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Revista de estudios histórico-jurídicos

versión impresa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.28 Valparaíso  2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552006000100037 

 

Revista de Estudios Histórico–Jurídicos 2006, XXVIII, 697 – 699

RECENSIONES Y RESEÑAS

 

Friedman, Lawrence M., A History of American Law (3ª ed., New York, Touchstone, 2005), 620 págs.





La buena salud que goza la historia jurídica en los Estados Unidos de América es hoy una realidad incontestable. Atrás han quedado aquellos tiempos, no demasiado lejanos, en los que se trataba de una ciencia incomprendida y desarrollada por debajo de sus posibilidades, limitada al escaso interés que pudiera tener su conocimiento para la vida en el foro o para una minoría de curiosos. Buenos ejemplos que atestiguan su vigor al cruzar el umbral del siglo XXI son la consolidación de diversas publicaciones periódicas especializadas sobre este tema (como las prestigiosas The American Journal of Legal History, editada desde 1957, o la Law and History Review, desde 1983), la aparición cada vez mayor de monografías sobre cuestiones histórico-jurídicas, el desarrollo de un plantel de especialistas cada vez más numeroso sobre estos temas, aglutinados desde 1956 en torno a la The American Society for Legal History (ASLH.) y la presencia, cada vez más relevante, de las asignaturas iushistóricas en los currículos de las "Law Schools" norteamericanas.

El libro que ahora se recensiona, tercera edición de una obra del profesor Lawrence M. Friedman, de la Universidad de Stanford, es también un buen ejemplo del enorme éxito que esta disciplina ha vivido en los últimos treinta años en aquel país, pues desde que fue publicado por vez primera en 1972, ha supuesto, en sus diversas ediciones, un espejo en el que se ha reflejado el extraordinario auge que ha venido desarrollándose en el ámbito de la ciencia histórico-jurídica.

El libro de Friedman, uno de los más destacados historiadores del derecho en Norteamérica, se ha convertido en los EE.UU. en un verdadero clásico. Primer intento de reunir en un único volumen un resumen de toda la historia del derecho norteamericano, marcó un hito en el desarrollo de la historiografía jurídica de aquel país y se ha convertido en libro de referencia obligatorio para cualquier jurista.

Hasta su publicación, por extraño que pueda parecernos, ningún autor había realizado un intento semejante. Ciertamente, existía ya una historiografía jurídica de importancia en los EE.UU. Nombres como Ames, Holmes o Pound recordaban que un buen jurista era aquel que conocía bien su pasado, pero habían hecho una historia jurídica en exceso formalista (reducida a lo jurídico con exclusión de lo social), pragmática y temáticamente más preocupada por el derecho inglés que propiamente por el joven derecho norteamericano, carente aún de una sistematización histórica coherente y firme. Ni tan siquiera una personalidad como la de Hurst o los representantes de la revolucionaria Escuela de Wisconsin intentaron enfocar una obra de este tipo, pese a su preocupación por los aspectos sociales y su temática cercana al derecho norteamericano, tan claramente plasmada en la obra cumbre de Hurst, Law and Economic Growth (1964). Y aunque el llamado movimiento de la "New Legal History" fomentó, desde mediados del siglo XX, el estudio del derecho norteamericano histórico desde una nueva forma de entender la Historia del Derecho más acorde con los principios de su autonomía científica, nadie hasta Friedman se atrevió a vertebrar toda aquella información en una única obra.

La labor que realizó Friedman en A History of American Law no estaba exenta de dificultades. Aunque la historia del derecho norteamericano era a la altura de 1972 un sector aún poco desarrollado, existía una cantidad dispersa de estudios que habían hecho aportaciones de relieve y a los que había que dar una estructura coherente. Una labor compleja que además siempre es fácilmente criticable por quienes ven en los estudios de síntesis una mera refundición de conocimientos y un demérito inmediato de su valor, especialmente cuando además ésta la realiza un autor aún joven como era Friedman en aquellos momentos.

La obra de Friedman resultó ser sin embargo un éxito indiscutible. De una calidad científica fuera de toda duda y una redacción amena y clara, se convirtió de inmediato en una obra leída por investigadores y estudiantes, incluso por un público más general que quería comprender la relación entre el derecho norteamericano y su realidad histórico-política, social y económica. De modo que pasó a convertirse en un referente que sirvió a la publicación de otras obras histórico-jurídicas de conjunto como The Transformation of American Law 1780-1860 (1977) de Horwitz (la primera obra de historia jurídica que ganó el premio "Bancroft", de la Columbia University, destinado a premiar los más destacados estudios de investigación histórica en los Estados Unidos); o la más académica Law and American History: Cases and Materials (1980) de Stephen B. Presser y Jamil S. Zainaldin. Obras que manifestaban no sólo la necesidad de este tipo de refundiciones para vertebrar la Historia del Derecho en los Estados Unidos, sino el interés que la propia historia jurídica estaba generando tanto en la investigación como en la docencia. Obras que en realidad no eran otra cosa sino la manifestación más evidente del extraordinario florecimiento que los estudios histórico-jurídicos en los EE. UU. estaban sufriendo desde la decada de los sesenta del siglo XX (amparados bajo la "New Legal History") y que terminaría de eclosionar a finales de los setenta y primeros de los ochenta cuando en palabras de Friedman "perhaps the best and most accurate way to begin a report about the state of American legal history is to report that it is booming" [en American Legal History: Past and Present, publicado en Journal of Legal Education 34 (1984), p. 563].

Sería precisamente la existencia de este extraordinario aumento de la producción científica en los años inmediatos a la publicación de A History of American Law en 1972 lo que justificaría en gran parte que once años más tarde el propio Friedman decidiera editar nuevamente su obra actualizándola con nuevas aportaciones bibliográficas, si bien manteniendo la estructura originaria en líneas generales. Y ha sido el mismo propósito, el que ha llevado a su autor, veinte años más tarde, a proceder a una nueva edición (la tercera que ahora se comenta) en la que ha ido mucho más lejos, pues en ella no sólo ha tratado de actualizar la obra, sino que la ha reformulado en gran parte añadiendo capítulos enteros y novedosos.

En líneas generales la obra ciertamente ha mantenido su estructura original: así, junto un "Prefacio" hecho ex profeso para la tercera edición, en la que su autor justifica la necesidad de esta nueva edición y llama la atención acerca del extraordinario aumento de la literatura histórico-jurídica en los EE.UU. (ya inabarcable por un único autor), sigue un "Prólogo" en su mayor parte idéntico al originario en el que Friedman introduce al lector en la realidad del derecho histórico y la variabilidad de las normas jurídicas, una introducción que permite a su autor profundizar en las raíces vinculadas al common law inglés del derecho norteamericano.

A continuación la obra aparece dividida en cuatro partes. La Primera se centra en el Derecho norteamericano en el periodo colonial, quizás la menos retocada de las partes del libro en esta edición, y en ella Friedman, aún introduciendo algunas referencias nuevas, mantiene los mismos epígrafes que ya aparecían en la edición de 1985, esto es: una introducción al periodo, el estudio detallado de la organización de la justicia con especial referencia a los tribunales en el siglo XVIII, el estudio del procedimiento civil, del derecho de propiedad, del derecho de sucesiones, del derecho penal, del derecho político (con interesantísimas vinculaciones con la economía) y en general de todos los ámbitos que integran una completa visión de un ordenamiento jurídico, incluyendo un apartado en torno a la profesión jurídica y otro, el final, a la literatura sobre cuestiones de derecho más relevantes de la época.

La segunda y la tercera parte de la obra abarcan el derecho desde la Independencia hasta la mitad del siglo XIX (1776-1850) y el derecho en los EE.UU. hasta el final de esa centuria. Dos partes que, divididas en ocho y doce capítulos respectivamente, respetan también en líneas generales la estructuración de la edición de 1985, y ofrecen una visión integral del pasado jurídico para aquella fase que abarca, con gran detalle, desde la organización jurídico-pública a la privada, pasando por la profesión jurídica y su literatura.

Pero es la última parte, la cuarta, la innovación más importante de la presente edición del libro de Friedman. Inexistente en la edición de 1985, en ella su autor bajo el título de "El siglo XX" ha incluido seis capítulos relativos al derecho norteamericano en dicha centuria que antes sólo desarrollaba en el "Epílogo". Unos capítulos, que fruto de los estudios de Friedman sobre este periodo histórico, y que ya había tenido ocasión de publicar en su mayor parte en su reciente y brillante American Law in the 20th Century (2002) supone un enriquecimiento claro de la obra, pues el lector de la misma obtiene así una visión real y de conjunto del derecho norteamericano desde su más remoto pasado hasta el presente.

El libro termina con un "Epílogo" titulado "A Final Word" que supone una breve reflexión sobre la realidad jurídica actual y su más inmediato futuro y un "Ensayo bibliográfico" que, existente ya en la edición anterior, se ha actualizado y resulta enormemente útil para el investigador, al hacer referencia de forma temática, a las obras más importantes que sobre la historia del derecho norteamericano se han escrito.

La tercera edición de A History of American Law se convierte así en una obra de ineludible consulta para todo interesado en el pasado jurídico norteamericano, si bien su completa actualización, su carácter intensivo y su amenidad lo hace además especialmente recomendable para todo aquel que se acerca a este pasado por vez primera. Ciertamente no todo está igualmente desarrollado en él (el derecho de los pueblos indígenas por ejemplo no es más que un esbozo), y que la sistemática a veces puede resultarnos un tanto confusa al optar valientemente por un criterio cronológico-narrativo a veces poco ordenado por materias, pero ello no es óbice para reconocer que se trata de una obra más que valiosa. Un ejemplo que quizás podría copiarse en otras latitudes en el sentido de cómo se puede hacer un trabajo global y pese a todo compensado, denso sin ser cansino, histórico sin olvidar que el pasado llega justamente hasta ayer y que ese ayer debe también ser estudiado, como por desgracia ocurre con tanto manuales españoles donde la historia parece terminar en los inicios del siglo XX.


Emilio Lecuona

Universidad de Málaga
España

 

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