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Revista de estudios histórico-jurídicos

versão impressa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.22 Valparaíso  2000

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552000002200055 

Martínez Almira, Magdalena, La dimensión jurídica del tiempo en el Muhtasar de Halil (Istituto per l'Oriente C. A. Nallino, Roma, 1999), 175 págs.

La obra más importante de Halil ibn Ishaq fue el Muhtasar, impresa en 1855 y traducida posteriormente en numerosas ocasiones. Un manuscrito que copiaba de forma íntegra el texto de Halil fue encontrado por M. Perron en la Biblioteca Real de Argelia, y se trata de una copia fechada en Granada en el 1473 (p. 22). El comentario a la misma fue recogido en el Libro sobre los ritos de la Peregrinación. El Muhtasar constaba de 61 capítulos, que describían el período comprendido entre los siglos XIV y XVI. El primero de los contratos que estudiaba fue el matrimonial, de naturaleza contractual y patrimonial. Todas las demás instituciones estaban imbuidas de un carácter confesional, prohibiendo el enriquecimiento injusto y la usura. Esta obra tuvo un valor de "código" y texto básico del Derecho malekí y ha sido aplicado hasta hoy día por algunos Tribunales de Justicia musulmanes (p. 22).

El primero de los capítulos lo dedica Martínez Almira al concepto de tiempo islámico en el Muhtasar, así como a la medición del tiempo astral o lunar y al tiempo eterno, tras la Revelación del Omnipresente Alá como Revelador del mismo. En íntima relación con esta cuestión trataba sobre el uso del calendario islámico y el cómputo de los días, de las semanas, de los meses y de los años; que habían de tenerse muy presentes para determinar los plazos de los contratos. Al mismo tiempo determinaba las fases vitales del hombre: la minoría, la mayoría y la senilidad (pp. 45 y ss.), tanto desde un punto de vista biológico como religioso. Baste reseñar que en este último aspecto requería de una declaración de intenciones.

El segundo capítulo tiene como objeto el estudio del tiempo y su dimensión jurídica en el Muhtasar. Martínez Almira destaca el hecho de que en esa obra pocos términos se referían al tiempo: zamana (término, tiempo limitado, plazo, hora o duración), waqt (tiempo árabe) o mudda (tiempo indeterminado). El Muhtasar en ningún momento se empleaba la palabra tiempo, lo que no significa que los contratos del Derecho malekí estuviesen ajenos a un tiempo previa mente determinado. Efectivamente, en la prisión por insolvencia, se contemplaba la salida de prisión después del "tiempo fijado", aunque no existiese ninguna mención expresa en tiempo (ni en meses, ni en años), indicándose sólo que el insolvente saldría de prisión si se prolongaba su encarcelamiento, atendiendo a la cuantía de la deuda y al mismo estado del insolvente (pp. 73-74). Estas imprecisiones temporales dejaban al prudente arbitrio del juez el concretar estos plazos indeterminados. Esta afirmación ponía en evidencia que en cada institución había de atenderse a sus propias peculiaridades. No faltan en este análisis de Magdalena Martínez referencias a las relaciones entre las fuentes del Derecho y al tiempo, ni a la forma de determinar los plazos legales y consuetudinarios, al cómputo temporal, a la prescripción adquisitiva (usucapión), así como a la extintiva (pp. 78 y ss.). Los preceptos coránicos debían (y deben) ser considerados como normas eternas procedentes de Alá, su Revelador. De ahí, que la ley islámica ha de ser tenida como perfecta e inmutable, si bien en caso de cualquier conflicto de leyes, era el juez el que a través de la interpretación tenía que resolver qué ley había de aplicarse. La usucapión, por el contrario, tal y como se entendía en la cultura occidental, no aparecía contemplada en el Derecho islámico, sino que su regulación estaba equiparada más bien a la prescripción extintiva. No cabía siquiera la distinción entre derechos reales y derechos de crédito. El Derecho malekí establecía las vías para que nacieran los derechos y obligaciones para una persona: la existencia física del individuo, que se consideraba incluso desde el momento anterior al parto y en particular a cuando fuera posible la prueba visual del concebido, si bien ese derecho se retrotraía al momento de la concepción; el reconocimiento de esos derechos del Derecho musulmán desde el mismo momento de su concepción; y el derecho que nacía en las relaciones intersubjetivas (pp. 90 y ss.). En el caso del arrepentido y del converso, éstos debían acercarse al Corán para ser admitido en el Derecho musulmán, siempre dentro de los plazos permitidos para ello y con carácter genérico de tres días, si bien existían algunas excepciones. Otra de las instituciones estudiadas era la capacidad de obrar que en unos casos exigía la mayoría de edad a los 18 años y en otros el simple discernimiento o incluso el consenso. La capacidad para obligarse en materia religiosa en el Derecho musulmán tenía normas particulares en la oración, la limosna, el ayuno y el voto (pp. 106 y ss.). Existían una serie de obligaciones y contratos en los que en el Derecho malekí el tiempo daba lugar a la transmisión de dominio, como en la compraventa, en la permuta, en la venta a término y en la transacción. En los dos primeros casos el mero consentimiento, junto con la tradición y la posterior conformidad perfeccionaban el contrato. La venta a término requería del plazo de tres días como término máximo para usar y disfrutar de ese bien. En otros contratos, por el contrario, mediaba un disfrute temporal de la cosa: son los casos del arrendamiento, la sociedad, la donación, el comodato y waqf (pp. 138 y ss.). Una institución que tenía peculiaridades en el Derecho musulmán era la sucesión. El testamento, en realidad, estaba incluido en el ámbito de los contratos, en cuanto que la sucesión legítima poseía carácter patrimonial.

El tiempo arbitral aparece recogido en el tercero de los capítulos de la obra que presenta la Sra. Martínez, que son aquellas instituciones que se dejaban al arbitrio del juez. Al juez se le exigía un perfecto conocimiento jurídico y de las fuentes del Derecho, como el Corán y la Sunna (p. 152). El juez tenía amplia libertad al determinar los requisitos temporales, si bien estaba sometido a los plazos legalmente estipulados en las fuentes mencionadas. Se admitía que el juez pudiera gozar de un plazo legal de tres días en el ámbito civil antes de dictar sentencia, conforme a los dictados de Alá. Los días festivos, al igual que los viernes y sábados, y los de peregrinación a la Meca, e incluso aquellos en los que el tiempo fuese inclemente, así como las noches, no estaban considerados aptos para celebrar actividades procesales.

Magdalena Martínez viene a presentarnos un estudio detallado sobre la consideración que el tiempo tenía en la obra del Muhtasar, y en todos aquellos contratos que allí se describían empezando por el matrimonial. Un especial análisis hace del calendario musulmán y de los plazos legales, así como de las fuentes del derecho, los requisitos para adquirir la capacidad jurídica y de obrar y otras instituciones del Derecho malekí. La ausencia de estudios del Derecho musulmán en este aspecto temporal hace que podamos considerar a esta obra como novedosa, y permite acercarnos a la cultura oriental en materias desconocidas y con una regulación tan peculiar.

Guillermo Hierrezuelo Conde

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