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 número27García Sánchez, Justo - de la Rosa Díaz, Pelayo - Torrent Ruiz, Armando (coord.), Estudios jurídicos in memoriam del profesor Alfredo Calonge (Caja Duero, Asociación Iberoamericana de Derecho Romano, Salamanca, 2002), 2 vol., 1076 págs.García y García, A., Historia del Concilio IV Lateranense de 1215 (Centro de Estudios orientales y ecuménicos "Juan XXIII", Salamanca, 2005), 332 págs. índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
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Revista de estudios histórico-jurídicos

versión impresa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.27 Valparaíso  2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552005000100042 

 

Revista de Estudios Histórico-Jurídicos XXVII, 2005, 533-535

RECENSIONES Y RESEÑAS

García Sánchez, Justo, Arias Piñel, Catedrático de Leyes en Coimbra y Salamanca durante el siglo XVI: la rescisión de la compraventa por "laesio enormis" (Salamanca, 2004), 316 págs.





En esta obra Justo García Sánchez estudia la rescisión por lesión enorme, que fue introducida en una constitución promulgada a finales del siglo III d.C. por Diocleciano y Maximiano, al tiempo que realiza un estudio biográfico, académico y de la obra del legista portugués Aires Pinhel (Arias Piñel o Arias Pinellus). Este jurista nació en fecha desconocida en Cezimbra, localidad que en la actualidad se conoce como Sesimbra, y ocupó la cátedra de Vísperas de Leyes en Coimbra. En 1530 comenzó su formación en Derecho Romano por la Universidad de Salamanca, y un lustro más tarde obtuvo el grado de bachiller en la Facultad de Leyes el 5 de mayo.

La primera etapa como docente en Coimbra se prolongó desde 1539 a 1548. El 2 de septiembre de 1539 obtuvo el nombramiento regio como lector de la Facultad de Leyes para que enseñase durante un año, prorrogable, dos lecciones diarias; si bien en la realidad ejerció este cargo de forma ininterrumpida hasta 1544. Un año antes, en 1543, se graduó como licenciado en Leyes por su Facultad, y en el curso 1545 - 1546 fue designado entre los lectores del Estudio como diputado de la Universidad. Dos años más tarde, el 11 de agosto de 1548, manifestó en el claustro de diputados su voluntad de abandonar la Universidad _aunque tuvo que permanecer en la cátedra hasta septiembre de 1549_ ante las acusaciones nada justificadas de corrupción del Tribunal. Pero, como señala Justo García Sánchez, su intención no manifiesta era marchar a Lisboa como abogado del Tribunal de Suplicación para obtener mejores retribuciones, cargo que ocuparía desde el último trimestre de ese mismo año de renuncia hasta febrero de 1556.

El segundo período docente en Coimbra, que coincidió con el retorno de Aires Pinhel a su Universidad, comprendió desde 1556 a 1559. El 24 de febrero de ese primer año tomó posesión de la cátedra de Vísperas de Leyes, y la materia docente para ese primer curso académico era la del Digesto en el título De verborum obligationibus (D. 45, 1). Durante el verano del último año de este período, el jurista salmantino-conimbricense reiteró su posición de no jurar la tarea lectiva, tal y como había hecho el año precedente, de forma que asumió esa docencia Gabriel de Acosta, que fue también sustituido en esa función por Diego López de Haro a los pocos días, hasta el mismo momento en que tuvo lugar la convocatoria pública de la oposición a dicha cátedra de Vísperas de Leyes, que finalmente ganó Héctor Rodríguez el 22 de diciembre de 1559. García Sánchez manifiesta que "el motivo de esta actitud de Piñel no resulta hoy bien conocida, pero es indudable que debió recibir una invitación formal desde sectores relacionados con la Universidad de Salamanca para hacerse cargo de una de las enseñanzas jurídicas del Estudio, a la vista de las jubilaciones que se estaban produciendo en las cátedras más relevantes de Leyes..." (p. 70). Aunque no existen documentos que acrediten el desempeño de la cátedra de Vísperas de Leyes en el Estudio Salmantino desde 1559 hasta 1561, los estudiosos de este egregio jurista coinciden en ese hecho (p. 74).

Con motivo del fallecimiento de Pedro de Peralta el 11 de septiembre de 1561, quedó vacante la cátedra de Prima de Leyes en la Facultad de Salamanca, a la que concursó Piñel, pero finalmente la ganó el doctor Manuel da Costa, a pesar del apoyo masivo de los estudiantes, que incluso amenazaron con abandonar las aulas si Piñel se marchaba de Salamanca. Ante tal petición, el claustro de diputados, en una reunión con fecha de 3 de diciembre, que se celebró al día siguiente de adjudicada la cátedra de Prima de Leyes a Costa, dotó por unanimidad de sus miembros una cátedra extraordinaria que, como indica Justo García "no estaba en el presupuesto ordinario ni en los Estatutos, además de carecer de precedentes en la historia universitaria salmantina... mientras no lograse una cátedra en propiedad" (p. 97). Pero se le impuso la condición de que se presentase a la oposición de la primera cátedra vacante que se produjera. Apenas seis meses habían pasado de estos acontecimientos cuando quedó vacante de forma imprevista la Prima de Leyes tras el fallecimiento de su titular, por lo que acontecía el deber de Arias Piñel de concursar a la primera vacante que se causara en las cátedras de propiedad. A esta plaza no firmó ningún otro aspirante, pero de todas formas la habilidad y suficiencia de conocimiento de Arias Piñel eran algo "público y notorio", por lo que adquirió la cátedra en junio de 1562 en régimen de propiedad. Piñel obtuvo el grado de licenciado por Salamanca el 7 de agosto de ese mismo año. Recién obtenido este título solicitó que se le incorporase en el Estudio salmantino con el grado de doctor que había logrado en 1546 en Coimbra, de acuerdo con lo previsto en los Estatutos de 1561, que estaban en vigor en ese momento, donde se contemplaba esa situación, siempre que no se opusiese alguno de los legistas o la mayor parte de los miembros del colegio en cualquier otra Facultad. De esta forma, tal y como señala Justo García, "Arias Piñel obtuvo su doctorado salmantino, a partir de la incorporación del título obtenido en Coimbra, con voto unánime del claustro" (p. 130), y se incorporó con el grado de doctor a partir del 31 de agosto de 1562. El deceso de Arias Piñel, acaecido el 9 de enero de 1563, provocó que sus herederos tuvieran que hacer frente a cuantiosos pagos que se habían generado para financiar su doctoramiento, así como la contribución que otorgó el Estudio salmantino el 27 de junio de 1562 para sufragar la educación de sus hijos.

Al hacer un estudio de la obra no impresa de Arias Piñel, tenemos que reseñar tres dictámenes, que aparecieron en Salamanca el último año de su vida, y que pretendían dar respuesta a problemas jurídicos planteados por algunos nobles, como los dos dictámenes favorables que emitió a la pretensión del aragonés Sancho de Cardona o en materia de derecho sucesorio el informe jurídico a favor de Federico de Portugal. La primera de las obras impresas de Arias Piñel fue Mille assertiones in Jure civili, publicada en 1545 en la ciudad del río Mondego, y De bonis maternis commentarius (1568). También se le atribuyen, entre otras, las siguientes: Allegatio pro D. Frederico de Portugal (1562) y Ad rubricam et l. 2 de rescin. vend. Commentarii. Authore Ario Pinelo Lusitano. Conimbricae, anno redemptionis 1558, mense octobri, Apud Antonium de Maris. Ex tempore veritas, que está dedicado al cardenal y príncipe de Portugal, Enrique, ya que les unía una profunda relación profesor - alumno, pues el eclesiástico había asistido a sus clases de Código.

El capítulo III está dedicado íntegramente al comentario de Arias Piñel al Codex, 4, 44, 2 (pp. 179 - 241). La lectura de esta parte del Código Justinianeo por la persona de Piñel tuvo lugar el 17 de abril de 1546, si bien fue objeto de repetitio antes de las vacaciones estivales. No hay que olvidar que en la literatura académica del siglo XVI la repetitio consistía en un examen monográfico y más exhaustivo de los textos legales que habían sido objeto de lectura ordinaria o clase magistral. La obra, cuya primera edición tuvo lugar en octubre de 1558, se iniciaba con un index legum et locorum iuris communis et regii, para pasar a una primera parte, que estaba dedicada a la rúbrica del título, y tres partes más que analizaban la constitución dioclecianea. Justo García hace una valoración muy positiva de Arias Piñel, al señalar que "comienza por respetar íntegramente el texto del Codex de Justiniano, que sirve de punto de partida para su reflexión intelectual, aunque ello implique contradecir las opiniones de importantes comentaristas, además de colocarse explícitamente al lado de humanistas, como Francisco Connano, como vemos por ejemplo al analizar C. I. 4, 64, 1, de rerum permutatione [...]" (p. 197).

Arias Piñel estudió algunas de las cuestiones resueltas por Ulpiano, jurista que entendía que si alguien solicitaba del Emperador la facultad de edificar en lugar público, era posible la concesión a pesar de la molestia de otros. Por el contrario, Arias Piñel no era partícipe de esta interpretación en cuanto que en materia de justicia son importantes también las cosas pequeñas (p. 202). De este modo, Piñel entendía que el Rey no podía, sin causa justa, derogar el Derecho positivo que tenía fundamento acorde al Derecho divino o a la razón natural. Nuestro legista también distinguía al analizar el fragmento D. 18, 1, 79, entre el contrato de compraventa y los pactos añadidos, señalando que era diferente si se trataba de un pacto in continenti o un pacto ex intervallo (p. 207). El jurista portugués al comentar el D. 19, 5, 6, que se refería al supuesto de alguien que vendía una casa para que el adquirente reparase otra, entendía que se trataba de un contrato innominado, sin que existiera venta ni locatio-conductio (p. 208). Otra cuestión importante se refería a la aplicación de la norma de Diocleciano en caso de una enajenación hecha por el heredero por mandato del testador. Justo García valora la conclusión a la que llegaba Piñel al realizar una visión crítica de esta cuestión, al señalar que "comienza por reprochar las deficiencias interpretativas de los autores precedentes, para limitar o ampliar el ámbito del rescripto postclásico, además de establecer una diferencia: si el testador mandó vender simpliciter, el heredero víctima de la lesión puede utilizar el remedio previsto en C. I. 4, 44, 2, pero si el testador fijó el precio, no podrá el heredero alegar esta norma" (p. 215). Piñel compartía la opinión de que la acción ejercitable por parte del que sufría la lesión enorme era de naturaleza personal, de modo que no impedía el traspaso del dominio al comprador y el vendedor sólo podía dirigirse contra aquél al que enajenó la cosa (p. 224).

Justo García Sánchez, que nació en Ciudad Rodrigo (Salamanca), se doctoró en Derecho, Teología y Derecho Canónico por las Universidades Autónomas de Madrid y Pontificia de Salamanca. Más tarde amplió su formación en Ciencias medievales en la Universidad del Antonianum de Roma, y en Derecho matrimonial canónico, en la congregación romana del Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos. En la actualidad es catedrático de Derecho romano en la Facultad de Derecho de la Universidad de Oviedo. Pero García Sánchez es un romanista atípico (por otro lado discípulo como Antonio Ortega Carrillo de Albornoz, nada menos que de Don Pablo Fuenteseca, el primero, que no el mejor, de los discípulos de Álvaro d'Ors), dedicado al Derecho común y a la tradición romanística. Justo García está considerado como el máximo especialista español vivo en el estudio de la literatura jurídica, a la que ha dedicado multitud de trabajos traducidos en libros, artículos y ponencias a Congresos internacionales.

Guillermo Hierrezuelo Conde

 

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