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Revista de estudios histórico-jurídicos

versión impresa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.28 Valparaíso  2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552006000100059 

 

Revista de Estudios Histórico–Jurídicos 2006, XXVIII, 769 – 772

RECENSIONES Y RESEÑAS

 

Van Nifterik, G. P., Vorst tussen volk en wet. Over volkssoevereiniteit en rechtsstatelijkheid in het werk van Fernando Vázquez de Menchaca (1512-1569). (Sanders Instituut-EUR, Rotterdam 1999), viii + 300 págs.


A finales del siglo XX las teorías constitucionales de Fernando Vázquez de Menchaca se encuentran todavía en el foco de atención. Hace unos decenios, en 1949, ya apareció el estudio de Ernst Reibstein, Die Anfänge des neueren Natur- und Völkerrechts; Studien zu den "Controversiae illustres" des Fernandus Vasquius (1559), seguido en 1977 por una obra de Francisco Carpintero Benítez, titulada Del derecho natural medieval al derecho natural moderno: Fernando Vázquez de Menchaca. Recientemente se publicó una tesis doctoral en holandés, enteramente dedicada a las ideas de la soberanía popular y del "estado de derecho" en la obra de Fernando Vázquez de Menchaca: Vorst tussen volk en wet.

En la introducción de su libro el autor indica lo que quieren decir los conceptos mencionados en el subtítulo de su tesis, aunque sin dar definiciones precisas. Soberanía popular presupone que el pueblo mantiene por lo menos algún poder de decisión sobre el ejercicio del dominio, mientras la idea del "estado de derecho" implica que su propio derecho puede estorbar al príncipe en la administración (p. 3). Después de colocar Vázquez como hombre de ciencia en su época y sitio, el autor discute, como introducción a los capítulos principales del libro, tres temas. En primer lugar explica que según Vázquez el poder y la competencia no tienen carácter natural, sino sólo existen porque (y en la medida en que) individuos les hayan atribuido a la comunidad. Al principio de los tiempos, en la Edad de Oro, no se necesitó ninguna autoridad. Sin
embargo, la sociedad actual, durante la Segunda Edad (secundum tempus), se abre del estado natural, aunque a propósito y temporalmente. En el fondo Vázquez distingue dos momentos: la realización de una forma de vida conjunta social (societas bonae fidei) y el nombramiento del gobierno sobre esta forma de vida social. En segundo lugar, Vázquez parte de la idea de una estructura estratificada del derecho. Entre el derecho natural (ius naturale) que consiste en la recta ratio, es decir en las reglas plantadas por Dios en el espíritu humano, y el propio derecho que cada pueblo puede establecer (ius civile), se encuentra un estrato intermedio: el derecho de gentes, es decir el derecho que la mayoría de los pueblos observa. Este ius gentium se puede otra vez subdividir en dos partes: ius gentium primaevum, necesariamente fijado con la naturaleza humana, y ius gentium secundarium, que se origina del derecho humano. En tercer lugar, y por último, se puede comparar el imperio (imperium) del príncipe (princeps) con la autoridad que ejerce el paterfamilias. Este imperio está dirigido hacia la aplicación del derecho y de las leyes cuyo protector y ministro es el príncipe. Su gobierno está ligado a la regla fundamental, prescribiendo que cada forma de autoridad exista para el interés público de los gobernados y no para conveniencia de los gobernantes.

En el capítulo principal discutiendo ‘el príncipe y el pueblo’, podemos leer que según Vázquez la monarquía tiene un carácter natural y divino. Sin embargo, es natural únicamente por la necesidad de vivir una vida con mayor comodidad. Además, es divino únicamente por que la gente, confiriendo poder al príncipe, sigue su naturaleza dada por Dios. En el Corpus iuris civilis los juristas de la Edad Media encontraron un indicio sobre la idea consistente de que el pueblo es la fuente de cada poder. Según D. 1, 4, 1pr., el pueblo por medio de la lex regia confirió al Emperador su imperio y poder. Sin embargo, no estuvo claro que tuviera lugar: ¿una transmisión del poder o una concesión? ¿y cuánto poder exactamente había renunciado el pueblo? Vázquez opina que el pueblo Romano había enteramente cedido el mando, pero tal acontecimiento es excepcional. En general el pueblo, dando un mandato al príncipe, se reserva la competencia de promulgar leyes. Además, el pueblo es libre de revocar la competencia concedida o cambiar su carácter y envergadura. Por eso el príncipe no tiene un derecho propio, sino sólo recibe un mandato para ejercer en nombre del pueblo una parte de la potestas populi. Vázquez reconoce también un derecho de revuelta. Ellos que se habían sometido voluntariamente, tienen la libertad de liberarse. Ellos que fueron sometidos por la fuerza, pueden conquistar la libertad por la fuerza. Vázquez menciona a Soto, que piensa que el estado mismo puede protegerse contra el tirano, incluso el princeps legitimus, es decir el príncipe que obtuvo el poder de una manera legítima, cuando después recayó en tiranía. El poder del príncipe siempre será menos extenso que lo que alguna vez correspondió al pueblo.

El capítulo principal segundo, discutiendo ‘el príncipe y la ley’ trata de la relación entre el príncipe y el derecho del estado que gobierna. Del Digesto los juristas tomaron el precepto, que el príncipe no esté ligado a las leyes: princeps legibus solutus est (D. 1, 3, 31). Se interpretó esta regla de maneras distintas. Algunos pensaron que el príncipe sí fue dependiente de las leyes, pero en lo que respecta el derecho civil y penal fue inviolable. Baldo al contrario, desarrolló una doctrina radicalmente absolutista. La opinión de Vázquez la podemos encontrar en tres capítulos de su obra Controversiae illustres. En el capítulo 1 se encuentra la regla principal, prescribiendo que el príncipe esté sometido a las leyes. El precepto mencionado (princeps legibus solutus est) sólo se refiere a casos excepcionales. Sin embargo, en el capítulo 26, estos casos excepcionales parecen debilitar la regla principal considerablemente. El príncipe tiene prerrogativas que le permiten actuar fuera de la ley ordinaria, además una iusta causa, por ejemplo, evitar que la ley cause daños, no sólo le permite, sino hasta le obliga a apartarse de la ley. Cada vez que el príncipe lo hace, se supone la presencia de tal iusta causa. Prueba en contrario sólo puede refutar esta ficción, si el príncipe actuó contra el derecho divino o natural, o si la decisión, apartandose de la ley, fue irrazonable o ilegítima. En el capítulo 45, Vázquez rechaza la distinción tradicional entre la ley como pauta que ata al príncipe y la ley como medio coactivo, que no puede aplicarse a él. Con seis argumentos, cuatro de estos tomados de la obra de Soto, Vázquez demuestra que el príncipe está ligado a las leyes. El poder legislativo, por último, se funda en nuestra voluntad de ser sometidos a las leyes, y esta voluntad se manifiesta en la decisión de vivir bajo el gobierno del príncipe. Normalmente el príncipe es incapaz de cambiar las leyes sin aprobación del pueblo, sí puede, por contra, tomar decisiones con vigor general, pero el pueblo por su parte es capaz de promulgar nuevas leyes para limitar esta posibilidad.

Seguidamente a los dos capítulos principales del libro, el autor trata de traducir los datos encontrados a términos del pensamiento constitucional moderno. Cuando, como hace Vázquez, especificamos el concepto del pueblo como la suma de los individuos que se han juntado a medida de la realización de una sociedad de buena fe (societas bonae fidei), podemos decir que, según Vázquez otra vez, la soberanía tiene que residir en el pueblo, a menos una soberanía en el sentido amplio del poder supremo dentro de una comunidad, que no está sometido a un poder más alto. Este poder no tiene un origen divino o natural, sino se funda en la competencia deliberadamente formada por la gente. Sin embargo, el autor rechaza la opinión de Reibstein según la cual se puede hablar de un "estado de derecho" en la obra de Vázquez. Pues sí, Vázquez conoce el requisito de legalidad: el príncipe no puede cruzar los límites de su mandato. Sin embargo, el derecho humano apenas sabe poner freno al poder del príncipe. La defensa de la utilitas civium siempre forma un motivo fundado (iusta causa) que capacita al príncipe para apartarse de la ley. Se supone siempre la presencia de una iusta causa, y mientras no tengan lugar irregularidades contrarias al derecho natural, no se recibe prueba en contrario. En casos en que se recibiera prueba en contrario, sería el príncipe el que puede decidir sobre la presencia de una iusta causa. Por añadido, es otra vez más el príncipe el que en última instancia interpreta la ley. Con lo cual, lo que queda es tan sólo la idea que el príncipe no puede cruzar los límites de la ley y está ligado a un derecho superior. Sin embargo, esta idea vaga no puede justificar el uso del concepto "estado de derecho", cuando queremos describir las teorías constitucionales de Vázquez.

Lo que llama la atención, es, según Vázquez, la naturaleza social del ser humano no lleva enteramente anexa la formación de una comunidad. En este aspecto no está siguiendo la tradición de Aristóteles y Tomás de Aquino. Se aparta también de los pensadores políticos del calvinismo, Vázquez no trabajó desde un programa político y tampoco reflexionó sobre el efecto práctico de sus puntos de partida constitucionales. Por último, es notable que la mayoría de las ideas políticas de George Buchanan, un eslabón importante entre los revolucionarios de la Reforma y John Locke, se encuentran ya en la obra de Vázquez.

Con su monografía sobre Vázquez el autor realizó una contribución importante a la historia del pensamiento político europeo. Analizó escrupulosamente todos los textos de la obra de Vázquez con relevancia para las cuestiones de la soberanía popular y la idea del "estado de derecho". Unir coherentemente las ideas que se manifiestan en estos textos no habrá sido un tarea fácil. Ningún lugar Vázquez da una visión conjunta o explica la teoría general en que se basan sus argumentos. Al contrario, las ideas defendidas sólo están orientadas hacia su toma de posición en la controversia discutida concretamente. Aún así, el autor consigue esbozar una imagen detallada de las ideas políticas de Vázquez como estas expresadas en sus escritos. Incluso, coloca estas ideas del mismo en el desarrollo del pensamiento político, comparando la opinión de éste sobre todo con las doctrinas del jurista medieval Baldo y de los teólogos del siglo XVI Vitoria y Soto. Se entiende que el autor en su comparación con predecesores y contemporáneos de Vázquez se impuso restricciones. Este método de trabajo tiene la desventaja que no reproduce una visión global del pensamiento político europeo que podría capacitarnos comprobar los autores que directamente ejercieron influencia sobre sus obras. Vázquez piensa que la comunidad humana no es natural, sino que se basa en un contrato (p. 237) y que la gente se une en vistas de las cosas que pueden facilitar la vida (p. 101). Esta opinión muestra parecido, por ejemplo, con lo que enseñó Alfonso el Tostado (c. 1410-1455), es decir que sólo en los otros animales hay una comunicación natural, mientras en los hombres la comunicación tiende a satisfacer las cosas que son convenientes para la vida (Cf. N. Belloso Martín, Política y humanismo en el siglo XV. El maestro Alfonso de Madrigal, el Tostado, Valladolid 1989, p. 146). Tal similitud hace sospechar que las ideas de Vázquez pueden remontarse a fuentes más remotas. Mientras no conozcamos estas fuentes, juzgar la originalidad de Vázquez sigue siendo una ardua tarea. A pesar de todo, la obra de Van Nifterik atiende a una laguna en la literatura actualmente existente. Con respecto a esta, el autor siempre adopta una posición crítica y bien fundada. El libro contiene sumarios concisos en alemán y castellano, pero en vistas de su interés por el pensamiento político español, se recomienda publicar el libro enteramente en un idioma más accesible que el holandés.

Jan Hallebeek

Vrije Universiteit Amsterdam
Holanda

 

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