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Revista de estudios histórico-jurídicos

versión impresa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.28 Valparaíso  2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552006000100051 

 

Revista de Estudios Histórico–Jurídicos 2006, XXVIII, 745 – 748

RECENSIONES Y RESEÑAS

 

Ramos Vázquez, Isabel, De meretricia Turpidine. Una visión jurídica de la prostitución en la Edad Moderna castellana (Servicio de Publicaciones de la Universidad de Málaga, Colección Atenea Estudios de la Mujer 48, Málaga, 2005), 231 págs.


Tras dos libros publicados en fechas recientes y recensionados ambos en las páginas de esta revista, uno sobre el Concejo de Jaén (aparecido en 2002) y otro sobre El Castillo de Baños (aparecido en 2003), la joven investigadora Isabel Ramos Vázquez, se ha lanzado en esta nueva obra a un terreno más amplio, el del estudio de la regulación jurídica de la prostitución en Castilla durante la Edad Moderna.

La elección de la autora es afortunada. Al evidente atractivo de un tema cargado de dispares juicios morales y por tanto rico jurídicamente (no hay más que ver el debate existente en la actualidad sobre cómo debe afrontar el derecho la realidad de la prostitución), se suma el de tratarse de una materia poco desarrollada por la historiografía jurídica tradicional y en la que, por tanto, cualquier aportación resulta a priori interesante. Ciertamente no es que tuviésemos un completo desconocimiento de la realidad histórica de la prostitución en el Antiguo Régimen. El desarrollo de la historia social en su manifestación más compleja, la historia de los marginados, ha ido generando en las últimas décadas una historiografía de relieve que nos han permitido conocer muchos de sus extremos. Sin embargo, sí es verdad que los perfiles jurídicos de esta institución estaban aún desdibujados y reducidos a unos pocos estudios dispersos (como el trabajo de Domínguez Ortiz Un memorial contra la prostitución en el reinado de Felipe IV –1987-) o a visiones más amplias del derecho penal histórico en los que la prostitución apenas ocupaba algunas pocas páginas, como el ya clásico libro de Tomás y Valiente El derecho penal de la monarquía absoluta (1969) o el más reciente de Sainz Guerra La evolución del derecho penal en España (2004).

Realizar un estudio sobre la prostitución en la Edad Moderna, sin embargo, no sólo presentaba atractivos. Era también una empresa arriesgada en un doble sentido. Por una parte porque es un tema que por su marginalidad social y su consideración tabú ofrece pocas fuentes (sobre todo oficiales), lo que dificulta su reconstrucción histórica y justifica lo limitado de su desarrollo historiográfico-jurídico. Por otra parte, porque es un tema que podría escorarse fácilmente por lo anecdótico e incluso lo escabroso, lo cual podría redundar en una visión superficial de un tema mucho más complejo de lo que en principio pudiera parecer.

Ha salvado bien estos obstáculos Ramos Vázquez. Aunque se echa en falta un uso más exhaustivo de fuentes archivísticas De meretricia Turpidine (literalmente De la deshonra de la meretriz) es un estudio concienzudo y valioso, lejano a toda frivolidad. Un libro que al ofrecer una visión global del marco jurídico de la prostitución en la época (con muy buen uso por parte de la autora de la literatura jurídica y una visión que va más allá de los más reconocibles aspectos penales) sin duda colma parte de las deficiencias que tenía nuestro conocimiento sobre este tema, y que si bien deja cuestiones en el tintero, abre una puerta clara a nuevas incursiones tanto para ésta como para otras fases anteriores y posteriores.

La indiscutible calidad literaria del texto, su sana brevedad, su amenidad y su cómodo formato juegan también a su favor. Que un estudio serio de historia del derecho no tiene por qué ser un mastodonte tedioso, como marcan algunos cánones académicos, sino que puede dejar lugar a lecturas más amables y formas más libres y ensayísticas, es una realidad que se demuestra con obras como la presente.

La estructura del estudio es en este sentido un acierto. Precedido de una breve "Presentación" a cargo de María Teresa López Beltrán, Profesora titular de Historia Medieval, se divide en una "Introducción" más o menos clásica en la que se señala el objeto de la obra y el estado de la cuestión, para más adelante optar, en lugar de por unos clásicos capítulos doctrinales, por un fraccionamiento en nueve capítulos en los que con cierta libertad expone la historia de la prostitución desde su permisividad jurídica a principios de la Edad Moderna hasta su prohibición.

En el primer capítulo, llamado "Teorías permisivas acerca de la prostitución" la autora desgrana los argumentos que llevaron a permitir en general (con alguna excepción) la prostitución en la Baja Edad Media y principios de la Edad Moderna,
frente al rigor previo de las leyes visigodas (concretamente del Liber Iudiciorum) y posteriores. Unos argumentos que desarrollándose desde el siglo XIII, partían de la idea de que aunque la prostitución en sí no era un acto adecuado (incluso era un pecado) servía para evitar males mayores como el adulterio, la violación, el estupro, el incesto o la sodomía (teoría del "mal menor" o del "bien común"). De modo que tolerancia jurídica, en el sentido de erradicación del sistema de derecho de la prostitución como tipo delictivo en este momento histórico, ni implicaba tolerancia sexual (el catolicismo había consolidado desde pronto una visión muy restrictiva de la sexualidad, confirmada en Trento), ni por supuesto aceptación social de la misma (pues la sociedad en general siguió viéndola como un comportamiento deshonroso a pesar de la naturalidad con la que la trata alguna literatura popular de la época).

No obstante la permisividad de la prostitución conllevaba necesariamente una cierta legitimidad del negocio. Por eso Ramos Vázquez en el segundo capítulo, llamado precisamente así ("La legitimidad del negocio") estudia cómo el derecho tuvo que asumir la regulación jurídica de algunos de sus extremos, pues aunque moralmente mal vista, su no prohibición exigía una reglamentación jurídica aunque fuera mínima. En este sentido destaca el reconocimiento contractual que de la prostitución ya se hizo en Las Partidas (P. 5, 14, 53), y de los diversos comentarios que sobre este negocio hicieron en el siglo XVI Gregorio López, Diego de Covarrubias y Domingo de Soto a favor de la legitimidad que tenía el cobro del precio del servicio prestado por la prostituta. También el que, precisamente para evitar conflictos sociales (por ejemplo en la determinación del precio de los servicios de las prostitutas), se terminara por gestionar la prostitución (la mancebía) desde el siglo XV por los propios concejos castellanos, estableciendo ellos las tarifas y tratando de mantener un cierto orden en una realidad que, pese a todo, seguía considerándose marginal aunque necesaria. Una realidad que de inmediato se tradujo también en un beneficio económico para los concejos, al convertir la prostitución en una nueva forma de obtener ingresos: la llamada "renta de la mancebía" o "renta de la putería" que estaba integrada no sólo por la renta que pagaba indirectamente a las arcas del concejo el arrendador de la mancebía (generalmente una tasa fija), sino también por el llamado "derecho de perdices", un antiguo derecho que cobraban los alguaciles de los distintos lugares del reino por la protección o vigilancia que brindaban a las prostitutas.

La regulación jurídica de la prostitución por supuesto no garantizaba un trato positivo de las prostitutas. Aunque la normativa de la época formalmente les otorgaba algunos derechos (como el de cobrar una tarifa suficiente como para atender sus gastos diarios, entre otros el pago de una habitación o "botica") e incluso favorecía el abandono de la prostitución por parte de las mujeres que así lo deseasen (como recoge una Ordenanza sancionada por Felipe II en 1570), lo cierto es que la realidad era mucho más dura y que en muchas ocasiones las mujeres se veían obligadas a prostituirse para cubrir las deudas contraídas por necesidad con los gestores públicos de las mancebías.

Por otro lado, no puede olvidarse, y así lo destaca la autora en el capítulo tercero ("Concepto y formas de prostitución") que la única prostitución legitimada era la pública, la reglada en las mancebías (a las que Ramos Vázquez dedica el capítulo cuarto), pero no la clandestina, de manera que había un sector de prostitutas que carecían completamente de derechos. Y que además, pese a la legitimidad de la primera, a las prostitutas el propio derecho las considerara mujeres deshonrosas, infamadas, mujeres que debían ser distinguidas de las honestas por una vestimenta específica, como las tocas azafranadas que a partir del siglo XIV se generalizaron por toda Castilla como símbolo distintivo de las mujeres públicas y que la autora desarrolla en el capítulo quinto, "El vestido como instrumento de discriminación jurídico-social". Mujeres a las que su falta de virtud hacía posible desheredar (como se observa en el capítulo sexto sobre el "Estatuto jurídico de las prostitutas en la época de la tolerancia") y cuya infamia transmitía además como una pesada lacra a sus hijos, si los habían tenido mientras se dedicaban a la prostitución. Mujeres que en definitiva quedaban siempre en la marginación y sobre las que la protección del derecho resultaba claramente insuficiente incluso cuando sufrían maltrato. Mujeres colocadas siempre cerca de la delincuencia, que tal y como se observa en el capítulo séptimo relativo a los "Delitos relacionados con la prostitución tolerada", estaban en constante sospecha de "alcahuetería".

La situación jurídica de las prostitutas y la prostitución dejaba mucho que desear en los primeros siglos de la Edad Moderna. Sin embargo existía al menos un poso de reconocimiento. Este desaparecería sin embargo a partir del siglo XVII y XVIII, cuando la prostitución simplemente pasó a prohibirse. A este tema dedica la autora sus dos últimos capítulos: el octavo, llamado "el cierre de las mancebías", en el que indaga en los argumentos que llevaron a su prohibición (básicamente el puritanismo sexual después de Trento y el enorme influjo de la Iglesia) y la culminación que supuso al respecto una Pragmática de Felipe IV de 10 de febrero de 1623 por la que se prohibieron las mancebías y cualquier forma de prostitución; y el capítulo noveno, "La prostitución en la época de intolerancia", en el que hace un examen de ésta hasta principios del siglo XIX, y en la que se concluye que no desapareció y que además se hizo aún más marginal y perniciosa por su ocultamiento.

La regulación jurídica de la prostitución es un tema complejo. Lo fue en la Edad Moderna y lo es aún hoy. Ni la prohibición moralista ni la tolerancia absoluta han terminado con la turbiedad de su realidad. Quizás el pasado pueda servirnos sin embargo para saber que al menos nunca la invisibilidad de lo que existe, la técnica del avestruz, ha sido positiva, y que toda solución de un problema o de una realidad parte necesariamente por reconocerlo.


Emilio Lecuona

Universidad de Málaga
España

 

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