constantino modificó la Constitución del 319 que se conoció como "ley del ósculo", que trataba sobre las donaciones esponsalicias y que venía a establecer nuevos criterios para el matrimonio que no llegara a celebrarse por muerte de alguno de los cónyuges. A partir de este momento se promulgaron diversas normas. De hecho, en el año 392 Teodosio I planteó el caso del usufructo vidual a la mujer, quedando ésta privada del mismo en favor de los hijos del primer matrimonio, salvo en caso de usufructo en la donación antenupcial. Una Constitución de Honorio, de 421, así como una Novela de Valentiniano III del 452, estipulaban sanciones de carácter económico en la dote, al igual que la donación antenupcial en el supuesto de repudio injustificado. Otra Novela del año 463, dictada por Livio Severo, suprimió la igualdad entre dote y donación antenupcial, que se venía utilizando en los últimos tiempos desde Valentiniano III y Mayoriano.

La regulación de la dos ex marito visigoda coexistió con la dote, según la conceptuación romana. Es decir, el Derecho visigodo no sólo contemplaba la aportación marital, sino también la femenina. Con el transcurrir del tiempo, el término dos sirvió para referirse a la aportación del marido, más que a la de la mujer. El Código de Eurico no recogía ninguna referencia a la dote marital. La legislación de Chindavisto fue la que en último término pasaría al Liber Iudiciorum. Recesvinto continuará la labor de su antecesor, de ahí que regulase los bienes que configuraban la dos (Liber 3.1.9). Ervigio hizo algunas modificaciones en la legislación emanada por Chindavisto en el Liber 3.1.5, entre otras reformas. De todas formas, no parece que la dote pudiera determinar la validez matrimonial. En el año 645 la ley Cum dotibus de Chindavisto estableció por primera vez un límite legal a la cuantía de la dote en un máximo de mil solidi para los primates palatii y los seniores gentis Gotorum, admitiendo un complemento de diez pueros, diez puellas y veinte caballos. Ervigio reformó esta ley, en la medida en que extendió a la nobleza el límite del décimo del patrimonio del esposo establecida en ella, que hasta ese momento sólo se contemplaba para el resto de la población, si bien para los primates de palacio y los señores de las gentes de los godos se preveía la entrega de diez siervos, diez siervas y veinte caballos, u objetos de adorno por valor máximo de mil sueldos (p. 33).

El Liber 3.1.9 de Recesvinto, amplió la regulación existente en 3.1.5, al admitir que la dote además de constituirse sobre los bienes heredados, podía llevarse a cabo sobre las donaciones reales o los bienes adquiridos por cualquier otro título. En caso de que finalmente no se celebrase el matrimonio, la dote perdería toda eficacia. En todos estos casos, los bienes integrantes de la dote pasarían a propiedad de la mujer, si bien esto no se contemplaba expresamente en la legislación visigótica. En el supuesto de muerte de la mujer intestada, esta dote revertiría al marido o a sus herederos.

La legislación visigoda siguió aplicándose en los territorios cristianos, siendo buena muestra la figura de la dote (dos, también llamada arras) que se seguía identificando en algunas zonas como la galaico-portuguesa con la décima parte del patrimonio del esposo y una dádiva, pero se mostró deficiente. De ahí, la necesidad del Derecho postgótico castellano-leonés para esta institución y otra como fue el caso de las arras, que en esta época bien pudieran representar la mitad de los bienes concedidos (pp. 41-63). No en todos los territorios la dote tenía la misma configuración. Había que diferenciar la de la región galaico-portuguesa, astur-leonesa o leonesa-castellana. Estas instituciones se analizan de forma detallada en los distintos fueros, como el de Madrid, Zamora, Alfambra, Molina, Cuenca, Béjar, el Fuero Viejo de Castilla, el Ordenamiento de Alcalá, el Fuero Real, etc., cada uno con su peculiar regulación. De todos ellos, este último fue el que tuvo más base visigótica. En algunos territorios se mantuvo la vigencia del Liber en cuanto a la aportación marital. En este período las arras se configuraron como una aportación patrimonial del marido a la mujer al igual que en el Derecho visigodo, pero con diferentes cuantías, ya fuese manteniendo la cantidad tradicional de la décima parte o atendiendo a la persona singular del destinatario. Cada vez más se identificaron las arras con la cuota vidual, destinándose a la mujer una vez disuelto el matrimonio. Por otro lado, la donación se identificó con los bienes que se entregaban a la mujer.

Con la Recepción (pp. 65-92) las Partidas vinieron a asumir la dote romana, así como la donatio propter nuptias. Esta última se identificó con las arras visigodas en las Partidas, si bien se trataba de aportaciones independientes (p. 66). Este texto jurídico fue un tanto contradictorio: por un lado parece que no se estableció una cuantía máxima para ambas instituciones y por otra sugería lo contrario (p. 67), si bien existían diferencias de unas ediciones a otras. En caso de disolverse el matrimonio, las arras se restituían al marido (Partidas, 4.11.7 y 23, aun cuando se contradice con 3.18.87). Por otro lado, estableció una identificación entre arras y dote. Estas instituciones también estaban ampliamente reguladas en las Leyes de Toro, cuya vigencia se prolongó hasta la Codificación, siendo recogidas en parte en la Nueva y Novísima Recopilación.

El último capítulo está dedicado a la aportación marital en la etapa codificadora (pp. 93-101). Fue el proyecto del Código civil de 1836 el que primero reguló las arras y las donaciones esponsalicias, de forma muy similar a como se llevó a cabo en el Fuero Real y en las Leyes de Toro, si bien en materia de donaciones esponsalicias fue bastante distinta a la precedente.

Esta obra se caracteriza por un lenguaje sencillo y ameno que acerca al estudio de la donación ante/propter nuptias romana, así como a la dos ex marito visigoda. Al mismo tiempo analiza las semejanzas entre las arras y la donación de la etapa postgótica, e igualmente en la Recepción, finalizando en la Codificación. Todo este iter es buena muestra de la complejidad de estas instituciones y del conocimiento de este catedrático de Historia del Derecho y de las Instituciones, que logra ágilmente el encadenamiento y la diferenciación de conceptos e instituciones, aparentemente semejantes con su propia naturaleza. Por ello felicitamos desde estas páginas a su autor por la labor realizada.

Guillermo Hierrezuelo Conde

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