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Revista de estudios histórico-jurídicos

versión impresa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.27 Valparaíso  2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552005000100057 

 

Revista de Estudios Histórico-Jurídicos XXVII, 2005, 582-586

RECENSIONES Y RESEÑAS

Pound, Roscoe, Las grandes tendencias del pensamiento jurídico. Traducción y Estudio Preliminar por José Puig Brutau. Edición al cuidado de José Luis Monereo Pérez (Edit. Comares, Granada, 2004), XXXVIII + 193 págs.





José Puig Brutau, jurista catalán fallecido en 2003, que fue profesor de Derecho civil y de Derecho comparado en Puerto Rico y está considerado como un gran historiador del Derecho europeo en su conjunto, entiende que uno de los principales problemas para el estudio del Derecho comparado consiste en realizar "una labor previa que procure salvar los escollos de una terminología desconcertante o dudosa y facilitar la comprensión de que nuestro sistema de Derecho privado no se halla tan distante del que consiste en un Derecho creado por los jueces (judge-made-law)" (p. xiii). La explicación que daba Roscoe Pound atendía a que los juristas prácticos mostraban la tendencia de considerar las doctrinas del sistema en el que habían sido educados como partes del orden jurídico de la naturaleza. De ahí la necesidad de recuperar a este clásico, en palabras de Puig Brutau (p. XIV).

Roscoe Pound, nacido en 1870, está considerado como el fundador de la jurisprudencia sociológica. Obtuvo en 1897 el título de Doctor en botánica en la Universidad de Nebraska, aunque posteriormente continuó su formación, esta vez jurídica, en Harvard, pero pronto regresó a su tierra natal, donde ejerció como abogado a partir de 1901, aunque más tarde fue nombrado Comissioner of Appeals del Tribunal Supremo de Nebraska, al mismo tiempo que se dedicaba a la enseñanza como profesor de Derecho de la Universidad de Nebraska. Desde que Pound empezó un estudio del contenido sociológico del Derecho, el pensamiento jurídico ha estado en constante evolución. Impartió docencia en la Universidad de Chicago, aunque sólo permaneció un año en la misma, pues el curso siguiente se vinculó de nuevo a la Universidad de Harvard. Sus principales obras fueron: Outlines of Lectures on Jurisprudence (1914), The Spirit of the Common Law (1921) e Introduction to the Philosophy of Law (1922).

Una de las aportaciones más importantes de Pound fue la de haber orientado la jurisprudencia de conceptos, haciendo un planteamiento más pragmático, al tiempo que levantaba la polémica del realismo jurídico, lo que obligó a los realistas a realizar puntualizaciones, en cuanto a la imprescindible necesidad de contar con el elemento ideal en el Derecho. En palabras de Puig Brutau, la legislación de todos los Estados podía dar lugar a una teoría jurídica consistente, y afirma que en el Derecho anglosajón "el contenido del Derecho romano podrá estar en los modernos Derechos codificados, pero su método, su fuerza creadora, tiene su equivalencia en el common law" (p. xxviii). Puig Brutau señala que no puede decirse que el common law haya acabado con la unidad jurídica del continente europeo, ya que "lo que el legislador rompió han estado recomponiéndolo incesantemente los jueces" (p. XXXVII).

Roscoe partía de la idea de que todo estudio en torno al Derecho debía reconciliar la antinomia estabilidad y transformación, ya que la vida social se planteaba como cambiante y exigía nuevas adaptaciones ante la presión de otros intereses sociales. Esto requería que el orden jurídico fuese flexible, al tiempo que estable; además se planteaba como una necesidad adaptar o conciliar la regla estricta con el arbitrio discrecional, así como compaginar la seguridad general con los intereses de la vida individual. Si en el siglo XVIII "toda sentencia, ley o tratado presupone la filosofía del Derecho", en el siglo XIX "toda ley [...] presupone historia jurídica"; en consecuencia, no podemos limitarnos a los historiadores del Derecho, sino que era preciso tener en consideración la literatura jurídica a la vez que las sentencias y los textos legislativos (p. 11). De hecho, la historiografía jurídica del XIX asumía que el Derecho se había desarrollado, pero al tiempo que intentaba unificar la estabilidad con el cambio a través de la combinación entre la autoridad histórica y la historia filosófica. A finales del XIX, la Escuela histórica había perdido mucho terreno, y a comienzos del siglo pasado casi había sucumbido en el ocaso, que coincidía con el abandono general de la manera de pensar histórico-filosófica decimonónica. Quizá fuese porque, como señala Pound, "la escuela histórica durante toda su existencia mantuvo una interpretación en cierta manera idealista de la historia del Derecho" (p. 23). Roscoe Pound, al estudiar el método histórico, indicaba que éste aplicado a la jurisprudencia consistía en una comprobación histórica de dicha idea (p. 30).

Si los seguidores de la escuela jurídico-metafísica del siglo XIX se acercaron a la interpretación ética, los partidarios de la escuela histórica aceptaron una interpretación política. Por otro lado, la interpretación idealista concebía la idea de lo justo (right) desde un punto de vista religioso, más que ético. Kant fue uno de los autores más importantes que pusieron fin a los fundamentos filosóficos del Derecho natural del siglo XVIII, e hizo posible que una fórmula metafísica de lo justo (right) pudiera convertirse fácilmente en una teoría del Derecho (law). Kant formuló una teoría del derecho, en el sentido de lo justo, entendida como una conciliación a través de reglas universales que hacían posible que la voluntad de cada autor pudiera coexistir activamente con la de todos los demás. Pero con la segunda generación de la escuela histórica, la interpretación ética fue reemplazada por la interpretación política; de hecho, algunos de los defectos pasaron a este nuevo planteamiento. Roscoe Pound concebía la interpretación ética en el sentido de una idea de lo justo (right), que impulsaba al jurista y al juez a llenar su contenido con algo más que con Derecho (law).

La concepción moderna de la ciencia del Derecho data del siglo XVIII, entendida como una rama o una aplicación de la teología, y como un intento de encontrar en la teología filosófica un fundamento a la autoridad del Derecho romano que era objeto de enseñanza académica. Pound entendía que "el rasgo más significativo del pensamiento jurídico reciente consiste en la repudiación del concepto de una ciencia del Derecho por completo independiente, obtenida sobre la base exclusiva del Derecho mismo y que se permita ignorar cualquier otro departamento del saber como no pertinente para sus problemas y sin ningún valor para sus fines" (p. 58). La interpretación política que imbuyó una nueva concepción en la jurisprudencia del siglo XX surgió como reacción a la concepción hasta entonces vigente. La interpretación política recibió la influencia de Hegel, y concebía el derecho con la siguiente definición: "libertad como una idea" (p. 58). Al estudiar la interpretación política a finales del siglo XIX y comienzos del XX, Roscoe Pound extrajo las siguientes conclusiones: "en primer lugar, se trataba de una teoría jurídica de carácter negativo que llevó hasta el límite la idea, peculiar de la escuela histórica, de que no debía crearse nada, es decir, que la legislación era una cosa superflua [...] En segundo lugar, rechazaba toda crítica de las instituciones, reglas y doctrinas jurídicas que no fuese la crítica histórico-analítica del Derecho realizada desde su propio punto de vista" (pp. 80 - 81).

Una nueva tentativa para explicar la causa única y suprema de todos los fenómenos jurídicos tuvo su fundamento en la economía, que comenzó en la quinta década decimonónica, quizá a consecuencia de la hegemonía de las ciencias naturales en el siglo XIX y la concepción naturalista del mundo. Pound creyó encontrar la causa en "las nuevas condiciones con las que las ciencias sociales habían de ocuparse y de los nuevos fenómenos que habían de explicar" (p. 111). La interpretación económica encontraba su fundamento cuando Marx aplicó la dialéctica hegeliana a la economía política inglesa, a las teorías de los historiadores franceses de la Revolución francesa y a su propia experiencia del movimiento proletario. De esta forma, surgió una nueva concepción de la historia, que pretendía satisfacer hasta el límite máximo las necesidades materiales. Esta interpretación constaba de dos elementos: el metafísico y, más novedoso, la idea económica concreta, que se refería a la idea de las necesidades o exigencias concretas de los individuos. Roscoe Pound, al estudiar la interpretación económica, llegó a la conclusión de que "lleva a un extremo la separación y exclusión del elemento ético en el pensamiento jurídico que empezó en la jurisprudencia analítica con Bentham [...] y en la escuela histórica con Savigny [...]" (pp. 117 - 118).

Una vez analizadas estas posibles interpretaciones del siglo XIX, Roscoe Pound entendía que existía una laguna en todas ellas (pp. 139 - 166): ninguna de ellas tenía en cuenta la actividad creadora que desarrollaban los hombres como abogados, jueces, tratadistas o legisladores, que pretendían armonizar o reconciliar pretensiones contradictorias por medio de la razón creadora o a través del ensayo y error (trial and error). Para solucionar estas carencias, Jhering elaboró la jurisprudencia de conceptos, que tanto influjo tuvo en la literatura jurídica, como en la administración de justicia. A la conclusión que Pound llegó fue que "la interpretación que se funda en una actividad creadora pertenece a períodos de crecimiento por desarrollo de nuevas instituciones y por absorción o infusión de elementos externos" (p. 151). Una de las mayores dificultades de la interpretación en la labor judicial era el hecho de que los casos que se planteaban no estaban contemplados en las leyes. Y habían sido la equidad y el Derecho natural aquellas técnicas que habían llevado cabo una mayor actividad creadora del Derecho. Era una realidad, por tanto, que "podemos ver que todo sistema jurídico manifiesta la huella personal del gran jurista" (p. 164).

La última forma de interpretación que estudió Pound Roscoe fue la que concebía el Derecho como una obra de ingeniería social (pp. 167 - 193). Efectivamente, había que contemplar otros factores como los siguientes: los hombres que intervenían en el hallazgo y adaptación de los materiales jurídicos, los materiales con los que operaban, las circunstancias bajo las que actuaban y los objetivos que les movían a obrar. Muchos de estos elementos han sido estudiados por la interpretación de la civilización de Kohler, figura destacada en la última parte del siglo XIX. El planteamiento de este jurista consideraba que el Derecho se presentaba como relativo a la civilización y que las leyes eran, en el mismo sentido, atinentes a la civilización propia de cada tiempo y lugar. De hecho, no existía un cuerpo universal de instituciones jurídicas y de reglas de Derecho para todas las civilizaciones. Por el contrario, se presentaba una idea universal, como era la civilización humana. Pero esta actividad humana debía ordenarse, y que el sistema _aunque no el Derecho_ estableciera a cada uno sus funciones. De esta forma, se protegerían los valores existentes y se haría viable la creación de otros valores nuevos. Pero Roscoe Pound señalaba que, a pesar de las ventajas que ofrecía esta interpretación, no se presentaba como satisfactoria plenamente, en la medida en que tenía rasgos de idealista, prefiriendo más bien un punto de vista instrumental (p. 177). Pound se acercó más bien a pensar en la jurisprudencia como una ciencia de ingeniería social, "cuya competencia corresponde a aquella parte de todo el campo social en el que puede lograrse la ordenación de relaciones humanas a través de la acción de la sociedad políticamente organizada" (pp. 178 - 179). Era consciente que una interpretación en términos de ingeniería social pudiera emplearse de forma negativa, pero el verdadero peligro estaba en librarse del pesimismo jurídico del pasado inmediato. Por eso, insistía Pound, en que había que confiar cada vez más en los juristas para llevar a cabo la obra creadora (p. 192).

En esta Colección Crítica del Derecho, la Editorial Comares vuelve a recuperar a un clásico, e imprime las conferencias pronunciadas por Roscoe Pound en el Trinity College, en Cambridge (1922), aunque con algunas adiciones realizadas por el propio Pound. De nuevo felicitamos a José Luis Monereo Pérez por tan loable iniciativa, a la vez que le invitamos, tanto a él como a Miguel Ángel Del Arco Torres, a que traten de difundir en Estados Unidos, Canadá, Chile, Argentina, México, Perú, Puerto Rico, Uruguay, etc., toda esa magnífica colección de clásicos del Derecho a la que llevan diez años dedicándose.

Guillermo Hierrezuelo Conde

 

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