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Revista de estudios histórico-jurídicos

versão impressa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.27 Valparaíso  2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552005000100054 

 

Revista de Estudios Histórico-Jurídicos XXVII, 2005, 564-569

RECENSIONES Y RESEÑAS

Panero Gutiérrez, Ricardo (y otros), El Derecho romano en la Universidad del siglo XXI. Catorce siglos de Historia y catorce de Tradición (Valencia, Ed. Tirant lo Blanch, 2005), 457 págs.





El presente trabajo, dirigido y coordinado por el Catedrático de Derecho Romano de la Universidad de Barcelona Ricardo Panero Gutiérrez y en el que participan, además de él, otros insignes profesores académicamente muy vinculados a Panero, Mª Teresa Duplà Marín, Catedrática de Derecho Romano de la Universidad Ramon Llull y las Profesoras Titulares, también de Derecho Romano, de la Universidad de Barcelona, Paula Domínguez Tristán y Patricia Panero Oria, constituye una obra de referencia indiscutible para la investigación y la docencia del Derecho romano.

El estudio consta de seis capítulos precedido por un doble prólogo que, en cierto modo, viene a ser anticipo del valor académico y científico del mismo, pues tras un título de carácter, en apariencia divulgativo, se encubre un auténtico trabajo de investigación. El primero de estos prólogos, fechado en marzo de 2005, corresponde al por entonces Rector de la Universidad de Barcelona, Juan Tugores Ques; el segundo, posterior en el tiempo, al actual Decano de los Catedráticos de Derecho Romano españoles, Armando Torrent Ruiz. No deja de sorprender que un Rector como Juan Tugores que jamás renuncia a su condición de jurista, hable de deudas de reconocimiento y gratitud con relación a Ricardo Panero, de quien "académicamente se siente beneficiario", confesándose discípulo suyo y calificándolo como "maestro consolidado y excepcionalmente maduro" y que designe a los coautores de esta obra como el "núcleo más duro" de una Escuela de la que _y nos sigue sorprendiendo el Rector Tugores_ se declara tributario de su formación. Respecto al Decano Armando Torrent baste consignar que su sobriedad, concisión y ponderado juicio crítico positivo son las notas a señalar de unas palabras introductorias, en las que destaca la importancia, interés, rigor y originalidad de la obra.

La estructura formal y autoría de este trabajo, distribuido por capítulos, es la siguiente: Capítulo 1º: El Derecho en Roma, a cargo de Patricia Panero. Capítulo 2º: El Derecho Romano y su recepción en Europa, a cargo de Ricardo Panero; 2.I: El destino inmediato del antiguo Imperio Romano y de su Derecho; 2, II: La Baja Edad Media y la formación del ius commune; 2, III: La Edad Moderna: Humanismo y Racionalismo; 2, IV: La Edad Contemporánea: Codificación e Historicismo. Capítulo 3º: Algunas consideraciones sobre la recepción del Derecho Romano en España y Cataluña, de Paula Domínguez. Capítulo 4º: La Enseñanza del Derecho Romano, de Teresa Duplà. Capítulo 5: La Investigación Romanística, de Patricia Panero y finalmente, Capítulo 6: Valor Actual del Derecho Romano, a cargo del también director y coordinador de la obra, Ricardo Panero. Por lo que a Panero se refiere, se deduce de lo expuesto que no sólo coordina y dirige esta obra de monumental envergadura, sino que además participa redactando el grueso de la misma, medido en número de páginas. En efecto, a él debemos las 200 páginas que conforman el segundo de los capítulos más treinta páginas del sexto, con el que se cierra magistralmente este singular estudio. En consecuencia, a Panero debemos la autoría de la mitad del libro, siendo el contenido de su aportación la propia historia de la tradición jurídica europea, desde su resurgir en Bolonia, hasta el momento actual. Por otro lado, destacando de la obra su contenido particularmente unitario, daremos noticia también de la labor de las otras profesoras que, con una sustantividad propia, resulta más equilibrada en cuanto a su amplitud se refiere. Esto quedará plasmado en lo que pasan a constituir sendos apartados que finalizan con la ya referida y singular aportación de Panero Gutiérrez.

El primer capítulo, el Derecho en Roma, es obra de Patricia Panero, que parte de la propia terminología, diríamos parafraseando a Biondo Biondi, como primera dogmática jurídica, y tras apuntar el contrasentido que toda esquematización rígida comporta para la historia, trata del problema de la periodificación con un análisis claro y ejemplar de los principales criterios seguidos por la moderna romanística europea, en general, y por la española, en particular. Opta por distinguir cinco fases (con las usuales denominaciones de: arcaica, preclásica, clásica, postclásica y justinianea) y, en síntesis, crítica y precisa, en cada una, los mismos puntos, a saber: la organización política y la estructura económico-social. A tenor de estos factores, estudia el Derecho, sus distintos estratos y sus diferentes fuentes de producción, con un esmerado tratamiento de la iurisprudentia y principales juristas en cada época. El capítulo se cierra con una serie de consideraciones de carácter general en vía de conclusión. El pasar de lo particular a lo general, el cómo hacerlo, el constante reflejo del Derecho de acuerdo con Savigny, como producto histórico y fruto de unos factores que se sintetizan, son aspectos a destacar en este capítulo de forma positiva, con una especial mención de la iurisprudentia, en el sentido romano del término, donde, con un aparato bibliográfico riguroso, se precisa la distinta actividad o la aportación de mayor interés de cada uno de los juristas de los que se ocupa, en cuyo trato, consideración y número Patricia Panero es pródiga, sobre todo _y es obligado decirlo_ en las épocas preclásica y clásica.

La novedad, sin duda, más destacada que aparta y diferencia esta obra de otras con las que puede tener parecido sesgo, corre a cargo de Paula Domínguez, en su capítulo 3º, con el título Algunas consideraciones sobre la Recepción del Derecho romano en España y Cataluña. Debemos destacar como primer aspecto las peculiaridades derivadas de una falta de uniformidad y pluralidad de reinos, por un lado, y la Recepción y su polisemia por otro, a los que se añade la ausencia de un criterio objetivo para medir el grado de recepción. El segundo, lo inicia con la situación geográfica de Cataluña y las Universidades como vehículo difusor del Derecho Romano, entre estudiantes (seglares y eclesiásticos) y profesionales (la práctica notarial), para proseguir después hasta el Derecho Catalán moderno y, lo que es de mayor importancia (para la autora), la presencia en él del Derecho Romano, bajo el doble prisma legislativo y jurisprudencial, sin que se silencien las vicisitudes de la actividad científica de los juristas catalanes, de la práctica de los Tribunales eclesiásticos y de la incidencia de factores comerciales e industriales. La prudencia de una romanista como Paula Domínguez, en un terreno resbaladizo, a caballo entre el ámbito propio de la Historia del Derecho y del Derecho Civil, le hace que, consciente de ello, busque la auctoritas de historiadores y civilistas solventes, que van desde un Hinojosa y un Iglesia, por un lado, a un Luna o una Roca Trias (la autora solo usa su primer apellido) de otro, lo que no le impide buscar por su cuenta y traer a colación sentencias propias del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, entre las que, por su carácter emblemático, reviste un particular relieve (por lo que al Derecho Romano se refiere), la primera dictada por la Sala de lo Civil, el 4 de diciembre del 1989.

La Enseñanza del Derecho Romano, como epígrafe del Capítulo 4º, se debe a Teresa Duplà, cuya prolongada actividad en la gestión académica e intervención en planes de estudios hasta fecha muy reciente, se pone de manifiesto en un planteamiento "muy de hoy". En él, toma como punto de obligada referencia la Ley Orgánica de Universidades, afrontando el nuevo concepto de Universidad Europea y la declaración de Bolonia y desde un punto de vista crítico. Ello no le hace olvidar que para llegar a esta Bolonia se ha partido de aquella otra Bolonia y de su Studium Generale, por lo que no pierde ocasión de proclamar a la Universidad y a la Enseñanza Universitaria como un producto histórico, planteándose y recordando los objetivos y fines generales de la docencia universitaria. Duplà, tras aludir a los retos y oportunidades de la Universidad del siglo XXI, se centra en la enseñanza, en particular del Derecho Romano, los problemas académicos que le afectan, aspectos psicopedagógicos, estrategias metodológicas y elementos de trabajo, para acabar prestando especial atención a las nuevas tecnologías en la práctica educativa y a la evaluación del rendimiento de los alumnos a través del aprendizaje.

El capítulo quinto es obra de Patricia Panero, a quien ya se debe también el primero. Su título es La Investigación Romanística. Parte de unas consideraciones generales sobre lo que es método y lo que por él se entiende; postula un pluralismo metodológico y presta cuidada atención al llamado histórico-crítico, al que califica como el tradicional dentro de la Investigación del Derecho Romano; pasa revista a sus presupuestos, nos advierte de sus obligadas cautelas y realiza un excursus sobre su usus desde los Glosadores a la primera mitad del siglo XX. Resulta, en este período, original, minucioso y del máximo interés, el trato que por decenios realiza de la critica de interpolaciones. A partir de este momento, siguiendo a Kaser, se centra en las tendencias más modernas, distinguiendo entre Textgeschichte y Rechtsgeschichte, cerrándolas con una observación crítica que permite acomodar los resultados que se obtengan por uno y otro camino. Son particularmente claros, precisos y críticos, los comentarios sobre la Textstufenforschung de Wieacker y el Derecho Romano Vulgar. El capítulo se cierra con las referencias a otros distintos métodos en donde Patricia Panero muestra su clara inclinación y preferencia por la Dogmengeschichte, advirtiendo de las dificultades que comporta y la muy especial preparación que deberá tener quien por sí sólo lo acometa.

Tal y como anticipamos, pasamos a ocuparnos de los Capítulos segundo y sexto, cuya autoría corresponde al coordinador y director de la obra, Ricardo Panero. El capítulo segundo trata de: El Derecho Romano y su recepción en Europa y se distribuye en cuatro Secciones, de las que pasamos a dar noticia: En la primera sección, titulada El destino inmediato del Imperio Romano y de su Derecho, Panero parte de un útil e inusual memorandum del origen histórico de Europa y trata del Occidente en la Alta Edad Media, en donde distingue hasta 9 momentos en el tiempo, en los que aquél va adquiriendo distintos matices (bárbaro, bizantino y cristiano y, en este caso, diferentes acentos, islámico, franco e imperial). Así, nos conduce hasta un Occidente con pluralidad de reinos, desembocando en un Occidente identificable con Europa. La segunda parte de esta primera sección, fiel a su genérico epígrafe, se ocupa de la Cultura jurídica europea en la Alta Edad Media, en donde se distingue el Derecho oficial de los reyes germánicos y el consuetudinario, sin olvidar el Derecho de la Iglesia. Panero recuerda y hace ciertas precisiones que juzgamos de interés. Las primeras, relativas al origen de este Derecho Consuetudinario, en las cuales se aparta de aquellos investigadores de filiación germánica de la Escuela Histórica, para defender, sin tapujos, su origen romano, pues, según él y un sector doctrinal (recordemos a Cannata) y en el que no duda en inscribirse el autor, las costumbres germánicas resultarían, sobre todo, del empleo de restos de Derecho Romano vulgar. Los bárbaros, en definitiva, al llegar a los territorios conquistados, ya se encontrarían con residuos de organización administrativa y judicial romana que usarían, sin olvidar el papel de los formularios de práctica notarial que siguieron utilizándose. Las segundas precisiones son referentes a la vigencia del Derecho Romano en tal época y al sentido que debe darse al afirmarlo, donde se mantiene una postura de prudencia, alejada de las radicales de un Conrat o Fitting que pueden servir de ejemplos extremos. La segunda sección trata de La Baja Edad Media y la Formación del ius commune. Tras las obligadas referencias a puntos tales como la Tradición Romanística; el resurgir boloñés; las Escuelas de Glosadores y Comentaristas y la propia formación del ius commune, no es tan frecuente, la claridad y los distintos matices, que se repiten en el análisis de las referidas Escuelas y permiten un estudio paralelo y comparativo de ellas desde una pluralidad de ángulos, pero con acentos muy diversos. Tampoco es frecuente el estudio de la influencia pormenorizada de los primeros, en Inglaterra, Francia y Alemania; el reconciliar ideas que posibilitan los segundos, en apariencia, (al menos hoy lo parece) irreconciliables como unidad (ius commune) y diversidad (iura propria) ni, menos aún, el prestar una atención tan cuidada, como hace Panero, a la formación de aquel ius commune, mediante la formación de lo que terminó siendo Corpus Iuris Canonici. La sección se cierra de conformidad con la impronta de la Universidad que aparece en el título de la obra, destacando el papel de las universidades a la hora de difundir un Derecho que no nos resultaría forzado calificar de "comunitario" o si se prefiere de "europeo" y que, tal vez, a nuestro juicio, como lo hace en la última nota de esta sección el propio Panero, sería más apropiado el uso restringido, como factor de difusión de las Facultades de Derecho. La tercera Sección trata de la Edad Moderna: Humanismo y Racionalismo. En ella, los cuatro puntos a destacar son: el Humanismo Renacentista, el Mos Gallicus y el Mos Italicus, el Usus modernus Pandectarum y el Iusnaturalismo racionalista. Ricardo Panero los trata con rigor y aporta, entre otros, aspectos y observaciones sugerentes. Por ejemplo, se destaca que el usus modernus pandectarum no cabe reducirlo a una mera fase de transición tendente y precursora del Iusnaturalismo racionalista, sino que tiene su propia forma y autonomía, respecto a la tradición de la que procede, y con una distinta metodología llega a ser un instrumento adecuado a la nueva práctica, para buscar un equilibrio entre el ius commune y los iura propria, que no sólo va a encontrar en este cambio una de las claves de su actuación, sino conformar un nuevo estilo y en segundo lugar, que el iusnaturalismo racionalista, no es algo que, como se ha dicho, sólo tangencialmente incide en el Derecho Romano, centrado en la contraposición mos gallicus, mos italicus. Por ello, Panero denuncia y se hace eco de la insuficiencia de este planteamiento dual; mantiene que, a través de un tercer miembro, se logra dar una explicación más completa a la realidad histórico-jurídica, y toma a la filosofía racionalista, no sólo como vía de interés para explicarla, sino como elemento no desdeñable para hacer lo propio con el paso de la jurisprudencia medieval a la moderna, que resultará del máximo interés en el proceso formativo y de consolidación de los Derechos propios y de los Estados modernos. Las distintas etapas de la formación de este nuevo ius naturale, teniendo como guía a Wieacker, y centradas en la cristiana, matemático-sistemática y racionalista formal, y en su examen y líneas básicas de pensamiento, Panero logra armonizar el rigor, la brevedad y la concisión, debiendo destacarse los aspectos críticos (por lo común en nota). Las razones de una hostilidad hacia el Derecho Romano con las que se inicia el cierre del capítulo son sobradamente conocidas, pero no lo es tanto, lo recuerda Panero, la conexión de un derecho racionalista y la jurisprudencia humanista; el que los principios de Derecho Natural conduzcan a un nuevo enunciado de los romanos; que al Derecho Romano sólo termine por achacársele, lo apuntaba Cannata, falta de sistematización y, en fin, el matizar el nuevo y doble papel que va a asumir el Derecho Romano: por un lado, de freno para evitar el subjetivismo propio de las distintas exigencias doctrinales y filosóficas (plano teórico) y de otro, de garante de la seguridad jurídica (plano práctico). Corresponde a la cuarta sección tratar de la Edad Contemporánea y la contraposición Codificación e Historicismo. La tendencia codificadora y sus primeras manifestaciones (bávara, prusiana, francesa y austriaca) y su valoración de conjunto, como primer punto; la polémica sobre la codificación, como segundo; Savigny y la Escuela histórica, como tercero y, en fin, las dos corrientes que de la figura del primero emergen, tan dispares, como puede serlo el que el creador de la Escuela Histórica del Derecho sea autor de un Sistema del Derecho Romano actual, conforman los puntos de un capítulo que finaliza con las dos principales manifestaciones que reviven la vieja oposición de Wieacker entre "idea" e "historia", representadas ahora, por dos fundamentales corrientes, a saber, la Pandectística y el Neohumanismo (según lo bautizó Koschaker).

El capítulo sexto y último también corresponde al Profesor Panero, y en él, una vez más (no es novedad que lo haga), rinde tributo de admiración, respeto y cariño a su maestro Ángel Latorre, que _nos recuerda el autor_ aunó la doble vertiente histórico y jurídica, como catedrático de Derecho Romano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona y Magistrado del Tribunal Constitucional. Se inicia el capítulo con un excursus histórico del Derecho Romano, desde fines del siglo XIX hasta principios del XXI; se puntualiza cómo, a principios del siglo XX, termina por afirmarse su carácter histórico científico y se defiende su concepción histórico-dogmática. Tras ello, se ofrece unas observaciones, particularmente sugerentes, que lo caracterizan en el nuevo siglo XXI. A partir de aquí, lo que cobra máxima actualidad, se pregunta Panero, rindiendo tributo de coherencia al título general del libro: El Derecho Romano en la Universidad del siglo XXI, cómo puede contribuir el Derecho Romano en la formación jurídica, lo que requiere responder, previamente, al otro interrogante: de qué formación pretendemos dotarle, afirmándose su interés en una formación teórico-práctica, o si se prefiere, en aquella que comporte un análisis intelectual a la práctica y descartándolo en cualquier otra, ya fuera sólo teórico-doctrinal o práctica-utilitaria. El último punto planteado implica el trato de la involución de la figura del jurista, lo que por él debe entenderse según Latorre y su triple función (de aprender, comprender y criticar el Derecho), para finalizar con un amplio desarrollo pormenorizado de cada una de esas esferas y de cómo el Derecho Romano, en concreto, puede contribuir a ello.

Como última observación general, resulta oportuno destacar que la obra, como tal, presenta un hilo conductor que se percibe en todos sus capítulos, y manifiesta en todos sus autores. Unidad de criterio metodológico y de un magisterio que se trasluce, no hace falta expresarlo, sin que esa unidad destacada atente contra algo, y conscientemente se incurra en reiteración, tan destacado y destacable en Derecho, como es la discrepancia de pareceres o diversidad científica. Una obra, en suma, que pese a sugerir en la forma un aparente criterio de información, que puede incidir en la docencia, es en el fondo algo más profundo, pues las conclusiones, tras cada uno de sus puntos principales, las valoraciones de los mismos y la admisión o rechazo argumentados, de buen número de problemas relativos al Derecho Romano y la Universidad en general; de sus líneas de investigación; docencia y de su Recepción en Europa, a través de la tradición hacen evocar a aquel Derecho como elemento integrador de Europa y de su Derecho, lo cual, tras más de 400 páginas, es una enseñanza, quien lo duda, pero menos aún, puede ponerse en tela de juicio el que no se trate de una investigación, seria, rigurosa y en no pocos aspectos novedosa.

Carmen Ortín García

 

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