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Revista de estudios histórico-jurídicos

versión impresa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.27 Valparaíso  2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552005000100037 

 

Revista de Estudios Histórico-Jurídicos XXVII, 2005, 466-476

RECENSIONES Y RESEÑAS

Fernández de Buján, Federico (con la colaboración de Luis Eugenio Oliver), Sistema contractual romano (2ª ed., Madrid, Dykinson, 2004, incluye CD-Rom), 525 págs.





1. En la sociedad de nuestro tiempo los contratos resultan un elemento ineludible y cotidiano. En mayor o menor medida todos somos compradores o vendedores de alguna cosa; tomamos o damos en arriendo algo, un piso, unos servicios; contratamos nuestro trabajo personal; suscribimos un préstamo o hacemos un depósito bancario; otorgamos un poder, como mandantes, o aceptamos formalmente un encargo; viajamos en virtud de un contrato de transporte; nos obligamos tal vez con otros socios.

La vida de relación, el desarrollo económico, los deseables intercambios humanos necesitan desde luego del concurrir de voluntades, del contraer o constreñirse a algo de consuno, del proponerse fines convergentes, compatibles, complementarios. Los contratos son esos actos lícitos de voluntades concurrentes, y expresadas de muy diversos modos, generadores de obligaciones que, en razón de la estabilidad y del progreso de los grupos sociales, hay que cumplir de grado o por necesidad, a la fuerza, con cargo a nuestros bienes, si llegare el caso.

Federico Fernández de Buján, Catedrático de Derecho romano de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Educación a Distancia ha editado la segunda edición de su libro titulado Sistema contractual romano, con la colaboración de Luis Eugenio Oliver. Madrid, del que vamos a partir para, al hilo de su contenido, realizar las reflexiones y los comentarios que siguen.

2. Esta es una obra, como su autor nos dice en el Prólogo a la primera edición, "destinada, básicamente, a ciertos alumnos, de Licenciatura (como una de las materias optativas del Plan Nuevo) o de Tercer Ciclo, que quieran ir un poco más allá del contenido básico de la materia troncal". Añade: "Es, fundamentalmente, un libro de texto. Un manual concebido y escrito desde la atalaya de cuatro lustros de experiencia docente y con la mirada puesta en los alumnos". Esta condición de libro para la docencia, que el autor ha intentado escribir, según confiesa en este mismo Prólogo, "como si estuviese dictando una lección en el aula", no le quita su otra condición de trabajo de investigación puesto que aporta oportunos análisis de fuentes, muy personales posiciones críticas, sugerencias y construcciones de muy diverso tipo.

El fundamento del presente libro hay que encontrarlo en lo que también su autor declara en el citado Prólogo: "Quienes [...] se acerquen a los textos jurisprudenciales que se contienen en las fuentes romanas [...] descubrirán el genio jurídico que hizo de Roma el paradigma del Derecho en la Historia de la Humanidad. En los supuestos contractuales que verán sometidos a la actividad dictaminadora de los jurisconsultos romanos, podrán, además, reconocer los problemas y controversias actuales que se plantean, a diario, ante la jurisdicción civil de nuestros tribunales. Constatarán, así, la vigencia atemporal y ageográfica de unos conceptos y unas categorías que por clásicas son imperecederas, y por imperecederas, permanentemente válidas y vigentes".

Mucho más adelante, al comienzo ya del penúltimo capítulo (el capítulo noveno) abundando en esta condición del Derecho elaborado por Roma como "paradigma del Derecho" se nos recuerda que "Xavier Zubiri, en genial síntesis, señalaba los tres grandes pilares que sustentan nuestra contemporaneidad. Reformulando a Zubiri (se expresa en feliz metáfora Fernández de Buján), me atrevo a afirmar que el actual edificio europeo debe seguir asentándose sobre dos sólidos pilares y ser protegido por un tejado común. Los cimientos que nos sostienen son la filosofía griega y el derecho romano. La bóveda que nos cobija es el pensamiento y la religión cristiana. En este sentido (concluye) creo que puede decirse, como imagen topográfica, que Jerusalén, Atenas y Roma han conformado nuestro ser occidental." (p. 469).

3. Los dos grandes grupos de temas que abarca el libro del profesor Fernández de Buján vienen a ser enunciados en el último apartado del último capítulo de la obra que se enuncia de este modo: "Sistema contractual romano y sistema contractual moderno: concordancias y divergencias".

Al sistema contractual romano vienen dedicados los ocho primeros capítulos, mientras que del sistema contractual moderno puede decirse que se ocupan propiamente los dos últimos capítulos: el capítulo 9, titulado "El derecho privado en Europa", y el capítulo 10, denominado "Unificación contractual".

Bien se entiende que el grueso del libro lo constituya el desarrollo del sistema contractual romano en el sentido más estricto de la expresión y que, dentro de este ámbito, la mejor parte se la lleven las páginas dedicadas a los diferentes contratos en particular objeto de exposición y análisis, a saber los cuatro típicos contratos consensuales (que son compraventa, capítulos 3 y 4; arrendamiento, capítulo 5; mandato, capítulo 6; y sociedad, capítulo 7) más los contratos de fiducia y depósito, que se presentan conjuntamente en el capítulo 8.

Con criterios de buen investigador y de buen docente el autor trata en los capítulos iniciales de la obra que comentamos, de la obligación, en el capítulo primero, y del contrato, en el capítulo segundo.

Nuestro autor ha estimado sin duda necesario comenzar ocupándose de la idea de Derecho y de la idea de Acción para pasar de ahí a suministrarnos, con orden, con rigor, como acabada pieza construida tras la lectura reflexiva de abundante documentación, un conjunto armónico de conceptos básicos sobre el origen y el concepto de la obligación, sobre las clases de obligaciones, sobre el contenido de la obligación y sobre sus diferentes modos de extinción (pp. 81 - 102).

En lo que se refiere al otro tema preliminar y básico, el tema del Contrato, se establecen aquí, con igual precisión en el lenguaje, con el mismo buen sentido crítico, con idéntica coherencia en la construcción sistemática del conjunto, las imprescindibles categorías relativas al concepto de contrato (se empieza hablando de un árbol conceptual en el que se comprenden, en este orden, las expresiones "actus", "negotium", "conventio", "pactum" y "contractus"), a los diferentes criterios de clasificación de los contratos y también a la muy importante cuestión práctica de la responsabilidad contractual, (pp. 119 a 141) que naturalmente debemos considerar encuadrada en el ámbito de los efectos del contrato.

4. El examen de seis contratos esenciales constituye la parte más extensa de la obra. Los seis contratos esenciales, de naturaleza consensual los cuatro primeros, de que se ocupa el libro son, como antes indicamos, la compraventa, el arrendamiento, el mandato, la sociedad, la fiducia y el depósito. Pues bien, las dos terceras partes, más o menos, de la extensión total de la obra vienen dedicadas en concreto a estos contratos.

Cada una de estas figuras contractuales tiene su propia estructura y requiere como es lógico su particular orden de exposición; con todo, se observan sin embargo ciertas invariantes en el conjunto de epígrafes que constituyen la línea de exposición de los distintos temas. Así puede notarse, en términos generales, que en todos los contratos se abordan inicialmente las cuestiones de origen y concepto; se analizan más tarde sus rasgos característicos, sus notas esenciales, y sus requisitos; se exponen luego con todo pormenor y detenimiento las diferentes obligaciones de cada uno de los sujetos implicados; etc.

El repertorio de epígrafes se cierra, en cada uno de estos contratos, con el que dedica a Casos prácticos. De ese modo el libro es coherente con los objetivos declarados en el Prólogo (la vigencia, en los supuestos contractuales de unos conceptos y unas categorías que por clásicas son imperecederas). Y de otra parte incorpora un método de estudio y enseñanza, el método del caso, verdaderamente sugestivo, dinámico, estimulante de la creatividad y facilitador de la fijación en la memoria de diversas "cuestiones" y "respuestas" que se captan por vía de los ejemplos en que los casos prácticos consisten.

En el "Prólogo" a la primera edición, su autor había dicho: "Este libro ha sido escrito (interesa decirlo transcribiendo las propias palabras de su autor), desde la preocupación metodológica de armonizar exposición dogmática doctrinal con realidad casuística textual (el subrayado es nuestro). En este sentido (se añade a continuación), he intentado explicar (se entiende que explicar la materia de que el libro se ocupa) desde y sobre los textos de los juristas. Ellos han sido punto de partida o de arribo de mi exposición: todo razonamiento comienza con un texto jurisprudencial y procede a glosarlo o termina con un texto y pretende que sea el propio jurista quien ponga el epílogo, en suma, la síntesis de lo antes explicado"

Sin duda que este Sistema contractual romano del profesor Fernández de Buján merece un puesto de honor muy próximo, en su común seguimiento del método del caso, a aquel Casuismo jurisprudencial romano del maestro García Garrido publicado en 1973, cuando la uned estaba dando su primeros pasos, y del que derivaron, si cabe decirlo así, las sucesivas ediciones del Responsa. Casos prácticos de Derecho romano planteados y resueltos y aun del Derecho Privado Romano. Casos, acciones, instituciones.

Los Casos prácticos constituyen pues, en la investigación y en la enseñanza del derecho romano, pieza insustituible, de primera necesidad. Los contratos de que se ocupa el profesor Fernández de Buján en su obra Sistema Contractual Romano no podían ser estudiados de espaldas a la casuística sino dentro del más puro planteamiento metodológico del casuismo jurisprudencial romano.

5. El autor se declara de la escuela orsiana: "Pertenezco (dice en el Prólogo a la segunda edición de Sistema), a través de mi maestro (léase, a través de mi maestro, el profesor García Garrido), a la escuela orsiana (lo que entraña también un homenaje a nuestro llorado Don Álvaro d'Ors). Y es oportuno recordar aquí aquel su libro de "El esclavo prestado con una flauta y otros casos prácticos de derecho romano".

¿De qué tratan los casos que se recogen en el Sistema contractual romano? Obviamente son casos de contratos. Hay dos casos por cada categoría de contrato, salvo en la compraventa que se han expuesto cuatro. Veamos:

a) Cuatro casos para la compraventa. La serie se abre con el supuesto que el autor titula "Compra de una redada de peces". Casio, dueño de una pequeña posada y propietario de un afamado mesón que hay en el puerto de Civitavecchia, en aquel tiempo Centumcellae, acuerda con el pescador Servio comprarle toda la pesca que traiga a puerto a la mañana siguiente y señalan como precio de compra la décima parte de los ingresos que, fruto del hospedaje y del restaurante, Casio obtenga e ingrese en caja en ese mismo día.

Al planteamiento de cada caso sigue un repertorio de cuestiones. Las de este caso de "Compra de una redada de peces" dan ocasión al autor para poner al lector frente a textos de juristas que nos hablan, en perfecta sincronía con el supuesto de hecho, de los elementos de la compraventa: la cosa que se compra, que en este caso de emptio spei es sólo una esperanza; el precio, que en realidad en este caso no es incierto; etc.

El segundo supuesto de compraventa se refiere a la compra de un fundo que, después resulta tener una extensión inferior a la que el comprador creyó que tenía. El tercero trata de una compraventa de vacas para aprovechar los pastos de unos predios que tiene el comprador en Mántua. Y el cuarto, de la compraventa de un extenso fundo existente en Carrara con canteras de mármol y campo de labor. Al hilo de este repertorio de supuestos, y trayendo a nuestra vista los oportunos textos jurisprudenciales, se resuelven cuestiones tales como: de qué protección procesal dispone el comprador frente al vendedor y cuál es el alcance de la misma; qué efectos produce la venta de una cosa ajena; quién soporta la pérdida, el periculum, de la cosa comprada y aun por entregar; cómo funcionan los distintos pactos, pacta adiecta, que se pueden añadir al contrato de compraventa, por ejemplo el pacto comisorio; etc.

b) Siguen luego dos casos dedicados al contrato de arrendamiento. Son otras estampas de la realidad. Son casos igualmente próximos y vivos: por sus lugares físicos concretos y reconocidos, por sus propios objetos, por la misma dinámica vital que late en ellos. Se enuncian, uno, como "La villa arrendada y destruida por un rayo", y el otro, como "La venta de la viña arrendada".

Ni qué decir tiene que al autor dan pretexto estos casos (tanto el del alquiler de una preciosa Villa en la campiña de Lucca, como el del arrendamiento de un magnífico viñedo en Frascati, antes Tusculum) para ponernos frente a preguntas y reglas jurídicamente pertinentes, del tipo de ¿quién soporta los gastos necesarios que hay que hacer en la cosa arrendada? o ¿cuál el significado práctico de ese aforismo de la tradición romanística que dice "emptio tollit locatum" (venta quita renta)?

c) Los dos casos sobre mandato que el autor enuncia se refieren respectivamente al caso 7, mandato que uno da a otro de comprar una ínsula (una casa de vecindad) en Apulia, junto al mar Adriático, y al caso 8, encargo que un sujeto da a un amigo de su infancia para que le compre una finca en Capua, en la región natural de la Campania. Seis preguntas otra vez por cada caso para poner en claro, con base en verosímiles supuestos, ciertos términos y conceptos de innegable importancia en la formación de un estudiante, y aun de un estudioso, del derecho: a qué está obligado el mandatario, qué acción le protege, qué pasa si el mandante no quiere recibir la cosa que le mandó comprar al mandatario, si es acaso posible un contrato de mandato constituido sólo en interés del mandatario, etc.

d) Con referencia al contrato de sociedad el profesor Fernández de Buján recoge en su Sistema contractual romano estos dos supuestos: caso 9, La sociedad de sastrería (el argumento viene a ser así: en la ciudad de Padua, famosa por sus paños, se constituye una sociedad de sastrería con desigual aportación en el capital social); y caso 10, La sociedad constituida para enseñar la lengua griega (que se podría resumir de esta manera: en Siracusa, la ciudad del sabio griego Arquímedes, en un local ubicado en el foro, el ilustre profesor Aristón y el dueño del citado local constituyen una sociedad para enseñar la lengua griega). Surgen con base en estos casos las cuestiones de qué se requiere para que se dé la actio pro socio; si será válido el pacto de que un socio no participe en el reparto de pérdidas; qué tipos de sociedad pueden crearse; si la muerte de un socio conlleva la extinción de la sociedad; y otras más.

e) Finalmente, en relación con el depósito, el autor de esta obra nos ofrece otros dos casos: el 11, Depósito de unos vestidos, y el 12, La guarda de una cantidad de dinero; cuyos pormenores vienen a ser los siguientes: caso 11: En las Termas de Caracalla, en su "guardarropa" o vestuarios, un romano deposita su túnica y su anillo y cuando vuelve para recogerlos el anillo no está y la túnica ha sufrido considerable rasgadura; caso 12: En Herculano un pintor de prestigio, por razones de un viaje a Pompeya, deposita en casa de un amigo un cofre con dinero y al regreso de su viaje descubre con sorpresa que el cofre ya no tiene el dinero que tenía.

Siguen a la exposición de cada caso las cuestiones pertinentes, seis por cada caso, como siempre. Ahora se formulan, como corresponde, en interrogantes del siguiente tenor: ¿por qué es depósito y no arrendamiento de servicios la custodia que se realiza en el vestuario?; ¿cuál es el tipo de responsabilidad que opera normalmente en el depósito?; ¿cuál es el tipo de contrato realizado entre el pintor de Herculano y su amigo?; ¿quién sufrirá la pérdida del dinero que el cofre contenía?; ¿puede el depositante solicitar del depositario la devolución de la cantidad depositada cuando quiera?

Ulpiano, Paulo, Alfeno, Papiniano, juristas romanos de diferente tiempo y condición, vienen con su opinión a resolver estas u otras cuestiones que con tan buen sentido nos formula (conociendo de antemano los textos-solución y presentándolos como si fueran respuesta a las preguntas del autor del libro, estratégicamente colocadas primero) el profesor Fernández de Buján.

6. Con los dos últimos capítulos del libro se compone el segundo de los dos frentes a que aludíamos al principio, el frente del "Sistema contractual europeo". Son sesenta y tres páginas densas, que constituirían ya por sí mismas un libro autónomo, en las que se recoge una apretada síntesis de la historia del derecho romano en perfecta integración con los avatares de la historia de Europa y en la que se defiende, con solvencia intelectual y muy noble pasión la tesis de que para la elaboración del un futuro Código Europeo de contratos deberá ser, una vez más, el derecho romano "el elemento natural aglutinador que supere las posibles diferencias , por ser en Roma donde hunden sus raíces, primeras y últimas, pasadas y presentes, todos los sistemas contractuales de los distintos ordenamientos jurídicos europeos" (p. 525). Concluyente dice el autor: "Hoy, en el umbral del tercer mileno [...] el viejo continente no puede ser insensible a su pasado y a su historia común. Por ello, cuando las directivas comunitarias han consagrado el principio de la libre circulación de personas y mercancías en un nuevo orden socioeconómico que reclama también la unificación del sistema contractual, es necesario recuperar del mundo romano un tiempo y una realidad jurídica en el que las personas se movían y contrataban con plena libertad por todo el mundo conocido en su condición de ciudadanos romanos".

A semejante conclusión, apasionada desde luego, no se llega sino tras una muy completa y detallada, erudita explicación del pasado intelectual, cultural y espiritual de Europa impregnado sin duda del espíritu de Roma y del derecho romano. Los humildes comienzos de Roma, Odoacro, Carlos I el Grande, los glosadores, el Decreto de Graciano, las Leyes de Partidas de Alfonso X el Sabio, el movimiento humanista del siglo XVI, el espíritu reformista extendido en Europa durante el siglo XVIII, Gustav Hugo, Savigny, el Codex Maximilianeus Bavaricus Civilis, el Code Civil des Français de 1804, el BGB. de 1896, y otros muchos acontecimientos más jalonan un apunte histórico presentado con rigor y gran sentido crítico como etapas evolutivas del derecho romano que se cristaliza en los códigos civiles europeos.

Nuestro autor señala que "la historia de Roma conforma una gran parte de la historia de la humanidad" (p. 461); que "la historia jurídica europea es, en gran medida, la historia del surgimiento, vigencia y supervivencia del orden jurídico romano" (p. 474); y que "el derecho romano es la casa común del derecho europeo" (p. 473). Sobre tales conclusiones, ¿cómo no deducir que la historia de Europa _incluida la de su lengua y la de su derecho_ es en grandísima medida la historia de Roma, del mundo romano _incluidos su lengua y su derecho?

Bajo el epígrafe "Unificación contractual", que da nombre al último capítulo, Fernández de Buján reseña los distintos intentos unificadores en el ámbito europeo e internacional (la Conferencia de la Haya de 1964, el Instituto Internacional para la Unificación del Derecho Privado, la Comisión Lando de derecho contractual europeo, el Grupo de Pavía o Comisión Gandolfi) y establece estos cinco presupuestos de partida para un código europeo de contratos: primero, que sea obra de juristas; en seguida, que sea redactado en un lenguaje lo más abierto posible; luego, que sea eminentemente práctico y casuístico, sin enunciados dogmáticos; además, que sea flexible, para, de ese modo, ser susceptible de futuras adaptaciones; y, en fin, que intente superar la dualidad de sistemas jurídicos de civil law y common law.

7. Digamos que un "tesauro" es un vocabulario especialmente elaborado para llevar a cabo eficientemente y por procedimientos electrónicos la recuperación de unidades de información almacenadas en una base de datos. Las bases de datos son reservorios de información, de datos o documentos, de unidades documentales en suma. Para encontrar en ellas lo que se busque conviene disponer primero de una relación de términos reconocidos como válidos para que, a modo de cebo o gancho, suministrándolos al sistema informático en que haya algún documento "asociado" al término de que se trate, localicemos y recuperemos el documento en cuestión.

Es tal el volumen de información que se almacena en una base de datos que no es recomendable realizar en ella una búsqueda que trate de ser eficiente sin contar con la ayuda de voces reconocidas de antemano, en el momento de diseñar la base y de cargarla, como voces de búsqueda (los "descriptores", como el impropio uso del lenguaje ha impuesto). Ese repertorio de voces de búsqueda, tanto "monotérminos" como sintagmas, se hallan (debidamente organizados, sistematizados o clasificados, jerarquizados, conectados, "preferenciados", codificados, controlados en definitiva) en el tesauro de la base o bases de datos de la que se trate, con la que se utilicen.

Ahora bien, el profesor Fernández de Buján (dentro del Capítulo 9: "El derecho privado en Europa") se ocupa de la necesidad de la elaboración de un Thesaurus jurídico europeo, exactamente en el epígrafe 9.6, que todo él constituye una de las novedades incorporadas a esta segunda edición aumentada y corregida de su libro. Allí manifiesta: "creo que en la misma medida en que hoy no se duda de la necesidad de los Thesaurus jurídicos nacionales, puede también mantenerse la conveniencia de la elaboración futura de un Thesaurus jurídico europeo, a fin de que pueda asociarse a todas las bases de datos jurídicas de los quince países miembros y a las específicas del Derecho de la Unión Europea" (p. 494).

De los criterios con que, a su juicio, se debe elaborar este Tesauros destacan los siguientes: i) que se incorpore el latín a los distintos idiomas del Thesaurus; ii) que se arbitre algún medio para resolver el problema de que, en ocasiones, un mismo término tenga diferente valor y contenido conceptual en uno y otro ordenamiento jurídico (y propone al respecto la utilización del término latino que conformará, dice, el concepto nuclear que, como punto de referencia y descriptor general, se tomará como base común para integrar las diversas variantes nacionales); iii) que cada palabra clave o descriptor en un Tesauro jurídico debe ser reconducida a su concepto, de tal forma que cuando un mismo término signifique dos realidades distintas se haga figurar con dos descriptores diferentes; por ejemplo, actio (en el ámbito del proceso) y "acción (sociedad)"; y iv) que cada concepto, y por tanto cada documento asociado con él, haga referencia a la institución jurídica que pueda estar involucrada con el mismo para de ese modo conseguir un verdadero Thesaurus de conceptos y no simplemente de términos.

En especial relación con este último punto no queremos dejar de mencionar aquí la utilidad del Elenco dei codici di classificazione (Thesaurus) que consta en BIA (Bibliotheca Iuris Antiqui. Sistema informativo integrato sui diritti dell'antichità. Direzione scientifica di Nicola Palazzolo). Con esta que podemos decir "decimalización de los conceptos" o "clasificación decimal de las instituciones y de las distintas subcategorías integradas en ellas" en la obra citada se consiguen los elementos de búsqueda que componen el grupo denominado "Vedetta" que traducen al español por "atalaya" (con evidente significación de "perspectiva" o, más descriptivamente, visión a través del panorama global de contenidos conceptuales, desde el punto de mira de la estructura de clasificación decimal en que consiste el árbol de sistematización con el que se han organizado las piezas de documentación que integran el almacén de datos).

Después de referirse a los criterios de elaboración del Theasurus, nos dice el profesor Fernández de Buján que la puesta en práctica del proyecto se desarrollaría en dos fases sucesivas: i) Fase previa de elaboración de un Thesaurus jurídico por cada país comunitario; ii) fase siguiente que consistiría en efectuar la correspondiente labor de estructuración, integración y ensamblaje y sería llevada a cabo por una comisión internacional, compuesta por dos o tres representantes de cada uno de los equipos que elaboraron previamente, o adaptaron, los tesauros nacionales de los distintos países miembros (p. 501)

Unas páginas antes (p. 494), como si pudiéramos estar ya saboreando el resultado de tales labores, se nos ha dicho: La existencia de este Thesaurus jurídico europeo facilitaría la labor de documentación y búsqueda de información a cualquier profesional del Derecho perteneciente a un país comunitario que requiera, con precisión y rapidez, una información legislativa, jurisprudencial o doctrinal extraña a su propia realidad nacional

He aquí cómo, por obra de las Nuevas tecnologías del tratamiento de la información (que están configurando la ya llamada sociedad-red) y por causa de la sociedad globalizada en que vivimos, el Derecho romano sigue prestándonos, renovado, nuevos servicios. Sin duda que aquel estudio pionero de la italiana, A. M. Bartoletti Colombo, referido a las Instituciones de Justiniano y cuyo título era Leggi del VI secolo e informatica del XXI, abrió un camino nuevo en la investigación romanística dentro del ámbito de lo que hoy se entiende por informática jurídica documental.

8. No es fácil condensar en breves líneas los valores que en esta obra se encuentran. Aun a riesgo de pecar de concisos trataremos de resumir sus virtudes en los siguientes siete puntos que particularmente nos han llamado más la atención.

En primer lugar, su actualidad. Se trata de una obra que se ocupa del sistema contractual romano y también del sistema contractual moderno. A este último se dedican de modo muy explícito estos dos capítulos: el capítulo 8, dedicado a "El derecho privado en Europa" (donde, entre otras materias, se trata de "El derecho romano y el derecho común y moderno" y también de "Hacia un deseable Thesaurus jurídico europeo: bases y presupuestos"); y el capítulo 9, dedicado a "Unificación contractual" (donde, entre otra materias, se trata de "Bases romanas y romanísticas del futuro código europeo de contratos" y también de "Sistema contractual romano y sistema contractual moderno: concordancias y divergencias").

Enseguida se presenta el casuismo. Dentro del más puro planteamiento del método casuístico de la creación jurisprudencial romana, en Sistema Contractual Romano se hace otra vez verdad el principio formulado por Schulz de que "en principio era el caso". Casos, acciones, instituciones: he ahí las tres dimensiones del derecho romano, y del derecho sin más, que se hacen presentes a lo largo de toda la obra. Los casos que en el libro se recogen conectan al lector con la realidad de la vida y le hacen entender el verdadero sentido del derecho, al que Frosini definió como "morfología de la praxis".

Luego está la estructura. Hay en la obra que comentamos sistema, organización de los componentes de un todo. Basta reparar en su índice general: se observa una perfecta distribución escalonada de temas y subtemas, una acabada estructura jerárquica, lo que se dice una estructura arborescente, como la del árbol que se expande en ramas y subramas; hay una trama de divisiones y subdivisiones racionales, armónicas, coherentes. Ese orden interno del libro lo hallamos altamente formativo para sus destinatarios.

También se presenta la fluidez. La explicación discurre con naturalidad y el saber se va desvelando poco a poco, gradualmente. Parece que estamos oyendo la voz del profesor explicando en clase. Los párrafos en letra más pequeña son como paréntesis explicativos, como aclaraciones complementarias dichas en voz más baja. El autor ha logrado esa recreación de la (buena) oralidad docente que se propuso. Hay cierto gusto por las exploraciones semánticas y se utilizan oportunamente metáforas esclarecedoras. La pericia en el decir, una virtud tan propia de los buenos juristas, puede también aprenderse en la lectura de libros con tanta riqueza de vocabulario como el que comentamos.

Comparece ahora la globalidad. Estamos ante un libro que, sin renunciar a la condición de monografía o tratado sobre contratos, se ocupa del tema con un enfoque muy amplio abordándolo desde un planteamiento global, en implicaciones con otros ámbitos del saber, tales como el derecho internacional, la historia, las nuevas tecnologías del tratamiento de la información, la lingüística, etc. Nada más lejos del espíritu universitario que la mentalidad del sujeto de un solo libro. Leyendo Sistema Contractual Romano el lector se percibe que su autor es persona de muchas lecturas y quizás se proponga seguir ese mismo camino.

Asimismo se ofrece el rigor. Si el derecho es de algún modo lenguaje, si la ciencia es un lenguaje bien hecho, si la falta de una coma en el texto de una ley nos puede hacer perder un pleito, se entiende que la jerga del jurista deba ser rigurosa, muy precisa. Algunos ejemplos valdrán para poner de manifiesto el rigor terminológico con que el autor se expresa y se explica en Sistema Contractual Romano. Así, en un párrafo se dice: "Es necesario advertir que la fiducia se configura como una forma de garantía real, si bien no se conforma como un derecho real de garantía" (p. 435). En otro momento se indica: "En las fuentes jurisprudenciales la voz negotium se utiliza con diversas significaciones. En primer lugar [...]" (p. 105). En otra ocasión se puntualiza: "La expresión perpetuatur obligatio significa, en el pensamiento de los juristas [...]" (p. 123). En su momento, en lugar de usar el término "acreedor", emplea la más precisa expresión de "acreedor-fiduciario" (p. 436), etcétera.

En fin aparece la utilidad. Por todas las razones anteriores y en atención a los específicos contenidos de la obra que el propio lector tendrá ocasión de comprobar, entendemos que ésta merece el calificativo de muy útil.

9. Contrariamente a lo que pudiera parecer, y por encima de cualquier tópico dicotomizador al uso, los contenidos no pueden separarse de algún tipo de presentación formal: hay una implícita interrelación entre los fondos y las formas. En el caso de este libro que estamos comentando, la presentación de los contenidos está hecha con la dignidad que los propios contenidos exigen.

Son muy de agradecer las deferencias con que los redactores y compositores de los libros presenten su producto a los lectores, sus destinatarios, en beneficio de la funcionalidad de su uso: esencialmente de su inteligible, amena, cómoda, provechosa (y aún diríamos cómplice) lectura.

Nuestro libro se presenta con el esquema previo, cual croquis de vivienda en la que entramos, de un índice completo y sistemático que ocupa sus primeras páginas (de la 5 a la 13). Desde el principio al fin discurren sucediéndose capítulos, títulos , epígrafes y subepígrafes en una racional y codificada jerarquía de hasta cuatro niveles.

El juego con sangrados y tipos de escritura en negritas, redondas o cursivas se hace con criterio uniforme en toda la obra. Los bloques de los textos de fuentes que enriquecen el cuerpo de la redacción resultan oportunamente destacados por sus características de ubicación y de tipo de letra: centrados y en cursiva.

Por lo que se refiere al CD-Rom (realizado, en la redacción de sus contenidos y en su propio diseño y alimentación, con la colaboración del profesor Luis Eugenio Oliver) que se incluye en la obra hay que decir que constituye un claro acierto. Su estructura arborescente puede decirse que comienza en la raíz de un índice, que se bifurca luego en los dos troncos de (A) un índice de esquemas y (B) un índice de cuestionarios de repaso.

En el "índice de esquemas" se concentran veinticuatro documentos o ficheros que, repartidos entre la decena de capítulos que componen el libro nos da el promedio de apenas poco más de dos ficheros por tema. Mas si consideramos los específicos contratos de que el libro se ocupa la asignación de documentos-página de esquema queda así: 6 para la compraventa, 4 para el arrendamiento, 3 para el depósito y otras 3 para la sociedad, 2 para el depósito, y los 6 restantes para los dos primeros capítulos que se dedican a los contratos y a las obligaciones.

La confección y presentación de estos esquemas es perfecta: se emplean aquí con tino la lógica de una coherente sistematización, el gusto por la expresión concisa con perfecto dominio de la economía del lenguaje, y el buen gusto en el empleo de recuadros, tipos de letra y viñetas en color en forma de figuras geométricas: cuadraditos y puntas de flecha. Constituyen las páginas-resumen de la serie de esquemas una demostración del sentido del orden y de una especial capacidad de síntesis al servicio de una visión global y resumida de los temas que redunda en una mayor facilidad para memorizar sus contenidos.

Respecto al índice de cuestionarios hay que decir que en los distintos temas existe un lote de preguntas objetivas, con tres alternativas de respuesta para cada pregunta (habiendo de reconocer cuál de ellas, solamente una respuesta, sea la válida). Hay tantos cuestionarios como temas, diez en total. De este conjunto hay temas, más de la mitad, que tienen cada uno diez preguntas. Los dos temas dedicados a la compraventa dan un total de treinta y una preguntas. Interesa destacar que son los cuestionarios un entretenido modo de repaso que refuerzan el aprendizaje por cuanto el programa que permite la utilización del cuestionario suministra la corrección automática del ejercicio.

10. El autor ha conseguido sus propósitos. Nos ofrece una obra clara, precisa, fluida, incluso amena, sistemática y, sobre todo y conforme quiso, elaborada desde y sobre los textos jurisprudenciales que se contienen en las fuentes romanas. Ha resuelto lo que para él era una básica preocupación metodológica: armonizar exposición dogmática doctrinal con realidad casuística textual; ha evitado que las exposiciones dogmáticas de la doctrina romanística aneguen la voz y las respuestas de los juristas creadores de ese legado histórico que es el derecho romano y que constituye el pilar de nuestro derecho.

Ha logrado su pretensión de que los nombres y las obras de Servio Sulpicio Rufo o de Aquilio Galo, Próculo, Sabino o Labeón; que las opiniones de Salvio Juliano o de Celso hijo; y que las respuestas de Cervidio Escévola, Papiniano, Paulo o Ulpiano, lleguen a ser tan próximas al lector, que pueda aprender directamente con ellos y con ellas. Ha sido fiel a su propia convicción; pero también a los consejos que en su día formulara La Bruyère: "Jamás se recomendará en demasía el estudio de los textos, pues es el camino más corto, más seguro y placentero para todo género de erudición. Poseed las cosas de primera mano, tomadlas de su propia fuente".

Federico Fernández de Buján ha elaborado una monografía formalmente sobria pero reveladora de la condición de un autor que tiene muchas lecturas en su cabeza y un acreditado buen sentido sobre cómo organizar los saberes y servirlos.

Nos encontramos, en conclusión, ante una obra clara y sustanciosa, perfectamente organizada en su sistema expositivo, cuajada de textos de juristas clásicos, concebida desde el casuismo jurisprudencial y elaborada desde la primacía de las protecciones procesales, que es lo mismo que decir orientada a la vida práctica. Un libro rebosante de prudencia jurídica y altamente formativo.

Por ponerle un reparo, le faltan los latines; vaya cosa, cuando aún no es la edad de los latines. Ya nos dejó escrito Sanfilippo que un libro a veces, en un contexto que también aquí se cumple, "non deve essere quello che dovrebbe essere".

Francisco Eugenio Díaz

 

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