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Revista de estudios histórico-jurídicos

versão impressa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.26 Valparaíso  2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552004002600020 

Estudios Histórico-Jurídicos 26, 601-603

BIBLIOGRAFIA

Aurell, Martin, L'Empire des Plantagenêt. 1154 - 1224 (Paris, 2003), 406 págs.

 

Guillermo Hierrezuelo Conde


 

Si tratamos de remontarnos a los orígenes de la dinastía Plantagenêt, hay que señalar que el fundador de esta dinastía fue un joven que se hizo un nombre en el seno de la aristocracia por sus hazañas de armas, y que se esposó con una rica heredera, que hizo la fortuna necesaria para su instalación. En ningún momento se ha pretendido atribuirle sangre real, y se ha venido a destacar sus hazañas guerreras, si bien algún historiador oficial ha intentado recuperar al rey Arturo como uno de los ancestros de los Plantagenêt. Los Plantagenêt mantuvieron innumerables tradiciones de sus antepasados, como fueron los anglosajones o normandos, los más próximos en el tiempo. En realidad, que se tenga conocimiento, el rey Eduardo el Confesor, fallecido en 1066, fue el primero de esta dinastía (p. 149). Los Plantagenêt pertenecían, de una parte, a la línea de Normandía, representada por el conde Roberto, Ricardo el Bueno y Guillermo, el noble bastardo, así como por Emma, madre de san Eduardo (p. 150).

De hecho, fueron los valores caballerescos los que estuvieron presentes en los discursos de Enrique II y en los orígenes de este linaje (pp. 114 - 115). Efectivamente, Enrique II (1151 - 1189), monarca de Inglaterra conocido como el "león indomable", fue el artífice de un vasto Imperio. Algunos de los territorios que se encontraban bajo su posesión fueron heredados, otros le pertenecían a través de las alianzas matrimoniales o bien por conquistas militares. Sus pertenencias se extendían por el extenso Atlántico, y se prolongaba desde Normandía hasta la Gascuña, y desde el centro de Irlanda hasta la Auvernia. Estos territorios fueron conocidos como el Imperio Plantagenêt o el Imperio de los Anjou (p. 10). El Imperio Plantagenêt perduró durante más de medio siglo, y comprendió el período entre la coronación de Enrique II como rey de Inglaterra en 1154 y la caída de Normandía en 1204. Algunos autores critican que, durante ese periodo, no existiera una auténtica unidad política, institucional o administrativa. De ahí, que no pudiera hablarse de "Imperio" (pp. 11 - 12). En este Imperio Plantagenêt existía, de una parte, la autoridad eclesiástica, y de otra la potestad laica (p. 19). Enrique II se casó con la reina Leonor de Aquitania, en mayo de 1152, tras declararse nula la unión con Luis VII. El 19 de noviembre de 1154, Enrique II y Leonor fueron coronados en Westminster. A la edad de veintiún años, el nuevo rey de Inglaterra se encontró con un conglomerado de reinos, ducados y condados que se llamó Imperio Plantagenêt. Enrique II luchó para mantener su imperio. De hecho, en julio de 1188, Francia reprendió hostilidades contra el monarca inglés. Ante la debilidad de Enrique II, el 4 de julio de 1189 reconoció como heredero al trono a Ricardo Corazón de León. Tan sólo dos días más tarde abandonó el trono, muriendo en ese mismo año. En septiembre de 1189, Ricardo Corazón de León fue coronado como rey de Inglaterra. La muerte de Leonor el 1 de abril de 1204, originó la reclamación de múltiples territorios (pp. 29 - 30). De hecho, en 1259, el Tratado de París reconoció el territorio de la Gascuña como perteneciente a la corona real inglesa, comenzando a partir de 1224 el declive del Imperio Plantagenêt, que perduró durante setenta años. Martin Aurell es de la opinión de que fue la figura del rey Enrique II, de su familia y de sus allegados los que hicieron viable la pervivencia durante ese largo periodo de este Imperio (p. 31).

El sistema burocrático establecido en este extenso territorio implicó que muchos cargos fueran hereditarios. Para evitar todos los males propios de este sistema, Enrique II sustituyó el nombramiento y la remuneración directa de los oficiales por la Administración central (p. 38). En esta época, los miembros pertenecientes a la dinastía que integró el Imperio Plantagenêt, tenían la connotación de guerreros y conquistadores. Pero también estuvieron presentes los enfrentamientos familiares en este periodo tan grandioso para Inglaterra entre los miembros de la casa de Anjou (p. 45).

En Inglaterra y Normandía, el rey ejerció un control eficaz sobre los feudos de los grandes barones, dominio que él se aseguró sobre su feudo para tener el poder militar y político. Este poder conjunto en Inglaterra y Normandía y de los dominios aristocráticos contrastaron con la Francia dividida entre los señoríos reales y las villas propiedad de la nobleza, sobre aquellos que la monarquía francesa no tenía control alguno (p. 64). Martin Aurell ha calificado "el sistema de gobierno de los Plantagenêt de una eficacia y una modernidad notables" (p. 65). A lo largo de la guerra civil, que se desarrolló desde 1135 al 1153, ciertamente puede afirmarse que existió un riguroso control de los feudos. Con el advenimiento de Enrique II, se obligó a reconocer el Tratado de Westminster (1153), que venía a admitir que los feudos se heredaban, reconociendo de esta forma un trato de favor a la aristocracia. Los clérigos y los caballeros trabajaban en la labor de reforzar el poder de los Plantagenêt. Ellos ocupaban los cargos judiciales, militares o fiscales de la administración central o local (p. 95). En definitiva, el punto fundamental del Imperio Plantagenêt estaba fundamentado en la dominación de las élites. Además, la profecía era utilizada con frecuencia y de forma consciente por los Plantagenêt con el fin de servir de propaganda (p. 105). A finales del siglo XII, la aristocracia se servía de las armas como forma de solucionar todo conflicto. Esta fue la situación en la que se encontraba Aquitania, en cuanto que durante los años 1154 - 1124 los aquitanos utilizaron la violencia para no ser sometidos. El enfrentamiento en esa época entre los duques y las ciudades, los condes, los vizcondes y los señores aquitanos fue una nueva forma de política local (p. 214), de modo que para garantizar la paz en los caminos, se abolió cualquier tipo de peajes aristocráticos y el rey vino a limitar los intereses de los patricios de las ciudades, al igual que los de la burguesía mercantil. El condado de Anjou conoció una expansión territorial sin precedentes a partir de mediados del siglo XI. En 1152 se conquistó Maine y Touraine. Esta ampliación territorial coincidió con un refuerzo notable del poder condal. Después de 1144, se ejerció el control sobre el ducado de Normandía. En los mismos términos, la historia del condado de Anjou, en plena expansión, estaba íntimamente ligada al de la Bretaña (pp. 216 - 217). La dominación de los Plantagenêt se extendió no sólo a Normandía, sino también a las islas británicas (p. 227).

En las páginas 354 - 355 se recoge el cuadro de la filiación de los Plantagenêt, y en las páginas 357 - 385 se menciona una extensa bibliografía de consulta. Martin Aurell no sólo ocupa plaza como profesor de Historia de la Edad Media en la Universidad de Poitiers, sino que también es miembro senior del Instituto Universitario de Francia, así como director de la revista Cahiers de civilisation médiévale. Cuenta con más de ciento cincuenta publicaciones aparecidas en buena parte de Europa y en Estados Unidos de América. Pero Martín Aurell Cardona no es francés de nacimiento, es natural de Barcelona. Hizo los estudios primarios y el bachillerato en colegios de élite del Vallés occidental, en la provincia de Barcelona. Por razones que no son al caso se trasladó a Aix-en-Provence para hacer la carrera universitaria. Allí se doctoró en Historia. Posteriormente logró, tras varios intentos, nacionalizarse francés. Ganó el concurso nacional de la agregación y pasó a ocupar una cátedra. Actualmente es uno de los más prestigiosos medievalistas de Francia y está llamado, si sigue en esta línea, a ser no sólo el número uno de ese país que fue hijo predilecto de la Iglesia, sino a situarse entre los mejores de Europa. El siglo XXI estoy seguro de que nos los demostrará.

 

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