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Revista de estudios histórico-jurídicos

versão impressa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.26 Valparaíso  2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552004002600053 

Estudios Histórico-Jurídicos 26, 682-684

BIBLIOGRAFIA

Pérez, Martín, Libro de las confesiones. Una radiografía de la sociedad medieval española. Edición crítica, introducción y notas por Antonio García y García, Bernardo Alonso Rodríguez, Francisco Cantelar Rodríguez (Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 2002), xliv + 2 + 757 págs.

 

C. Salinas


 

Se trata de una obra escrita entre 1312 y 1317, al parecer en Salamanca, por Martín Pérez, de quien se sabe muy poco quién era, si bien, a través de las páginas de este libro, se puede saber bastante bien cómo era. En cuanto al quién, parece que era clérigo secular, con una buena formación adquirida en alguna universidad, si bien él no alega ningún título académico. Es igualmente probable que el autor fuese salmantino o que estuviera vinculado a la Universidad de Salamanca donde este libro encontró buena acogida. Poco más se puede decir de él; nada se sabe de su nacimiento ni tampoco del lugar y fecha de su muerte. Pero, como acabo de decirlo, bastante más se puede decir de cómo era Martín Pérez, pues a través de las páginas de este extenso libro fue dejando aquí y allá retazos de su personalidad. Es por eso que puede decirse que era un buen conocedor de las fuentes canónicas, que alega con abundancia en estas páginas, al punto que numerosas de las fuentes patrísticas que menciona las obtiene del Decreto de Graciano, incurriendo, de paso, en los mismos errores de atribución del autor de las Concordancias. Se ve en él a un hombre modesto y aparentemente sencillo, si bien con una personalidad recia, sincero y sin miedos al momento de criticar con dureza a obispos, superiores religiosos, alcaldes, jueces, señores, etc. Era, al mismo tiempo, un hombre piadoso y de un espíritu hondamente religioso, que muestra especial predilección por los pobres, las obras de misericordia y toda actitud verdaderamente religiosa. Si bien un poco rigorista, era hombre equilibrado, exigente consigo mismo más que con los demás, y minucioso, preocupado de cuidar los pequeños detalles.

Es destacable su prosa rimada y lo colorido de algunas de sus descripciones, cuya lectura, como lo ponen de relieve los editores, es, en ocasiones, una delicia. El mérito se acrecienta si tomamos en cuenta que se trata de un libro dedicado a "clérigos menguados de sçiençia" a quienes trata de explicar conceptos teológicos y jurídicos que son, por sí mismos, carentes de amenidad, no obstante lo cual, son explicados en estas páginas con amenidad y donaire.

No se trata de una obra académica, sino práctica, como el mismo autor lo señala, pues va dirigida a aquellos clérigos que, no obstante carecer de formación, han de conocer lo suficiente "para las almas salvar" a través de la confesión. Es por lo que está escrito en la "lengua comunal". Pero no sólo para las confesiones el libro se presenta útil, sino también para predicar, amonestar, reprender y aconsejar. Y no sólo confesores son sus destinatarios, sino también los penitentes en general. No se trata, pues, de una obra académica, pero, no obstante su talante práctico, tiene verdadero rigor científico cuando trata cuestiones teológico-canónicas.

Si quisiéramos buscar algún paralelo literario de esta obra, habría que mencionar las Summae confessorum, pero no se conoce de éstas alguna que alcance la amplitud del Libro de Martín Pérez, el que, a diferencia de aquéllas que suelen ser áridos y muy académicas, está lleno de viveza, desenvoltura y espontaneidad, como lo apuntan los editores del mismo.

Todo el contenido del libro gira en torno a la confesión; pero es, al mismo tiempo, una cruda descripción de los vicios de la sociedad en que Martín Pérez vivió, mostrando así, otra cualidad, pues no sólo se muestra gran conocedor de la sociedad de su época, sino también con un agudo sentido psicológico al considerar las diversas situaciones en que pueden encontrarse las personas. Por las páginas de este libro desfilan todos los estratos sociales, de los que son descritos pormenorizadamente sus vicios, desde los más execrables hasta las intenciones ocultas que suelen existir en algunas personas. No se escapan de este agudo observador los profesionales del derecho, de uno y otro foro, a los que dedica páginas que llaman la atención por su actualidad; no en vano, la naturaleza humana es la misma ayer y hoy. Jueces, abogados, alcaldes, escribanos, se nos muestran en sus más variadas debilidades y fechorías: "A los alcaldes e juezes eclesiásticos o legos demandaras commo ovieron el poder e la jurisdiçion, si por dineros o por alguna simonia, o qual fue la cobdiçia u otro pecado". "Demanda a todo juez si acosto en los pleytos o en algund lugar dellos, en citación i en comienço o en medio o en cabo, a una parte mas que a otra por amor o por odio o por temor o por cobdiçia". Los notarios tienen páginas expresas: "A los escrivanos que toman de quanto merecen, si enriquecieron, mandaras que piensen de expender lo de mas con los pobres, si no con Dios lo veran, que sabra mejor mesurar quanto merecieron, fasta la postrimera letra".

Y por supuesto que los abogados no son ajenos a su ojo avizor: "A los abogados e procuradores de los pleytos demandaras si tomaron alguna vegada pleyto de mentira a sabiendas, e si asi es, fagan emienda a la otra parte de quanto perdio por el su destorvo... Demanda, mas, al abogado o procurador si adlego falsas leyes o falsas razones, o troxo falsos testigos o falsos instrumentos o falsas pruebas de fecho o de derecho, ca si por tales maldades derriba a su adversario de su derecho, conviene que le cobre todo quanto le fizo perder".

La descripción que Martín Perez hace de la sociedad de su tiempo resulta de particular interés. Es cierto que lo que aquí se muestra es el lado oscuro de la misma, producto de las pasiones del hombre que lo hacen sucumbir a lo que hay de peor en él, pero que, al menos, es consciente de su yerro y, por lo mismo, acude al perdón apelando a la misericordia de su hacedor. Es por lo que este libro no sólo es de interés a quienes se ocupan de la teología, la pastoral o del derecho de la Iglesia, sino también para el historiador en general e, incluso, para el lingüista y el literato, pues los editores se cuidan de poner de relieve que se trata de una obra de narrativa literaria que merece un puesto destacado en la historia de la literatura española.

De la obra no ha llegado hasta nosotros ningún manuscrito completo, pero se han conservado diversos manuscritos que, en conjunto, han permitido la edición completa de las tres parte en que la misma se compone. La reconstrucción del mismo ha sido, sin embargo, rigurosa. Aparte las naturales dificultades de una empresa como ésta, facilitó la edición el hecho que las variantes que se observan entre los códices proceden de erratas de los amanuenses o de interpretaciones y sentidos diversos que se dieron al texto original en el transcurso de los siglos; en otras palabras, no obedecen al hecho de que pudieron ser diversas ediciones elaboradas por el mismo autor. Es por lo que los editores no dudan en reconocer que si Martín Pérez leyere esta edición reconocería como suyo el texto editado.

Después de la introducción a cargo de los tres editores, se incluye un Estudio lingüístico de los manuscritos base de la edición, a cargo de María Nieves Sánchez González de Herrero. Por su parte, el Libro de las Confesiones, después de un prólogo del autor, se distribuye en tres partes divididas cada una de ellas en capítulos: "En la primera se fabla de los pecados comunales a todos los estados. En la segunda fabla de los pecados en que pueden caer especialmente algunas personas de algunos estados señalados. En la tercera fabla de los sacramentos". Esta tercera parte se escribió por razón del matrimonio el que, si bien podía ser tratado en las otras dos, recibe un largo tratamiento, lo que permitió que se incluyeran los otros sacramentos justificando así una tercera parte referida sólo a ellos.

La edición crítica es rigurosa, como asimismo el aparato de fuentes. Esto, unido a la calidad de la edición, a lo que nos tiene acostumbrados la Biblioteca de Autores Cristianos, permite tener una obra de la que el historiador del derecho podrá obtener mucho provecho. Es por lo que compartimos las últimas palabras de los editores cuando nos dicen que, después de su trabajo duro pero gozoso, "queda lo más importante: que el lector perciba la belleza de este texto vivo que estaba muerto, goce con su lectura y "non muerda nin despreçie esta poca limosna, sacada de los libros, en lengua comunal".

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