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Revista de estudios histórico-jurídicos

versión impresa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.26 Valparaíso  2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552004002600052 

Estudios Histórico-Jurídicos 26, 680-682

BIBLIOGRAFIA

Pallard, Henri, Les professions juridiques (École de droit, Université de Moncton, Les Éditions Yvon Blais Inc., Québec - Bruxelles, 1999), 130 págs.

 

Guillermo Hierrezuelo Conde


 

En esta obra se hace un resumen sistemático e histórico de las principales profesiones jurídicas en Inglaterra y en el País de Gales: la abogacía, la magistratura y la función pública, desde sus orígenes en el siglo XIII hasta nuestros días. Las profesiones jurídicas han sufrido profundas transformaciones a lo largo de los siglos en sus estructuras, en su composición, en su naturaleza y en la forma de cumplir sus funciones. De hecho, estas transformaciones fueron el origen del common law. La aparición de los profesionales del derecho tuvo lugar en el siglo XIII con los countors, que darían lugar a los serjeants at law, y los attorneys, para proseguir el análisis de los Inns of Court, de los barristers y de los solicitors. A partir del siglo XIII se estableció, favorecida por determinados factores, una magistratura profesional.

En el momento de la conquista de Inglaterra en 1066 por el duque Guillermo de Normandía (1066 - 1087), no existía todavía ningún profesional del derecho. La conquista le otorgó al nuevo rey la propiedad de todas las tierras del nuevo reino. En esa época, el juez, que era como decir el señor, era un profano en la materia, y no acostumbraba a distinguir entre cuestiones jurídicas, políticas o administrativas. Los reyes normandos extendieron la aplicación de su modelo de justicia a todo el territorio anglosajón, ante la ausencia de una magistratura profesional. Los reyes normandos heredaron los shérifs de sus predecesores anglosajones, conservando los mismos poderes administrativos, fiscales, judiciales, militares y de policía. En 1274, el rey Eduardo I (1272 - 1307) destituyó las tres cuartas partes de los shérifs por realizar una mala gestión. Otros oficiales reales, a nivel de un condado, eran los justiciars, institución de origen normando. La primera noticia que se tiene de esta institución se remonta al reinado de Guillermo el Conquistador. Estos justiciars locales eran oficiales del reino y de personajes importantes en los condados, y su relevancia creció mientras Enrique I ejerció el poder. En el reinado de Enrique II (1154 - 1189) apareció otra figura, como era el Jefe de los justiciars, que se convertiría con el tiempo en el alter ego del rey y en la persona en la que delegaría el monarca todas sus funciones, a consecuencia de sus largas ausencias. Con el advenimiento de una magistratura profesional comenzó el declive de las funciones judiciales atribuidas al shérif y al justiciar.

Muchos factores favorecieron el desarrollo de los nuevos profesionales jurídicos especializados en Inglaterra. De este modo, aparecieron los attorneys y los countors. Los primeros se encargaban de guardar y custodiar los actos sellados, así como los documentos necesarios para la prosecución del litigio, mientras que los countors hacia 1150 podían recitar la acusación del demandado en lugar del acusado. Esta figura se hizo más habitual a comienzos del siglo XIII, pero no fue hasta finales de esa centuria cuando ya tenían la consideración como pertenecientes a una profesión. Y en poco tiempo comenzó a tener el monopolio para el ejercicio de esta profesión. De hecho, fue durante el reinado de Eduardo I cuando se adoptaron las primeras reglas deontológicas profesionales para los countors. A partir de 1330 y, como consecuencia de su regulación, se produjo una transformación de los countors, que se distinguían de los attorneys, compuestos únicamente por no profesionales. Los countors se transformaron en los prestigiosos serjeants at law, que detentaron durante muchos siglos el monopolio de pleitear ante los tribunales sobre los litigios comunes. Pero cuando esta institución sufrió mayores transformaciones fue a lo largo del siglo XIV, y su declive y desaparición llegó entre los siglos XVII y XIX (pp. 25 - 26). Efectivamente, en 1846, los serjeants perdieron el monopolio de la audiencia, y, en consecuencia, su derecho de presencia ante los tribunales en los litigios comunes, pasándose este tipo de litigios a los barristers. Cuando estaban iniciándose en su actividad eran conocidos como inner barristers, si bien tras catorce o quince años de experiencia y antes de su primer nombramiento como readers, eran denominados utter barristers. Su segundo nombramiento, entre cinco y doce años más tarde, era el preludio de elevar su rango a serjeant at law, que era el cargo más alto en su profesión, si bien existían otros honores, como el título de King's Serjeant, o el nombramiento en la magistratura real. Posteriormente, entre los siglos XVII y XVIII, se produjo el declive de los barristers.

Los attorneys y los solicitors representaban dos profesiones distintas. De hecho, el título common attorney denotaba un mérito honorable. En tanto, que oficial de justicia, estaba sujeto a las normas y disciplina del Tribunal de Justicia. La formación de los attorneys era esencialmente práctica y estaba dirigida al conocimiento de los formularios del procedimiento, las actas de transmisión de bienes, las formas de acciones y las reglas del procedimiento (p. 41). En el siglo XVI se comenzó a excluir a los attorneys y a los solicitors del Tribunal de Justicia, comenzando su decadencia y posterior desaparición. En esta época los jueces controlaban el acceso a las profesiones de attorney y solicitor. En el siglo XIX el deseo de mejorar su status social condujo a los solicitors a emprender una serie de reformas. En 1842 el Parlamento adoptó la Solicitors Act y la Law Society, que les atribuía competencia en determinados aspectos de la profesión, como era el mantenimiento de las funciones de las personas homologadas (p. 44).

No fue hasta finales del siglo XII cuando aparecieron en la curia regis los primeros elementos para una magistratura profesional que estuviera a cargo de la administración del derecho. El justiciar, el tesorero y tres obispos estaban encargados de la buena administración de la curia regis de Enrique II (p. 49). Pero no fue hasta el reinado de Enrique III cuando la magistratura se transformó en un cuerpo constituido de profesionales. Estos jueces provenían bien de los cargos de la administración real, bien de fuera de ella.

En 1361, durante el reinado de Eduardo III, se crearon los jueces de paz, con la única finalidad de acabar con la anarquía existente en el reino. Estos jueces de paz se caracterizaban por carecer de cualquier formación sobre la materia jurídica. Esta institución se transformó a lo largo del siglo XVIII por los abusos cometidos por la nueva clase comerciante e industrial (pp. 67 - 68). En el periodo comprendido entre 1775 y 1850 se llevó a cabo una racionalización de la estructura de los tribunales y de la remuneración de los jueces. En 1892 los abogados de la Corona perdieron el derecho de representación de los clientes privados y, en 1893, el gobierno creó un departamento con la intención de crear oficinas y personal de forma permanente (p. 84).

Hoy día son tres los cuerpos que integran a los profesionales jurídicos: los jueces, los barristers y los solicitors. El aspirante a solicitor o barrister tiene habitualmente un diploma de estudios universitarios en Derecho, que necesita tres años para su obtención. Después de la reforma de 1995, debe recibir además una formación complementaria y haber superado una serie de cursos en materia de contratos, de delitos, de derecho penal, de equidad, de los bienes, de derecho público y de derecho europeo. Los otros estudiantes _los diplomados universitarios de otra disciplina, los miembros titulares del Institute of Legal Executives, entre otros_ deben terminar una serie de cursos de un año de duración conducente al Common Professional Examination (CPE). El aspirante a solicitor debe ser estudiante de la Law Society, e inscribirse en la Legal Practice Course (LPC) de un año de duración, y que se ofertan en distintas universidades. El aspirante a barrister, por el contrario, debe ser miembro de una de las cuatro Inns of Court y completar un ciclo de estudios prácticos en el Bar Vocational Course (BVC) (p. 92).

Aunque los jueces de los altos tribunales han de estar formados, en Inglaterra y País de Gales, por profesionales del derecho que trabajan a tiempo pleno y son inamovibles, la magistratura de los tribunales inferiores pueden estar compuestos por no-juristas que tienen mandatos renovables y a tiempo parcial (p. 113). La mayor parte de los nombramientos de los tribunales administrativos son a tiempo parcial y tienen una duración de tres años. Por otro lado, los jueces de paz estaban formados, en 1995, por casi 30.000 juzgados de paz o magistrados no juristas a tiempo parcial y un centenar de magistrados salariados (stipendiary magistrates). El juez de paz es nombrado por seis años y su mandato es renovable, y tiene la obligación legal de vivir en la localidad donde ejerza su mandato.

Henri Pallard, el autor del presente libro, hizo la carrera de Derecho en la prestigiosa Facultad de la Universidad McGill, doctorándose tras pasar al otro lado del Atlántico, en la encantadora Universidad de Niza, a pocos metros de una playa de piedras, mientras disfrutaba paseando por el Proménade des Anglais. Actualmente es profesor en la Universidad Laurentiana y su presencia en Congresos internacionales de Historia del derecho, de las instituciones y de las ideas políticas lo consagran como escritor de verdadero relieve científico.

 

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