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Revista de estudios histórico-jurídicos

versão impressa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.28 Valparaíso  2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552006000100056 

 

Revista de Estudios Histórico–Jurídicos 2006, XXVIII, 754 – 758

RECENSIONES Y RESEÑAS

 

Savigny, F. C., Tratado de la posesión según los principios del derecho romano, con Estudio preliminar" Ciencia del Derecho en Savigny" de José Luis Monereo Pérez (Comares, Granada, 2005), 367 págs.


En la obra que nos ocupa, perteneciente a una más amplia colección titulada Crítica del Derecho, dirigida por Jose Luis Monereo Pérez, el mismo autor realiza una edición revisada de la traducción al castellano del Tratado de la posesión de Savigny editado en 1845 por la Imprenta de la Sociedad Literaria y Tipográfica, de autor desconocido, que incluye un "Estudio preliminar" en 35 páginas, contenidas al inicio de esta obra, sobre la "Ciencia del Derecho en Savigny", a cargo del propio Monereo. La exposición del referido estudio preliminar se estructura formalmente en tres apartados dedicados, respectivamente, a la trascendental influencia de la Escuela Histórica del Derecho y al papel crucial que juega dentro de ésta Savigny; a la concreta influencia de Savigny en el ámbito del derecho patrio, y, en tercer y último lugar, se relacionan una serie de obras escogidas del mismo, haciendo mención expresa a sus relativas traducciones al castellano.

El estudio que lleva a cabo Monereo en el primer apartado de este Estudio preliminar, bajo la rúbrica, "Ciencia jurídica: Función y Método", no puede decirse ni novedoso ni innovador, aunque debe reconocerse la importancia de la cuestión abordada en el mismo. El autor trata de exponer de manera concisa y suficientemente documentada, con los necesarios y por lo general bien escogidos reclamos bibliográficos, los planteamientos básicos de la Escuela histórica del derecho, así como los factores que coadyuvaron en su progresiva transformación en la Escuela de la mejor sistemática. Aunque en demasiadas ocasiones su discurso exhibe tal complejidad formal y sustancial que no facilita, antes bien dificulta, la comprensión de la problemática expuesta. Por otro lado, y aun teniendo en cuenta que el objeto de su estudio lo constituye la doctrina de Savigny, como expresamente apunta el propio título "Ciencia del Derecho en Savigny", resultan a nuestro modo de ver insuficientes las referencias a otros representantes claves de la Escuela histórica del Derecho, in primisa Gustavo Hugo, maestro reconocido del anterior y precursor de la aludida corriente de pensamiento, al que sólo alude de manera aislada y sin otorgarle demasiado protagonismo, o a Puchta, discípulo de Savigny llamado a consolidar definitivamente muchas de sus ideas, como la del Volksgeist o espíritu del pueblo, concepto básico en el pensamiento de aquél, aunque formulado por vez primera por su discípulo, a quien se atribuye asimismo la defensa más decidida del "método histórico estricto", que ya se adivina en los últimos escritos de su maestro y que cristalizará en la conocida "genealogía o jurisprudencia de los conceptos" de la pandectística, tan denostada por Ihering. Centrándonos en el contenido del primer epígrafe de este "Estudio preliminar" sobre la ciencia jurídica en Savigny, en un intento siempre complicado de sintetización de la doctrina del jurista el autor inicia su discurso exponiendo tanto los fines como los medios propugnados por aquél, a saber: la construcción de una perfecta sistemática jurídica operada a través del método dogmático, siendo el mérito principal de esta corriente de pensamiento representada por Savigny, frente a los precedentes ideales iusnaturalistas, "el haber trasladado el centro de la reflexión de los juristas desde la determinación en abstracto de principios y postulados racionales a la investigación concreta de la realidad fáctica" (Est. prel., p. xii). A fuer de lo expuesto Monereo llama la atención sobre las claves del momento histórico en que aparece la Escuela Histórica del Derecho, movimiento filosófico-cultural que surge en pleno debate -como es sabido- sobre la Restauración monárquica y la oportunidad de la codificación, ideas ambas claramente favorecidas por la "ahistoricidad" y los postulados inmutables y universales propugnados por el racionalismo iusnaturalista dieciochesco, frente a lo cual se propone "una nueva captación de la realidad" (Est. prel., p. xiii) que tenga en cuenta el dato histórico. Antes de desarrollar este planteamiento, el autor se detiene muy brevemente en el relevante papel otorgado al derecho romano por esta nueva corriente de pensamiento, hasta el punto que -asevera- "el espectacular resurgimiento del Derecho romano a inicios del siglo XIX está asociado a la reacción contra la Codificación y las nociones jurídicas que la misma implicaba" (Est. prel., p. xiv). De la doctrina de Savigny, destaca Monereo su decidida contribución "al perfeccionamiento de la técnica de la abstracción y de simplificación representando un avance de la ciencia del Derecho" (Est. prel., p. xv), y el logro de haber elevado el derecho científico a fuente de derecho objetivo "por su misma inmediación directa respecto de la conciencia colectiva" frente a "la teoría racionalista que afirmaba el monismo jurídico y la concepción racionalista del Derecho" (Est. prel., p. xvi), avanzando así el autor, aunque no con demasiada claridad, un dato clave para comprender el pensamiento de Savigny, cual es el reclamo al espíritu del pueblo o Volksgeist, que se identifica con una elaboración científica del derecho que se sobrepone, sin alterarlo, al derecho espontáneamente creado por el pueblo. Tras exponer los tres elementos básicos sobre los que se articula formalmente la sistemática conceptual de Savigny, cuales son: "relación jurídica" (Rechtsverhältniss), "institución jurídica" (Rechtsinstitut) y "sistema" (System), siendo la relación jurídica el elemento primario sobre el cual se construyen los otros dos y el sistema el elemento superior que garantiza la unidad orgánica del conjunto de las instituciones jurídicas y contribuye decisivamente a la comprensión de sentido" (Est. prel., p. xvii), Monereo orienta nuevamente su reflexión hacia el dato histórico y la relevancia de la indagación en la conciencia popular, defendida por Savigny como único método posible para lograr un conocimiento científico del derecho, planteamiento que presupone una armónica dialéctica entre historia y sistema que derivará a la postre en una concepción formalista que, prescindiendo de la historia, se aproxima bastante al racionalismo iusnaturalista. Esta evolución, explica Monereo, atraviesa básicamente por tres fases perfectamente reconocibles en la obra de Savigny: una primera etapa, marcada por la prevalencia del derecho estatal sobre el consuetudinario y por la marginación de la interpretatio jurisprudencial en pro del positivismo jurídico, a la que correspondería la publicación de su Metodología jurídica (entre 1802-1803), obra en la que, explica Monereo, Savigny parte por un lado de la historicidad de la ciencia legislativa entendida como límite objetivo ante la arbitrariedad y, por otro, de su clara impronta filosófica que se identifica con "una elaboración sistemática de la jurisprudencia" (Est. prel., p. xx). La segunda fase vendría representada por la publicación de La Vocación de nuestro tiempo... (1814) y Sobre el fin de la Revista de la Escuela Histórica (1815), y estaría marcada por la relevancia que en la doctrina de Savigny asume la costumbre como fuente primaria del derecho y, por ende, por la importancia de la indagación en el espíritu del pueblo para su formación y conocimiento. Precisamente, como explicaría el propio Savigny, la decadencia del derecho vendría determinada por "la falta de vitalidad de la conciencia popular y su sustitución-desplazamiento por una intervención legislativa más autonomizada respecto al ámbito de elaboración jurídica inmanente a la vida de la colectividad" (Est. prel., p. xxii). La tercera etapa, explica finalmente Monereo, se correspondería con el momento de mayor madurez de Savigny tal como se refleja en su obra Sistema del Derecho Romano actual (1840), una de las más importantes de la historia del pensamiento jurídico y se caracterizaría por la preponderancia de la idea del sistema como resultado del equilibrio entre lo racional y las necesidades prácticas de cada momento histórico, clave para lograr un perfecta sistemática jurídica. Pero su marcada tendencia hacia la sistematización acabará alejándolo del plano histórico para situarse en el formalista, provocando en este punto un hermetismo del fenómeno jurídico o construcción formalista de la ciencia del derecho alejada de la realidad histórico-social que se proyecta, explica Monereo, en dos direcciones: de un lado, "el método histórico acaba por reducir la ciencia jurídica a historia del Derecho"; de otro, "el método sistemático convertirá al Derecho en una estructura interna cerrada, clausurada" (Est. prel., p. xxv). En este contexto, el autor llama la atención sobre la "desmaterialización ética del derecho privado" que aparece como un dato constante en el pensamiento de Savigny y, advierte, de todos los protagonistas de la Escuela histórica del Derecho, consistente en el rechazo a la "ética material" y el reclamo, sin embargo, a la ética subjetiva entendida como una "ética de los motivos del obrar, no de la función social del obrar" (como explica más claramente Vicent, en p. 144, citado expresamente por Monereo en p. xxiv, n. 26, de su Est. prel.). Asimismo advierte del contraste que se aprecia entre "la teoría y la ideología de la Escuela histórica con los datos de la realidad sociopolítica… que, ya por entonces, alumbraba bien nítidamente el surgimiento de un nuevo orden social (el burgués) y las consecuencias sociopolíticas más crudas del mismo" (Est. prel., p. xxv). Tal contraste, continúa Monereo, había sido denunciado ya en su momento por Carlos Marx, primero además en poner de relieve expresamente el fallo principal de la Escuela histórica, al elevar el dato histórico a la categoría de dogma orientándose decididamente hacia la dogmática y el positivismo jurídico llamado a imperar a partir del s. XIX, como puede apreciarse con meridiana claridad en la propia obra de Savigny y, más precisamente, en sus relativas reflexiones a propósito del método jurídico, idea ésta sobre la que en definitiva vuelve a girar el discurso del autor en las páginas finales de este primer apartado que comentamos.

El epígrafe segundo de su Estudio preliminar, de menor extensión que el anterior, lo dedica Monereo al examen de la influencia que en general tuvo la doctrina de Savigny en la historia del pensamiento jurídico europeo, con especial referencia a su proyección en España. "La Escuela histórica -comienza afirmando- estableció las bases fundamentales de la ciencia del Derecho moderno. Mérito suyo fue la consideración inicial del Derecho como una cristalización del proceso histórico [...]" (Est. prel., p. xxxiii), siendo mérito atribuible a Savigny, asevera a renglón seguido el autor, su decidida contribución al desarrollo de la ciencia jurídica mediante la consideración dinámica del derecho en cuanto producto histórico, fruto del espíritu del pueblo e indefectiblemente unido al entorno social en que el mismo se desenvuelve. No obstante, y volviendo a una idea expuesta líneas atrás, el autor advierte seguidamente de la conocida desviación hacia el dogmatismo y el positivismo formalista a la que conducirá en última instancia ese ideal del sistema propugnado por la Escuela histórica y que, como también es sabido, abrirá el camino de la codificación. A fuer de lo expuesto, Monereo llama la atención más adelante sobre la íntima conexión existente entre las concepciones historicistas e iusnaturalistas, con especial referencia a la influencia concreta de estas últimas en la doctrina de Savigny (Est. prel., p. xxxvi). Estas consideraciones iniciales sirven a Monereo como introducción a lo que constituye propiamente el objeto de sus reflexiones en este segundo apartado de su Estudio preliminar. Pues en efecto, asegura el autor, la influencia de la Escuela histórica del derecho se hizo notar con especial intensidad durante la primera mitad del siglo XIX y no sólo, advierte además, en el ámbito de la ciencia jurídica, sino también en el de la economía, en que surgió al socaire de aquellas ideas la llamada Escuela histórica de la economía, donde profesaron figuras tan notables como Hildebran y Niebuhr, por citar algunos. Por el contrario, explica Monereo, durante la segunda mitad del siglo XIX las originarias concepciones historicistas se verían reemplazadas por el formalismo de esta "jurisprudencia de conceptos" que suscitaría una gran reacción sobre todo a finales del mentado siglo, destacando en este contexto las reacciones al positivismo formalista de Ihering. La misma dialéctica entre historicismo y positivismo marcará el fenómeno de la recepción de la doctrina de Savigny en España, la cual tiene lugar y no casualmente, apostilla el autor, durante la segunda mitad del siglo XIX, abarcando en su ámbito de influencia diversas corrientes de pensamiento "tanto en la escuela krausista española, como en la escuela neotomista y en la escuela jurídica de Cataluña" (Est. prel., p. xxxvii). Es precisamente en Cataluña, prosigue Monereo, donde el calado de su pensamiento se hará sentir con más intensidad, pues el historicismo propugnado por Savigny y el componente nacionalista de su ideario "convenía a las aspiraciones del pueblo catalán y de la doctrina jurídica" (Est. prel., p. XL). Con todo, advierte también al autor, existen diferencias nada desdeñables entre el pensamiento de Savigny y el krausismo español, particularmente en las respectivas percepciones del fenómeno cristiano, cuyos principios concibe Savigny desde el interior de la historia y que aparecen situados por Durán y Bas por encima de la misma (Est. prel., p. xli s.). Prueba fehaciente de la notable proyección de la doctrina de Savigny en España, concluye finalmente el autor, sería la aparición de diversas traducciones al castellano de su obra, destacando en este punto El Tratado de la Posesión y Sistema de derecho romano actual de Savigny.

En el tercer y último apartado, como indica su propia rúbrica, Monereo ofrece una selección de diversas obras de Savigny traducidas al castellano, de entre las que destacamos por ser precisamente el objeto de este trabajo: Das Recht des Besitzes. Eine civilistische Abhandlung o El derecho de la posesión. Una monografía civilística (Giessen 1803), cuya primera traducción a nuestra lengua: El Tratado de la posesión según los principios del Derecho romano, llevada a cabo por autor desconocido en 1845, sirve de base a esta "edición revisada", según declara apertis verbis Monereo, y constituye, junto al relativo tratado de Ihering: La teoría de la posesión. El fundamento de la protección posesoria (traducción al castellano por Adolfo González Posada, Madrid, 1912), un punto de obligada referencia para cualquier estudio sobre la cuestión. Se trata en efecto de un trabajo de una notabilísima calidad formal y sustancial, en que Savigny aborda con gran maestría y habilidad las diversas cuestiones que suscita el estudio de la posesión, partiendo del propio concepto y naturaleza del instituto; la diversidad terminológica que al respecto exhiben las fuentes romanas; modos de adquisición y pérdida de la misma; figuras atípicas de posesión contempladas y reconocidas ya desde la época clásica y conocidas como possessio iuris o quasi possessio; hasta llegar a los medios de tutela previstos por el ordenamiento jurídico romano, para concluir con una breve referencia a la evolución de la figura en el derecho posterior. La versión traducida de esta magna obra, que como se ha dicho anteriormente pretende ser, en palabras del propio Monereo, una "edición revisada" de la traducción de 1845, tiene una extensión de 322 páginas incluidas a continuación de las 35 dedicadas al estudio preliminar aquí comentado.

Esther Domínguez López

Universidad de Málaga
España

 

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