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Revista de estudios histórico-jurídicos

versión impresa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.28 Valparaíso  2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552006000100036 

 

Revista de Estudios Histórico–Jurídicos 2006, XXVIII, 695 – 697

RECENSIONES Y RESEÑAS

 

Ferreiro Galguera, Juan, Relaciones Iglesia-Estado en la II República española (Ateneo Republicano de Galicia, Atelier libros jurídicos y Universidade da Coruña, Barcelona, 2005), 229 págs.





Juan Ferreiro Galguera es profesor titular del área de conocimiento denominada Derecho Eclesiástico del Estado y ha superado en 2005 la prueba nacional de habilitación de catedrático de Universidad. Prologa el presente libro José Antonio Souto Paz, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, que antes lo fue de la Universidad Nacional de Educación a Distancia y de la de Santiago de Compostela.

La idea fundamental que hay que sacar sobre esta obra es que es un resumen de algo que ya conocíamos por activa, por pasiva y por perifrástica gracias a una amplísima bibliografía sobre la materia. El libro está construido sobre obras generales y con el examen del Diario de Sesiones de las Cortes, que igualmente ha sido objeto de estudio muy detallado no por muchos, sino por muchísimos, en lo que se refiere a las Constituyentes de 1931 a 1933. Por otro lado, para decir algo nuevo sobre la materia hay que visitar los archivos y, en particular, el Archivo Histórico Nacional de Salamanca.

Todo lo que escribe Ferreiro ya lo sabíamos. No hace falta más que ver la tesis doctoral de Fernando de Meer Lecha-Marzo, La cuestión religiosa en las Cortes Constituyentes de la II República española, publicada en Pamplona en 1975, leer el libro del catedrático de la Universidad de Almería José María Vázquez García-Peñuela, El intento concordatario de la Segunda República, Madrid, 1999 y contemplar sobre todo lo que dice el tomo I (no el II), que cubre el periodo 1931-1936, de la Historia de la Iglesia en España 1931-1939 de Gonzalo Redondo, Madrid, 1993, para darnos cuenta de que las páginas salidas de la pluma o del bolígrafo de Ferreiro Galguera son una obra menor, elemental, escolar, más propia de un monaguillo que de un príncipe de la Iglesia, que es en lo que le han convertido ahora al ser habilitado para la máxima responsabilidad docente e investigadora.

No se le ve al autor muy relacionado científicamente con el mundo anticlerical de la Segunda República, ni familiarizado con los personajes. A Ángel Ossorio y Gallardo (1873-1946) le cambia el apellido y le quita una "s" como si tal cosa y según encarte. Mucho se ha escrito sobre Manuel Carrasco y Formiguera (1890-1938), hasta cinco libros, pero da la impresión de que Ferreiro no lo sitúa o no parece interesarle demasiado su itinerario vital. Aparte el estudio está carente de un aparato crítico que en centenares de artículos y trabajos más amplios podrían ir indicados -al menos algunos de ellos- a pie de página en relación a cada uno de los problemas que plantea y de las cosas que dice. No advertimos ni una sola obra del citado Ossorio y Gallardo (El sedimento de la lucha, Madrid, 1933, sus Orígenes próximos de la España actual, Buenos Aires, 1940 o sus Memorias), ni una sola de Clara Campoamor Rodríguez (1888-1972) (Mi pecado mortal. El voto femenino y yo, publicado en 1936 o La révolution espagnole vue par une Républicaine, que vio la luz en 1937), ni una sola cita de la revista Spagna contemporanea ni de Cuadernos Republicanos con 61 números aparecidos hasta ahora. Faltan las Memorias de Manuel Azaña (1880-1940), las de don Diego Martínez Barrio (nuestro Presidente durante tantos años de la República del exilio), las de Alejandro Lerroux (1864-1949), la biografía de Fernando de los Ríos Urruti (1879-1949) escrita por Virgilio Zapatero o la edición de sus discursos parlamentarios que debemos a un catedrático de Derecho constitucional de la Universidad de Granada, los escritos de recuerdos de Antonio Royo Villanova (1869-1958) (La Constitución Española de 9 de diciembre de 1931 con glosas jurídicas y apostillas políticas, libro aparecido en 1934 o Treinta años de política antiespañola que se publicó en 1940), los estudios de Ferrer Benimeli sobre la masonería y en particular cuando se refiere a la elaboración de la Constitución de 1931. Para colmo de Hilari Raguer cita sólo un artículo. ¿Dónde ha ido a parar el afamado estudio de Nicolás Pérez Serrano (1890-1961), La Constitución española de 1931, publicado en Madrid en 1932? Eso sí, en el volumen de Ferreiro no pueden faltar tres libros del propio Ferreiro que nada parece que tienen que ver con la materia y por supuesto un manual de Souto subtitulado Introducción a las libertades públicas en el Derecho Comparado republicado en 2003.

Vemos desfilar por las páginas de este libro desangelados a José María Gil-Robles Quiñones (1898-1980), Mariano Ruiz-Funes García (1889-1953), Enrique Ramos Ramos (1890-1958), Luis Jiménez de Asúa (1889-1970), Gil Gil Gil (1865-1947), Álvaro de Albornoz Liminiana (1879-1951) y a tantos otros.

Uno contempla esta publicación de Ferreiro Galguera y le entra una sensación de desasosiego si se la compara con los estudios de Historia y Teoría de las relaciones Iglesia-Estado que a lo largo del siglo XX se han ido publicando en Alemania como son los de K. Schlaich, H. Quaritsch, A. Albrecht, W. Weber, F. Besch, G. J. Ebers, E. Eichmann, H. E. Feine, E. Fischer, G. Scheffler, J. B. Wenzel, K. Wahl, W. P. Fuchs, K. Hesse, F. Thimme, E. Kern, J. Lammeyer, Th. Strohm, R. Lempp, H. Liermann, H. Rieder, G. Robbers, K. Rothenbücher, etc.

Lo que resulta incomprensible en el caso que nos ocupa es que una persona aparentemente seria y rigurosa como Souto Paz afirme jineteadamente (a no ser por ignorancia, que no se le cabe presumir, llevado de un espíritu de defensa numantina de su discípulo o porque cuando escribiera la página y media de su prólogo hubiera bebido algo más que agua) que Ferreiro "aporta una valiosa documentación sobre estos hechos y expone con concisión y sobriedad las fases de este proceso histórico, los debates parlamentarios, el desarrollo legislativo, el punto de vista de la Iglesia y los enfrentamientos entre los políticos de las diferentes tendencias sin omitir la repercusión de estos sucesos en el ámbito social. En definitiva, se trata de una sólida investigación..." (p. 14) (¡?!). Pero todavía hay algo más que a mi modesto entender está fuera de lugar y es que Souto Paz atribuya a Ferreiro el arte o la habilidad de la trujamanía, al decir que su obra "está expuesta de una forma amena y atractiva". Es decir, los millares de datos, referencias, documentos y valoraciones de Gonzalo Redondo estaban necesitados de que llegase Ferreiro para que pudiera explicárnoslo en un idioma que nos permitiera entenderlos. In sole lucernam adhibere nihil interest!


Manuel J. Peláez

Universidad de Málaga
España

 

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