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Revista de estudios histórico-jurídicos

versão impressa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.29 Valparaíso  2007

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552007000100031 

 

Revista de Estudios Histórico-Jurídicos XXIX, 2007, pp. 574-577

RECENSIONES Y RESEÑAS

 

LEIVA, Alberto David, Historia del foro de Buenos Aires. La tarea de pedir justicia durante los siglos XVIII a XX (Buenos Aires, 2005), 418 pp.        [ Links ]

 

Carlos Salinas

Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile.


"Es de toda evidencia que la condición de abogado conllevó, desde antiguo, una elevada consideración social que, unida a la preponderancia gradual de quienes desempeñaban tal cometido, convirtió a los profesionales del derecho en componentes de la más elevada clase en las localidades donde actuaban". Estas palabras con las que se abre el prólogo de Isidoro Ruiz Moreno, hacen una afirmación que, no obstante su validez, paradójicamente no se habían traducido en un estudio histórico unitario del actuar del foro bonaerense a lo largo de los años, tarea que asumió el profesor Leiva que nos ofrece en estas páginas de abundante información y amena lectura, a lo largo de diez capítulos, los avatares del foro bonaerense desde el período virreinal hasta mediados del siglo pasado. Cuando se habla de foro el a. alude al conjunto de abogados, escribanos, procuradores, jueces y empleados de la administración de justicia considerados en el ejercicio de sus profesiones y en la práctica de los tribunales, y circunstancialmente también a los particulares que requieren su intervención.

Como el propio a. lo pone de relieve en la introducción, a más del conocimiento de la evolución de la relación letrado-cliente, estas páginas permiten comprender cuál fue a lo largo del tiempo el papel de los abogados en relación con los poderes públicos y sus vinculaciones con el resto del cuerpo social. Sin embargo, no sólo se reconstruye la identidad colectiva de los profesionales del derecho a través del ejercicio de su actividad, sino que otros tópicos histórico-jurídicos vinculados en mayor o menor medida con el tema central se ven enriquecidos, como el estudio de la aplicación por parte de los letrados de las ideas jurídicas predominantes y de las mentalidades características de cada época, si bien, ha de quedar en claro que no se trata de una historia de la ciencia del derecho, ni de su enseñanza, ni de las ideas jurídicas. No se agota esta investigación en la génesis y formación del foro porteño, sino que se muestran las modalidades y mutaciones producidas en el vida curialesca bonaerense, una de las cuales fue la incorporación en época temprana de las mujeres a la vida forense.

La bibliografía sobre el foro bonaerense es escasa, careciendo hasta ahora de una visión histórica unitaria y de conjunto, lo que ha obligado al a. a utilizar bibliografía de variada antigüedad y no siempre especializada, además de la consulta de numerosas colecciones documentales ya editadas, de publicaciones periódicas y una importante cantidad de valiosas fuentes auxiliares y estudios monográficos, sin dejar de lado archivos particulares. En especial merece ser destacado el uso de una fuente hasta ahora muy poco estudiada, las piezas forenses editadas por las partes litigantes, de las que el a. proporciona una lista de más de seiscientas publicaciones hechas en Buenos Aires entre 1818 y 1946.

El primero de los diez capítulos en que se distribuye esta historia está dedicado a la vida forense en el Buenos Aires virreinal. Aunque la administración de justicia en Buenos Aires se inició cuando Juan de Caray, el 11 de junio de 1580, fundó la ciudad con jueces ordinarios que eran jueces legos y al mismo tiempo ejercían funciones municipales y administrativas, el punto de partida de esta historia es la instalación de la segunda audiencia con la presencia de jueces letrados que, con su accionar, inauguraron un período de tecnificación profesional y control sobre la actividad judicial del extenso territorio de su jurisdicción que trajo como consecuencia inmediata una mejora sustancial en la administración de justicia, influyendo poderosamente en la vida profesional de los letrados radicados en Buenos Aires.

El foro porteño a partir de los sucesos de mayo es el tema del capítulo segundo, época en que la confrontación entre criollos y europeos se hizo cada vez más notoria, terminando por producir el destierro de los oidores, su reemplazo por conjueces criollos y más adelante la supresión de la audiencia y su sustitución por un nuevo tribunal que representaba el naciente poder judicial y que heredó el control de la matrícula para abogar. Pocos años después se inició el período rivadaviano, al que se dedica el capítulo tercero, en el que, a menudo, los letrados combinaron el ejercicio de la profesión con las actividades políticas, reeditándose los intentos por parte de la máxima autoridad judicial para controlar la vida forense con la consiguiente inquietud asociativa de los abogados, no obstante lo cual se vive un crecimiento del rol social del letrado. Al período anterior sigue el período de Rosas, tratado en el capítulo cuarto, caracterizado por su creciente influjo personal en los asuntos de justicia que terminaría en una abierta intervención con el consiguiente influjo en la vida de los letrados y en la vida de algunos jueces: al lado de bufetes íntegramente rosistas había otros veladamente opositores. Fue en esta época en la que muchos litigantes comenzaron a publicar por la prensa los alegatos de sus abogados, dando impulso a una modalidad que, nacida años antes, cobró fuerza por esos años hasta alcanzar los años del centenario.

Caído Rosas y elevado Buenos Aires al rango de Estado, el Superior Tribunal de Justicia intentó por todos los medios de recuperar el papel rector de la vida forense que había visto menguar en la época anterior; es por estos años que surge el primer Colegio de Abogados cuya existencia se prolongaría hasta 1871, materias todas estas tratadas en el capítulo quinto, al que sigue, en el capítulo sexto, el estudio del foro porteño entre la batalla de Pavón y el ochenta, años en los que el principal acontecimiento fue la instalación de la Corte Suprema de Justicia de la Nación; importante fue también la transformación del antiguo Departamento de Jurisprudencia en Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, la que, tras la supresión de la Academia Teórico-Práctica de Jurisprudencia, se constituyó en la generadora de los nuevos abogados cuyo diferente origen social influyó notablemente sobre los letrados a la hora de asociarse.

Los acontecimientos políticos de 1880 marcarían profundamente la vida forense bonaerense, materia tratada en el capítulo séptimo: en la nueva realidad los curiales volvieron a encarar la lucha por la colegiación profesional; algunos estudios de origen familiar empezaron a crecer, al tiempo que otros se especializaron en la atención de las colectividades extranjeras; creció la Facultad de Derecho; apareció la publicidad profesional y pronto se hizo sentir desde algunos sectores de la sociedad, la crítica por el gran número de abogados "profesión que ya pesa desigual y desastrosamente en la vida pública" como se expresaba un decreto del año ochenta. Una suerte de paréntesis en este avance cronológico lo proporciona el capítulo octavo dedicado al paso del periodismo genérico a las revistas jurídicas en el Buenos Aires del siglo XIX, género este último predominante al finalizar el siglo y que se proyectaría con fuerza al siglo siguiente. El hilo cronológico es retomado en el capítulo noveno en el que se analiza la vida forense en el Buenos Aires del centenario, en el que no sólo había muchos abogados, sino que hicieron su aparición las abogadas, al principio lentamente por la mentalidad de la época, pero con una presencia que no dejaría de crecer. El gran cambio se produciría al promediar el siglo XX, analizado en el capítulo décimo y último de este libro, con una explosión en la matrícula de los colegiados, la inauguración de una nueva sede de la Facultad de Derecho y el sostenido aporte de las revistas jurídicas a la cultura forense porteña. Pero nuevas situaciones políticas vinieron a incidir en la profesión jurídica con una evidente intención por parte del Estado de controlar la actividad corporativa de los abogados, situaciones que, una vez superadas condujeron al foro decididamente hacia la colegiación obligatoria. "En este inicio del tercer milenio, merced a los cambios que viene experimentando nuestra sociedad, los profesionales del derecho retienen —aunque de otra manera— la importancia social que creían haber perdido los juristas de los años '60 y '70.

Este libro se complementa con tres anexos, el primero de los cuales contiene una relación cronológica de las piezas forenses publicadas en Buenos Aires durante los siglos XIX y XX; el segundo, la Guía domiciliaria de la Guía Judicial de Guerino Fiorini, publicada en Buenos Aires en 1881; y el tercero, las normas de ética profesional de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, de 1949.

La síntesis que he presentado muestra la abundancia de información que este libro contiene en sus páginas, la que se enriquece con la transcripción de trozos de escritos, algunos de los cuales no están exentos de agudas ironías, como el que escribía Mariano Moreno contra Rivadavia en un escrito de defensa en el que pedía "Sírvase V.S. fijar la vista sobre la conducta pública de este joven: ya sostiene un estudio abierto sin ser abogado; ya usurpa el aire de los sabios sin haber frecuentado las aulas [...] y todos estos papeles son triste efecto de la tenacidad con que afecta ser grande en todas las carreras, cuando en ninguna de ellas ha dado hasta ahora el primer paso" (p. 93).

Es de agradecer al profesor Leiva por estas páginas. Con ellas ha abordado un tema que hasta ahora no había merecido la atención de los estudiosos, quizá por la dificultad de abordar una empresa ardua, pero que él ha sabido sortear con éxito. Las mismas dificultades deben existir en otros lugares, concretamente en Chile, porque no conozco ninguna obra parecida, por lo que este libro ha de servir de modelo a seguir. Esto, que ya constituye un mérito, ha de complementarse con otro mérito, pues eso me parece el que haya hecho uso de un género literario hoy abandonado en el mundo del derecho, pero que fue de innegable interés en el siglo XIX, el de los alegatos y defensas impresos. Así como los hubo en Buenos Aires, los hubo en Chile, pero tampoco existe aquí una bibliografía de los mismos, salvo una memoria que dirigí hace algunos años, centrada en los alegatos de la primera mitad del siglo XIX. Se trata de un tema que espera ser investigado y que es posible que depare más de alguna sorpresa, sobre todo en lo que se refiere a la proyección del derecho indiano en los primeros años de la República. Aunque suene a estereotipo, el libro del profesor Leiva ha venido a llenar un inexplicable vacío y viene a servir de modelo para que otros, siguiendo su ejemplo, se apresten a llenar otros inexplicables vacíos, haciendo la historia de quienes, no obstante su peso en la historia de nuestros países, no han merecido todavía una historia unitaria y completa.

 

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