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Revista de estudios histórico-jurídicos

versão impressa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.22 Valparaíso  2000

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552000002200060 

Peláez, Manuel J. y Gómez Rojo, María E., Epistolario selectivo de Fernando de los Ríos Urruti III. En apéndice, Tesis doctoral, Barcelona, 1997, 189 págs.

Como los autores de esta obra mencionan en el prólogo, las cartas manuscritas o recibidas por Fernando de los Ríos Urruti (1879-1949) se han recogido, si bien no de forma exhaustiva, en dos tomos anteriores, analizando el presente volumen aquellas cuestiones hasta el momento obviadas por motivos editoriales. Este último volumen, como señalan Peláez Albendea y Gómez Rojo, analiza la visión política de Fernando de los Ríos Urruti, así como los interlocutores de esta noble figura de finales del siglo XIX y primera mitad del siglo XX, que fue catedrático de las Facultades de Derecho de Granada y de Madrid, diputado y Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, Estado y Justicia y Gracia, aparte de autor de numerosas obras que hoy tienen un notable interés histórico-jurídico. En el prólogo los coautores enumeran los interlocutores de Fernando de los Ríos Urruti: Julián Besteiro, Indalecio Prieto, Rodolfo Llopis, Amador Fernández, Amós Ruiz Lecina, Trifón Gómez, Pedro Longueira, Aurelio Almagro, Emiliano Díaz Castro y los dos secretarios generales del P.S.O.E., Enrique de Francisco (en el momento en que pertenecía a la Comisión parlamentaria redactora de la Constitución republicana de 1931, junto a Luis Jiménez de Asúa, Ricardo Samper Ibáñez, Clara Campoamor, Justo Villanueva, Emiliano Iglesias, Mariano Ruiz Funes, Bernardino Valle, Luis Araquistain, Trifón Gómez, Jerónimo Bujeda, Leopoldo Alas, Fernando Valera, Juan Botella Asensi, Antonio Rodríguez Pérez, Gabriel Alomar, Antoni Xirau i Palau, Alfonso García Valdecasas, Juan Castrillo, José María Gil Robles, Jesús María de Leizaola y Sánchez y José Horn) y Ramón Lamoneda, etc. Entre los personajes que desfilan por el epistolario aparecen el nieto de Carlos Marx, Jean Fréderic Laurent Longuet, Juan Negrín, Ginés Ganga Tremiño, Largo Caballero, Pablo Azcárate, José Giral, Fernández Clérigo, José Manuel González Bravo, Enriqueta Palma, Simeón Gil López, Marcial García, Antonio Gutiérrez, Pedro de Benito y Varela, Enrique de Santiago, Félix Carrasco López, Carmen Limón, Alejandro Merino, Juan Manuel Varela, Gregorio Ranz Lafuente, José Requena, Manuel María Castellar, Diego Menchón Mañas, Bernardo Álvarez, Segundo Navas, Segismundo Casado, José Gómez Osorio, F. Méndez Aspe, Wenscenlao Carrillo, Manuel Cordero y Juan Simeón Vidarte Franco-Romero.

También se estudia la etapa del exilio, las relaciones de la República del exilio con la O.N.U. y los inicios de la guerra fría, así como la figura de Don Juan de Borbón y el acercamiento de Franco al Vaticano y a los Estados Unidos de América. La documentación inédita que recogen estos documentos es de incalculable valor y complementa los dos primeros volúmenes. El prólogo elaborado por Peláez Albendea y Gómez Rojo es sin duda un fiel reflejo de la labor "codificadora" y estudio que ha sido necesario realizar para el conocimiento de esta figura y reflejan un perfecto conocimiento de ella y de su época, así como del intrincado mundo que la rodea.

En el segundo volumen, como señalan los coautores de esta obra, se analizaron los documentos referentes a la tesis doctoral manuscrita de Fernando de los Ríos, defendida el 29 de enero de 1907 en la Facultad de Derecho de la Universidad Central y dedicada a la filosofía política en Platón. Peláez Albendea y Gómez Rojo consideran "lamentable pero real que la versión impresa reproduzca y aumente el número de errores y de erratas que aparecían en el original mecanografiado, en cuartillas", con notables deficiencias. En esta tesis han mantenido el original en su más prístino contenido, "sólo corrigiendo los errores mecánicos y las erratas de imprenta, y unificando ligeramente el desconcertante sistema de citación que De los Ríos emplea en sus notas [...]". Estas palabras reflejan el ingente estudio y tiempo que ha sido necesario llevar a cabo para comprender y "traducir" los manuscritos que se han recogido con total exactitud en esta obra.

Este último volumen se caracteriza por complementar los dos primeros, siguiendo la tendencia de aquéllos de ofrecer una visión de conjunto de este personaje y de su participación en la política a partir de los años treinta. La cuidadosa selección de los textos de Fernando de los Ríos Urruti ha sido una extraordinaria e ingente labor, que se ha acompañado del notable esfuerzo de corregir la versión manuscrita para conocer el verdadero talante de este personaje de finales del siglo XIX. Con el análisis de su tesis doctoral, que se recoge en las pp. 97-163, se comprende perfectamente la figura y el pensamiento de este personaje, así como sus preferencias por la filosofía griega clásica, si bien en un marco estrictamente jurídico.

En este tercer tomo se estudian personajes de extraordinaria relevancia a partir de la fecha de 14 de abril de 1931, así como las cartas dirigidas desde dos de los ministerios que ocupó, Fernando de los Ríos Urruti, a Julián Besteiro, Presidente de las Cortes, solicitando "favores" para algunos amigos y las contestaciones denegándole esos favores cortésmente, de este último a aquél. Julián Besteiro también pedirá algunos "favores más humanos" y menos personales a Fernando de los Ríos. Se han recogido documentos útiles como una carta del Secretario General del P.S.O.E., Enrique de Francisco a nuestro protagonista, fechada en Madrid el 7 de agosto de 1933. Más trascendencia histórica tendría si cabe la correspondencia del Presidente del P.S.O.E., Francisco Largo Caballero con Fernando de los Ríos Urruti. En otra carta procedente del P.S.O.E., se le comunicaba la posible reforma de la organización general de esa formación política y el programa de la misma, estando fechada el 31 de agosto de 1933 y firmada por el Secretario Enrique de Francisco. Interesante también es la carta de 1 de enero de 1934, del Secretario General del P.S.O.E., en la que se le comunicaba "la relación de Agrupaciones y Sociedades Socialistas, número de afiliados con que cuentan y cantidad de pesetas que por diversos conceptos adeudan al Partido".

Otro personaje de relevante interés es el Vicesecretario General del P.S.O.E., Juan Simeón Vidarte Franco-Romero, que dirigió misivas a nuestro protagonista (datadas el 19 y 23 de noviembre de 1934, así como el 9 de diciembre de 1935, de carácter meramente burocrático y organizativo esta última). Además de los ya mencionados, se han carteado con Fernando de los Ríos, Ramón Lamoneda (6 de julio, 27 de agosto, así como el 20 de septiembre de 1936 en la que se le recordaba que debía trasladarse a Bruselas por pertenecer al Comité ejecutivo de la Internacional Obrera Socialista en Bruselas), e incluso se le declaraba cesante en su cargo en el Partido el 3 de septiembre de 1938. Carácter más familiar tendría la carta de Fernando de los Ríos a su primo Raimundo (fechada en New York City el 27 de abril de 1939). Estas misivas reflejan una personalidad con carácter e influencia políticas en su tiempo, así como un temperamento humano y solidario.

De mayor extensión e interés por los datos que aporta sería la carta de Trifón Gómez San José, fechada en París el 24 de mayo de 1942, que comentaba los problemas de la liquidación de la Campsa Gentibus y la correspondiente a la Dirección General de Abastecimientos, así como su "honradez y honestidad, prestigiando así al Estado republicano", comentando el levantamiento que se produjo en Madrid en 1939 contra el Gobierno de Negrín, que acusaba de ineficaz.

Entre las epístolas de carácter más internacional destaca la carta de Rodolfo Llopis, representante del Partido y Jefe del Gobierno republicano en el exilio que aludía a las posibles amistades de Fernando de los Ríos en el Sub-comité del Consejo de Seguridad de la O.N.U., para influir en los problemas que afectaban a España: la emigración en Francia y en África, el chantaje de Rusia y la actitud de Inglaterra. La contestación de De los Ríos no se haría esperar y el 2 de noviembre de 1946 reflexionaba sobre la guerra fría entre Estados Unidos y Rusia, así como la problemática histórica del control del estrecho de Gibraltar y el Gobierno del exilio. Nuestro protagonista tuvo que recordar que conservaba la nacionalidad española ante el Presidente y el Secretario de la Minoría Parlamentaria Socialista a través de otra epístola de 5 de abril de 1947. El reconocimiento de España ante los organismos internacionales también se analiza en la carta de Indalecio Prieto, fechada en México el 16 de diciembre de 1947. En otras misivas confidenciales como la de 10 de diciembre de 1947 se contempla la situación económica en España y la no incorporación al Plan Marshall. Indalecio Prieto nos recuerda el deseo general de la banca de que Franco abandonase el poder cuanto antes, encontrándose la peseta en una situación crítica y casi agonizante. Para resolver esta crítica situación se propuso un Gobierno provisional, en un ambiente de libertad y la amnistía de delitos políticos (carta procedente de México, fechada el 12 de enero de 1948). El análisis y los temores de los exiliados representan, a mi juicio, una etapa histórica fundamental y que refleja perfectamente la época en la que Fernando de los Ríos Urruti se desenvuelve.

La tesis doctoral de Fernando de los Ríos titulada La filosofía política en Platón (defendida el 29 de enero de 1907 y cuyo original se conserva junto a una versión impresa de la misma en el Archivo Histórico Universidad Complutense, en el expediente de Derecho de Don Fernando), se caracteriza por ser sucinta, de carácter científico y analizar el idealismo de Platón. Comenta las influencias posteriores de Platón en el materialismo histórico e incluso en la psicología experimental, así como el pensamiento de Hegel. A su vez influido por la mutabilidad de lo material, elaborada por Heráclito, Platón elaboró su famosa "teoría de las ideas", centrándose en el hombre como sujeto moral.

Para Platón el hombre sería el objeto primero de investigación, si bien con el tiempo ampliará su horizonte, sabiendo que el hombre adquiere conciencia de su significación en la medida en que sólo avivando el alma con el conocimiento se consiguen descubrir las ideas. Fernando de los Ríos considera que nadie es malo a sabiendas y que únicamente se alcanzará el conocimiento absoluto con la muerte y de forma parcial con la dialéctica, necesitando el conocimiento de la enseñanza. La filosofía platónica se fundamenta en el monismo: el mundo es uno, uno el orden y una el alma que lo anima; de ella proceden todas las almas particulares anteriores a sus cuerpos y todas tienen un igual poder, si bien el conocimiento sensible es equívoco en la medida en que es un movimiento común al alma y al cuerpo. A juicio del filósofo clásico el conocimiento es uno y puede ser conocido con certeza por la semejanza entre nuestra alma y de la que es derivada y ello nos permite las "verdades de razón". La "teoría de las ideas" es el fundamento de la filosofía platónica: Dios y el mundo, la sociedad y el hombre. De los Ríos Urruti entiende que el origen de las ideas no está enteramente aclarado en Platón, si bien parece evidente que su razón causal es "su vida anterior de comunidad con el alma una", concluyendo que por ello "el conocimiento es posible y por esto tiene un valor objetivo". Las ideas son para Platón una forma en el ser humano que se hallan en el objeto, en lo propiamente empírico.

En el capítulo II se analiza la vida social y la misma sociedad como organización. Según De los Ríos la "teoría de las ideas" es utilizada por Platón para formar el Estado, que en relación con la idea adquiere una significación mística y trascendente que tiene cierta relevancia en la sociedad política general; y esa sociedad alcanzará la felicidad cuando todos sus componentes la consigan. Fernando de los Ríos entiende que la visión de Platón de la sociedad se configura como un organismo; si bien mantiene una concepción clasista, pero dentro de la general tendencia de la bondad. En la filosofía platónica el cuerpo social es un reflejo del individual que hace progresar al Estado.

En el capítulo III de la tesis sobre el filósofo griego, presenta De los Ríos su concepción cosmológica a través del Timeo. Platón parte de tres principios: lo inteligible o idea, y lo sensible o copia, existiendo un elemento intermedio entre ambos. El Estado es el medio que el individuo tiene para realizar sus fines y de alcanzar la justicia. En La Política el verdadero rey es el pastor que gobierna a los hombres reunidos en sociedad, siendo la mejor forma la República, que haría viable gobernar no conforme a las leyes sino en fundamento de la ciencia. Platón concibe las leyes como procedentes de potencias divinas que nos permitirán alcanzar la justicia, existiendo unidad entre lo natural y lo positivo.

En el capítulo IV Fernando de los Ríos Urruti estudia el gobierno en la República. Entiende que Platón concibe la República como una unidad de familias, sin referirse a la relación con otros pueblos; si bien negaría el gobierno al pueblo por ser incapaz de elevarse al conocimiento de las ideas. El gobierno de la República es el gobierno de los sabios (léase ancianos), el de los filósofos o la sofocracia. El fin último es, por ello, la felicidad del Estado, ya que únicamente podrá alcanzarse la felicidad con la comunidad. Éste, a mi juicio, representa el pilar básico para comprender la "filosofía política" de Platón, al establecer como forma primera y más conveniente la República, pero con los principios platónicos que parten de la esclavitud y que configuran una sociedad estamental.

Las instituciones sociales (entre ellas caben citar la propiedad privada, la familia, el feminismo, así como las clases populares) son comentadas en el capítulo V. En lo relativo a la propiedad, Platón consideraba que había que alcanzar el ideal perfecto e incluso llegaría, a juicio de De los Ríos Urruti, a establecer un esquema en La República con fundamento en el comunismo para la propiedad, que sería heredada por nuestros hijos. Fernando de los Ríos Urruti analiza la relación del pensamiento platónico con el socialismo colectivista de Carlos Marx y Engels, así como el anarquismo comunista de Bakunin. Sin embargo, para Platón la propiedad colectiva tendría el fundamento del orden y éste necesariamente de la justicia, si bien también sería la base para establecer una jerarquización. Al analizar la familia en la mentalidad platónica la entiende como "una sola célula, comprende todo el Estado, y no se reproduce", pero a su vez es imprescindible para regenerar el mismo Estado. En cuanto al movimiento feminista Fernando de los Ríos Urruti se cuestiona que Platón pueda considerarse germen del feminismo sin matizar esta afirmación. Finalmente, trata el tema de las clases populares, considerando el discípulo de Sócrates que los trabajos manuales no eran ocupaciones honorables.

Fernando de los Ríos Urruti trata en su capítulo VI sobre la perturbación del orden social: el delito (entendido por Platón como injusticia), el delincuente (considerado como un enfermo) y la pena (de carácter correccional) y su posible educación. Para Platón el delincuente lo era involuntariamente, en la medida de su ignorancia o desconocimiento, razonamiento con el que no estaría de acuerdo F. de los Ríos. El último capítulo estudia la justicia y la educación como mecanismo para conservar el Estado. Entiende que para Platón justicia era armonía y belleza del todo y que para ello primero sería necesaria la educación, tal y como contemplaba Platón.

La tesis de Fernando de los Ríos Urruti tiene un valor literario e histórico interesante en función de la época en que fue escrita. Sus aportaciones no son, sin embargo, novedosas, apuntando no obstante alguna idea interesante como que Platón no debe ser considerado como el antecedente remoto del feminismo, máxime cuando considera que la mujer es un ser inferior que debe estar sometido al hombre y sin derecho a la educación. No realiza, por otro lado, una síntesis de sus aportaciones en unas conclusiones finales que permitan asimilar todo su contenido. Ciertamente es más una obra filosófica que jurídica, más un breve estudio que una tesis en el sentido actual del término. En realidad, se limita a hacer un análisis de la obra de Platón sin afán crítico.

En cuanto a la valoración de la obra que nos presentan Peláez Albendea y Gómez Rojo hay que afirmar que recoge los documentos con total fidelidad y que pueden contribuir con lucidez al conocimiento de un capítulo importante de lo que es la Historia de los partidos políticos y de las elecciones, asignatura que en las Facultades de Ciencias Políticas italianas aparece vinculada a la Historia de las instituciones políticas. La selección ha sido afortunada al centrarse en la etapa política de la vida de este personaje así como su pensamiento. En las pp. 165-185 se recoge la relación de cartas publicadas en los tres Epistolarios que ya cuentan con doscientas treinta y tres misivas de valor incalculable para los estudiosos de la IIª República española. Sin embargo, como sus autores indican en el prólogo la tarea llevada a cabo ha sido "selectiva", "ya que sólo una parte de su amplísima correspondencia va a ser recogida aquí en las tres entregas salidas de la imprenta hasta ahora". Para comprender a este personaje llamado Fernando de los Ríos Urruti, así como conocer la bibliografía existente sobre el mismo es imprescindible consultar el prólogo tan elocuentemente elaborado por sus coautores.

Guillermo Hierrezuelo Conde

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