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Revista de estudios histórico-jurídicos

versão impressa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.26 Valparaíso  2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552004002600046 

Estudios Histórico-Jurídicos 26, 662-667

BIBLIOGRAFIA

Montagut i Estragués, Tomàs - Serrano Daura, Josep (coord.), Jornades d'Estudi sobre els Costums de la batllia de Miravet en commemoració del 680è aniversari de la seva concessió (Gandesa, 1319/Arles, 1320 - 1999/2000. Actes Gandesa, 16, 17 i 18 de juny de 2000) (Gandesa, 2002), 399 págs.

 

Guillermo Hierrezuelo Conde


 

Josep M. Sans i Travé, director del Archivo Nacional de Cataluña, inicia el estudio sobre la bailía de Miravet entre los templarios y los hospitalarios, remontándose al 12 de diciembre de 1308, fecha de la conquista cristiana del castillo de Miravet. La historia de los templarios se remontaba, sin embargo, a 1153 y acababa a finales de ese año 1308 (p. 23 - 33). Con anterioridad, el castillo de Miravet había sido reconquistado hacia el 24 de agosto de 1153 y donado por Berenguer IV a los templarios. La buena disposición de Ramon Berenguer IV, que contó con el apoyo de la nobleza catalana, para favorecer a la orden del Temple y llegar a un acuerdo el 27 de noviembre de 1143 en la ciudad de Gerona con los templarios, en donde se concedían múltiples privilegios, así como la donación de un ingente patrimonio. Años más tarde, la orden del Temple fue disuelta por Clemente V en 1312, mientras que las negociaciones posteriores de Jaime II con la Santa Sede implicaron el traspaso a la orden del Hospital de los bienes que el Temple había recibido del Principado (p. 32). En 1319, la orden del Hospital se reorganizó en dos circunscripciones administrativas, adquiriendo una papel importante Gandesa, como centro administrativo de la nueva bailía hospitalaria. De este modo, los hospitalarios aprobaron en 1320 las costums que tendrían vigencia en esa zona que había pertenecido al Temple, conocida como la bailía de Miravet (1319 - 1320).

Del régimen jurídico de la Terra Alta y riberas del Ebro, que abarcaban un territorio más amplio que la bailía de Miravet (pp. 41 - 53), se encargó Josep M. Font i Rius, catedrático emérito de Historia del Derecho, Decano honorario de la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona, el mejor iushistoriador español de los siglos XIX y XX y uno de los juristas más agudos que ha tenido Cataluña en la pasada centuria. El amplio distrito de Miravet comprendía, además de la fortaleza, los territorios de Benissanet, Gandesa, Corbera, Algars, Batea, Pinell y Rasquera. Pero al Temple pertenecieron tres comandas: la de Miravet, la de Horta y la de Ascó, que a principios del siglo XIV fueron entregadas a la orden del Hospital, sucesora del Temple (p. 42). Las cartas de población constituyeron el primer elemento de formación de un régimen jurídico inicial de la Terra Alta (Horta y Gandesa, 1192, Rasquera, 1206, Gandesola, 1248, etc.). En esta etapa inicial se otorgaron dos cartas de población, por Alfonso I para Horta en 1165, y Batea-Algars en 1181.

Ana Mª. Barrero García estudia el proceso de formación de las costums de Miravet (pp. 57 - 83). Las costums de la bailía de Miravet constan de 125 o 134 capítulos, según que el manuscrito que se maneje pertenezca a los siglos XIV o XV (pp. 58 - 59). Ofrece la discípula de García-Gallo una descripción detallada de estos documentos y un estudio de las concordancias entre los de Miravet, Lérida y Horta; entre Miravet y Horta; entre Miravet y Perpiñán, y entre Miravet y los Usatges (pp. 72 - 77). Afirma Barrero García que "cabe observar un mayor grado de fidelidad entre los de Lérida y Miravet que la que presenta Horta en relación con uno y otro" (p. 72). De hecho, en el texto de Miravet, en el modelo adoptado no se prescindía de las referencias al origen de las normas. Por el contrario, en el texto de Horta se optaba por omitir en la mayoría de las ocasiones dichas referencias, si bien en determinados supuestos se hacían algunos añadidos. El texto formado en Gandesa venía a confirmar la vigencia del derecho ilerdense por el rey Jaime II y estableció las bases para las próximas compilaciones (p. 80).

Tomàs de Montagut i Estragués, catedrático de la Universidad Pompeu Fabra y actualmente Secretario General y Vicerrector de dicha Universidad, escribe sobre el Derecho común y las costums de la bailía de Miravet. En esta colaboración Tomàs de Montagut concluye que en las costums de la bailía de Miravet, que estaban inspiradas en las costums romanizadas de Lleida, se dejó sentir la influencia del ius commune (pp. 89 - 90). Este dato es vital, en cuanto que la recepción del ius commune implicaba la introducción del concepto moderno de jurisdicción como una constelación de poderes que correspondían a los titulares del nuevo poder público emergente, y en primer lugar al monarca (p 91). De esta manera se produjo una transformación de los usos en costums. Incluso hace un paralelismo entre las costums de Miravet y las costumbres de Las Partidas, de Alfonso X, el Sabio (p. 92). De hecho, las costums de Miravet se remitían directamente al ius commune en determinadas materias, como en el capítulo 57.

El tema de los señoríos y municipios de la bailía de Miravet (siglos XII - XIV) le correspondió su exposición a Josep Serrano Daura, profesor de la Universidad Internacional de Cataluña (pp. 97 - 137). Comienza señalando que una vez que hubo finalizado el proceso repoblador en los territorios pertenecientes a la orden del Temple, los señores o barones asumieron un conjunto de facultades y prerrogativas que excedían del simple repartimiento del territorio: el barón poseía el dominio y la jurisdicción sobre los territorios y sus habitantes, etc.; el señor repartía y establecía los bienes que constituían el dominio público o fiscal de su territorio. Las primeras cartas de población que se otorgaron a las comunidades cristianas datan de 1192, concedida por la orden del Temple a los territorios de Orta, mientras que la segunda a Gandesa, que fue ampliada en 1194. En todas estas cartas el señorío del Temple tenía una doble potestad: dominical y jurisdiccional (pp. 104 - 107). En estos territorios se estableció una institución feudo-señorial de vasallaje, que creaba una sujeción personal de los pobladores de un territorio respecto del señor. A partir de 1317, la orden del Temple se apropió de los antiguos dominios de los templarios (p. 110). El batlle se constituyó como el primer oficial señorial de cada municipio, y, en su origen, fue el encargado de la administración y explotación del patrimonio de su señor. Además existían otros oficiales señoriales que ejercían determinadas funciones en diversos ámbitos dominicales y jurisdiccionales: el escribano o notario, el asesor, el alguacil, etc. (pp. 115 - 117). Los otros cargos municipales de las comunidades cristianas a los que el mismo código de costums se refería, o bien que aparecían mencionados en otra documentación, especialmente del siglo XV, estaban representados por el mostassaf, el corredor, el plegador de los municipios, el escribano, entre otros (pp. 128 - 130).

Respecto al Derecho de familia y el régimen sucesorio en las costums de Miravet, la catedrática de Derecho Romano de la Universidad Rovira i Virgili, Encarnació Ricart Martí (pp. 139 - 162) señala que el Maestre y Cabildo General de la Orden de Arles, en 1320, preparó la versión latina de las costums de Miravet. En esta costums se concibía el testamento como un acto jurídico con las mínimas formalidades, según refería el capítulo 117 (p. 142). El último apartado de ese mismo capítulo declaraba válido el testamento sin que el nombre del albacea testamentario (marmessors), figura desconocida en el Derecho romano, fuera un requisito constitutivo. El código miravetino no se pronunciaba sobre aspectos esenciales del derecho sucesorio, ni hacía ninguna referencia a la legítima. El capítulo 22, referido al adulterio, no lo calificaba además como crimen o delito (p. 150). En los capítulos 108 a 112 de Miravet se regulaban determinados aspectos del régimen patrimonial en el matrimonio.

La realización del crédito en las costums de Miravet ha sido el tema de la ponencia de Pedro del Pozo Carrascosa, Catedrático de Derecho Civil de la Universidad Rovira i Virgili (pp. 165 - 180). Los 134 capítulos de la costums de Miravet, más extensos que los 81 de las costums de Horta, apenas establecían una regulación completa de la prenda o fianza, y especialmente la venta de la cosa pignorada. Existe prácticamente una identidad en la regulación con las costums de Lleida y de Horta. En el código miravetí se regulaba la ejecución de la fianza, la negación del beneficio de excusión en el capítulo 42, la ejecución judicial del derecho de crédito en el concurso de acreedores (la prelación de créditos), el embargo de los bienes de los extranjeros, el orden de ejecución de los bienes del deudor, la protección de la posesión y la protección del adquirente (pp. 168 - 179).

En cuanto al Derecho criminal en las costums de Miravet, Maria Teresa Tatjer Prat (pp. 191 - 198), Profesora titular de Historia del Derecho y de las Instituciones de la Universidad de Barcelona, describe cómo el texto de las costums de Miravet en el capítulo 17 y, posteriormente, en el 54, utilizaba la palabra "criminal" al referirse a determinados delitos. Las competencias para juzgar los actos criminales, que se realizaban en Cataluña durante la baja edad media, correspondían a una u otra autoridad en función del territorio en el que acontecía el hecho criminal (pp. 192 - 193). Si algún acto criminal tenía lugar en la jurisdicción de la bailía de Miravet, se utilizaba el procedimiento inquisitorio.

Otra de las cuestiones a las que se refería las costums de Miravet era la regulación del comercio y la actividad mercantil en el Derecho de Miravet (pp. 199 - 236). Sobre este particular ha escrito el jurista e historiador Vicenç Subirats Mulet. Las normas que regulaban el comercio en las costums de Miravet estaban agrupadas en los capítulos 32, 35 - 38, 40 - 41, 60 - 69 y 115. Las relaciones comerciales de ese momento estaban enmarcadas en una economía primaria, propia de aquellos tiempos en los medios rurales. Los capítulos 61 - 67 pretendían garantizar la correcta venta de los frutos o productos, tanto en lo relativo a la calidad como la cantidad, así como la variabilidad de los precios (p. 207). Los capítulos 60 y 68 - 69 se refieren a los oficiales (el batlle y los tribunales populares) que debían entrar en relación en este tipo de transacciones. Estos oficiales debían constatar que los instrumentos de medida y peso cumplían los patrones. De hecho, el particular que tuviera pesos o medidas falsos sería sancionado con una multa de 60 sueldos (p. 210). Por ese motivo, los capítulos 35 - 38 y 40 determinaban los instrumentos que habían de usarse para pesar y medir las mercancías, para evitar, de este modo, la comisión de actos fraudulentos.

La conferencia de clausura corrió a cargo de Manuel J. Peláez Albendea, catedrático de Historia del Derecho de la Universidad de Málaga, que nos aproxima a la figura de Ferran Valls i Taberner, como editor que fue de las costums de Miravet y otros textos del Derecho comarcal y municipal catalán (pp. 239 - 325). Ferran Valls i Taberner (1888 - 1942) adoptó, en el plano político, una postura conservadora: era "monárquico tradicionalista, regionalista, nacionalista, antinacionalista, franquista y monárquico-juanista" (p. 239). Desde un primer momento rechazó la dictadura de Miguel Primo de Rivera, proclamada el 13 de septiembre de 1923, lo que le llevó a ser desterrado en Morella el 19 de marzo de 1926. Durante la guerra civil española de 1936 - 39 apoyó al General Francisco Franco, si bien antes de su muerte se proclamó católico, español, monárquico, catalán por naturaleza, devoto y defensor de don Juan de Borbón, y, en consecuencia, contrario al nacional-sindicalismo. Por supuesto, mostraba en estos últimos años una férrea oposición tanto al comunismo, como al socialismo, al liberalismo, al anarquismo y al totalitarismo (pp. 241 - 243). En 1926 Valls publicó dos ediciones de las costums de Miravet, la primera en la Revista Jurídica de Catalunya (XXXII, 1926, pp. 52 - 76) y la segunda con algunas modificaciones en su obra Els Costums de Miravet (Barcelona, 1926). Como señala Manuel J. Peláez, en 1992 se hizo una tercera edición, que aunque no tenía modificación alguna en el texto, ni prólogo ni estudio introductorio alguno, la informatización, diseño y maquetación corrió a cargo de José Ángel Ruiz Polanco (p. 245). Manuel J. Peláez, que se centra fundamentalmente en las obras de derecho local, señala que Valls fue un estudioso de las Consuetudines Ilerdense de Guillem Botet. Hizo Valls diversas publicaciones, además de las costumbres de Miravet, sobre las de Girona, al igual que sobre el derecho local de Perpiñán (pp. 247 - 253). Pero, sin duda, la obra más lograda e importante de Valls fue _según el particular punto de vista de Peláez_ la edición de los privilegios y ordinaciones de los Valles pirenaicos (p. 256). En su primer volumen, publicado en 1915 y reeditado en 1987, estudiaba de forma monográfica el Valle de Aran, mientras que en 1917 se editaba el segundo tomo de los Privilegios, que estaba dedicado a la Vall d'Àneu, Vallferrera y Vall de Querol. En 1920 el tercero de los volúmenes se centraba en Andorra, y fue reeditado en Zaragoza en 1990. Posteriormente Valls redactó el volumen IV, que recogía la introducción al Valle de Ribes, pero no llegó a editarse hasta que en 1992 José Ángel Ruiz Polanco lo sacó a la luz en Zaragoza, tras realizar algunas correcciones (pp. 256 - 258). En las últimas páginas reproduce Manuel J. Peláez tres extensos Apéndices sobre el texto de las Consuetudines Ilerdenses, el antiguo derecho del Valle de Aran, así como el Index dels Privilegis que Sas Magestats Catholicas han concedit a la Vall de Aran. Los dos primeros originarios de Valls y este tercero una copia manuscrita llevada a cabo por Guillem Maria de Brocà i de Montagut, que se conservaba en el Archivo Particular Ferran Valls i Taberner y que en breve será enviada al Archivo Nacional de Cataluña. En cualquier caso eran tres textos inéditos.

Josep Alanyà i Roig dedica su comunicación al pleito entre el hidalgo Jerónimo de Heredia y el municipio de Batea en el siglo XVII, respecto al molino de Algars (pp. 329 - 389). La fortificación de Algars, localizada a doce kilómetros de la villa de Batea y en el límite del reino de Aragón, contaba con elementos arquitectónicos de los siglos XIII, XIV y XV, así como de los siglos XVI y XVII. Estaba formada por un castillo, una fortificación y el molino. Era un conjunto arquitectónico de planta rectangular, de trece metros por diecisiete. En la zona baja del edificio se encontraba un gran molino (p. 329). En los tiempos que perteneció a la orden del Temple, se reservaron todos los derechos señoriales tanto sobre el castillo como sobre el molino. Al extinguirse la orden del Temple estas posesiones pasaron a poder del rey Jaime II, que otorgó su jurisdicción a la orden del Hospital posteriormente, manteniéndose todos los derechos señoriales que disfrutaron los templarios sobre las tres posesiones. La orden del Hospital cedió estas posesiones al hidalgo aragonés Lorenzo de Heredia, residente en Batea, y a su familia a perpetuidad (p. 333). El hidalgo Juan de Heredia, hijo de Lorenzo, otorgó testamento a favor de su hijo Jerónimo en 1600 (p. 334). El 17 de julio de 1530 tuvo lugar una concordia sobre el molino de Algars, que daría lugar al pleito entre el municipio de Batea y los Heredia en el año 1600. El municipio de Batea proclamaba, por el contrario, la nulidad de esta concordia, por ser contraria al capítulo 27 de las costums de la bailía de Miravet (p. 339). El pleito civil, larguísimo y complejo, se dilató en el tiempo. El 12 de mayo de 1628, el Tribunal pronunciaba sentencia declarando la validez jurídica de la concordia de 1530 y obligaba a los habitantes de Batea a tener que acudir a moler al molino de Algars (p. 368). Los síndicos de Batea interpusieron recurso de suplicación ante la Real Audiencia, pero fue desestimado el 2 de octubre de 1629. Sin embargo, el 22 de febrero de 1663, obtuvo una sentencia favorable, por parte de la Real Audiencia, al municipio y contraria a Jerónimo de Heredia. Pero la parte adversa volvió a recurrir. De este modo, la única solución viable era una nueva concordia, que se firmó en 1678, y que pondría fin a este pleito (pp. 369 - 372).

El jurista e historiador Josep M. Mas i Solench vuelve a ofrecernos una visión de Ferran Valls i Taberner, pero haciendo un estudio de sus aportaciones históricas (pp. 375 - 389). Murió Valls i Taberner en 1942 cuando corregía un texto que había redactado sobre la Marca Hispánica, que formaría parte de la Historia de España, obra dirigida por Ramón Menéndez Pidal (p. 375). Militó en la Lliga Regionalista, que a partir de 1933 fue denominada Lliga catalana, si bien más tarde se va a manifestar revisionista y, en su última etapa, incluso contrario a la ideología defendida por el partido. Formó parte de un conjunto de intelectuales que estuvieron representados por personajes de la talla de Josep Torres i Bages, Enric Prat de la Riba y Antoni Rubió i Lluch. Cursó el doctorado en Madrid, recibiendo las enseñanzas de los profesores Eduardo de Hinojosa, Rafael Ureña y Antonio Ballesteros. Conseguiría una ayuda de la Junta para la Ampliación de Estudios que le permitiría completar sus estudios en la École des Chartes, en la École Pratique des Hautes Études, así como en la Facultad de Derecho de París (p. 376 - 377). En 1911 superó los cursos del doctorado en Derecho. En octubre de ese mismo año leyó la tesis doctoral en Dererecho y dos años más tarde, en 1915, defendió la tesis relativa al doctorado en Historia. En 1913 fue nombrado profesor de Historia de Cataluña de los Estudios Universitarios Catalanes, mientras preparaba las oposiciones al cuerpo de archiveros, que obtuvo el 13 de julio, siendo destinado al Archivo de Hacienda de Tarragona (p. 377). El 29 de mayo de 1916 fue nombrado juez de apelaciones del Principado de Andorra, y al día siguiente contrajo matrimonio con Marcel.lina Arnó i Maristany. Se presentó a las oposiciones de la cátedra de Historia de España de la Universidad de Murcia, y comenzó su labor docente en 1922 - 23. En 1929 fue nombrado director del Archivo de la Corona de Aragón. En 1932 fue elegido diputado del Parlamento de Cataluña, y tres años más tarde miembro del Instituto de Estudios Catalanes. En 1937 cesó como director del Archivo de la Corona de Aragón. A consecuencia de la guerra civil, se exilió a Italia el 7 de agosto de 1936. Tras retornar a España, realizó colaboraciones en revistas y diarios de la época con un contenido bien diferente a las de antaño (p. 379). En 1942 va a ocupar la cátedra de Historia Universal de la Universidad de Barcelona y fue nombrado director de la Sección de Estudios Medievales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Concluimos indicando que no se entiende muy bien cuál es el sentido de dedicar más de un centenar de páginas de estas actas de un Congreso sobre Miravet a aspectos relacionados con la vida de Valls i Taberner, que nada tienen que ver con las Costumbres de Miravet. En esto nos referimos tanto a la ponencia de Manuel J. Peláez como a la comunicación de Josep Maria Mas i Solench. Pero, por otro lado, resaltamos el valor extraordinario de la tarea llevada a cabo una vez más por esos dos grandes historiadores del Derecho que son el catedrático Tomàs de Montagut y el profesor Josep Serrano Daura, traducido en esta oportunidad en este libro, como antes lo fue en otros sobre los que tuve ocasión ya de pronunciarme favorabilísimamente.

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