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Revista de estudios histórico-jurídicos

versión impresa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.27 Valparaíso  2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552005000100040 

Revista de Estudios Histórico-Jurídicos XXVII, 2005, 490-496

RECENSIONES Y RESEÑAS

García Castillo, José, La institución consular en Málaga (1640 - 2003) (Fundación Unicaja, Málaga, 2003), 341 págs.





El origen de la institución consular se remonta a muchos siglos antes que la aparición de la Diplomacia permanente y tuvo, como es bien conocido, un origen comercial y marítimo. Pero a pesar de ello, José García Castillo destaca la "ausencia de una historia del cuerpo consular en Málaga [...] con una visión de conjunto [...]" (p. 17).

Roma fue, como en tantos otros ámbitos, la creadora de unas instituciones similares a la función consular como el Hospitium publicum y el Collegium mercatorum (los Mercuriales); pero también del término "cónsul", si bien con significados distintos, ya que se refería a dos altos magistrados civiles durante la República. El consulado se instauró en Roma en el año 367 a. C., y era nombrado por los comicios centuriados. También en el Derecho visigodo, se recogió en el Código Eurico (475) alguna norma de naturaleza consular. Pero no fue hasta el siglo XII, con el auge del comercio marítimo en el Mediterráneo, cuando comenzaron a actuar bajo nombres como "cónsul juez", "cónsul mercader", "cónsul marítimo" e incluso "comes mercatorum". Venecia llegó a establecer más de treinta consulados en el Mediterráneo en el siglo XIII. Ya a finales de la Edad Media los cónsules honorarios o "electi" comenzaron a ser sustituidos por los cónsules enviados, de carrera o "missi" (pp. 60 - 66), que eran, como su propio nombre indica, los enviados por el Gobierno de su país (al principio por una ciudad; el municipio de Barcelona nombraba a los cónsules de Cataluña, Valencia, Mallorca y Aragón que era el mismo), que establecía, como señala García Castillo, la función diplomática junto a la mercantil, aunque con variantes históricas, tal y como ha llegado hasta nuestros días. García Castillo señala que "la existencia de cónsules de mar y de agua dulce en 1248 constituye un dato importante, pues sitúa al Consulado de Tortosa _en su forma primigenia_ a la cabeza de los de la Corona de Aragón" (p. 42). Ambas modalidades de cónsules podían presentarse, a título personal, en varias categorías: cónsules generales, cónsules, vicecónsules y agentes consulares (p. 62).

Con el fortalecimiento de los nuevos estados y el establecimiento del principio de territorialidad, los cónsules allá por los siglos XV y XVI dejaron de ser elegidos por la colonia de mercaderes y pasaron a ser nombrados por su nación de origen, lo que les atribuía más una naturaleza política. Pero a partir de la paz de Westfalia, se comenzaron a separar las funciones diplomáticas del cargo consular. Desde finales del siglo XVIII el auge del comercio y el establecimiento de colonias extranjeras, así como la aparición de los nuevos estados independientes en América, favoreció el renacimiento de la función consular. En Málaga se estableció como consecuencia de las negociaciones entre la comunidad de Génova y el Reino Nazarí entre 1280 y 1295 el conocido como castillo de los Genoveses, un "consulado con base territorial en Málaga", en palabras de García Castillo, en una fortaleza que pretendía crear y mantener en tierras ajenas un consulado o agencia permanente mediante un contrato de franquicia (p. 56). Uno de los juristas españoles que ha estudiado con un rigor metodológico encomiable aspectos relativos a la institución consular medieval y moderna (hasta inicios del siglo XVIII) ha sido Manuel J. Peláez, quien señaló en su momento los siguientes tipos de cónsules: "consules iustitiae", "consules villarum", "consules de communi", "alcayt", "proxénos", "consules ultramarinos missi", "consules ultramarinos electi", "consules patriae", "consoli rurali", "consules artium et societatum", "consoli dei placiti", "consules negotiatorum sellariorum et campsorum", "sopraconsoli dei mercanti", "bayle consular", "consules bobacteriorum", "consules paraticorum", "consules della campagna", "cónsules de mar y de agua dulce", "cónsules náuticos" y "cónsules náutico-militares". García Castillo sigue a Peláez en su diferenciación consular en el primer capítulo de su libro.

García Castillo señala que, hacia 1735, en Málaga, el 28% de los extranjeros eran ligures o de la capital de la región Génova, el 20% pertenecía a otros territorios de Italia; el 25% franceses; y el resto ingleses, portugueses o alemanes. Pero a partir de los Borbones, extranjeros de todas clases establecieron su residencia en esa localidad. A juicio de García Castillo, la creación de consulados europeos en Málaga fue, desde una visión histórica, temprana y amplia, por dos motivos: la existencia de una colonia extranjera entre estable y transeúnte y el nombramiento de cónsules honorarios en extranjeros residentes y pertenecientes a la clase mercantil, en una ciudad con un puerto muy activo (p. 73).

En 1847 estaban registrados en Málaga veintiún consulados o viceconsulados; cifra que se amplió en siete en 1861, con la incorporación de las naciones americanas. Mientras que los países europeos (Alemania, Países Bajos, Inglaterra o Dinamarca) que mantenían relaciones consulares con el Reino de España tenían una sede física, los iberoamericanos poseían más un carácter provisional, y mientras los tratados de amistad y comercio estuvieran vigentes (p. 76). Efectivamente, en el nombramiento de los cónsules iberoamericanos, a diferencia del modelo europeo, el sistema que se seguía era de carácter "ad honorem" y tenía su origen en razones de tipo más personal: amistad o confianza por parte del presidente de la República o del ministro de Relaciones Exteriores o del embajador, hasta el punto de que en ocasiones el cese de estos determinaba el del propio cónsul. Por otro lado, la colonia iberoamericana era más reducida que la europea; de ahí que por razones económicas, como señala García Castillo, no se justificaba la creación de un consulado regular (p. 100). Esto propició situaciones como la protagonizada por la República Argentina o Venezuela que, al cerrar sus consulados en Málaga, se instalaron en Cádiz; o el caso de Paraguay, que desde el fallecimiento de su cónsul honorario en Málaga, en 1950, careció de representación en la provincia.

Entre 1860 y 1870, con un censo de unos 90.000 habitantes, el número de consulados acreditados era de treinta y tres, que venía a coincidir curiosamente con los existentes en la actualidad, en una ciudad con casi 600.000 habitantes. García Castillo concluye de estos datos "el influyente efecto de la clase consular en la sociedad malagueña" (pp. 79 - 80). En 1908 se contabilizaban hasta treinta y siete consulados, uno de los números más altos en todos los tiempos. A finales del siglo XIX se creó la Cámara de Comercio y Navegación de Málaga, por decreto de 1886 "para la defensa de los intereses generales del comercio, industria y navegación" (p. 89). Su primer presidente fue Tomás Heredia Livermore, que era el cónsul de Portugal, y desde su fundación hasta los años treinta del pasado siglo XX, estuvo presidida por siete cónsules honorarios, pertenecientes a la esfera mercantil.

La Convención de Viena incluyó en su articulado la figura de los cónsules honorarios, aunque con carácter voluntario, figura que en la práctica iberoamericana se presentaba como algo habitual, por las ventajas económicas que representaba: prácticamente sin costo para el país o muy inferior a la constitución de un consulado regular. Pero el problema se planteaba en que de forma frecuente su nombramiento recaía a veces en ciudadanos de distinta nacionalidad de la del país que enviaba (p. 109).

Al estudiar los países europeos, Bélgica, cuyo convenio consular con España se ratificó en 1870, ha sido otro Estado con una larga trayectoria consular en Málaga, con una extensa red de consulados de carácter honorario. Entre 1914 y 1918 recayó el nombramiento como cónsul en la figura de Marcel Grumiaux, y tras diversos nombramientos, en 1956 el nombramiento fue otorgado a Enrique Van Dulken Muntadas, de familia originaria de Holanda. Más recientemente, en 2003, ha sido nombrada cónsul Gabrielle Stuyck. La representación diplomática y consular de Luxemburgo ha sido tradicionalmente confiada a Bélgica, pero desde 1999 se nombró para este país cónsul honorario en Málaga a la persona de René Wazweiler. Finlandia, que cuenta en España con diecinueve consulados, nombró en 2001 al abogado malagueño Juan Manuel Sánchez Davó como cónsul honorario, para sustituir al compañero de profesión Eduardo Gross Cheli, que ejercía este cargo desde el 15 de junio de 1994. Los principales acuerdos con Francia datan de 1862, sobre atribuciones de los agentes consulares. En los últimos años, Francia ha reducido la categoría de sus consulados en Málaga, que figura como "Antena consular" y ha situado el consulado general en Sevilla (p. 202). Grecia, que cuenta en España en la actualidad con dieciséis consulados, tiene desde 1947 como representante al mencionado Dulken Muntadas, que lo había sido de Holanda hasta esa fecha. Por otro lado, en el año 2001 fue nombrado cónsul honorario de Noruega el Procurador de los Tribunales Manuel Manosalvas Gómez (pp. 226 - 228). Hace varios años, los Países Bajos abrieron el 22 de septiembre de 2001 una nueva oficina consular, atendida por el cónsul honorario Frank Búster, con jurisdicción en las ciudades andaluzas de Jaén, Granada y Melilla, para atender a los más de 20.000 holandeses que viven en la Costa del Sol, según el dato que proporciona García Castillo. Esta cifra es errónea, ya que en el censo del Instituto Nacional de Estadística de 2004 no supera los seis mil, siendo el mayor número los extranjeros británicos (33.369) y, en segundo lugar, los alemanes (13.764). Uno de los cónsules más antiguos de Polonia ha sido Enrique Neumann, que ejerció el cargo entre 1786 y 1791, y durante tiempo Polonia careció de representante y relación alguna por haber desaparecido como Estado, hasta que en 1936 fue nombrado cónsul Juan Jiménez Lopera, cargo que ocupó hasta 1943. Pese a la influencia turística y la tradicional presencia consular de Portugal en Málaga, Portugal no ha procedido al nombramiento de cónsul honorario en aquella provincia, a pesar de los casos de problemas con súbditos portugueses que se ven obligados a desplazarse hasta Sevilla para cualquier gestión. Por este motivo, en octubre de 2002 se procedió a la reapertura del Consulado en Málaga, nombrándose para ocupar el cargo de cónsul a Rafael Pérez Peña, auditor y delegado en Andalucía de la Cámara de Comercio de Portugal en España. Los diecisiete consulados del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte en España (pp. 239 - 253) demuestran la notable presencia británica en la península. La relación de representantes consulares es prácticamente continua desde los inicios del "Her Britanic Majesty's Consulate For The Kingdom of Granada in Spain", y la notable influencia de sus cónsules se ha traducido en hechos tales como la creación del Cementerio inglés o el Hospital Noble. En 2000 Bruce McIntyre, miembro ordinario de la Orden del Imperio Británico, adquirió el nombramiento para Málaga, y tuvo que hacer frente a la ocupación de un centenar de personas para exigir la marcha del submarino "Tireless". Los veinticinco consulados de Suecia en España se han desarrollado a lo largo de una trayectoria histórica. En 1791 figuraba como cónsul de Suecia Esteban Westertrom y como vicecónsul Carlos Wuerster. Tras cinco generaciones de la familia Krauel (de 1832 a 1957), en 1960 fue nombrado cónsul Teodoro Gross Jesssing, hasta 1984. El 4 de octubre de 2002, la embajada de Suecia en Madrid decidió trasladar su consulado honorario desde Fuengirola a Málaga, en la persona de Pedro Megías González, licenciado en Derecho por la Universidad de Deusto y que en la actualidad ejerce la abogacía en Málaga. Por otro lado, Suiza en 1998 cambió el criterio del Gobierno suizo y transformó el consulado de carrera de Málaga en honorario, y puso en el cargo a Cecile Torres de Navarra - Wettach. En el consulado de Italia (pp. 209 - 214) _cuya tradición consular es tan antigua como la propia función consular marítima_ Tranquilo Bianchi (1929 - 1942), proporcionó refugio a familias nacionalistas, motivo por el que fue expulsado en agosto de 1936; pero con la entrada de las tropas del general Franco fue recibido por una multitud con aire de héroe de las libertades y restablecido en su puesto. El convenio consular de Alemania con España data de 12 de enero de 1872, si bien el inicio de estas relaciones se remonta a 1652 ó 1675, según las distintas fuentes. En la actualidad España cuenta con 18 consulados alemanes. Desde 1912 hasta 1940 figuró como cónsul de Alemania Rodolfo Fröemke, de origen alemán y establecido en Málaga como exportador de vinos y frutos secos. A comienzos de los años cincuenta fue nombrado cónsul honorario de Alemania en Málaga Emilio Kustner, que cesó en 1965 por motivos de salud. Desde 1966 el cónsul general de la República Federal de Alemania en Málaga, con jurisdicción en esta provincia y en las de Granada y Jaén, fue Juan Hoffman. Desde 1995 a 1998 ejerció como decano del cuerpo consular, y le sucedió como cónsul el diplomático Klaus A. Meixner, cónsul natural de Francfort del Meno, casado con una española. A partir de 15 de julio de 2001, el consulado general de la República Federal de Alemania pasó a ser consulado para las provincias de Sevilla, Badajoz y Huelva, y el consulado general de Alemania se instalaba en Málaga, para las provincias de Almería, Cádiz, Córdoba, Granada, Jaén, Málaga y ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. En septiembre de 2003 fue nombrado cónsul general Holger Heinfried Eberle. Rusia tan sólo ha estado representada por un consulado en España, y que casi durante un siglo ha estado en manos de la familia Rein, procedente de Sajonia. El último miembro de la familia que representó a Rusia desde 1920 a 1925 fue Tomás Rein Arssú.

Pese a la proximidad de Málaga a las costas del norte de África, a excepción de Marruecos (pp. 216 - 222), no ha existido relación consular con los países del Magreb. De hecho, en 1873 Marruecos tenía ocho consulados españoles en su territorio; pero no han faltado momentos de tensión y de enfrentamientos entre ambos países, como el cierre del consulado en Málaga que tuvo lugar el 27 de septiembre de 1995, incluso antes de la comunicación oficial del Gobierno de Marruecos al Ministerio español de Asuntos Exteriores. El 20 de febrero de 1996, Maoulainine Mohamed se presentaba como cónsul general de Reino de Marruecos en Algeciras, con jurisdicción en Málaga. Marruecos ha establecido casi de forma ininterrumpida relaciones con Málaga, desde que el 28 de marzo de 1767 se firmara en Marrakech el primer tratado de paz y amistad con España. Una vez alcanzada la independencia en 1956 estableció su primer consulado en Algeciras, atendido por personal de la carrera diplomática. Argelia que en la actualidad cuenta con tan sólo un consulado regular en Alicante y otros puntos del Mediterráneo, no consta históricamente en las listas consulares con representación en Málaga. Por otro lado, Túnez en los años setenta consideró la posibilidad de iniciar relación consular, más por razones turísticas que comerciales, pero quedó en fase de proyecto. La República de Liberia ha sido, según nos revela García Castillo, el país más antiguo en la institución consular, pero por "los intereses de abanderamiento de buques mercantes que este país otorga dentro de los llamados pabellones de complacencia" (p. 117). En el caso de la República de Zaire, la amistad de Mobutu Sese Seko, presidente del Zaire desde 1965 con Jaime de Mora, favoreció que éste fuera nombrado cónsul general del país centro-africano en Málaga. Un caso similar aconteció con la República de Costa de Marfil, que tuvo en proyecto nombrar en la citada provincia al alcalde de Marbella Jesús Gil, si bien el entonces ministro de Asuntos Exteriores español Javier Solana alegó la incompatibilidad del cargo de alcalde con el de cónsul. En la actualidad, de los cincuenta y tres Estados africanos, veinte mantienen representación consular en España, y todos ellos ubicados en las Islas Canarias, Madrid y Barcelona.

Centrándonos en los países asiáticos, el que cuenta con mayor tradición consular ha sido Turquía, ya que tenemos datos de que Eduardo González ejercía como vicecónsul en Málaga en 1863. Arabia Saudí también ha tenido una representación consular importante desde 1977, con un consulado general atendido por el diplomático Bashir Kurdi, que con anterioridad había ocupado importantes cargos en las embajadas de Tokio y Madrid. Con Filipinas no ha existido relación anterior a 1960, y los asuntos eran llevados desde Sevilla. Entre los años sesenta y setenta se abrió un consulado en Málaga para atender la llegada de numerosos nacionales, en su mayoría dedicadas al servicio doméstico. Entre 1975 y 1981 fue nombrado cónsul de Filipinas en Málaga el abogado Mariano Vergara Casero, sub-director general del Banco Coca, y miembro de la Cámara de Comercio. Tras su cese, le sustituiría el vicecónsul en Málaga Félix Gancedo Gómez. El 8 de febrero de 2000 recibió nombramiento el nuevo cónsul honorario, con jurisdicción en las provincias de Málaga, Granada, Almería y Murcia, el abogado Mariano Vergara Utrera, vicepresidente de la entidad financiera Unicaja.

Las relaciones España - Argentina se iniciaron, aunque con una naturaleza más comercial que política, en 1861, con la apertura de un consulado de la ciudad de Buenos Aires, figurando como cónsul Antonio Aldana, que también representaba en esos momentos a Uruguay. En 1863 ocupaba el cargo de cónsul Pablo Parladé, hasta que en 1866 volvió a ser titular Antonio Aldana, esta vez como cónsul de la República Argentina. Avanzando en el tiempo, en el período comprendido entre 1920 - 1923 el nuevo cónsul fue Edgardo Moreno. Desde los años sesenta, el consulado de la República Argentina en Andalucía ha estado en Sevilla y representado en José Alberto Carro. De hecho, en Málaga, aparece como ausente desde 1960. Chile cuenta con 17 representaciones consulares en España, y el Tratado de reconocimiento, paz y amistad, data de 1844. La relación consular en Málaga se inició en 1861, ocupando el puesto Eduardo Huelin Reissig hasta el año 1891; en 1907 José María Souvirón sucedería a Antonio de Burgos Maesso (1905 - 1906), y en el período de la postguerra, 1939 - 1943, estaría representado en la persona de Severo Livingstone. Más recientemente, desde 1980, lo ocupa María Adela Moreno Vargas. Bolivia, que cuenta en la actualidad con diez consulados en España, tuvo su primer cónsul en Málaga, según los datos de que dispone José García Castillo, en 1866, figurando como cónsul Pedro Gómez Gómez, y José Huelin Sans desde comienzos del siglo XX hasta 1940, momento en el que le sucedió Juan Jiménez Lopera. Desde 1979 hasta 1994 ocupó el cargo Farid Bakir, año en la que fue trasladado a Bolivia. De 1838 data la existencia de un viceconsulado de Brasil en Málaga, cuyo encargado de la agencia comercial era Fernando Sotelo. En 1861 y bajo el nombre de Imperio de Brasil, seguía figurando el mismo cónsul, aunque en su actividad se incluía Grecia. En 1935 el cónsul de Brasil estaba representado en la persona de Carlos Riberió de Faria y un año más tarde fue nombrado José de Oliveira Almeida. El 27 de junio de 1990 ocuparía el cargo de vice-cónsul de Brasil en Málaga José García Castillo, el autor del libro que estamos comentando, que renunció a dicho puesto en 1991 al ser nombrado cónsul de Ecuador. También son estudiados otros consulados como los de Guatemala, Haití, que cuenta en la actualidad con cinco en España, Honduras o Hawai (pp. 204 - 208). Sin embargo, apenas existen datos destacables del consulado de Nicaragua en Málaga hasta 1963, y se quedó vacante tras el fallecimiento en 1974 del cónsul Nandor Goldstein. El consulado de México (pp. 222 - 224) en Málaga durante la Guerra Civil española (1936 - 1939) estuvo dirigido por Porfirio Smerdou Fleissner (1931 - 1936), que en Málaga llamaban "Pimpinela Escarlata", que salvó numerosas vidas gracias al refugio diplomático en la sede consular de México hasta su destitución el 19 de diciembre de 1936 (pp. 131 - 140). Recientemente se le ha dedicado una biografía. El cónsul de Ecuador, Bernabé Viñas, salvó su propia vida y la de algunos sacerdotes absteniéndose de salir fuera de la sede consular. El cónsul de Honduras Isidro Ron también recibió en asilo a varias familias malagueñas y les otorgó protección. Otros consulados que estudia José García Castillo son el de Ecuador, que inició la relación con Málaga en 1851, nombrando cónsul a Matías Joaquín Huelin Mandly, El Salvador o Estados Unidos (pp. 172 - 186). Panamá cuenta en la actualidad once consulados en España, y la relación consular con Málaga se inició prácticamente a raíz de su independencia de Colombia en 1903, y ha establecido una extensa red consular con presencia en las principales ciudades portuarias ya que posee una de las flotas petroleras más importantes del mundo. Pero, al estudiar Uruguay, José García señala que "el actual criterio de Gobierno de Uruguay es el de reducir el número de consulados honorarios en España" (p. 268). Venezuela trasladó en los años sesenta el consulado general para toda Andalucía a Cádiz, atendido por el cónsul general de la carrera diplomática Julio Barros Bustillo, que asumía competencias no sólo a la provincia, sino también al resto de Andalucía, parte de Extremadura, Ceuta y Melilla. Pero tras el cierre en 1985 de este consulado, la representación consular honoraria de Venezuela residiría en Sevilla, cuyo cargo de cónsul honorario estuvo representado por Ignacio de Bolívar desde 1955. García Castillo, al analizar Latinoamérica concluye que "los cónsules de los países iberoamericanos viven más de cerca los problemas derivados de la estancia ilegal y sus consecuencias ante la progresiva inmigración en espera de una reforma de la Ley ya anunciada" (p. 276).

A modo de conclusión, la situación consular en Andalucía es la siguiente: Sevilla, treinta y siete consulados; Málaga, treinta; Cádiz, quince; Huelva, ocho; Córdoba y Almería, cinco cada una, y Granada, tres.

García Castillo, nacido en Málaga en 1930, ha sido elegido recientemente Decano de la institución consular y es doctor en Derecho. En la actualidad ejerce como cónsul general de Ecuador en Málaga, pero también ha desempeñado a lo largo de su vida profesional el cargo de delegado regional de Nestlé España, concejal del Ayuntamiento de Málaga, presidente provincial de Unicef y vicepresidente de la Asamblea de la Cruz Roja y del Ateneo de Málaga. Esta obra, que constituye una parte de la tesis doctoral, fue dirigida por Alejandro J. Rodríguez Carrión, catedrático de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Facultad de Derecho de la Universidad de Málaga, cuya defensa tuvo lugar en la Universidad de Málaga en 2001. Para su elaboración ha consultado archivos locales, como el Histórico Municipal, el de la Diputación y el del Gobierno Civil; y dos de ámbito nacional: el del Ministerio de Asuntos Exteriores y el Histórico Nacional, que abarcan tres siglos de relación estrecha entre la representación de sesenta países que han tenido una más o menos intensa relación con la ciudad malacitana. En las pp. 293 - 341 se recoge una documentación gráfica, que recopila distintos nombramientos y fotografías.

Guillermo Hierrezuelo Conde

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