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Revista de estudios histórico-jurídicos

versión impresa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.28 Valparaíso  2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552006000100023 

 

Revista de Estudios Histórico–Jurídicos 2006, XXVIII, 634 – 636

RECENSIONES Y RESEÑAS

BEHRENDS, OKKO – KNÜTEL, ROLF – KUPISCH, BERTHOLD – SEILER, HANS HERMANN (editores), Corpus iuris civilis.Text und Übersetzung, I: Institutionen (2ª edición, Heidelberg, C. F. Müller Verlag, s.d. [pero 1997]), 349 págs.; II: Digesten 1–10 (Heidelberg, C. F. Müller Verlag, s.d. [pero 1995]), 862 págs.; III: Digesten 11–20 (Heidelberg, C. F. Müller Verlag, s.d. [pero 1999]), 661 págs.; IV: Digesten 21–27 (Heidelberg, C. F. Müller Verlag, s.d. [pero 2005]), 531 págs.


El grupo de conocidos catedráticos alemanes de derecho romano, compuesto por los profesoresOkko Behrends, Rolf Knütel, Berthold Kupisch y Hans Hermann Seiler, inició en 1985 la empresa de traducir el Corpus iuris civilis a la lengua alemana. En 1990 apareció un primer tomo, que contiene el original texto latino de los Institutiones, según la edición crítica de Paul Krüger (4ª ed., 1921), a doble columna en las páginas pares, y la traducción alemana del mencionado grupo, también a doble columna en las impares. En poco tiempo se agotó ese tomo; de donde que se haya hecho una segunda edición en 1997. La presente recensión ha sido motivada en lo inmediato por la edición en 2005 de los libros 21 a 27 del Digesto, en el tomo IV; pero hemos creído de utilidad dar una mirada a todas las partes de la obra, editadas con anterioridad.

En 1995, pues, vio la luz el tomo segundo, con los libros 1 a 10 del Digesto; le siguió en 1999, el tercero, con sus libros 11 a 20; en 2005 ha aparecido el tomo cuarto, con los libros 21 a 27. En todos los casos se mantuvo el esquema de ofrecer una edición latina en las páginas impares y la traducción alemana en las pares. La observación de aquella secuencia temporal muestra un ritmo muy constante en la edición de cada tomo, que por aproximación se puede fijar en cinco años. De continuar tal ritmo, podemos calcular que la traducción del resto del Digesto habrá de tener lugar al cabo de los próximos diez años. Después han de venir las del Código y de las Novelas.

En el tomo segundo (p. xxv–xxvi), los autores insertan una lista de otras traducciones. Del íntegro Corpus iuris civilis contamos seis en total, que se distribuyen así: al francés (1803, por Hulot y Berthelot), al alemán (1830–1832, por Otto, Schilling y Sintenis), dos al italiano (1830–1843, por Foramiti; y 1859, por Vignali), al castellano (1889–1897, por García del Corral), y al inglés (1932 por el estadounidense Scout). A ellas hay que agregar la traducción castellana (sin texto latino) de Bartolomé Rodríguez de Fonseca, José María de Ortega y Alejandro de Bacardí (Barcelona, Establecimiento Tipográfico de Narciso Ramírez y Cía., 1872–1874), 2 volúmenes: I (Instituciones y Digesto), II (Código y Novelas). Hay otro tanto de traducciones del Digesto a diversos idiomas (sorprendentemente varias al inglés, pero también modernamente al japonés), y muchas de las Instituciones. Ahora bien, todas las traducciones del completo Corpus iuris civilis citadas, como también la castellana no citada de Rodríguez de Fonseca y otros, fueron conducidas sobre ediciones latinas que no eran las versiones críticas de Krüger (Instituciones y Código), Mommsen (Digesto, editiones maior y minor) y Kroll (Novelas). No ha ocurrido lo mismo con las ediciones publicadas en el siglo XX de solo el Digesto o de solo las Instituciones, que suelen basarse en las críticas antes mencionadas. Así que la traducción que comentamos, aunque no es la primera al alemán, porque antes está la de Otto, Schilling y Sintenis (1830–1832), es la primera basada en las ediciones críticas hoy usuales en la romanística, por lo demás difícilmente superables o reemplazables.

El tomo primero, como quedó indicado, contiene las Instituciones. Después de los prólogos (a la primera y segunda ediciones), sigue el texto bilingüe; pero a este viene añadido un rico material informativo, bajo la rúbrica de "Erläuterungen und Register". Las tres "aclaraciones" iniciales fueron escritas por Bertold Kupisch. La primera: "Zu dieser Übersetzung", después de algunas informaciones sobre el Corpus iuris civilis, la tradición textual de las Instituciones y sus fuentes, se centra en el método empleado en la traducción misma. La segunda: "Die Institutionen Justinians als Lehrbuch, Gesetz und Ausdruck klassischen Rechtsdenkens" contiene unas densas páginas sobre cada uno de los aspectos en que pueden ser consideradas las Instituciones, vale decir, según se dice en la rúbrica, como texto de enseñanza y estudio, como ley y como fuente de conocimiento del derecho clásico. La tercera: "Zu Wirkungsgeschichte der Institutionen" resume magistralmente la importancia histórica que las Instituciones han tenido para la cultura occidental, a través de sus diferentes épocas. Valoro especialmente las páginas dedicadas a la influencia del sistema institucional en la ciencia del derecho y en la legislación. Como cuarto sigue un "registro", confeccionado por varios especialistas de diferentes naciones, bajo la dirección de Rolf Knütel, con el título de "Modernes Gesetzesrecht und Institutionen". Precedido de una suerte de introducción del director, consiste en la concordancia de las Instituciones con los pertinentes artículos de códigos nacionales de Alemania, Austria, España, Francia, Italia y Suiza. La referencia es, principalmente, como resulta natural, a los códigos civiles, pero también a los procesales y penales, a leyes especiales y aun a las constituciones en algunos casos. La concordancia es por partida doble: primero, de las Instituciones con las legislaciones nacionales ("Institutionen und heutige Gesetze"); en seguida, de estas con las Instituciones ("Heutige Gesetze und Institutionen"). Este instrumento ofrece una gran importancia y utilidad para el historiador del derecho, para el jurista nacional y para el comparatista. El quinto "registro" es un glosario de términos técnicos usados en las Instituciones; el sexto, es la indicación completa del nombre de cada jurista citado en el texto de las Instituciones; y el séptimo incluye una lista de los emperadores romanos hasta Justiniano. Como se ve, los autores no han ahorrado palabras, esfuerzos ni tiempo para entregar al lector no especializado, pero en muchos aspectos incluso al especializado, buenos instrumentos de comprensión.

Las páginas que contienen la edición latina recogen variantes, adiciones, mejoramientos y otras notas críticas del editor del texto latino; las que portan la traducción ofrecen breves y oportunas notas, destinadas principalmente a establecer la concordancia de textos paralelos en el interior de las Instituciones. En algunas ocasiones, la traducción misma incluye, entre paréntesis cuadrados o corchetes, palabras complementarias no existentes en el original latino, que los traductores añaden con el propósito de aclarar el sentido del discurso latino al lector.

Los tomos segundo a cuarto contienen los veintisiete primeros libros del Digesto, distribuidos en la forma que se indica en el enunciado de la obra, al comienzo de esta reseña, y se repetirá enseguida. La traducción ha sido hecha sobre la base de la editio maior de Mommsen (1868–1870) y la undécima reimpresión (1908) de la minor.

El tomo segundo (libros 1–10) se inicia con un breve "Vorwort" de los cuatro traductores iniciales. A él sigue un par de páginas sobre el método seguido para la traducción, y otras sobre la influencia histórica del Corpus iuris civilis, a las que se añadeel elenco de los traductores, la indicación de otras traducciones del Digesto, ya antes mencionada aquí, y una tabla de abreviaturas. En efecto, para la traducción de los diez primeros libros del Digesto, los autores iniciales contaron con la colaboración de otros nueve profesores de derecho romano de diferentes universidades de Alemania (los profesores Apathy, Bund, Harder, Horak, Huwiler, Krampe, Raber, Schiemann, Wieling y Wollschläger); así que en este tomo colaboraron trece personas. En cuanto al texto latino y a su traducción, cabe repetir lo dicho a propósito de recoger la parte latina, algunas notas críticas esta vez de Mommsen y la traducción alemana notas con concordancia de textos. Ésta, como ya la de las instituciones, se ve ayudada por añadidos entre corchetes de palabras que aclaran el sentido del discurso traducido, introducidos por los traductores.

El tomo tercero (libros 11–20) también se inicia con un breve "prologo" de los traductores iniciales, al cual siguen el del tomo segundo, el elenco de colaboradores, la tabla de abreviaturas y el índice de títulos de cada libro traducido. También se sumaron nueve nombres a los traductores iniciales (los profesores Hausmaninger, Honsell, Misera, Luig, Peters, Simshäuser, Wacke, Ziegler y Zimmermann), pero distintos a los que participaron en el tomo segundo.

El tomo cuarto (libros 21–27) contiene páginas introductorias similares a las de anterior. Esta vez los colaboradores agregados fueron tres (los profesores Misera, Reichard y Ziegler), de los cuales dos ya habían intervenido en los tomos precedentes.

La competencia de este brillante contingente de profesores que ha intervenido en la traducción ofrece seguridad y confianza sobre su bondad.

En todo caso, para quien no es un hablante alemán, normalmente resulta bien difícil emitir pronunciamientos acerca de las traducciones; más difícil lo es en presencia de textos traducidos por distintas personas, pese al esfuerzo unificador de estilos operado. En todo caso, las traducciones tienden a no ser literales, sino interpretativas y adaptadas a un lector moderno.

La traducción de un texto clásico es siempre bienvenida sobre todo si va acompañada de las fuentes en su lengua original, y si éstas corresponden a unas ediciones tan confiables como las usadas en el caso presente, aunque para quien no conoce esa lengua, ello en realidad resulte indiferente. Para quien la conoce, y puede, por consiguiente, controlar la traducción leyendo paralelamente por sí mismo el texto original, aquélla le es útil en cuanto la traducción, sea literal, o no lo sea, siempre contiene una manera de entender el escrito, que puede ayudar a la interpretación de su contenido, sobre todo en el caso de pasajes especialmente difíciles o ambiguos.

Por muchos conceptos hay que aplaudir el largo y puede calcularse que penoso esfuerzo que ha significado esta traducción alemana; vale decir, por la traducción misma, por la acribia y el cuidado aplicados en la labor, por la riqueza de la información histórica y erudita complementaria, por la pulcritud física de los tomos. Hay que animar a los autores, pues, a que continúen su trabajo y a que alcancen la meta de conseguir la traducción completa de todo el Corpus iuris civilis, cosa que seguramente lograrán.

 

Alejandro Guzmán Brito

Pontificia Universidad Católica de Valparaíso
Chile

 

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