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Revista de estudios histórico-jurídicos

versão impressa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.29 Valparaíso  2007

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552007000100022 

 

Revista de Estudios Histórico-Jurídicos XXIX, 2007, pp. 539-547

RECENSIONES Y RESEÑAS

 

ESCUDERO LÓPEZ, José Antonio - RUIZ RODRÍGUEZ, Ignacio y otros, Los validos (Dykinson, Madrid, 2004), 631 págs.

 

Guillermo Hierrezuelo Conde


En el año 2005, en el vol. XXVII, de esta misma REHJ., de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, en sus pp. 459-466, procedí a la publicación de una amplia y elogiosa recensión del libro coordinado por José Antonio Escudero López, Los validos, editado por Dykinson en Madrid en 2004. El libro recogía el contenido de un curso-seminario celebrado en 2003 y dirigido por el propio Escudero. El volumen se editó en 2004 y mi recensión se publicó en septiembre de 2005 en versión impresa y en febrero de 2006 en versión electrónica, ya que la REHJ. cuenta con ese doble formato. Paralelamente, un afamado catedrático de Historia Moderna de la Universidad Autónoma de Barcelona, Ricardo García Cárcel, también publicó una elogiosa recensión de este mismo libro en el suplemento literario de un conocido diario nacional de tendencia monárquica y conservadora, el ABC de Madrid. Remití en su momento, en abril de 2005, al prof Escudero el texto de mi recensión en mecanografiado de ordenador, para que tuviera conocimiento del mismo, y sinceramente me extrañó de que, a diferencia de otras ocasiones donde se había apresurado a agradecer lo escrito por mí, no respondió. Cuando en diciembre de 2005 le remití la separata donde se recogía la recensión ya publicada tampoco contestó. Mayúscula fue mi sorpresa al comprobar que en éÍAHDE., cuyo directores el propio Escudero, ni en el tomo LXXIV (2004), ni en el tomo LXXV (2005), ni en el LXXVI (2006), no ha aparecido recensión del mencionado libro sobre los validos. He tenido conocimiento en julio de 2006 por parte de M. J. Peláez, que a su vez lo supo en junio de 2006, de la sospecha de gravísimos plagios en uno de los artículos recogidos en este libro bajo la firma de Ignacio Ruiz Rodríguez, Profesor Titular de Historia del Derecho y de las Instituciones de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, conocido discípulo de Gonzalo Martínez Diez (impecable investigador y persona honrada a carta cabal, y que hay muchos que no entienden que no sea académico de número de la Historia o de Jurisprudencia y Legislación), en concreto en el capítulo Juan José de Austria y Aragón (pp. 407-445). Ruiz Rodríguez mantiene una amistosa relación con J. A. Escudero y el Instituto de Historia de la Intolerancia de la Universidad Nacional de Educación a Distancia de Madrid. El mismo Ignacio Ruiz aparece como miembro de dicho Instituto de Historia de la Intolerancia en el Congreso Internacional Los problemas de la intolerancia: orígenes y etapa fundacional de la Inquisición, al que acudió en calidad de ponente. Además ha participado en actividades científico-docentes diversas junto a José Antonio Escudero en Soria y en Tarazona a lo largo del año 2006.

Ignacio Ruiz Rodríguez ha procedido a plagiar de forma absolutamente escandalosa el capítulo elaborado por Luis Antonio Ribot García para el vol. 28 dedicado a La transición del siglo XVIII alXVIII. Entre la decadenciay la reconstrucción, de la Historia de España de Menéndez Pidal, tomo publicado en Madrid por Espasa-Calpe en 1993. Habida cuenta que la recensión que publicamos nosotros en 2005 (en versión electrónica, repito, en febrero de 2006) de ese libro era elogiosísima con respecto a José Antonio Escudero del que dijimos que "ya ha alcanzado la cúspide de ser el mejor historiador español de las instituciones políticas de todos los tiempos" (p. 466), y otros elogios en los que nos ratificamos, pensamos que ello no empece que estaríamos totalmente desacreditados si no ponemos de relieve la desafortunada pluma de Ignacio Ruiz Rodríguez, con independencia de las responsabilidades a que hubiera lugar por parte de las instancias oportunas en aplicación del Código l3enal y de la Ley de propiedad intelectual, en las que no quiero verme mezclado, ya que es asunto propio de los autores, coordinadores de la obra y de las editoriales Dykinson y Espasa-Calpe. Además, teniendo en cuenta que la citada publicación periódica, REHJ., se edita en versión impresa y electrónica (vuelvo a ponerlo de relieve), con distintos ISSN, en el portal de máxima difusión en internet en Latinoamérica, no podemos menos de pedir perdón a la comunidad científica internacional por haber hecho un elogio improcedente de Ruiz Rodríguez en p. 464 de la versión impresa y no haber puesto de relieve los plagios que ahora descubrimos y reproducimos a continuación. Ruiz Rodríguez no cita ni una sola vez el trabajo de Ribot, pero sí tiene interés en que aparezcan otros autores. El propio Ribot no indica cuáles son los plagios, sino simplemente precisó en el diario El Mundo en 2005, periódico que no leo por ser de una tendencia claramente amarillista, que le había plagiado Ruiz Rodríguez. He tenido, por tanto, que ir encontrando, con un minucioso trabajo, el resultado que ahora ofrezco a los estudiosos para evitar caer en el descrédito, ya que en mi caso estoy al margen del mundo de la Historia del Derecho y de las Instituciones, en el que ciertamente no me importaría integrarme, para qué voy a negarlo. Cualquiera que lea los elogios que he venido haciendo, en los que me ratifico, de J. A. Escudero en varias ocasiones (2000, 2001, 2003 y 2005) y en diferentes sedes (Valparaíso, Madrid, Barcelona), comprenderá que era obligada la rectificación inmediata, ya que mi único patrimonio intelectual es mi tesis doctoral inédita y las 184 recensiones que tengo publicadas. No me interesan para nada (mientras no forme parte de ese mundo) las batallas profesionales de los iushistoriadores, ni la razón de que haya personas que plagiando proyectos docentes e investigadores salen a la siguiente oposición profesores titulares de Universidad, ni la tesis que vuela a Zaragoza desde Madrid para que Francisco Baltar la cambie, no siendo el director de la misma, y haga amplios añadidos para su mejoramiento, que logra de forma notable. Eso deben ser otros los que lo deben poner de relieve y sacar en su momento si lo ven oportuno, prudente o valientemente heroico. Sólo busco mi credibilidad científica y lavar el deshonor de don Juan José de Austria y Aragón, que bastante deshonra tuvo con ser bastardo, para que ahora venga a hundirlo más en el fango Ruiz Rodríguez, quien se recrea en todo lo referente a su bastardía y además haciendo un juicio de intención y llamándole resentido y vengativo. Se ha de decir, por otro lado, que este libro sobre Los validos es, de aquellos que he recensionado, uno de los que más me ha hecho disfrutar.

Lo que publicamos de Ruiz Rodríguez en la REHJ. en2005y2006 fue lo siguiente: "Ignacio Ruiz Rodríguez, profesor titular de Historia del Derecho de la Universidad Rey Juan Carlos, y discípulo de Gonzalo Martínez Diez, se ocupa de la figura del hijo bastardo, reconocido como tal, de Felipe IV, Juan José de Austria y Aragón (1629-1679) (pp. 407-445), que está considerado por algunos como el último de los validos de la monarquía española y para otros lo que con el paso del tiempo sería la figura del primer ministro, aunque los perfiles aparecieran como poco nítidos. A pesar de que Felipe IV le ofreció en 1648 el virreinato de Ñapóles a Juan José de Austria, sin embargo éste no aceptó, como había ocurrido en otras ocasiones, este nombramiento. Ruiz Rodríguez considera que la causa era la de sus orígenes, además de su resentimiento personal. Aunque no renunció al cargo ofrecido en Sicilia ese mismo año (p. 418). Asimismo ocupó el virreinato de Cataluña entre 1653 y 1656, teniendo que enfrentarse a las difíciles relaciones con Madrid. En 1656 fue nombrado Gobernador general de los Países Bajos, coincidiendo con los años difíciles de la guerra hispano-francesa. A la muerte de su padre en 1665 se le abrió el camino para poder erigirse en uno de los personajes más importantes del último de los períodos del reinado de los Austrias menores, y comenzó una dura oposición a los validos Nithard y Valenzuela, hasta que consiguió la caída de ambos" (p. 464). Respecto al conjunto del libro dije en 2005 y 2006: "Una vez más nos encontramos ante un magnífico volumen de Historia institucional" (p. 466). Me retracto completamente respecto a estas dos afirmaciones, ya que no puedo sostener que es un magnífico libro aquel en el que hay semejantes plagios. Sin embargo, mantengo en su integridad la afirmación hecha sobre José A. Escudero, no sobre su colaborador Ruiz Rodríguez, en las líneas ya publicadas en p. 466. No obstante, ha habido varios historiadores famosos que me han acusado de proteger a Escudero y no hacerle responsable, como editor de la obra, corrector de la misma y seleccionador de sus colaboradores, al menos, indirectamente de la actividad plagiaría. No me importa, pues "hirundinem in domum non suscipiendam".

Veamos ahora el cotejo de los plagios:

1 .a) "La mayor parte de los historiadores han conocido a este personaje por el nombre de don Juan José, denominación que, en opinión de Fernando Sánchez Marcos, puede arrancar del título de la obra apologética escrita por Francisco Fabro de Bremundan, colaborador de don Juan: Historia de los hechos del serenísimo Señor Don Juan José de Austria en el Principado de Cataluña, publicada en Zaragoza el año 1673- No obstante, la mayoría de las fuentes coetáneas se refieren a él como don Juan" (Ribot, 1993, p. 73). l.b) "La mayor parte de los historiadores han conocido a este personaje por el nombre de don Juan José, denominación que, en opinión de Fernando Sánchez Marcos, puede arrancar del título de la obra apologética escrita por Francisco Fabro de Bremundan, colaborador de don Juan: Historia de los hechos del serenísimo Señor Don Juan José de Austria en el Principado de Cataluña, publicada en Zaragoza el año 1673- No obstante, la mayoría de las fuentes coetáneas se refieren a él como don Juan [...]" (Ruiz Rodríguez, en ed. Escudero, 2004, p. 413).

2.a) "[...] nació en el barrio madrileño de Leganitos, el 7 de abril de 1629. Por encargo de su padre fue criado en Ocaña y recibió una esmerada educación. Normalmente, su destino, al igual que el de los otros hijos naturales del monarca, hubiera sido la carrera eclesiástica, como titular de alguna diócesis; sin embargo, por iniciativa, al parecer, del conde-duque de Olivares, deseoso de legitimar a su bastardo Julián, fue reconocido por Felipe IV en mayo de 1642 y, en 1643, se le puso casa, recibiendo el tratamiento de "serenidad". Nombrado gran prior de la orden de San Juan de Jerusalén en Castilla y León, pasó a residir en Consuegra, sede del priorato" (Ribot, 1993, p. 74). 2.b) "[...] nacía en el barrio madrileño de Leganitos, el 7 de abril de dicho año. Por encargo de su padre fue criado en Ocaña y recibió una esmerada educación. Normalmente su destino, al igual que el de los otros hijos naturales del monarca, hubiera sido la carrera eclesiástica, como titular de alguna diócesis; sin embargo, por iniciativa, al parecer, del Conde-Duque de Olivares, deseoso de legitimar a su bastardo Julián, fue reconocido por Felipe IV en mayo de 1642 y, en 1643, se le puso casa, recibiendo el tratamiento de "serenidad'. Nombrado gran prior de la orden de San Juan de Jerusalén en Castilla y León, pasó a residir en Consuegra, sede del priorato" (Ruiz Rodríguez, en ed. Escudero, 2004, p. 412).

3.a) "[...] entró en Barcelona al frente délas tropas del rey católico, reinstaurando, posteriormente, como virrey, el equilibrio político roto tras la sublevación catalana iniciada en 1640. Ambas experiencias le granjearon para el resto de su vida un profundo prestigio y popularidad, tanto en el sur de Italia como en Cataluña" (Ribot, 1993, p. 74). 3.b) "[...] entró en Barcelona al frente délas tropas del rey católico, reinstaurando, posteriormente como virrey, el equilibrio político roto tras la sublevación catalana iniciada en 1640 [...]. Ambas experiencias [...] le granjearon para el resto de su vida un profundo prestigio y popularidad, tanto en el sur de Italia como en Cataluña" (Ruiz Rodríguez, en ed. Escudero, 2004, p. 421).

4.a) "En 1656 fue nombrado gobernador general de los Países Bajos, coincidiendo con los años finales de la guerra hispano-francesa. En esta ocasión, ciertamente, no le acompañaron los éxitos militares y no tuvo buenas relaciones con los otros dos importantes generales de las tropas hispanas en Flandes: el marqués de Caracena y el príncipe de Conde. No hay que olvidar, sin embargo, que la escasez del dinero y la inferioridad numérica del ejército hispano frente al francés hacían muy difícil la actuación de don Juan en Flandes. Meses antes de la paz de los Pirineos, en marzo de 1659, Felipe IV le encomendó el mando supremo del ejército que operaba en Portugal; aquí alternó victorias y derrotas hasta 1664, pero, al igual que en los Países Bajos, no logró cambiar el rumbo de la guerra, claramente negativo para España" (Ribot, 1993, p. 75). 4.b) "[...] en 1656 fue nombrado gobernador general de los Países Bajos, coincidiendo con los años finales de la guerra hispano-francesa. En esta ocasión, ciertamente, no le acompañaron los éxitos militares y no tuvo buenas relaciones con los otros dos importantes generales de las tropas hispanas en Flandes: el marqués de Caracena y el príncipe de Conde. No hay que olvidar, sin embargo, que la escasez del dinero y la inferioridad numérica del ejército hispano frente al francés hacían muy difícil la actuación de don Juan en Flandes. Meses antes de la paz de los Pirineos, en marzo de 1659, Felipe IV le encomendó el mando supremo del ejército que operaba en Portugal; aquí alternó victorias y derrotas hasta 1664, pero, al igual que en los Países Bajos, no logró cambiar el rumbo de la guerra, claramente negativo para España" (Ruiz Rodríguez, en ed. Escudero, 2004, p. 421).

5.a) "En los últimos años de vida de Felipe IV, don Juan pretendió [...] un mayor reconocimiento por parte de su padre, solicitando, por ejemplo, plaza permanente en el Consejo de Estado, el título de infante, que implicaría su legitimación, o, cuando menos, la condición de grande de España. El rey parecía haber perdido buena parte de su confianza en él, aparte el hecho de que, demasiado influido por sus remordimientos, veía en don Juan el fruto de "las travesuras de su mocedad". Felipe rv comenzaba a temer la excesiva ambición de su hijo, quien —según algunos autores— soñaba con una corona y llegó a sugerir al monarca su boda con la infanta Margarita. Deseoso de frenar sus ambiciones de cara a la inminente regencia, Felipe rv, siguiendo el consejo del emperador Leopoldo, le ofreció altos cargos eclesiásticos como la mitra de Toledo o el puesto del inquisidor general, propuestas que no agradaron a don Juan" (Ribot, 1993, p. 76). 5-b) "En los últimos años de vida de Felipe IV, don Juan [...] pretendió [...] un mayor reconocimiento por parte de su padre, solicitando, por ejemplo, plaza permanente en el Consejo de Estado, el título de infante, que implicaría su legitimación, o, cuando menos, la condición de grande de España. El rey parecía haber perdido buena parte de su confianza en él, aparte el hecho de que, demasiado influido por sus remordimientos, veía en don Juan el fruto de las travesuras de su mocedad. Felipe IV comenzaba a temer la excesiva ambición de su hijo, quien —según algunos autores— soñaba con una corona y llegó a sugerir al monarca su boda con la infanta Margarita. Deseoso de frenar sus ambiciones de cara a la inminente regencia, Felipe rv, siguiendo el consejo del emperador Leopoldo, le ofreció altos cargos eclesiásticos como la mitra de Toledo o el puesto del Inquisidor general, propuestas que no agradaron a don Juan" (Ruiz Rodríguez, en ed. Escudero, 2004, pp. 421-422).

6.a) "El hecho cierto es que a la muerte de su padre, ante don Juan, hombre ambicioso, de treinta y seis años y poseedor de un notable prestigio político y militar, sólo existían dos caminos: convertirse en el principal apoyo de su hermanastro el rey, o encabezar la oposición a cualquiera que ocupase el poder. Una tercera opción, difícil, que atrajo, al parecer, a don Juan, en los primeros años del reinado de Carlos II, era la obtención del emperador de algún feudo (como el Tirol), o la Corona de Polonia" (Ribot, 1993, p. 76). 6.b) "El hecho cierto es que a la muerte del rey don Juan José de Austria era un hombre ambicioso, de treinta y seis años, y poseedor de un notable prestigio político y militar. Para él sólo existían dos caminos: convertirse en el principal apoyo de su hermanastro el rey, o encabezar la oposición a cualquiera que ocupase el poder. Una tercera opción, difícil, que atrajo, al parecer, a don Juan, en los primeros años del reinado de Carlos II, era la obtención del emperador de algún feudo (como el Tirol), o la Corona de Polonia" (Ruiz Rodríguez, en ed. Escudero, 2004, p. 422).

7.a) "Su afición y habilidad con la pluma, su manejo de la opinión y de la propaganda política le convirtieron en la gran esperanza de cambio. Amado y exaltado por sus partidarios en la misma medida en que era odiado por sus enemigos, fue el político del siglo XVII que más ilusiones y esperanzas suscitó entre el pueblo. Henri Kamen le ha considerado el primer líder real de la historia de España y el primer caudillo español. En cualquier caso, sí fue uno de los primeros gobernantes conscientes de la importancia de la periferia en la política española. Tras su toma de poder, en enero de 1677, fue primer ministro durante poco más de dos años, en un momento difícil que sirvió para enfriar muchos de los entusiasmos que suscitara, pero en el que no dejó de haber importantes iniciativas reformistas. Don Juan murió el 17 de septiembre de 1679, a los cincuenta años, como consecuencia, al parecer, de unas fiebres palúdicas" (Ribot, 1993, p. 77). 7.b) "La afición y habilidad con la pluma [...], manejo de la opinión y de la propaganda política le convirtieron en la gran esperanza de cambio. Amado y exaltado por sus partidarios en la misma medida en que era odiado por sus enemigos, fue el político del siglo XVII que más ilusiones y esperanzas suscitó entre el pueblo. Henri Kamen le ha considerado el primer líder real de la historia de España y el primer caudillo español. En cualquier caso, sí fue uno de los primeros gobernantes conscientes de la importancia de la periferia en la política española. Tras su toma de poder, en enero de 1677, fue primer ministro durante poco más de dos años, en un momento difícil que sirvió para enfriar muchos de los entusiasmos que suscitara, pero en el que no dejó de haber importantes iniciativas reformistas. Don Juan murió el 17 de septiembre de 1679, a los cincuenta años, como consecuencia, al parecer, de unas fiebres palúdicas" (Ruiz Rodríguez, en ed. Escudero, 2004, p. 444).

8.a) "Injustamente olvidado en unos casos, fuertemente denostado en otros, don Juan ha padecido, cuando no la falta de interés, común durante mucho tiempo a todos los hechos y personajes del siglo XVII español, el desprecio de buena parte de los estudiosos. Su doble condición de hijo ilegítimo de un monarca y de valido —en el sentido amplio del término— ha sido una mala tarjeta de presentación para un personaje que, sólo en los últimos años, ha comenzado a interesar a los historiadores. No dejan de ser curiosas, por ejemplo, las opiniones de Gabriel Maura, teñidas de un marcado prejuicio puritano hacia el "bastardo real", por no hablar de la franca antipatía que le tiene Ludwig Pfandl, cuya parcialidad manifiesta en pro o en contra de los distintos protagonistas del reinado contribuye a invalidar buena parte de su obra" (Ribot, 1993, p. 77). 8.b) "Injustamente olvidado en unos casos, fuertemente denostado en otros, don Juan ha padecido, cuando no la falta de interés, común durante mucho tiempo a todos los hechos y personajes del siglo XVII español, el desprecio de buena parte de los estudiosos. Su doble condición de hijo ilegítimo de un monarca y de valido —en el sentido amplio del término— ha sido una mala tarjeta de presentación para un personaje que, sólo en los últimos años, ha comenzado a interesar a los historiadores. No dejan de ser curiosas, por ejemplo, las opiniones de Gabriel Maura, teñidas de un marcado prejuicio puritano hacia el bastardo real, por no hablar de la franca antipatía que le tiene Ludwig Pfandl, cuya parcialidad manifiesta en pro o en contra de los distintos protagonistas del reinado contribuye a invalidar buena parte de su obra" (Ruiz Rodríguez, en ed. Escudero, 2004, p. 444).

9.a) "La consideración negativa rezuma en todas las páginas que le dedica Maura, incluso en uno de los escasos párrafos en que reconoce algunos valores al hermanastro de Carlos II: "Cuantos coetáneos suyos le conocieron, legando a la posteridad testimonio de su opinión, atribuyen al de Austria no sólo gran valor personal, repetidamente acreditado, en efecto, sino simpática presencia, rica imaginación, fértil ingenio, fácil palabra y muy atractivo trato, cuando no le estorbaba el complejo de suspicacias y vanidades propio de su irregularidad social, único defecto de volumen que entre todos señalan. Los textos de su minerva (casi siempre de su puño) llegados hasta nosotros nos le revelan escritor suelto de pluma, aunque frecuentemente conceptuoso; dialéctico hábil, aunque a menudo sofístico; polemista eficaz, aunque en ocasiones pérfido; poco estudioso y no muy culto, aunque lo bastante desenfadado para fingir que sabe o disimular que ignora. Poseía, en suma, cualidades más brillantes que sólidas, tan susceptibles de ser discutidas y menospreciadas por los contrarios como superestimadas y enaltecidas por los propios [...]" (Ribot, 1993, p. 77). 9-b) "La consideración negativa rezuma en todas las páginas que le dedica Maura, incluso en uno de los escasos párrafos en que reconoce algunos valores el hermanastro de Carlos II: "Cuantos coetáneos suyos le conocieron, legando a la posteridad testimonio de su opinión, atribuyen al de Austria no sólo gran valor personal, repetidamente acreditado, en efecto, sino simpática presencia, rica imaginación, fértil ingenio, fácil palabra y muy atractivo trato, cuando no le estorbaba el complejo de suspicacias y vanidades propio de su irregularidad social, único defecto de volumen que entre todos señalan. Los textos de su minerva (casi siempre de su puño) llegados hasta nosotros nos le revelan escritor suelto de pluma, aunque frecuentemente conceptuoso; dialéctico hábil, aunque a menudo sofístico; polemista eficaz, aunque en ocasiones pérfido; poco estudioso y no muy culto, aunque lo bastante desenfadado para fingir que sabe o disimular que ignora. Poseía, en suma, cualidades más brillantes que sólidas, tan susceptibles de ser discutidas y menospreciadas por los contrarios como superestimadas y enaltecidas por los propios [...]"" (Ruiz Rodríguez, en ed. Escudero, 2004, p. 444).

10.a) "[...] escrito de tiempos de Valenzuela terminaba con estos versos dirigidos al rey: "Hermoso como Cupido/ de tu madre estás hallado,/ por eso no ves, vendado,/ que está tu Reino vendido./ Llama a Juan tu precursor/ si quieres bien gobernar,/ que para entrar a reinar/ hizo lo mismo el Señor" "("Consejo de un anciano y sano pecho al rey nuestro señor", en G. Maura, Carlos IIy su corte [...], II, págs. 508-509. Reproducido también en M. Etreros, La sátira política en el siglo XVII, págs. 426-427) (Ribot, 1993, p. 110). 10.b) "[...] escrito [...] en tiempos de Valenzuela, que terminaba con estos versos dirigidos al rey: "Hermoso como Cupido/ de tu madre estás hallado,/ por eso no ves, vendado,/ que está tu reino vendido./ Llama a Juan tu precursor/ Si quieres bien gobernar,/ Que para entrar a reinar/ Hizo lo mismo el Señor" " (Ruiz Rodríguez, en ed. Escudero, 2004, p. 439). Ruiz Rodríguez no indica el origen de la cita.

11.a) "Don Juan era un mito político y, como tal, estaba destinado al fracaso. Por mucho que pudiera hacer, jamás satisfaría las expectativas creadas. Su actuación política se desarrolló, además, en un período de crisis y dificultades (malas cosechas, epidemias, inflación [...]) y se vio truncada por su temprana muerte, cuando aún no llevaba tres años en el poder. El número de sus enemigos se incrementó, lógicamente, a lo largo de su mandato. También el de los desencantados y descontentos. Las sátiras y panfletos que tan hábilmente había sabido utilizar contra los validos de la reina se cebaron ampliamente ahora en su persona, recordando, una y otra vez, su filiación ilegítima" (Ribot, 1993, p. 110). ll.b) "Don Juan era un mito político y, como tal, estaba destinado al fracaso. Por mucho que pudiera hacer, jamás satisfaría las expectativas creadas. Su actuación política se desarrolló, además, en un período de crisis y dificultades (malas cosechas, epidemias, inflación [...]) y se vio truncada por su temprana muerte, cuando aún no llevaba tres años en el poder. El número de sus enemigos se incrementó, lógicamente, a lo largo de su mandato. También el de los desencantados y descontentos. Las sátiras y panfletos que tan hábilmente había sabido utilizar contra los validos de la reina se cebaron ampliamente ahora en su persona, recordando, una y otra vez, su filiación ilegítima [...]" (Ruiz Rodríguez, en ed. Escudero, 2004, p. 443).

12.a) "Gabriel Maura valora negativamente el período de gobierno de don Juan, si bien reconoce que no dejó de ejercer una provechosa y educadora influencia sobre Carlos II, a pesar de que no llegó a organizar la reanudación de los deficientes estudios del rey. En relación con sus dotes y su actuación como gobernante, merece la pena reproducir, aunque resumido, el texto de Maura: "Sus dotes naturales le colocaban, por lo menos, a la altura de los más ilustres estadistas de su tiempo; pero le faltó la sólida preparación [...] que todos ellos adquirieron, y le sobró el humor caciquil [...] Diligente, aunque no laborioso; expedito, aunque, a veces, facilitón hasta la ligereza; nada codicioso de acumular capitales, aunque perpetuamente manirroto y despilfarrador de sus rentas; [...] procuró servir al bien público, siempre que no se interpuso el inmoderado afán de agradar a algún amigo o desagradar a algún adversario. Prescindió, como todos los caciques, de traza orgánica, líneas generales, normas objetivas y demás límites voluntariamente señalados a los impulsos de la arbitrariedad propia y a la presión de la influencia ajena. Gobernó al día, sin preocuparse de la frecuente incongruencia de sus resoluciones, invocando la rectitud de su intención para justificar, con fundamento a veces, las sinuosidades de su política" (G. Maura, Vida y reinado [...], II, pág. 13-14) (Ribot, 1993, p. 110). 12.b) "Gabriel Maura valora negativamente el período de gobierno de don Juan, si bien reconoce que no dejó de ejercer una provechosa y educadora influencia sobre Carlos II, a pesar de que no llegó a organizar la reanudación de los deficientes estudios del rey. En relación con sus dotes y su actuación como gobernante, merece la pena reproducir, aunque resumido, el texto de Maura: "Sus dotes naturales le colocaban, por lo menos, a la altura de los más ilustres estadistas de su tiempo; pero le faltó la sólida preparación [...] que todos ellos adquirieron, y le sobró el humor caciquil [...] Diligente, aunque no laborioso; expedito, aunque, a veces, facilitón hasta la ligereza; nada codicioso de acumular capitales, aunque perpetuamente manirroto y despilfarrador de sus rentas; [...] procuró servir bien al público, siempre que no se le interpuso el inmoderado afán de agradar a algún amigo o desagradar a algún adversario. Prescindió, como todos los caciques, de traza orgánica, líneas generales, normas objetivas y demás límites voluntariamente señalados a impulsos de la arbitrariedad propia y a la presión de la influencia ajena. Gobernó al día, sin preocuparse de la frecuente incongruencia de sus resoluciones, invocando la rectitud de su intención para justificar, con fundamento a veces, la sinuosidad de su política"" (Ruiz Rodríguez, en ed. Escudero, 2004, p. 445).

13.a) "Para Maura el triste balance internacional de su período de gobierno fue la paz de Nimega (1678), injustamente calificada por él como "la más desdichada paz conocida hasta entonces en nuestra historia" (Ribot, 1993, p. 110). 13-b) "ParaMaura el triste balance internacional de su período de gobierno fue la paz de Nimega (1678), injustamente calificada por él como "la más delicada paz conocida hasta entonces en nuestra historia"" (Ruiz Rodríguez, en ed. Escudero, 2004, p. 445).

14.a) "La llegada al poder de don Juan despertó el entusiasmo y las esperanzas no sólo en España, sino en múltiples territorios de la Monarquía. En todas partes era considerado como un salvador. En la Corona de Aragón, y de forma especial en Barcelona, hubo manifestaciones de alegría, festejos, Te Deumsy otras celebraciones. Para muchos españoles don Juan era el caudillo mítico que habría de resolver sus numerosos males. No sólo en la Península; en la Italia española existía también una amplia corriente de simpatía y confianza en él" (Ribot, 1993, pp. 109-110). I4.b) "La llegada al poder de don Juan despertó el entusiasmo y las esperanzas no sólo en España, sino en múltiples territorios de la Monarquía. En todas partes era considerado como un salvador. En la Corona de Aragón, y de forma especial en Barcelona, hubo manifestaciones de alegría, festejos, Te Deumsy otras celebraciones. Para muchos españoles don Juan era el caudillo mítico que habría de resolver sus numerosos males. No sólo en la Península; en la Italia española existía también una amplia corriente de simpatía y confianza en él [...]" (Ruiz Rodríguez, en ed. Escudero, 2004, p. 442).

El asunto es todavía más grave cuando la única recensión publicada de este libro de los validos en una revista científica ha sido la mía, aunque probablemente (no puedo darlo por seguro) van a aparecer otras (no salidas de mi pluma) poniendo de relieve, o señalando al menos, estos plagios y posiblemente otras irregularidades. Todo sea para que resplandezca la verdad y yo no pueda ser acusado de carencia de rigor científico e intelectual, y lo que sería peor de amor a la verdad. "Vitam inpendere vero", pues la verdad no puede ser hija del tiempo y ajustada al momento, ya que la mentira corrompe las costumbres y degrada las civilizaciones, según ponían de relieve los clásicos.

 

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