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Revista de estudios histórico-jurídicos

versión impresa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.27 Valparaíso  2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552005000100053 

 

Revista de Estudios Histórico-Jurídicos XXVII, 2005, 562-564

RECENSIONES Y RESEÑAS

Pacheco Gómez, Máximo, La separación de la Iglesia y el Estado en Chile y la diplomacia vaticana. Con la colaboración de Jaime Muñoz Sandoval y Cristóbal García-Huidobro Becerra (Santiago, Editorial Andrés Bello, 2004), 333 págs.





Mientras Chile formó parte de la monarquía española, las relaciones entre la Iglesia y la corona discurrieron por la vía del real patronato, que había sido concedido por la Santa Sede a los monarcas españoles, el que subsistía al iniciarse el movimiento independentista, si bien, con el correr del tiempo, se había complementado con una serie de abusos que tanto los Austria como los Borbones habían ido desarrollando de hecho, ante los cuales la Iglesia disponía de pocas posibilidades de reacción. Al producirse la independencia, las nuevas autoridades chilenas conservaron de las españolas el modelo que éstas habían tenido en lo que se refiere a las relaciones entre el poder temporal y el poder espiritual, haciéndose continuadoras del patronato. Sin embargo, a diferencia de lo que había sucedido en el período indiano, el patronato inaugurado por las autoridades nacionales fue sólo una situación de hecho, pues, aunque Chile hizo gestiones para obtener el reconocimiento del mismo por la Santa Sede, ésta nunca lo concedió ni reconoció. Esto no fue impedimento para que las autoridades chilenas lo consagraran constitucionalmente, y la Iglesia se vio obligada a soportarlo como hecho consumado. Con el paso de los años, empero, la Iglesia fue consciente del abuso que esto significaba y, por otra, hubo grupos políticos que intentaron la separación entre ambos poderes durante la segunda mitad del siglo XIX, intentos que no prosperaron y que, en ocasiones, fueron detenidos por las máximas autoridades del Estado. La separación definitiva se produjo en 1925 cuando el Presidente de la República de entonces, Arturo Alessandri, logró la aprobación de una nueva Constitución política que vino a reemplazar la de 1833 que había consagrado, como las anteriores, el patronato a favor de la autoridades del Estado.

El proceso de separación entre la Iglesia y el Estado fue un hecho importante en la historia patria y, por lo mismo, ha sido estudiado con detención. Sin embargo, hasta el momento no se habían utilizado las fuentes provenientes de los archivos vaticanos, labor que emprendió el autor de este libro, aprovechando su calidad de embajador de Chile ante la Santa Sede. Se trata, pues, de una aproximación a una página importante de nuestra historia patria a través de unas fuentes privilegiadas y que ahora el autor ofrece recogidas en este volumen.

El libro está dividido en tres capítulos, el primero de los cuales está dedicado a explicar las negociaciones llevadas a cabo para la separación de la Iglesia y el Estado en 1925, para lo que el autor maneja la información que proporcionan las fuentes que ahora publica. El capítulo segundo, el más voluminoso del libro, presenta una selección de documentos del Archivo histórico de la Secretaría de Estado del Vaticano, en su Sección para las relaciones con los Estados. Se ofrece un total de 49 documentos -informes, telegramas y cartas-, algunos de los cuales están complementados con sus respectivos anexos. Son, en su mayoría, comunicaciones intercambiadas entre la Secretaría de Estado y la nunciatura en Santiago de Chile, a cargo de la cual se encontraba monseñor Benedetto Aloisi Masella, arzobispo de Cesarea. Los documentos, ordenados cronológicamente, van desde 1920 a 1926, lapso que coincide tanto con la primera presidencia de Arturo Alessandri (1920 - 1925) como con la misión cumplida en Chile por el nuncio Aloisi Masella (1920 - 1927), período en el que se llevaron a efecto las negociaciones que culminaron con la separación de la Iglesia y el Estado y que fue consagrada constitucionalmente en 1925. Los documentos se transcriben íntegramente, y se ha cuidado de mantener, con la mayor fidelidad posible, tanto la presentación como la redacción que sus autores dieron a los mismos. Cuando los originales dactilografiados contienen correcciones a mano, se ha optado por respetar dichas enmiendas y, en los casos en que se ha estimado interesante hacerlo, han sido transcritas incluso las anotaciones marginales manuscritas. En ocasiones, los oficios del nuncio contienen párrafos cifrados, si bien, casi siempre, consta en el mismo documento el texto descifrado el que, por lo mismo, es el que se ha transcrito. En los pocos casos en que ello no ocurre, se ha hecho la oportuna advertencia. En algunos casos se han omitido los anexos por tratarse de recortes de prensa cuyo contenido aparece suficientemente resumido en el respectivo informe, o por tratarse de documentos que sólo abundan sobre temas ya analizados en la misma o en otras comunicaciones.

El capítulo III está escrito por Cristóbal García-Huidobro Becerra, ayudante de la carrera de licenciatura en Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile, y en él se exponen los antecedentes de la separación de la Iglesia y el Estado, los que están marcados por tres impulsos laicizantes: el primero en 1865, con la discusión y promulgación de la reforma constitucional que interpreta el artículo 5 de la Constitución de 1833 en el sentido de permitir el culto privado de las confesiones diversas de la católica y la enseñanza de dichas religiones lo que, a decir verdad, ya venía haciéndose de hecho; el segundo, entre los años 1872 y 1874, con ocasión de la discusión y aprobación del Código Penal, lo que supuso la supresión del fuero eclesiástico; y el tercero, entre los años 1883 y 1886, marco cronológico del período de mayor tensión entre ambos poderes, temporal y espiritual, y que se concretó en la aprobación de las llamadas leyes laicas, de matrimonio civil, registro civil y cementerios. El volumen concluye con una cuidada bibliografía sobre el tema. El prólogo es del profesor Ricardo Krebs.

Como lo he dicho, la historia de esta página importante de nuestra historia ha sido suficientemente estudiada, pero, con todo, como se hace presente en el prólogo, quedan aún cabos sueltos sobre los que los documentos que ahora ven la luz arrojan algunas luces. A través de ellos, se puede ver la secuencia cronológica que siguieron las negociaciones, las vicisitudes de las mismas, y las tensiones que van surgiendo al calor de las mismas. Toda publicación de fuentes es para un historiador un hecho importante, sobre todo cuando se trata de fuentes importantes como las que nos proporciona el autor en este libro que pasa a ser de consulta obligada para quien quiera abordar el tema en el futuro. De su lectura se confirma algo que ya ha sido suficientemente puesto de relieve, como es el papel clave que jugó el Presidente Arturo Alessandri en estas negociaciones, las que logró llevar a feliz final, al punto que el Papa Pío XI pudo decir que más que una separación se trataba de una amigable convivencia.

Cuando se produjo la separación, los obispos de Chile hicieron pública una pastoral colectiva en la que, entre otras cosas, afirmaban "el Estado se separa de la Iglesia; pero la Iglesia no se separará del Estado y permanecerá pronta a servirlo; a atender el bien del pueblo; a procurar el orden social; a acudir en ayuda de todos, sin exceptuar a sus adversarios, en los momentos de angustia en que todos suelen, durante las grandes perturbaciones sociales, acordarse de ella y pedirle auxilio". Los ochenta años transcurridos desde que fueron hechas estas afirmaciones, muestran contundentemente lo certera que fueron esas palabras.

Carlos Salinas

 

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