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Revista de estudios histórico-jurídicos

versión impresa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.22 Valparaíso  2000

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552000002200077 

Zambrana Moral, Patricia, El epistolario jurídico y político-andaluz de Ángel Ossorio y Gallardo (1927-1935), Barcelona, 1997, 156 págs.

La documentación manejada por Patricia Zambrana en la elaboración de este epistolario se encuentra en los fondos del Archivo Histórico Nacional de Salamanca, referente a la Guerra Civil y más concretamente en su Sección Político-Social, de Madrid.

Ángel Ossorio y Gallardo (1873-1946), personaje en el que se centra la autora, profesora de Historia del Derecho y de las Instituciones, apoyó en todo momento a la República. Mantuvo correspondencia con ministros, jefes de gobierno y Presidentes de la Segunda República.

Se carteó con el Presidente del Gobierno en el exilio, Rodolfo Llopis Ferrandis (1895-1983). La correspondencia mantenida con intelectuales y políticos de la talla de August Pi Suñer (1879-1965) o de Manuel Azaña (1880-1940), es abundante. Otros personajes que circularon por sus páginas fueron el presidente Niceto Alcalá-Zamora y Torres (1877-1949), Miguel Maura y Gamazo (1887-1971), Francisco Largo Caballero (1869-1946), José Giral (1879-1962), Rafael Sánchez Guerra (1897-1964), Indalecio Prieto y Tuero (1883-1962), Julián Zugazagoitia (1893-1940), Manuel Portela Valladares (1867-1952), Domingo Barnés Salinas (1879-1940), Mariano Ansó (1899-1981), Diego Martínez Barrio (1883-1962), Melquiades Álvarez (1864-1936), Rafael Guerra del Río (1885-1955), Julio Álvarez del Vayo (1885-1975), Augusto Barcia Trelles (1881-1961), Luis de Zulueta y Escolano (1878-1964), Felipe Sánchez-Román y Gallifa (1893-1956) y Enrique Ramos Ramos (1890-1957). Las misivas mantenidas con andaluces fueron frecuentes. Fue el caso de José Lafuente, abogado de Archidona o el Decano del Ilustre Colegio de Abogados de Sevilla, Adolfo Rodríguez Jurado, al igual que los pertenecientes a otras instituciones públicas.

Ossorio en más de una ocasión se manifestó, según escribe Zambrana Moral, más proclive hacia el anarcosindicalismo que al comunismo, e incluso a la misma derecha, aunque consideraba que todavía no existía una verdadera derecha (pp. 16-17).

Entre las personalidades con las que Ossorio y Gallardo intercambió letras estaba el insigne Gregorio Marañón (1887-1960), como la carta de 17 de junio de 1931, referente a la candidatura por las Palmas, en la que proponía defender a la República ante el Parlamento.

Ostentaba Ossorio el cargo de Presidente de la Sección española de la Unión Universal por la Paz que, en la sesión celebrada en el Ateneo de Madrid el 26 de mayo de 1936, luchó a favor del movimiento por la paz en España, la justicia y la solidaridad. Al frente de esta institución estuvieron también figuras de la talla de Antonio Machado, Manuel Azaña, José María de Semprún Gurrea, Julio Álvarez del Vayo, Teófilo Hernando, José Bergamín, Vicente Uribe, Carlos Montilla (Secretario General), Isabel de Palencia y E. Ogier Preteceille (Vicesecretarios). En otra misiva a Alcalá-Zamora, de 15 de mayo de 1931, manifestaba su total desacuerdo con la expulsión de los jesuitas (pp. 74-76). Incluso llegó a acusar en algún momento a Manuel Azaña de conservador, sobre todo en materia social (pp. 25-26).

Desempeñó el cargo de presidente en la Comisión Jurídica Asesora, pero lo dejó por no haber sido convocado para redactar el proyecto constitucional en el Parlamento. Apoyó incondicionalmente a la República, declarándose radicalmente contrario a la monarquía en 1931, cuando antes había sido Ministro de Fomento con Antonio Maura en 1919. Estuvo presente en conferencias de carácter político, desempeñando al mismo tiempo el cargo de embajador de la República en la capital parisina, una vez estallado el conflicto bélico en la Península. Publicó obras como El alma de la toga o El contrato de opción, así como llevó a cabo numerosas colaboraciones en diarios como La Vanguardia o Ahora. Se manifestó en las Cortes Generales a favor de la enseñanza católica (p. 37). En las intervenciones de 26 de mayo y 6 de julio de 1932 trató el tema de las autonomías. En todo momento se opuso a utilizar la violencia para acallar el nacionalismo. Para solucionar esta cuestión proponía como primer camino el asimilismo, en segundo lugar el separatismo y finalmente la inteligencia como único medio para resolverlo (pp. 41-43). Los principales obstáculos que impedían la resolución de la misma eran la "soberanía" y el "patriotismo", dándoles una nueva concepción. De este modo entiende la primera como "poder de creación" y en cuanto al segundo manifiesta su profundo amor por España, haciendo un alarde de la lengua catalana. Siguiendo un análisis reflexivo propuso el modelo autonómico (pp. 45-48), haciendo viable la reforma del Estatuto de Cataluña, siendo esta región la artífice de esa petición pues de otro modo quedaría vacío de contenido ese supuesto derecho.

Una gran cantidad de misivas de Ossorio se referían a la crítica situación de la Justicia, si bien el orden público y la enseñanza también tuvieron importancia en su agitada vida (pp. 51-53). En cuanto a la justicia, Ossorio se la atribuía al Estado central, si bien reconocía que había que establecer Tribunales propios en las regiones y al margen de toda intervención estatal. Respecto al orden público abogaba porque no estuviese dirigido por un representante español, sino catalán para que se pudiera hablar de auténtica autonomía, defendiendo los intereses de Cataluña. Más problemático era el tema de la enseñanza. Se necesitaba una Universidad, profesorado y cultura catalanas, con un idioma propio, respetando la lengua, la ciencia y las artes.

Este libro de Patricia Zambrana cuenta con una recopilación de noventa y seis cartas dirigidas a Ossorio o de la propia mano de éste. Son temas de carácter político, religioso, cultural y de la vida social e intelectual de la década de los treinta, que nos acercan al talante, pensamiento y vida de esta insólita figura que fue Ángel Ossorio y Gallardo, "el príncipe de la juridicidad" y el último Embajador de la República española en Buenos Aires.

Guillermo Hierrezuelo Conde

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