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Revista de estudios histórico-jurídicos

versión impresa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.22 Valparaíso  2000

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552000002200053 

Lorca Martín de Villodres, Mª. Isabel, El jurista Juan Arce de Otálora (s. XVI): pensamiento y obra, Fundación Francisco Elías de Tejada y Erasmo Pércopo, Madrid, 1997, 182 págs.

El personaje objeto de estudio de esta obra, el insigne jurista e hidalgo vallisoletano Juan Arce de Otálora (?-1562), está perfectamente enmarcado en su época y en el ambiente social y político que le rodeó por Isabel Lorca. La autora nos acerca a esta figura, emblemática en su momento, pues fue un gran tratadista en materia de derecho nobiliario, constituyéndose en los siglos XVI y XVII en un referente obligado, aunque bastante olvidado con posterioridad y cuya obra fundamental, escrita en latín con intercalaciones romances, se titula De nobilitatis et inmunitatis Hispaniae causis (quas hidalguia appellant) deque Regalium Tributorum (quos pechos dicunt) iure, ordine, iudicio, et excusatione summa seu tractatus, que data de mediados del siglo XVI y que en tan sólo sesenta años contó con cinco ediciones, lo que muestra la estima y valoración que esta obra mereció a sus contemporáneos. Se editó por primera vez en 1553 en Granada, en Salamanca en 1559 y en 1570. Otras dos: la de Venecia de 1584 y la fechada en Madrid en 1613. Estudia con detenimiento la hidalguía como nobleza de sangre o estirpe dotada en su esencia de toda virtud, por lo que se hace acreedora de una gran alabanza a lo largo de este extenso tratado por parte de su autor Juan Arce de Otálora. Las tres últimas fueron editadas tras su muerte, y de ellas las dos ediciones postreras las da a conocer Agostino Fontana, fuente a la que ha accedido Mª. Isabel Lorca, en su Amphitheatrum legale seu Bibliotheca legalis amplissima (pero sin mencionar en su obra la primera edición de Granada de 1553 o la segunda de Salamanca de 1559). Como indica Lorca, es fruto del amor de Arce de Otálora por sus nobles orígenes, orgulloso, a la vez, de transmitir la hidalguía a sus descendientes y explicando pormenorizadamente sus orígenes paternos y maternos, rogando -al mismo tiempo- a Dios que sus descendientes conservasen ese título con honor y sin mácula (pp. 30 y ss.). No en vano, Arce de Otálora perteneció a una rama noble de los Arce de Valladolid, y a la casa de Otálora en Azpeitia (Guipúzcoa), obteniendo su abuelo materno ejecutoria de hidalguía en 1492. Así, él mismo solía calificarse como cristiano viejo con sangre de hidalgos vascos y castellanos.

Cuenta la autora con detenimiento la vida de este noble personaje (pp. 21-42), su obra -ya citada-, además de su tratado Diálogos familiares. Pero también el contexto histórico, el pensamiento y otras cuestiones a las que Arce Otálora dedica su atención, como las órdenes militares. El personaje que nos presenta Mª. Isabel Lorca se ubica a mediados del s. XVI, en Valladolid, fue Fiscal y Oidor de la Real Chancillería de Granada y Oidor de la de Valladolid. De ideas cristianas y conservador, estudió con ahínco los clásicos, así como con admiración las figuras de Diego Covarrubias y de Ginés de Sepúlveda por lo que debido a la gran erudición que plasma en sus escritos, a su espíritu inquieto, a su gusto por el latín, podríamos calificarlo como un hombre de su tiempo, un autor del Renacimiento, un humanista, que contempló la transición social hacia el Estado moderno, una vez dejados atrás los siglos bajomedievales. Nos relata Lorca Martín de Villodres la vida de este Licenciado conocedor del Derecho, desde sus antepasados y nobles orígenes, sus nupcias y su descendencia. La persona del mismo ha sido referida por jurisconsultos y pensadores de talla intelectual tales como Diego de Covarrubias, Ambrosio de Morales, Juan B. Díaz de Lugo, Diego de Hermosilla, Juan García Gallego o Bernabé Antonio de Egaña. En la segunda mitad del siglo XX es mencionado por autores como Ramón Carande, que en algún momento se ha referido a Arce de Otálora, así como Marie-Claude Gerbert, Albert Sicroff o Pierre Chaunu, entre otros (pp. 35 y ss.). La labor de la Dra. Mª. Isabel Lorca ha contemplado inclusive la edición, amén de las cuatro copias manuscritas de los siglos XVI y XVIII, de la obra de Juan Arce de Otálora que con el título Coloquios de Palatino y Pinciano fue editada en 1996.

En el capítulo 2 (pp. 43-57) se centra en el libro más importante del autor protagonista de este estudio. Menciones a la obra y al autor las encontramos en la Bibliografía de Literatura Hispánica de José Simón Díaz, de 1973, que recoge la existencia de ejemplares de Juan Arce en archivos o bibliotecas como la Academia de la Historia y la Biblioteca Nacional de Madrid o la de Catalunya, en su edición de 1570 en esta última Biblioteca. Las ediciones de 1553, 1570 y 1613 se pueden ver en la British Library. En la edición de 1559 el título será sustituido por el de Summa nobilitatis hispanicae et immunitatis regiorum Tributorum: causas, ius, ordinem, iudicium & excusationem breviter complectens, la cual consta de cinco partes, divididas en capítulos, numerados en parágrafos y precedidos por un sumario donde se contienen los esenciales aspectos que se van a tratar en cada capítulo. El tronco principal de esta obra es el fenómeno de la hidalguía y aquellas exenciones tributarias de la nobleza, los hidalgos y el clero, así como los medios de prueba de la sangre o estirpe y sus privilegios e inmunidades. Para Otálora la hidalguía descansaba en la virtud. Consecuentemente, sólo los nobles podían gozar de la misma porque era la propia estirpe familiar vehículo transmisor de valores morales indelebles. Al mismo tiempo estudió aquellas clases sociales, que en contraste con los hidalgos, estaban obligadas al pago de los tributos: los pecheros, así como aspectos de derecho nobiliario relativos a la regulación de la sucesión de los derechos nobiliarios de padres a hijos legítimos e ilegítimos, salvo los adoptivos, y los derechos de la mujer noble casada con plebeyo o la plebeya casada con noble, que conservaba el nuevo status de noble, salvo que contrajera nuevo matrimonio. Al mismo tiempo Arce de Otálora estudia de manera comparada la nobleza en los distintos países de Europa, como Alemania, Francia, Italia, España -y en concreto la de Andalucía, Cantabria y País Vasco-, Grecia e Inglaterra, al igual que la de otros territorios de Asia o del mismísimo Egipto.

Del tratado Diálogos familiares sobre las letras y ciencias y de lo que pasan los que las siguen y pretenden especialmente los juristas (obra manuscrita de forma dialogada en romance con abundantes citas latinas intercaladas en el texto y datada del año 1560 aproximadamente) trata su capítulo 3 (pp. 59-89), cuyo ejemplar se encuentra en la Biblioteca Nacional de Madrid. En esta obra, a lo largo de sus siete jornadas, divididas en estancias, trataba temas muy diversos sobre las letras y ciencias tales como la Teología y la Medicina, las órdenes militares, la lealtad, la honra, la virtud y la educación, la salud, los modales, la música, la danza, la poesía o la lectura y la vida marital. Con esta obra pretendía formar al hombre en distintas materias, buscando pues un fin educativo a la vez que procura entretener al lector haciéndole discurrir por muy diversos temas, con lo cual se nos revela Arce de Otálora como un gran pedagogo y conocedor profundo de la condición humana.

El momento histórico en el que desarrolló su obra es el tema del cuarto capítulo (pp. 91-108). El talante humanista de Arce de Otálora hace que participe del espíritu y del sentir de su esposa, siendo la razón y la preocupación por el hombre mismo las bases sobre la que se sustentaba la sociedad de entonces. Características propias de este momento histórico renacentista en el que se da paso a la sociedad moderna, y en el que se sitúa nuestro autor quien posee no obstante rasgos que lo mantienen ligado a un pasado medieval en donde se enaltece a la hidalguía como compendio de virtud.

Su pensamiento (pp. 109-133) aparece configurado en base a fuentes eclesiásticas, canónicas, la compilación justinianea, castellanas, las Sagradas Escrituras, las Pragmáticas, las sentencias de las Reales Chancillerías de Granada y de Valladolid, ya que Arce de Otálora gustaba de intercalar en sus escritos referencias a casos prácticos de derecho nobiliario por él conocidos gracias a su labor de Magistrado, así como por los pensadores clásicos. Entre los juristas encontramos Diego de Covarrubias, Ginés de Sepúlveda, Gregorio López o André Tiraqueau. Aparecen asimismo citados otros autores de los que Otálora era conocedor como Bartolomé Cepolla, Erasmo, Pedro Antonio de Beuter, Flavio Renato Vegecio, o el filósofo francés Guillaume Budé, Paolo di Castro, Ambrosio de Morales o Núñez de Avendaño. En su obra De nobilitatis identificaba la hidalguía con la nobleza de estirpe y la nobleza del alma. Para atribuirle a una persona la hidalguía era asimismo requisito sine qua non que el pretendiente cumpliese determinados deberes, como poseer caballo y armas, acudiendo en todo momento a los llamamientos de guerra realizados por el monarca. Juan Arce distinguió entre la nobleza notoria que no tenía que ser probada por pertenecer a una estirpe acrisolada y reconocida comúnmente de varias generaciones de hidalgos, y la nobleza de ejecutoria, que ésta sí debía acreditarse mediante un determinado onus probandi, y siguiendo un tipo de proceso específico, para obtener finalmente, en su caso, un documento oficial público denominado "ejecutoria" que certificaba la autenticidad de la estirpe hidalga en cuestión. Estos nobles no podían ser sometidos a tormento alguno, gozando asimismo de privilegios civiles, penales, fiscales y políticos, en cuanto formaban parte del Gobierno real.

Un análisis más profundo del origen etimológico de la hidalguía tiene lugar en las pp. 135-155. Definió Arce la hidalguía siguiendo las Siete Partidas como "nobleza que viene a los hombres por linaje..." (II, 21, 3), que a su vez otorgaría inmunidades y privilegios por poseer innumerables virtudes. Además, aclaraba quién podía ser considerado hidalgo "aquel se dize propriamente hijos dalgo, que de padre, y abuelo, y visabuelo viene y desciende de limpia, y noble sangre: y de buenos, y ricos padres" (De nobilitatis secundae partis, cap. III, parágr. 1, p. 28), el cual era también hijo de bien en la medida en que la riqueza en unión con el linaje era el elemento que determinaba la hidalguía, junto con la virtud (lealtad, bondad, valentía, justicia, búsqueda del bien común). Sin embargo, con el tiempo, pocos eran los hidalgos que mantenían la hacienda, renegando del trabajo manual. Hidalgo era, en definitiva, por tanto, "la persona que por su sangre es de una clase noble y distinguida" (p. 149). Y es precisamente la estima de la hidalguía como compendio de virtud lo que suscita en Arce de Otálora una alabanza continua de esta categoría social a lo largo de su obra. Aunque no olvida que en realidad la auténtica nobleza está situada en el corazón de cada ser humano. Es pues, muy significativa esta frase extraída del capítulo último de su obra De nobilitatis, que puede decirse que viene a sellar su pensamiento: "... quod tot laudes habet nobilitas, quot in aethere sydera fulgent. Erit igitur fortunatus, cui vera nobilitas contigerit..." (quintae partis principalis, parágr. 20, p. 355, edic. Salamanca 1570).

En último lugar, se dedica un capítulo a las órdenes militares (pp. 157-182), que eran defensoras del rey y del reino y, consecuentemente, del buen linaje y de la pureza de sangre. De esta idea deducimos que las órdenes militares estaban reservadas a los nobles de sangre, a la hidalguía (p. 162).

Puede afirmarse, sin lugar a equívocos, que Lorca en este libro ha intentado consultar toda la documentación existente sobre Arce de Otálora, sus antepasados, su vida, su obra, etc., que posibilita el acercamiento a esta figura todavía poco conocida y estudiada. En el haber de publicaciones de la autora cuenta un extenso trabajo del prestigioso "Boletín de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País" LIII (1997), nº 2, titulado "El jurista Juan Arce Otálora: un apologeta de la nobleza de sangre (la hidalguía)" (pp. 611-654), en donde se destaca la ascendencia quipuzcoana del autor y sus consideraciones sobre la hidalguía de la zona norte de España. El planteamiento de estudio de Otálora es exhaustivo, al centrarse en todos los aspectos de la vida y obras de este jurista. Queremos dejar constancia, a la vez, que esta obra recensionada recoge la parte introductoria de la amplia tesis de Mª. Isabel Lorca, que le otorgó el título de Doctora en Derecho en el año 1996, y que a la ez le fue concedido el Premio Extraordinario del Doctorado en 1997. Por ello, felicitamos, desde estas páginas, la labor realizada por Mª. Isabel Lorca, al acercanos la figura de Arce de Otálora.

Guillermo Hierrezuelo Conde

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