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Revista de estudios histórico-jurídicos

versión impresa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.28 Valparaíso  2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552006000100047 

 

Revista de Estudios Histórico–Jurídicos 2006, XXVIII, 737 – 741

RECENSIONES Y RESEÑAS

 

Pallard, Henri - Tzitzis, Stamatios (dir.), La mondialisation et la question des droits fondamentaux (Québec, Les Presses de l’Université de Laval, 2003), 191 págs.


La Historia y la ideología de los Derechos fundamentales, según el criterio establecido en las normas ortodoxas fijadas en Occidente, ha estado conforme con la realidad política, económica y social. En el curso de las últimas décadas, los países con sistemas políticos y económicos más evolucionados se han abierto a organismos internacionales con la pretensión de dar respuesta a las nuevas exigencias. Este fenómeno de la globalización de la economía y de las tecnologías ha tenido una doble consecuencia: garantizar los derechos fundamentales y el respeto a las peculiaridades culturales. Por otro lado, en palabras de Hassan Abdelhamid, representa la última etapa de la Modernidad y supone el paso de la potencia al acto.

Henri R. Pallard, al realizar un análisis histórico-jurídico de este fenómeno (pp. 9-22), entiende que para un estudio exhaustivo se requiere por un lado un planteamiento ideológico o ético, así como otro epistemológico (p. 9). Pero si hay algo que Pallard ha destacado como rasgo inherente al mundo y a la misma existencia humana ha sido el cambio. De hecho, el concepto de mundo no ha sido, a su juicio, algo objetivo, sino que dependía del sujeto que lo conociera y su significación variaba en función de las experiencias subjetivas del individuo. Al mismo tiempo se ha referido a la idea de lo que ha representado la universalización de los modelos económicos, políticos, sociales y culturales (p. 13). Pero esta globalización del Derecho no ha sido, sin duda, un fenómeno propio o exclusivo de nuestra época. El punto de partida es la recepción a partir del siglo XII del Derecho romano en Europa, que creó una cultura jurídica transnacional y acompañó las transformaciones económicas y políticas que comenzaron a sentirse en Europa. Para comprender el mismo ha acudido a la evolución histórica respecto a la actitud ante la mujer, deteniéndose en su estatuto en el mundo árabe. Pero el Derecho musulmán también ha participado de este mismo fenómeno. De hecho, ha sido fruto de una comunicación entre las culturas.

Otro aspecto ha sido el planteamiento de Thomas Gil respecto al proceso empírico de la globalización y los Derechos fundamentales (pp. 23-28). Que el hombre ha organizado toda su existencia alrededor del mundo ha sido el principal mensaje de este proceso empírico. Sin duda el discurso actual sobre la universalización se ha planteado desde un punto de vista ideológico en el siglo XIX y XX: capitalismo versus socialismo y luego comunismo. Thomas Gil hace un planteamiento de este concepto basado en la "racionalización". Por otro lado, las diferentes culturas de la humanidad han evolucionado y se han ido transformando. El discurso normativo sobre los Derechos fundamentales ha sido un discurso de filosofía política (p. 27). A modo de conclusión afirma que "el proceso contemporáneo de la globalización cultural nos podría ayudar a superar ciertas filosofías problemáticas que se han desarrollado en la cultura occidental..." (p. 28), a lo largo de su Historia desde la Edad Media.

François Vallançon ha analizado el círculo máximo de la globalización al estudiar el Derecho y la cultura (pp. 29-50): las fronteras, la finitud y lo inmediato. Pero en la medida en que nuestro mundo es infinito, la noción misma de frontera, sin embargo, ha resultado inconcebible. Aunque el hombre se ha constituido en todos los tiempos como la medida del mundo tal como proclamaba Protágoras, la técnica ha puesto en peligro al mismo. Pero en este nuevo planteamiento también habría existido un círculo mínimo como sería el de los Derechos fundamentales, que abarcaría los Derechos individuales y los Derechos naturales (pp. 36-42). El Derecho natural se ha presentado como referencia inmutable frente a unos Derechos positivos que han sido cambiantes. Por otro lado, el círculo intermediario de la diversidad cultural ha abarcado la cultura y el tiempo; la cultura y el espacio y la cultura y el cœur (sentimiento), en la medida en que, a juicio de F. Vallançon, la "globalización ha abarcado no sólo el espacio sino también el tiempo" (p. 43). La aniquilación de las distancias ha supuesto la muerte programada de los sistemas culturales. Este fenómeno ha influido en la descolonización, las relaciones norte-sur, así como en un reforzamiento de las relaciones este-oeste (p. 50).

Stamatios Tzitzis se ha referido a la identidad cultural del ciudadano (pp. 51-68). El autor ha señalado el paso del cosmopolitismo en la Grecia clásica y en el Derecho romano a la actual globalización. De hecho, el imperialismo y la colonización han favorecido a la uniformidad en la medida en que el hombre occidental ha impuesto su cultura (p. 53). Por otro lado, la universalización ha basado su legitimidad en una comunidad de Estados de Derecho, unido necesariamente a la idea de democracia (p. 54). Las diversidades culturales han constituido la base de la identidad de existencia y han determinado la singularidad de cada uno. Para ello ha sido necesario el estudio del humanismo de la memoria en la medida en que ha supuesto "un reconocimiento de la objetividad de la Historia", al mismo tiempo que ha reconocido la identidad personal del individuo, que se ha presentado como única (p. 57). El hombre ha sido objeto de fácil manipulación por los protagonistas de este fenómeno que estamos estudiando. Pero al mismo tiempo el cosmopolitismo, que dejaba la ética a un lado, ha estado condenado al fracaso, en la medida en que la ética siempre ha precedido al mismo. La globalización se ha presentado como la tendencia que ha reducido todo a la legalidad biológica: la pertenencia a la misma especie (p. 62). Al mismo tiempo ha partido de que la persona ontológica ha sido siempre incompatible con sus planteamientos (p. 68).

Hassan Abdelhamid (pp. 69-97) ha hecho un análisis histórico del Derecho cosmopolita. Este fenómeno ha estado ligado a la Historia moderna de Europa occidental. El planteamiento del mismo se ha distinguido, sin embargo, también de la internacionalización moderna, la cual se ha desarrollado de forma independiente. La pax romana elaboró una construcción normativa de la cosmopolis, en la medida en que favorecía un "acuerdo de naciones" en la que se integraba un amplio conjunto de regiones diversas (p. 74). El cosmopolitismo del imperio romano estaba fundado sobre la idea de un orden del mundo (totius mundi consensus) y sobre la idea de la romana communis patria (p. 75). Pero el mundo musulmán también ha participado de la idea de un Derecho cosmopolita. De hecho, el islam ha sido y se presenta aún como una religión universal en la que el individuo sólo existe en tanto que pertenece a la comunidad. El cosmopolitismo antiguo ha estado centrado en el acto de la armonización, y jamás en el acto de la uniformización, ya que este último ha caracterizado los proyectos de Derecho cosmopolita en los tiempos modernos (p. 80). Sin embargo, la concepción moderna del mismo ha sido el fruto de la filosofía humanista moderna y ha imbuido el pensamiento de Kant (1724-1804) o Jürgen Habermas. Este concepto moderno de humanismo ha afirmado que el hombre se presentaba como "la medida de todas las cosas" (p. 83). En la actualidad estamos en una etapa transitoria que precede al nacimiento de una forma definitiva de la globalización (pp. 88-90). En efecto, el proyecto de Estado nacional moderno ha reemplazado la "naturaleza" por la "cultura" (p. 89). Abdelhamid entiende que para hablar de una cultura mundial, habría que establecer una identidad cultural mundial (p. 91). Pero en este periodo transitorio nos hemos encontramos con una ausencia total de normativa jurídica mundial.

Otros aspectos tan polémicos como la identidad jurídica y los Derechos humanos han sido estudiado por Ibrahim Chalaby (pp. 99-107). En el siglo XIX se impuso el principio "laissez-faire, laissez-passer" en toda su fuerza. El primer movimiento de globalización de la economía egipcia se presentó con la apertura del canal de Suez, que atrajo un gran número de bancos y empresas de seguros inglesas, francesas y belgas. Con ello se establecieron las estructuras económicas necesarias para la financiación del comercio marítimo internacional. Más recientemente tendría lugar una segunda fase de actualización de las estructuras jurídicas decimonónicas instaladas en las orillas del Nilo con el nuevo Código de Comercio promulgado en 1999, que estableció nuevas estructuras jurídicas americanas necesarias para la financiación de las operaciones comerciales (pp. 102-103). I. Chalaby ha comparado el fenómeno de la colonización del siglo XIX, que exterminó las identidades culturales de los pueblos indígenas, con el actual fenómeno globalizador. Pero uno de los ejemplos más paradigmáticos de violación de los Derechos humanos ha tenido lugar en China en 1989 con la represión gubernamental de las manifestaciones estudiantiles.

Bjarne Melkevik ha hecho otro planteamiento desde una perspectiva jurídica (pp. 109-127). Ha destacado algunos aspectos positivos de este nuevo fenómeno en la medida en que ha destruido las bases de la autoridad "natural": nobiliaria, feudal, casta, religiosa, étnica o cultural, que tanto ha oprimido a los pueblos del mundo. Pero este cambio de mentalidad ha venido acompañado de una revolución social. B. Melkevik ha hecho un doble planteamiento: como sistema económico lo que implicaría un análisis macroeconómico, así como el nivel económico que proporcionaría a los individuos la nueva situación (p. 116). La lógica económica de la globalización ha liberado al individuo en el plano objetivo, pero no en el subjetivo. De hecho, el concepto globalizador ha ido cambiando en función de la concepción de democracia que existiera en cada país y en cada momento. Melkevik la ha denominado "la nueva Gran Promesa" de las élites (p. 122). En la actualidad existen dos sistemas en el Derecho común mundial: la neo-lex mercatoria y el sistema internacional de Derechos humanos. El primero ha sido consecuencia de la emergencia de un nuevo Derecho de los comerciantes, análogo a la lex mercatoria de los siglos XIII al XVI, y que se ha constituido como una norma extraestatal a los comerciantes (p. 123). Por otro lado, el sistema internacional de Derechos humanos se ha configurado en la Declaración internacional de Derechos humanos, de 1948, aunque partiendo de la importante declaración de los Derechos del hombre y del ciudadanos de 1789.

Ian Fraser trata la cuestión de la crisis constitucional en las islas del Pacífico sur (pp. 129-149), y en especial en las Fiji, donde se han violado de forma permanente los derechos de algunas minorías. Fiji alcanzó la independencia el 10 de octubre de 1970, si bien en 1987 se produjo un levantamiento militar, seguido de ataques de los nativos de Fiji contra los indios, llevó a la expulsión del gobierno y produjo una crisis constitucional. Un segundo golpe, dirigido por el teniente coronel Sitiveni Rabuka, colocó como presidente del gobierno de la nueva república de Fiji a Ratu Sir Penaia Ganilau, un antiguo gobernador general. Sir Kamisese Mara fue elegido presidente por el Gran Consejo de Dirigentes para sustituir a Ganilau, que falleció en diciembre de 1993. Rabuka fue elegido primer ministro en 1991 y reelegido tres años más tarde. En septiembre de 1997, tras diez años de ausencia, Fiji ingresó de nuevo en la Commonwealth. A lo largo de estos acontecimientos se han vulnerado no sólo la legalidad, sino también los principios relativos a la igualdad ya que los ciudadanos de origen indio han quedado excluidos en numerosas ocasiones (pp. 141-145). En estas islas la propiedad -léase tierra- ha tenido un valor incalculable y ha representado la identidad del mismo país (p. 132). Efectivamente, la Constitución de 1997 establecía, en palabras de Ian Fraser, "un balance político entre las distintas razas de las islas Fiji netamente a favor de los indígenas" (p. 148).

Una cuestión tan polémica como la libertad de religión del niño en Camerún en el seno de la Historia del Derecho internacional ha sido tratada por Fabien Nkot (pp. 151-172). Algunos textos internacionales que han tratado este tema han sido el Pacto relativo a los derechos económicos y sociales y culturales (art. 13), el Pacto relativo a los derechos civiles y políticos, ambos de 1966 (art. 18), o la Convención de las Naciones Unidas sobre los derechos del niño, celebrada en 1989. En todos estos textos internacionales el niño es considerado como una persona. Pero el tema central de esta colaboración ha sido la Convención de 1990 sobre la libertad de religión del niño y cuyo estatuto religioso también resulta aplicable a los infantes en el África del norte. El art. 14 de este último texto comienza afirmando que los Estados partes respetarán la libertad de religión del niño, pero al mismo tiempo reconoce a los familiares el derecho de guiar a sus hijos en el ejercicio de esta libertad. Fabien Nkot entiende que "existe un desfase entre ciertas disposiciones de la Convención de 1990 y las prácticas efectivamente aplicadas en el norte de África" (p. 164). De hecho, la primera Constitución de Camerún de 4 de marzo de 1960 proclamaba solemnemente el apego de este Estado a las libertades fundamentales inscritas en la Declaración Universal de Derechos humanos de 1948. De este modo se pretendía la integración de aquel Estado en la comunidad internacional. Con la llegada de la Convención de 1990, Camerún la firmó el 25 de septiembre de ese mismo año, y la ratificó el 11 de enero de 1993. Sin embargo, en estos años el respeto a los Derechos humanos sufrió numerosas violaciones. Finalmente hay que señalar que el 18 de enero de 1996 la Constitución de 1972 sufrió una revisión.

Stéphane Bauzon, que también se refiere a esta cuestión (pp. 173-185), asimila el Derecho-poder a la libertad del individuo, así como la globalización de las biotecnologías, que son aquellas técnicas de manipulación y de utilización de la materia viva. En realidad con ello se pretendía garantizar la seguridad alimenticia, así como el respeto a las tradiciones en este aspecto. Uno de los principios básicos de los países miembros de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (F.A.O.) ha sido el derecho a una alimentación suficiente (p. 179). Uno de los signos más evidente de la globalización está representado en el comercio internacional, y este orden económico ha sido "el signo más espontáneo de una mano invisible" (p. 181). En definitiva el derecho fundamental de los hombres ha sido asegurar el comercio internacional (p. 182).

Henri Pallard, director del Seminario y Grupo de Investigación "Persona, cultura y Derechos", es profesor titular en el Departamento de Derecho y Justicia de la Universidad Laurentiana, en Sudbury (Ontario), Canadá. Stamatios Tzitzis es autor ya conocido en esta sede de la REHJ, y Bjarne Melkevik tampoco necesita presentación, pues es un afamado catedrático noruego que enseña en Laval, que seguramente recordarán nuestros lectores, de algunos de cuyos libros dirigidos me he ocupado personalmente de recensionar, no ahorrando, cuando lo consideré necesario, también algunas observaciones críticas.

 

Guillermo Hierrezuelo Conde

 

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